julio de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / Muere Adolfo Aristarain, referente del cine argentino contemporáneo

¡Mis queridos palomiteros!

Desgraciadamente, de nuevo el cine se viste de luto tras conocerse hace muy pocas horas la noticia del fallecimiento de Adolfo Aristarain, director argentino y una de las figuras clave del cine en español, a los 82 años. Su muerte, ocurrida el 26 de abril en Buenos Aires, cierra el ciclo vital de un autor imprescindible, de esos que dejan una huella que no se desgasta con el tiempo.

Aristarain fue un cineasta de formación lenta y profundamente artesanal. Antes de dirigir, recorrió múltiples oficios del cine: trabajó en áreas técnicas, en montaje, en asistencia de dirección y participó en producciones internacionales, acumulando una experiencia que luego se traduciría en un estilo extremadamente sólido y preciso. Esa base técnica nunca fue un mero antecedente: se convirtió en el esqueleto invisible de toda su filmografía.

Su obra, aunque no excesiva en número, es fundamental en alcance y densidad. Películas como Tiempo de revancha (1981), Un lugar en el mundo (1992), La ley de la frontera (1995), Martín (Hache) (1997), Lugares comunes (2002) o Roma (2004) forman un corpus coherente que explora con inteligencia y sensibilidad temas como la identidad, el exilio, la dignidad personal y los conflictos éticos en sociedades atravesadas por la desigualdad y la incertidumbre. Sus guiones, densos y precisos, convirtieron el diálogo en una herramienta central para construir personajes y conflictos.

El cineasta bonaerense también fue clave en la articulación del cine entre Argentina y España, generando un espacio artístico común en el que actores, historias y sensibilidades dialogaban con naturalidad. Ese puente cultural amplió el alcance de su obra y consolidó su prestigio en ambos lados del Atlántico.

Ese reconocimiento se reflejó en numerosos galardones, entre ellos la Medalla de Honor concedida por la Academia de Cine española en 2024, además del Goya a Mejor Película Extranjera de Habla Hispana por Un lugar en el mundo (1993) y el Goya a Mejor Guion Adaptado por Lugares comunes (2003), premios que subrayan la importancia de su contribución al cine en español y su influencia en generaciones posteriores de cineastas.

Más allá de los premios, su legado es el de un autor coherente hasta el final. Un cineasta que nunca renunció a su mirada ni a su forma de entender el cine: sobrio, reflexivo y profundamente humano.

Su ausencia deja un vacío, pero su obra permanece como testimonio de una inteligencia cinematográfica excepcional. DEP

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Archivo Entreletras

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