diciembre 2022 - VI Año

ENSAYO

Con el cerebro en un puño…

Fray Luis de León, perseguido y encarcelado por la Inquisición

…Y el miedo en el cuerpo, durante más de tres siglos y medio (1478 – 1834), es un tiempo de trauma crónico capaz de anular la creatividad, el proceso discursivo, el raciocinio y el sentido crítico de todas y cada una de las personas habidas durante ese periodo y de las generaciones sucesivas. En consecuencia, el pensamiento es un quiste en la manera de ser, una vez concluido el colapso cognitivo imputable al trauma.

El guion de vida es un concepto transaccional, según el cual las personas y los pueblos siguen un plan preconsciente (ver Guion nacional), ajustándose a leyes fijas, expresadas de forma negativa: No vivas, No pienses, No te separes, etc. Tal plan se estructura a tenor de la conducta de los progenitores y sustitutos en el ámbito familiar y de los próceres sociales para la idiosincrasia. La influencia no proviene de lo que dicen verbalmente las figuras de autoridad, los euhemeri, sino de lo que hacen, el valor simbólico de su conducta. Y el guion abarca más las sombras que los claros de cada persona y de cada pueblo, sus miserias, delirios, sus compulsiones de repetición (la neurosis individual, o colectiva). Todo el síndrome de adaptación queda regido por el guion.

Esforzándose por comprender la invertebración de España, Ortega se remonta a los visigodos, que heredaron el señorío del antiguo dominus romano: estaban empalados en sus dominios, aislados de sus congéneres y ajenos a cualquier empresa colectiva que pudiera ser compartida con sus iguales. Esa psicología social, considera el filósofo, explica la desbandada tras Guadalete, las apostasías siguientes, los reinos de Taifas y que la llamada Reconquista durase más de setecientos años. En abono de esta tesis, baste señalar que sólo Alfonso VIII ejerció un liderazgo integrador que coronó en las Navas de Tolosa y no volvió a producirse hasta los reyes Isabel y Fernando. El resto de reyes medievales anduvieron ensimismados en sus autonomías aldeanas respectivas. Como también ocurre ahora. ¿Será este sesgo consecuencia del guion de vida nacional?

Es un hecho que el español medio desconfía de sus congéneres y, salvo don Quijote, procura no aventurarse en batallas ajenas. No confíes es un mandato de guion. Como el dominus romano se acomoda en sus dominios, se aísla, se desentiende de lo otro y no se mete con nadie, con tal que nadie se entrometa en sus asuntos.

A mi modesto entender, el complejo de inferioridad que sufrimos los españoles se enraíza en acontecimientos de la historia nacional. En un artículo anterior (ver Complejo de inferioridad español), me refería al efecto de la Inquisición como proceso destructivo, cuyas consecuencias se mantienen todavía. El mandato No pienses puede aletargar el proceso discursivo, a favor de procesos cognitivos pre-lógicos, como puedan ser las creencias. Esto sucede ahora. Ciertamente, hemos cambiado de creencias, aunque mantenemos la misma intolerancia. Buena prueba de esto es alguna ley ideológica, promulgada recientemente:  creamos un tabú sobre la historia de 40 años, como si negando la historia, el futuro quedara libre de maleficio. Una creencia sin fundamento. No obstante, el poder coercitivo siempre ha sido, y es, contundente a la hora de vencer e imponer la creencia propia; de ahí la intolerancia cerril que nos caracteriza.

Allá y entonces, la Suprema del Santo Oficio tenía un estatuto y publicaba catecismos; exigía confesiones públicas, las palinodias, y abjuración de los errores heréticos, tras aplicar torturas como la garrucha, la toca y el potro, que arramblaban la caridad cristiana; imponía prisión preventiva, que podía durar 17 años como ocurrió al arzobispo Carranza, con expropiación de todos sus bienes y rentas. Incluso, si el reo estaba muerto, la expropiación, asunto importantísimo, se ejercía sobre sus herederos. El proceso seguía su curso y, si el reo difunto resultaba condenado, se le desenterraba y quemaban sus huesos… Ahora, también desenterramos muertos, interpretamos la historia a comodidad y adaptamos los textos a los intereses políticos. Son otras creencias y otros catecismos. Las sanciones son igual de penosas.

