septiembre 2020 - IV Año

CINE

‘Invitación de boda’: una ‘road movie’ palestina

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A menudo el cine moderno olvida una de las características de la cinematografía: su capacidad para hacer penetrar al espectador en realidades distantes, en las que no siempre es fácil el acceso, y que desde la perspectiva de la cercanía acercan a sociedades sobre las que todos los días se habla en los medios, pero desde la super-estructura no de la visión cotidiana de aquellos hombres y mujeres que viven o sobreviven en ella. Esa propiedad la mostraban películas de Israel estrenadas en pasados meses, no siempre complacientes con su sociedad y sus ‘ortodoxias’ de gobierno, como ‘El balcón de las mujeres’- comedia sobre la ‘revuelta’ femenina contra un joven rabino fundamentalista ortodoxo que impone un rigorismo extremo anti-género- o ‘Fox Trot’, candidata de Israel a los pasados Oscar, excelente retrato sobre una familia judía de la clase media-alta cuyo hijo sirve como soldado en un paso fronterizo secundario, en un país donde los militares ejercen gran peso social.

foto 4Ahora llega ‘Invitación de boda’ (2017) coproducción palestino-francesa, con una pequeña participación colombiana, sin duda la mejor de las tres mencionadas. Un palestino, profesor sesentón divorciado -cuya esposa se marchó a vivir con otro hombre en Estados Unidos-, residente en Nazaret va a celebrar la boda de su hija. Siguiendo la tradición palestina el padre de la contrayente, reparte las invitaciones para la boda con ayuda de su hijo, un joven arquitecto que reside en Roma, a lo largo de lo que se va a convertir en un itinerario geográfico y también social a través del mapa de la pequeña burguesía de origen palestino residente en Israel. Una ‘road movie’ urbana en la que padre e hijo visitan a familias y amigos simbolizando dos puntos de vista sobre una realidad compleja: la de un padre conservador y humano, que emplea un lenguaje homófobo pero es capaz de tener un amigo israelí, y la de su hijo impregnado de las costumbres europeas muy crítico con el conservadurismo de sus mayores, que es consciente de la situación de su comunidad de origen, y cuya realidad no se oculta en este relato con formato de comedia dramática (como los planos de los soldados judíos que se entrecruzan como paisaje de fondo , o la sensación de grupo marginado que se desprende de los visitados pese a pertenecer a una minoría integrada con costumbres como la Navidad o la utilización de iconografía cristiana). A bordo de un utilitario recorrerán viviendas y familias diversas, mostrando personajes y situaciones sin que las tramas hagan que se derive un milímetro la identidad original de la historia: dos personajes que representan visiones y mundos distantes, con el ‘suspense’ de la llegada o no de la madre divorciada, con la que el hijo se comunica.

Con una textura de guión casi naturalista, una dramatización que fluye con gran convicción, la guionista y directora palestina Annemarie Jacir crea una trama bien hilvanada, sin aspavientos en el guión, sin apenas incidencia de las historias secundarias, bien dialogada en torno a los personajes de padre-hijo, a modo de un ‘test’ o pretexto sobre una capa de población diferenciada dentro del estado de Israel. Jacir ha renunciado a cualquier elemento de tipismo: esta familia palestina podría ser igual que otra de su misma clase en Francia, España o Argentina, si no fuera porque ‘viven casi de prestado’ en Israel. Desde esa perspectiva naturalista y con una fotografía cuasi-documental donde nada está exagerado para lograr el impacto lacrimógeno o la risa fácil, el curso de ese viaje en un utilitario usado donde el padre es el conductor y el hijo el ocupante del asiento de al lado, da pie para contrastar dos visiones de la vida. Jacir mantiene el pulso dramático de una historia donde no hay golpes de efecto, bajo una mirada de ‘verdad’ y de credibilidad en los personajes, seguramente muy cercanos a la autora. Especialmente por el gran juego entre los dos actores, Mohammad Bekri y Saleh Bakri, padre e hijo en la vida real, que han aparecido en otras películas como actores de larga trayectoria, quienes sostienen sus personajes con la convicción de los mejores ‘actores naturales’ del neorrealismo italiano menos afectado. ‘Invitación de boda’, con premio en festivales como Locarno, Dubai, Mar del Plata, Londres, Amien o Roma –lo que no es garantía de interés o de calidad, en tiempos donde un galardón no garantiza nada- es una referencia sobre el interés despertado por esta película en clave de proximidad, narrada con el lenguaje de la sinceridad, a través de unos actores de quienes llegamos a olvidarnos que lo son. Quien presuponga que entrar a un cine a ver una película palestina le supondrá sumergirse en un relato vinculado a la áspera y dura realidad transmitida en el universo de las noticias diarias se estará equivocando: esta historia familiar sobre lecturas encontradas ante la vida y la realidad social, el conflicto entre los prejuicios y la tradición frente a la modernidad y la importancia de los cambios, está creada como si los dos protagonistas nos invitaran a subir a su coche en calidad de invisibles pasajeros y testigos de su cercanía

 

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