mayo de 2024 - VIII Año

El artista ucraniano Iván Marchuk, tejedor de almas

ESPECIAL UCRANIA / MARZO 2022

Escucho atónita las noticias sobre la reciente invasión de Rusia a Ucrania, decido rescatar un artículo inédito que escribí sobre la figura del artista ucraniano Iván Marchuk, cuya exposición retrospectiva visité a finales del 2020 y que me causó una profunda impresión. Su mente, lúcida y libre, ha sabido plasmar como nadie el sufrimiento y opresión sufridos por su pueblo en un pasado no tan lejano. Ahora ese horror regresa como si de un boomerang se tratase. Marchuk encarna la valentía del pueblo ucraniano que, a pesar del combate desigual, no se rinde ante el déspota ruso.

En la brillante obra de Iván Marchuk se entretejen humanidad, honestidad, raíces, vivencias, dolor, resiliencia y mucha rebeldía. Su nacimiento en 1936 dentro de una familia de tejedores ucranianos resultó determinante para desarrollar el inconfundible estilo que imprime a todos los trabajos. En ellos vuelca recuerdos de la niñez, los traumas personales, cambios sociales y transiciones acaecidas durante el siglo XX hasta alcanzar el siglo XXI.

Iván Marchuk comenzó a dibujar desde pequeño, y como no tenía con qué hacerlo, utilizaba pétalos de flores para colorear. Cursó estudios en la Escuela Vocacional de Artes decorativas y Bellas Artes Iván Trush y, con posterioridad, en el departamento de cerámica del Instituto Estatal de Arte Aplicado y Decorativo de Lviv (Ucrania). En este último, los maestros más progresistas alentaban al alumnado a explorar mucho más allá del  realismo social, único estilo permitido de manera oficial hasta la caída de la Unión Soviética. Impartían clases de Historia del Arte, donde trataban los diferentes estilos y tendencias artísticas, además, debatían sobre política. El joven Marchuk enseguida se unió a las filas de los disidentes que poseían un enfoque alternativo y revolucionario del arte.

Uno de estos profesores era Karl Zvirynskyi, que en 1959 creó una escuela clandestina para jóvenes artistas. Aquí explicaba a sus alumnos los hitos de la cultura mundial y las páginas ocultas de la historia ucraniana. Las reuniones secretas se prolongaron  durante casi diez años. En ellas ofrecían clases de pintura y composición, historia, literatura mundial, música y religión con la finalidad de descubrir a los estudiantes otras formas de pensar frente al totalitarismo.

A finales de los sesenta, tras finalizar los estudios, se traslada a Kiev. Consiguió un trabajo en el Instituto de Materiales duros, entorno en el que predominaba la monotonía artística.

Fue un período cargado de dificultades para Marchuk, reacio a plegarse a las imposiciones que el gobierno ruso ejercía sobre los artistas. Este hecho le sitúa en el punto de mira del KGB durante dieciocho años, en los que trataron de arruinar la carrera artística ignorando o excluyendo su trabajo. En esta etapa realiza unos excepcionales dibujos en tinta china de pequeño formato, sobre cartulina, a caballo entre la obra gráfica y la ilustración y de una tremenda potencia narrativa. Nunca fueron expuestos públicamente en Ucrania,  pero sí, de forma secreta, en casas de amigos. Por ejemplo “El planeta de las personas” (1967);  del lomo de un buey nacen finos hilos que se elevan hacia el cielo y sostienen una pequeña aldea. Unos hogares desparramados de cualquier forma, junto a una humilde pareja de campesinos en primer plano comunican al espectador un mensaje directo y sencillo.

«He sido una persona extremadamente rebelde desde que era un niño. Por encima de todo, amo la libertad» I.M.

Tras la Perestroika,  en 1985, consigue salir de Ucrania. Despega entonces una exitosa y larga trayectoria internacional que le llevará a vivir en diferentes países como Australia, Canadá o Estados Unidos, hasta el regreso a su país en 2001.

El deseo constante de aprendizaje y experimentación le ha llevado al desarrollo y perfeccionamiento de una técnica que denomina Pliontanismo. Basada en las manufacturas de los tejedores, provoca un espectacular efecto visual de volumen y luminiscencia que nuestro ojo captura como si fuera real e impregna de vida sus paisajes y figuras. Por ejemplo, en el acrílico sobre lienzo “La magia de la noche lunar” (2005), la luna brilla en un cielo cuajado de estrellas e ilumina de un modo increíble la nieve del solitario paisaje y el bosque helado.

Nada se resiste a su inmenso talento, posee absoluto dominio sobre dibujo, pintura o cualquier tipo de técnica ya sea abstracción, hiperrealismo, surrealismo, paisajes y retratos. Estas capacidades le sitúan entre los creadores más valiosos de las artes visuales contemporáneas. Gracias a su inusitada versatilidad recrea ambientes rurales de villas y pueblos, tradiciones populares, fiestas, funerales, creencias paganas o cristianas, y nos hace partícipes del profundo amor que siente por Ucrania y sus gentes mientras hilvana pasado, presente y futuro.

La genialidad de Iván Marchuk consiguió emocionarnos a finales de 2020, cuando las desvencijadas paredes del Centro de Artes de Vanguardia en Madrid, conocida como La Neomudéjar, acogieron una extraordinaria retrospectiva del artista que desbordó nuestra capacidad de asombro.

Muchas de las perturbadoras composiciones representan temas universales como el paso del tiempo, el dolor, la muerte, la sensación de soledad, la religión o la música. Pero también hay lugar para poner en evidencia terribles sucesos acontecidos en su país, como el Holodomor; hambruna que asoló Ucrania en los años treinta y se cobró la vida de millones de personas, o el desastre nuclear de Chernóbil.

Los personajes que habitan la serie de cuatro lienzos titulada  “La melodía cansada” (1974), parecen tejidos literalmente con una maraña de hilos, presentan un aspecto apergaminado y, ensimismados, nos transmiten su dolor. La monocromía y los colores oscuros utilizados contribuyen a crear una atmósfera de tensión contenida, densa, triste e irrespirable.

En las creaciones abstractas de la serie “La mirada al infinito” (2008-2014), repletas de filigranas, formas tubulares y laberínticos trazos entretejidos, brotan vivos colores rojos, amarillos o azules. Sin embargo, en nuestra imaginación emergen ciudades destruidas que parecen recién salidas de un cómic de Marvel.  Ahora, en mi mente, se mezclan con  imágenes reales de edificios destrozados en Kiev, Donbás, Járkov, Mariúpol.

Iván Marchuk es, sin duda, un genio y uno de los artistas contemporáneos más importantes de Ucrania que, tras medio siglo de incesante creatividad, cuenta con más de cinco mil obras en su haber. Ha recibido prestigiosos premios nacionales e internacionales.

De la valiente y formidable obra de Iván Marchuku se desprende una llamada a la reflexión. En ella trata de hacernos recuperar la razón frente a las injusticias y barbaries que nos apartan de la condición humana.

Me pregunto con incredulidad cómo en pleno siglo XXI seguimos incapaces de  evolucionar para deshacernos de este tipo de acciones tan erróneas y brutales.

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Escrito por

Archivo Entreletras

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