Sobre el número de afectados por la Inquisición, hay importantes lagunas, que no podrán resolverse, toda vez que muchos de los archivos de los diferentes tribunales inquisitoriales han desaparecido. Kamen limita a 2000 las víctimas, mientras Juan de Mariana las eleva a 800.000. Sólo en Sevilla, durante el primer año de funcionamiento del tribunal parece que se quemaron 2000 vivos y 2000 muertos. Pero, las cifras no cuentan para atorar a la gente y atrofiar el cerebro. Es el valor simbólico de la conducta lo que nos importa: la amenaza universal que se cernía sobre la sociedad.

En el caso de Luis Vives (1493-1544), su padre, judeoconverso rico, fue quemado vivo, y su madre en efigie diez años después de muerta, pese a que en vida había hecho abjuración pública de judaísmo. Luis, con apenas 16 años, emigró a París por orden de su padre, que previno la desgracia que se les venía encima. En 1522, la universidad de Alcalá ofreció a Vives una cátedra que, por sabiduría intuitiva, no aceptó; al padre lo iban a quemar en 1524… Y a él, once años después de muerto, la Inquisición aún puso en el Índice su libro de Comentarios sobre San Agustín, donde defiende que la guerra entre cristianos nunca es legítima, critica el boato con que vivían los eclesiásticos, incluidos los frailes mendicantes, y no justifica los fastos con que se conmemoraba la pasión y muerte de Cristo. Y eso que nunca llegó a ver un paso de palio actual.

Algo parecido le ocurrió al conquense y erudito Juan de Valdés, que, con el miedo en el cuerpo, huyó a Roma, donde el papa Medici, Clemente VII lo acogió y asumió sus tesis, supuestamente erasmistas. Es preciso recordar que otro Medici anterior, tan poco edificante como León X, tenía el Elogio de la Locura de Erasmo como libro de cabecera. Porque, en esto de ser más papistas que el Papa, los españoles siempre hemos sido campeones. Quizá por eso, también Juan de Avila, otro que pensaba, hoy santo y doctor de la Iglesia, también pasó tres años en prisión inquisitorial, acusado de erasmismo, por predicar valores evangélicos.

Lacerante y oneroso, aunque representativo de la desconfianza sobre el pensamiento, resulta el trato que la Inquisición dio al desgraciado Carlos II: el dominico Rocaberti, inquisidor general y enemigo de la reina madre doña Mariana, consideró que la Inquisición debía intervenir en la esterilidad que aquejaba al rey. La mayoría de los otros miembros de la Suprema opinaban que no procedía, porque consideraban que el rey era un enfermo. No obstante, Rocaberti se empecinó, logró sustituir al confesor del rey por Fray Froilán, otro dominico protegido suyo y servidor incondicional. Entrambos, pergeñaron tener una consulta con el diablo, valiéndose de unos médium. Hasta dos audiencias lograron que les otorgara el diablo, ya que, mediando una buena causa, el trato con el diablo no es pecado, ni repugna a la conciencia. De resultas de aquellas entrevistas, supieron que el diablo se había metido en el cuerpo del rey, a través de una jícara de chocolate, suministrada por doña Mariana, que fue apartada inmediatamente de la proximidad y trato con su hijo.  Rocaberti prescribió el plan de tratamiento completo: exorcismos para el espíritu y, en funciones de médico del cuerpo, la ingesta diaria de medio cuartillo de santos óleos. Menos mal que se murió Rocaberti, si no la disentería hubiera acortado el triste reinado de Carlos II.

