
Murió el 6 de enero de 2022, a los noventa y cuatro años, porque nació el 20 de febrero de 1927. Ganó el Oscar como mejor actor en 1963 por Los lirios del valle y el Oscar honorífico por toda su trayectoria profesional en el 2001.
Hijo de padres bahameños, Poitier nació a los siete meses de gestación. Vivió con su familia en Cat Island y a los diez años se mudó con ellos a Nassau. Desde los dieciséis años quiso ser actor, rechazado por su falta de dicción en el American Negro Theatre, consiguió mejorar la misma cuando un anciano camarero negro le ayudó a mejorarla.
A finales de 1949, tras haber estado en el Ejército, trabajó en la película Un rayo de luz, de Joseph L. Mankiewicz, mintiendo sobre su edad, diciendo que tenía veintisiete, cuando solo tenía veintidós.
Hay películas del actor que han quedado en nuestra memoria:
Su magnífico papel en Semilla de maldad dirigida por Richard Brooks en 1955, donde formaba parte de los alumnos indisciplinados y peligrosos que tendrá que lidiar un profesor valiente, el gran Glenn Ford. Pero, al final, se acercará a él y arrinconarán al más dañino del grupo, papel que interpretó el malogrado Vic Morrow. Pese al éxito de la película siempre me parecieron muy mayores para ser alumnos del protagonista, ya que muchos de ellos eran solo diez años más jóvenes. De todos modos, es una película muy bien enlazada, con tensión creciente y excelentes interpretaciones.
En 1958 interpretó otro gran papel en Fugitivos, dirigida por Stanley Kramer con otra estrella del momento, el gran Tony Curtis. La película obtuvo ocho nominaciones a los Oscar. Creo que es de sus mejores interpretaciones, por la riqueza de matices, pocos actores de color en aquella época podrían ser protagonistas de una película comercial.
Llegará Porgy and Bess, un musical maravilloso, pero también estuvo genial, junto a uno de los más grandes, Paul Newman, en Un día volveré, interpretando a dos músicos de jazz en el París de los años cincuenta. En la película también trabajó la mujer de Newman, que aún vive, aunque con alzheimer, Joanne Woodward. Los lirios del valle fue otro éxito de este actor en alza, de gran presencia y personalidad.
Y llegan dos películas fundamentales, Adivina quién viene esta noche, donde Poitier era la pareja de un matrimonio formado por Spencer Tracy y Katharine Hepbrun, que despierta el recelo en la película por ser negro. La prestancia del actor, su personalidad, su toque de distinción desarma a la familia conservadora americana de la chica. La dirigió Stanley Kramer.
Y, naturalmente, Rebelión en las aulas, donde interpretaba a un profesor que se encuentra con los alumnos indisciplinados en un colegio londinense, no llegando a la violencia que planteaba Brooks en su película, ahora el alumno interpreta a un profesor que quiere lo mejor para los chicos. La dirigió James Clavell, con mucho tino y reflejaba muy bien la sociedad inglesa de los teenagers, los jóvenes airados de los sesenta. Su título original era To Sir, with love y es una película muy hermosa, donde Poitier está maravilloso y consigue que los alumnos encuentren un futuro en sus vidas.
Y, por último, dentro de las más grandes, En el calor de la noche, dirigida por Norman Jewison, con un Rod Steiger, como policía malhumorado, que tiene que lidiar con un agente educado y negro, en el Sur de los Estados Unidos, ante la investigación de un asesinato. La interpretación de ambos es prodigiosa, de las mejores que se han llevado a cabo en la historia del cine.
Y siguió trabajando, con su apostura, su alta estatura, como el señor Tibbs, un investigador, también en papeles de acción, pero ya no llegaría a la altura de las películas citadas.
Magnífico actor, de los primeros que siendo de color interpretaron a protagonistas abriría la senda a actores tan brillantes como Denzel Washington, un buen seguidor de este grande del cine que nos dejó, tal día como hoy, hace cuatro años. Siempre defendió la integración de negros y blancos en Estados Unidos y fue un ejemplo como ciudadano y gran actor.












