noviembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Europa un hermoso y original edificio… a medio construir

Los demagogos de las ciudades cumplen mejor
su cometido cuando arrastran su patria a la discordia
Esopo

Es esta la cuarta y última entrega de una sucinta reflexión sobre Europa y su futuro. El 28 A tuvieron lugar las Elecciones Generales. Hemos podido constatar como en las larguísimas precampaña y campaña electoral Europa ha sido un tema, prácticamente, ausente. Lo que resulta más decepcionante es que la Legislación europea y las políticas sectoriales influyen, cada día más en la vida cotidiana y en la economía de los ciudadanos de los países miembros. Una vez más la ignorancia es culpable. Por ello, es incomprensible que no se hable más de Europa y su futuro, cuando es tanto lo que está en juego.

Europa es hoy un proyecto inconcluso. Son formidables sus planos y cimientos, pero en la construcción del edificio hay parones, abandonos y retrocesos y ya va siendo hora de que retomemos la energía y vitalidad de los “Padres fundadores” y nos decidamos a concluirlo de una vez.

El tiempo corre en nuestra contra. Es cierto que un espíritu europeísta nos hace ver las ventajas de la Unión Europea y nos impulsa a culminar el proyecto. Sería absurdo, sin embargo, ignorar el carácter disolvente y disgregador que tienen las fuerzas eurófobas, que pretenden vaciarla de contenido y para ello, van socavando aspectos esenciales que configuraron y siguen configurando las señas de identidad de esa futura unión federal de países y de ciudadanos.

Como acostumbraba a señalar Karl Marx la realidad es tozuda. Hace escasas semanas hemos asistido preocupados a la retahíla de improvisaciones y falta de horizonte que están caracterizando el “Brexit” británico. Es necesario, a veces, que la realidad muestre su faceta más descarnada para que se pongan sobre la mesa las mentiras, las tergiversaciones, la manipulación… que acompañaron al Brexit. Ahora y sólo ahora, muchos británicos se dan cuenta del engaño. No pocos quisieran encontrar una salida, algunos, incluso, quieren emprender la senda de la rectificación… pero de momento, todo es confuso y las previsiones no son nada halagüeñas sobre como finalizará una aventura tan irresponsablemente emprendida. Hay decisiones que no tienen ganadores y en las que perdemos todos.

El próximo 9 de mayo DÍA DE EUROPA y en este 2019, irá seguido unos días más tarde de unas Elecciones Europeas cruciales, en las que medirán sus fuerzas quienes quieren más Europa, mayor capacidad de participación e intervención de los ciudadanos y una estructura más federal y quienes desde posiciones populistas, nacionalistas y totalitarias pretender debilitar, vaciar de contenido y desvirtuar el proyecto.

No es momento de profundizar en aspectos que merecen, sin duda, un análisis más sosegado. En poco tiempo habrá que plantearse, sin embargo, el modelo de relaciones de Europa con Estados Unidos que es abiertamente preocupante por la línea emprendida por Donald Trump y el no menos importante, desde una posición geopolítica de Europa con China, que requerirá una reflexión atenta sobre la denomina “Ruta de la Seda” y diversas políticas sensatas para no quebrar una cooperación con el gigante asiático y, al mismo tiempo, preservar las líneas estratégicas de Europa de una “colonización” y dependencia exterior.

Los años que se avecinan son, sin duda, complejos, cubiertos de interrogantes pero, que sin duda, son portadores de oportunidades. El dramaturgo Bertolt Brecht, en su obra El Círculo de tiza caucasiano nos legó un pensamiento sobre el que sería muy útil no sólo que meditáramos… sino que procurásemos llevarlo a la práctica “las cosas deben pertenecer a quien mejor pueda cuidar de ellas” que aplicado a Europa, no significa otra cosa que hemos de ser dignos de intervenir en su futuro, protegerla y extirpar de ella las malas yerbas y las fuerzas centrífugas y disolventes.

Hay que trabajar coordinadamente para que tomen tierra, se encarnen y entren en vías de realización proyectos, que en su día fueron utópicos y que hoy pueden, con naturalidad iniciar su andadura en paz y sin temor a transitar espacios que hasta la fecha han permanecido inexplorados.