Esto ocurría en España, mientras en Europa habían vivido y producido su obra los racionalistas René Descartes y Benito Spinoza, sefardí por cierto; el empirista Hobbes y los cosmólogos Telesio y Campanella. Pese al oasis intelectual de la Escuela de Salamanca, Europa, en el campo de la filosofía, nos llevaba mucha ventaja.

Otro mandato del guion es No te separes del canon, de la norma, de lo vulgar, del redil familiar. Un conquense notable, Fray Luis de León, lírico exquisito y catedrático en Salamanca, también sufrió cárcel inquisitorial, más de cuatro años, por traducir sin permiso el Cantar de los Cantares. No importó que Nebrija, al publicar la Gramática Hispana en 1492, hubiera elevado de categoría al castellano, parangonándolo con el latín y el griego, las otras lenguas cultas dotadas de gramática; ni que Casiodoro de Reina estuviera ya traduciendo al castellano la Biblia entera que publicó en 1569. El   encausamiento de Fray Luis lo dictó la envidia entre frailes para usurpar su cátedra; pero, el valor simbólico fue la penalización por actuar por libre, hacer algo motu propio.

El canon ni tiene que ser ético, ni encomiable moralmente, para que el mandato No te separes sea contundente; baste de ejemplo, el desvelo, fracasado, puesto por el cardenal Cisneros para corregir el desmadre del clero regular y secular: desde tiempo atrás, las sedes episcopales y conventuales, dotadas con pingües rentas, estaban ocupadas por hijos naturales de reyes y aristócratas, cuya vocación no era, precisamente, religiosa. Ocupar prelaturas, canonjías y abadías ricas era una demostración de poder. La cooptación de cargos de entonces, sólo admite parangón con la que ejecutan hoy los partidos políticos, atentos a remover los consejos de administración de las empresas públicas, estratégicas o no, y los cargos de organismos autónomos y fundaciones, apenas llegan al poder. Hoy la fidelidad se paga bien, porque quien se mueva no sale en la foto. Igual que entonces.

El cardenal Cisneros también pretendió que la universidad de Alcalá fuera un foco de religiosidad erasmista, evangélica que rearmara los comportamientos morales. Cosechó otro estrepitoso fracaso: la Inquisición acusaba de iluminados por el demonio a todos quienes discrepasen del statu quo y procedió a efectuar una limpieza drástica de los díscolos, entre los cuales cayó algún obispo como Juan de Cazalla, Mateo Pascual ex rector del Colegio de San Ildefonso de Alcalá, etc. A la limpieza étnica ejecutada sobre los judeoconversos, hay que agregar ahora la ideológica.

Por último, para no hacer prolijo este relato, saltamos a Goya: quince días tuvo a la venta sus Caprichos, hoy visitables en la Real Academia de San Fernando, donde critica los vicios del clero y la ordinariez del pueblo que se deja manipular. Al conocer que la Inquisición lo iba a procesar, el pintor optó por regalar al rey las estampas y las planchas. Aceptado el regalo por el rey Carlos IV, se zanjó el proceso; pero, Goya estuvo procesado por ser crítico y salirse de la obediencia ciega, expresando lo que pensaba.

Las consecuencias de estos tres siglos y medio de pavor son visibles aún en nuestra idiosincrasia nacional, nuestro carácter colectivo de la cultura que generamos. He aludido a la intolerancia y me voy a referir a otras dos características: la repugnancia a la autonomía y el afán de seguridad.

Entre nosotros, el respeto al ser humano no dependió nunca de nuestra condición humana, sino de las creencias que exhibíamos y las prácticas que de ellas derivaban. Por eso, quienes van por libre, eran y son considerados raros, de poco fiar, peligrosos y son tachados de iluminados, grillados o tener la cabeza a pájaros.

