abril de 2026

PRETÉRITO PERFECTO / «La caza»: cine en estado puro

A algún que otro sobresalto estábamos acostumbrados cuando veíamos alguna película española, pero la que de verdad nos pilló a traición fue La caza, un largometraje de un director joven, de unos treinta y tantos años, que atendía al nombre de Carlos Saura y que poco antes ya nos había zarandeado con Los golfos (1960).

Estrenada en Barcelona el 9 de noviembre de 1966, el filme fue, sin duda, fruto de esa nueva necesidad de los jóvenes directores españoles de la época por hacer un cine diferente, siguiendo la tendencia que había emergido con auténtico furor en países como Francia y Reino Unido —véase, respectivamente, Nouvelle vague y Free Cinema—. Con ese objetivo como punto de partida, La caza, que puede considerarse uno de los grandes referentes del llamado «Nuevo cine español», fue como una bofetada seca, de la que tardamos en recuperarnos, teniendo en cuenta, claro está, la época y las circunstancias en las que se realizó. Hoy día, posiblemente, comparado con otras películas del género, en las que se mata a diestro y siniestro, y hay más explosiones y petardos que en la «mascletá» valenciana, este drama sobrio y sofocante, rodado en blanco y negro, en el que destacaba la excepcional fotografía de Luis Cuadrado, es probable que pareciera más un remake de Sor Citröen o de La hermana San Sulpicio.

Comparaciones y bromas al margen, lo cierto es que la historia de ese grupo de viejos amigos, aún con antiguas deudas por saldar, que se reúne en un pueblo de Castilla para cazar conejos resulta tan abrumadora como deslumbrante, tan terrible como extraordinariamente realizada. En fin, una de esas joyas del cine español que, de vez en cuando, conviene volver a ver con detenimiento, teniendo en cuenta que continúa manteniendo intacto su tono impactante y sobrecogedor, algo que no todas las películas consiguen conservar con el paso del tiempo.

A ello, por supuesto, contribuyó, y de qué manera, ese reparto de lujo compuesto por grandísimos actores del momento, como Alfredo Mayo, Ismael Merlo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Caba, que seguramente sellaron su mejor trabajo en la gran pantalla.

Como no era difícil prever, la película fue premiada con el Oso de Plata a la mejor dirección en el Festival de Berlín, amén de tener una formidable acogida fuera de nuestras fronteras. En buena medida, a diferencia de lo que sucedió en nuestro país, donde su impacto, al menos desde el punto de vista crítico, fue algo tibio y decepcionante. Hasta el punto de que incluso hubo críticos de cine que la tacharon de «muy mala». Si es que hasta lo de innovar todavía no parecía estar bien visto.

A modo de curiosidad, la película fue vista por alrededor de 340 000 espectadores y alcanzó una recaudación de 56 000 euros —tradúzcase en pesetas—, bastante más de lo que había costado su producción, que rondó los 12 000 euros, lo cual dejó claro que el público no le dio la espalda, tal y como sí hizo buena parte de la crítica.

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Archivo Entreletras

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