julio de 2026

Andrés Ovejero y la dimensión social del arte en España (1929)

Andrés Ovejero por Ángel de la Fuente (El liberal, 1926)

En noviembre del año 1929 el catedrático de Teoría de la Literatura y de las Artes, miembro del Ateneo, de la Escuela Nueva, y que perteneció al Comité Nacional del PSOE, además de ser elegido diputado en 1931, aunque terminara saliéndose del Partido avanzada la República, Andrés Ovejero, fue objeto de una entrevista por parte del Heraldo, recogida, además, por el El Socialista, donde realizó unas reflexiones sobre el arte, su educación y su dimensión social, que rescatamos en esta pieza.

El primer problema que contemplaba Andrés Ovejero en relación con la conservación del patrimonio artístico español tenía que ver con la falta de formación de gusto artístico en España, un asunto que conocía bien por su carrera docente. Para conseguir ese objetivo no era necesario una campaña de “moralización social”, sino el fomento de la educación artística. En la enseñanza primaria no había asignatura alguna en que se hablara al niño al arte, pero tampoco en el bachillerato. Es más, Ovejero hacía extensiva esta ignorancia artística al propio clero español que cometía errores y hasta atentados artísticos simplemente porque carecía de dicha formación artística. Ovejero insistía en su propia experiencia. En su clase, y siempre según su opinión, entraban alumnos y alumnas que tenían un desconocimiento absoluto del amor a lo artístico.

Esa era la primera cuestión para conseguir proteger el tesoro artístico español, pero, curiosamente, no era partidario de que proliferara la declaración de monumentos nacionales sobre todo porque eso suponía una carga que el Estado español no podía asumir, bastando, como alternativa una labor de policía, estableciendo prohibiciones sobre reformas o ventas sin previa consulta.

Al final, Ovejero hizo una declaración contundente sobre a quién pertenecía el tesoro artístico. Pues no sería ni de la Iglesia ni del Estado. Eran bienes sociales, “en toda la generosa amplitud que ese concepto convoca”. Así pues, era a la sociedad entera a quien interesaba su conservación, al pueblo directamente. Y así era porque la historia del arte era la historia del trabajo y “la industria artística”. En España había importantes historiadores que escribían la historia de las “grandes casas”, de los reinados y privanzas, pero nadie estudiaba con “cariño la historia de pueblo”. El arte no era solamente un resultado de trabajos practicados por una inteligencia individual, sino también lo era de una inteligencia “artesana, común, anónima, en suma”.

Así pues, Ovejero realizó una interpretación claramente socialista del arte, valorando el trabajo de los obreros u artesanos, y de cómo las obras artísticas eran de todos, y a todos correspondía su valoración y conservación.

Bibliografía:
Se ha consultado, como fuente, el número del 2 de noviembre de 1929 de El Socialista.

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Archivo Entreletras

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