En cambio, han sido y son respetados quienes profieren tópicos, repiten aforismos rancios y mantienen un discurso políticamente correcto, ¡vaya sintagma! Los comportamientos de estas personas guardan el paradigma de la norma; al menos, las apariencias de ser cristianos viejos allí donde hay control social, y personas de orden en cualquier caso, aunque el orden lo marque un grupúsculo sectario, si tiene poder. Posiblemente, sea la combinación de dos mandatos: No pienses y No te separes.

Izquierda y derecha, las dos Repúblicas, las múltiples Dictaduras y la Monarquía absoluta han fusilado a los disidentes, los han desterrado, marginado y humillado de mil formas, porque, en el tuétano de nuestra idiosincrasia, aquella univocidad de ser fiel a las creencias y normas externas sigue permanente, como un monumento inmaterial.

Otra pretensión nacional es vivir con seguridad. Otra herencia. Entonces, los administradores de la Inquisición tenían en ella un doble refugio: de una parte, el juicio derogativo, es decir, ¿cómo Torquemada se iba a investigar a sí mismo aun teniendo antecesores judeoconversos?; de otra parte, los frailes que se ocupaban de estos menesteres vivían mucho mejor que en el convento, porque se sostenían de las expropiaciones de los acusados y, además, quedaban exentos de las prestaciones del coro y de la vida conventual. Todo eran mejoras. Ahora, la seguridad está en vivir del Estado: dentro no ha lugar a eres ni a ertes; en cambio hay moscosos y poca exigencia de productividad. Por demás, el Estado es el gran administrador de la violencia, la ejerce a diario sobre todos y cada uno de sus súbditos. Bajo el epígrafe de bien común, legisla constantemente a favor de sí mismo y aplica todo su poder coercitivo sobre quienes disientan.

Así pues, se está a cubierto dentro del Estado, defendiéndolo y participando de su banquete. Viviendo del Estado, no sólo no se sufre, sino que se disfruta del poder, aunque el puesto sea de ordenanza. Psicológicamente, resulta más económico, y aun ecológico, ser Estado que situarse frente a él, tener que soportarlo y, ya no digamos, urdir contrapesos a su omnímodo poder. El mecanismo de defensa es de identificación, dijera Anna Freud. Hay funcionarios que delinquen y prevarican, por supuesto; sin embargo, la tendencia a pertenecer al Estado es reconfortante, aunque no quepa aquí el desglose analítico de este confort, y añade muchos beneficios prácticos, que no garantiza el trabajo autónomo, ni la contratación empresarial. El anhelado Estado otorga una seguridad que no ofrece nadie.

Consecuentemente, el guion ovejuno que nos conduce se retroalimenta de mantener inerte el pensamiento autónomo y acomodarse al isomorfismo social. Donde fueres, haz lo que vieres, o Come y calla, que tener sentido crítico es peligroso y fuera del aprisco hay muchas inclemencias.

Si el guion no se puede cambiar, es preciso dejar de obedecerlo, que hasta don Quijote se curó de su locura y Sancho Panza de su cordura.

Francisco Massó Cantarero

Psicologo y Analista Transaccional

Ver todas las entradas de Francisco Massó Cantarero →

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ENSAYO

Ensayo

¿Para qué filosofía?

Ensayo

El socialismo de Louis Blanc

Ensayo

Solo uso la lavadora para lavar

Ensayo

Estado de sitio y suspiros democráticos

Ensayo

Heráclides Póntico (siglo IV a.C.): La filosofía clásica griega está llena de recovecos y misterios

Ensayo

El conservadurismo español en los inicios del siglo XX

Ensayo

España y su historia en el liberalismo del siglo XIX y su deriva

Ensayo

Rita Levi-Montalcini: una mujer valiente en la vida

Ensayo

Elogio de la alegre contención

Ensayo

La concepción de España y su historia en la Ilustración española

Ensayo

De Noheda a Zamora: el rapto de Helena

Ensayo

Los jardines de la Ruta de la Seda y el Juego de la Oca

Ensayo

Tus hijos…

Ensayo

Los ojos de Ovidio: un heraldo poético de la modernidad

Ensayo

Las voces del deseo

Ensayo

Crisis de la modernidad: Atenas y Esparta, ¿un dilema moderno?

Ensayo

Santayana ante la religión

Ensayo

Lo digital como gran estafa

Ensayo

Crisis de la modernidad: mito y realidad de las revoluciones

Ensayo

Con el cerebro en un puño…

Ensayo

José Giral: la sombra de Azaña, siempre en el ojo del huracán

Ensayo

El exilio de la palabra

Ensayo

Cada hombre en su cárcel

Ensayo

Guion nacional

Ensayo

La huella de Cajal en el exilio mexicano

Ensayo

Cultura Latinoamericana

Ensayo

Arthur Schopenhauer: Un pensador incomprendido y casi olvidado…

Ensayo

¿España, invertebrada todavía?

Ensayo

La escolástica: grandeza y servidumbre (Paradojas del pensamiento medieval)

Ensayo

Giorgio Agamben: un diagnostico desolado para un presente incierto

Ensayo

El simplismo es un crimen

Ensayo

De la tristeza

Ensayo

El ocaso de las ideologías

Ensayo

‘La leyenda de D. Juan’: una conferencia de Gregorio Marañón en Lisboa

Ensayo

Apuntes sobre la decadencia de España (Estudio de sus causas a partir de Juan Valera)

Ensayo

Estar bien, sin llorar

Ensayo

La idiotez artificial

Ensayo

Jovellanos: elogio de Carlos III

Ensayo

Revolución silenciosa

Ensayo

El reto de la igualdad como principio ideológico

Ensayo

Complejo de inferioridad español

Ensayo

Señuelos, o personas

Ensayo

Sentido y finalidad

Ensayo

El concepto de «biopoder» de Foucault: resumen y evaluación critica 

Ensayo

El chantaje del futuro

Ensayo

Milena Rudnitska, periodista, feminista y activista en pro de los derechos del pueblo ucranio

Ensayo

Nunca lo hará ninguna técnica

Ensayo

“La secularización en España”, un nuevo libro luminoso

Ensayo

Cicerón: un ciudadano culto, inteligente y contradictorio que vivió el derrumbamiento de la República romana

Ensayo

Liberalismo político francés e inglés: ¿Fueron realmente modelos?

Ensayo

Zubiri: ¿Un retorno?

Ensayo

El estoicismo, repensado

Ensayo

Markus Gabriel, frente al determinismo científico

Ensayo

El escepticismo, revisitado

Ensayo

Antisistemas por sistema

Ensayo

Wolfgang Harich ¿no fue rescatable?

Ensayo

Markus Gabriel y la Nueva Ilustración

Ensayo

Peter Singer y el animalismo: epígonos del 68

Ensayo

Jovellanos y el liberalismo español

Ensayo

La filosofía posmoderna: un final ineludible

Ensayo

Markus Gabriel y el Nuevo Realismo Filosófico del siglo XXI

Ensayo

Paul Virilio, una reflexión sobre la velocidad y sus implicaciones cibernéticas

Ensayo

Platon, ¿empirista?

Ensayo

Circe: atractiva, inteligente y poderosa

Ensayo

Epicuro de Samos, replanteado

Ensayo

Científicos en el exilio interior: Fernando de Castro

Ensayo

Científicos en el exilio interior: Jorge Francisco Tello

Ensayo

Manuel Azaña Díaz, el ateneista

Ensayo

Los enigmas de Perictione

Ensayo

Juan Valera, un ateneista para un bicentenario

Ensayo

Marjorie Grice-Hutchinson y Juan Luis Vives

Ensayo

Santiago Ramón y Cajal: Un genio autodidacta de gran proyección internacional

Ensayo

Demóstenes y el fin de la libertad griega

Ensayo

Emilia Pardo Bazán, punto culminante en el estreno de la primera obra de Galdós

Ensayo

La apoteosis de la insignificancia

Ensayo

Santo Tomás Apóstol, evangelizador de las Américas

Ensayo

La Ciencia en el Exilio: una imagen extraordinaria de vitalidad

Ensayo

Desmovilización, descontento y desafección: Una estrategia de la derecha para la toma del poder

Ensayo

Sarah  Kofman, la espantosa sombra del holocausto es alargada

Ensayo

Protágoras de Abdera (480 – 411 a.C.)

Ensayo

América y las Diez Tribus Perdidas de Israel

Ensayo

Violencia verbal en la política española

Ensayo

Un almirante ateneísta: D. Miguel Lobo

Ensayo

Alfonso X ‘El sabio’ en su 800 aniversario: su mayor empresa científica

Ensayo

De Amore

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos (II)

Ensayo

El 8 de marzo de 2021, un día muy adecuado para hablar de la filósofa feminista Silvia Federici

Ensayo

Salud democrática y liberalismo político

Ensayo

Pioneras en la actividad sindical en enseñanza

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos

Ensayo

El legado constitucional de Jiménez de Asúa

Ensayo

Teofrasto: filósofo, pedagogo y botánico

Ensayo

Emerson y el Trascendentalismo norteamericano

Ensayo

Julio Hernández Ibáñez, un profesor republicano transterrado

Ensayo

Diógenes de Sinope: un filósofo desarraigado, provocador y subversivo

Ensayo

Hechos y razones contra obsesiones delirantes

Ensayo

Análisis de los resultados de las elecciones en EE.UU

Ensayo

En torno a la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel

Ensayo

¿Qué clase de mundo nos dejará el Covid 19?

Ensayo

José Ballester Gozalvo, una biografía entre la pedagogía y la política

Ensayo

Acerca del amor

Ensayo

La política de Balmes

Ensayo

Thomas Jefferson reivindicado

Ensayo

España, en la atención y en los escritos de Engels

Ensayo

Engels y Marx

Ensayo

Friedrich Engels: su actualidad y virtualidad

Ensayo

Recordando a Friedrich Engels, un ágil y demoledor polemista

Ensayo

Donoso Cortés y el romanticismo político

Ensayo

Un ensayo de María de Maeztu sobre Emilia Pardo Bazán, aparecido en el diario bonaerense ‘La prensa’ en 1939

Ensayo

Evocación política y social sobre el primer Unamuno

Ensayo

Reflexiones sobre la actualidad del pensamiento de Hegel según Paul Ricoeur

Ensayo

Jeremy Bentham, reconsiderado

Ensayo

La Constitución de 1812 (y II)

Ensayo

La Constitución de 1812 (I)

Ensayo

La Ilustración en España

Ensayo

Kafka: una meditación

Ensayo

Hegel: un contradictorio pensador imprescindible

Ensayo

Baltasar Gracián, el Barroco y el final de la Escuela Española

Ensayo

‘Ser es pensar’. El idealismo filosófico es esencialmente, Hegel

Ensayo

Hegel cumple 250 años

Ensayo

Sagasta, el gran prestidigitador

Ensayo

Andrés Saborit líder socialista

Ensayo

La archiduquesa austriaca… ‘roja’

Ensayo

¡Votes for women!: siete luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en los EE.UU

Ensayo

Ideología y política: de Marx a Piketty

Ensayo

El Futurismo de Marinetti condujo directamente al fascismo

Ensayo

Francisco Suárez: Doctor Eximio, filósofo y jurísta

Ensayo

Síntomas psicopatológicos en tres de los principales líderes mundiales,…

Ensayo

Sócrates ¿soldado?

Ensayo

La desamortización general de Mendizábal

Ensayo

Ruido de sables en Washington

Ensayo

Referendum constitucional

Ensayo

La influencia del sufragio femenino en la cultura política

Ensayo

A propósito de Rawls

Ensayo

Duelo sin realidad

Ensayo

Responsabilidad social del periodista ante las crisis

Ensayo

Post-pandemia, una ocasión única para reinventar nuestro mundo

Ensayo

Robert Nozick, un anarquista de derechas

Ensayo

España y la antiEspaña

Ensayo

Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina

Ensayo

La gran esperanza frustrada

Ensayo

Aporías, paradojas y dialéctica

Ensayo

El triunfo del Librepensamiento

Ensayo

Conflicto y negociación ¿A quién le puede interesar?

Ensayo

El nacimiento del liberalismo: Spinoza y Locke

Ensayo

John Locke: forjador del liberalismo político

Ensayo

Pensar en grande

Ensayo

La convivencia entre culturas y civilizaciones

Ensayo

Breves notas sobre Benito Pérez Galdós y el socialismo, en las elecciones de 1910

Ensayo

Inteligencia y liderazgo

Ensayo

Alcance militar y geopolitico del Brexit

Ensayo

Aprender a vivir con lo que nos ha tocado

Ensayo

Como seguir siendo cristiano en un tiempo postsecular. Una respuesta a Bonhoeffer.

Ensayo

Progreso y sentido

Ensayo

Rita Levi-Montalcini

Ensayo

Redes infames

Ensayo

Juegos de poder del nacionalismo

Ensayo

Héroe mutilado

Ensayo

Juegos de poder de la información

Ensayo

Sexto Empírico: Una aproximación al escepticismo grecolatino

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (y II)

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (I)

Ensayo

Repensar la protección de las personas vulnerables en la investigación científica

Ensayo

Decir y representación

Ensayo

La verdad, relativistas, los liberará

Ensayo

¿Cómo feminizar la vida social?

Ensayo

Nietzsche y la breve verdad

Ensayo

Juan López de Hoyos: el nexo entre Erasmo de Rotterdam y Cervantes

Ensayo

Hay mucho de lo que enorgullecerse

Ensayo

Europa un hermoso y original edificio… a medio construir

Ensayo

La estética en Eugenio Trías

Ensayo

Diez años releyendo a Dahrendorf

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (y II)

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (I)

Ensayo

Solón puso los cimientos de la democracia ateniense

Ensayo

Lógica, comprensión, traducción. Crítica de la traducción pura

Ensayo

Europa: Sísifo y la piedra

Ensayo

Ángel Fernández de los Ríos, un lugar destacado en la historia de Madrid

Ensayo

Hacia la unidad europea

Ensayo

Magdala o la historia de la trampa

Ensayo

Guillermo de Ockham… es mucho más que su célebre navaja

Ensayo

Política, comienzo incausado del arte de historiar

Ensayo

En el espejo se reflejan… los forajidos

Ensayo

Contra la misoginia, inteligencia y combatividad

Ensayo

El compromiso democrático de John Dewey

Ensayo

Unos meses decisivos para Europa

Ensayo

Infieran, no vaticinen, aborrecedores del lopezobradorismo

Ensayo

Las socialistas belgas hasta finales de los años veinte

Ensayo

Maquiavelo, más allá de los lugares comunes

Ensayo

Sobre la Constitución y su Preámbulo

Ensayo

De tal palo tal astilla

Ensayo

La pérdida del impulso liberal (y II)

Ensayo

La pérdida del Impulso Liberal (I)

Ensayo

Séneca: invitación al diálogo sereno y a la reflexión

Ensayo

Ferdinand Buisson en el laicismo francés

Ensayo

Trasímaco vuelve… o quizás, no se haya ido nunca

Ensayo

Filosofía, enemiga de la economía digital

Ensayo

La reseña crítica de Manuel Cordero de la Restauración de Romanones

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (I)

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (y II)

Ensayo

John Rawls: un nuevo paradigma contractualista basado en la justicia redistributiva

Ensayo

Ferdinand Tönnies

Ensayo

Aquí, en la izquierda, no sobra nadie

Ensayo

La ‘Mélange’ ideológica y el ‘soufflé’ estratégico catalán

Ensayo

Guillermo de Torre, heterodoxia frente a conformismo

Ensayo

Un prefacio de Tierno Galván al Contrato Social de Rousseau

Ensayo

El movimiento del espíritu social. De la religión al arte

Ensayo

Fancesco Guicciardini, un diplomático toscano por tierras extremeñas

Ensayo

Norberto Bobbio, más marxiano que marxista

Ensayo

Freud nuestro contemporáneo

Ensayo

La experiencia de Suecia para Andrés Saborit en 1930

Ensayo

La naturaleza en Marx

Ensayo

Las contradicciones de Gertrude Stein

Ensayo

Jean Jaurès, un pacifista y un europeista convencido

Ensayo

Encomienda de moderación

Ensayo

Aproximación a las bases teóricas del Mayo 68

Ensayo

Polibio de megalópolis y los valores republicanos

Ensayo

Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico

Ensayo

Gioberti o el nacionalismo conservador

Ensayo

Al hilo de unas reflexiones políticas

Ensayo

Karl Korsch: ha vuelto para quedarse

Ensayo

David Harvey: La acumulación por desposesión

Ensayo

Guy Debord: la lucidez anticipatoria

Ensayo

Lo más humano, la idea, es la materia de la historia

Ensayo

Laicidad, sociedad abierta y emancipación ciudadana

Ensayo

Cesare Beccaria, un ilustrado frente a la barbarie

Ensayo

Política y pensamiento científico

Ensayo

El infinito viajar

Ensayo

El político y el científico

Ensayo

Enrique Tierno Galván

Ensayo

Nos sigue haciendo falta Tierno Galván

Ensayo

Albert Camus, un extranjero rebelde entre seres alienados

Ensayo

Los miedos de Baruch Spinoza

Ensayo

Lenin, la Revolución como Ciencia

Ensayo

Virtualidad y cultura (La realidad fingida)

Ensayo

Cataluña y la ‘navaja de Occam’

Ensayo

Epicuro: el filósofo de los placeres moderados

Ensayo

Isaiah Berlin, un excelente y polémico ensayista

Ensayo

Rafael Méndez (1906 – 1991)

Ensayo

La serena inteligencia de Kolakowski

Ensayo

La posibilidad de la utopía

Ensayo

1 de octubre, 2018: días antes de un día después

Ensayo

Año 2018: ¿tiempo de la gran revisión constitucional?

Ensayo

Introducción estival al concepto de ‘liderazgo político’

Ensayo

Todo cambia…algo permanece

Ensayo

El sentimiento trágico de la vida

Ensayo

Adorno: Reflexiones desde la vida dañada

Ensayo

¿Por qué nadie recuerda a Daniel Bensaïd?

Ensayo

Cataluña, ‛casus belli’

Ensayo

Ferrater Mora, un catalán universal

Ensayo

Gramsci y Maquiavelo

Ensayo

La educación y la filosofía como utopía

Ensayo

El laicismo en Habermas y su origen griego

Ensayo

Walter Benjamin, fracturas de la modernidad

Ensayo

Demos la palabra a Herbert Marcuse

Ensayo

Los misterios de Homero

Ensayo

La función de las ideologías según Max Horkheimer

Ensayo

Les presento a Margarita Nelken

Ensayo

Impunidad, no gracias

Ensayo

La vigencia de Erich Fromm

Ensayo

María Zambrano está viva

Ensayo

Buscando a Fernando Pessoa

Ensayo

El encuentro borgiano de Shakespeare y Cervantes

Ensayo

Dones de Amor, ay, cuitas de Amor

Ensayo

Intransigencia y control social: Flaubert y Baudelaire en el banquillo

Ensayo

El día que conocí a Ernesto Cardenal

Ensayo

Li Po y la melancolía

Ensayo

Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico

Ensayo

Gianni Vattimo y el “pensiero debole”