Europa está obligada a diseñar nuevas estrategias para abandonar el conformismo y la rutina y para plantear con energía que no estamos dispuestos a aceptar el concepto de “balneario” que han puesto en circulación quienes se creen los amos del mundo, ni a convertirnos en un “hortus conclusum

No es la primera vez, en estos comentarios, que hemos manifestado admiración y respeto hacia los que consideramos “Padres fundadores” de un proyecto europeo de unidad. Hoy, me viene a la memoria, el tesón ejemplar de Altiero Spinelli, un decidido defensor del federalismo europeo que tenía una noción nítida de hacia dónde ir y de la senda que nunca deberíamos volver a pisar. No hace sino confirmar este hecho el que fuera un antifascista consecuente y que pasara 10 años de prisión en las cárceles mussolinianas. Todo el respeto que siento hacia Spinelli se torna en desprecio hacia Matteo Salvini y sus políticas neofascistas, que pisotean y destrozan los derechos humanos y pretenden extender un nacionalismo eurófobo y excluyente.

Creo que todos deberíamos hacer un esfuerzo por refrescar la memoria. Leyendo, por ejemplo, El manifiesto de Ventone, de carácter federalista que redactaron en su confinamiento un grupo de presos y que sirvió de base o cimientos para la configuración del Movimiento Federalista Europeo.

Sería oportuno, asimismo, que trajésemos a la memoria el denominado “Club del cocodrilo” que debe su nombre a un conocido restaurante de Estrasburgo que Spinelli frecuentaba en los años 60, que impulsó y alentó proyectos europeístas valientes y avanzados.

El político e intelectual italiano una vez consumada la derrota del nazismo y del fascismo, para que no se repitieran, tenía claro que la unión hace la fuerza. Era consciente de que Europa caería en la irrelevancia si no era capaz de encontrar su espacio en un mundo dominado por Estados Unidos y donde China empezaba a emerger como gran potencia.

Tenía, entre ceja y ceja, que no hay otra alternativa, que no es posible otra salida que la unidad política de Europa. Por cierto, el libro de Altiero Spinelli Como traté de hacerme sabio, publicado en Italia en 1984 y que viene a ser un compendio de sus memorias, se ha traducido, recientemente, al castellano. Desde mi punto de vista, sería tremendamente útil que lo leyésemos o lo releyésemos para confirmarnos en nuestras convicciones europeístas y nos decidiéramos, por fin, a salir del letargo.

En estos días que preceden a las Elecciones Europeas, se hace imprescindible abordar una serie de aspectos cruciales que han de ocupar un lugar destacado en la agenda de Europa. Uno de ellos es, desde luego, el cambio climático. Es un problema global y como tal hay que tratarlo. Sus efectos para la economía y la salud son dolorosamente perceptibles en países como el nuestro. Ya es hora de que los acuerdos internacionales no queden en “papel mojado” y que emprendamos de una vez por todas, la transición energética. En aspectos como este nos estamos jugando, literalmente, el futuro.

fot 2Hemos comentado nuestra decepción al observar lo poco que se ha hablado, hasta la fecha, de Europa. Hemos de apostar, sin reservas, por completar la Unión Bancaria y por articular un presupuesto para la Zona Euro. También, nos estamos jugando mucho en esto. Si queremos que tenga credibilidad la Europa de y para los ciudadanos, será preciso que pongamos en marcha el Seguro Europeo de Desempleo así como lo que se ha dado en llamar la Estrategia de Igualdad de Género de la Unión Europea, especialmente si tenemos en cuenta que los populismos y los nacionalismos excluyentes se suelen oponer a las reivindicaciones del Movimiento Feminista y a las políticas que tienen como horizonte la consecución de una auténtica igualdad en los campos económico, laboral, político y cultural.

Europa padece lo que denominamos un declive demográfico. Ante este hecho, es ineludible afrontar una política común sobre las migraciones, que lejos de los cantos de sirena lúgubres de los xenófobos, son vitales para el rejuvenecimiento de la población. Obviamente, las políticas han de ser ordenadas y contar con la participación e implicación de todos los países miembros. Dejar a un lado, como algunos propugnan los derechos humanos es una senda regresiva y peligrosísima. Hay que regular el problema de los refugiados. El bajo índice de natalidad es un hecho innegable que hay que afrontar urgentemente.

La ONU ha desvelado, en recientes informes, que Europa tiene la peor tasa de natalidad de todos los Continentes. El consiguiente envejecimiento afectará a la sostenibilidad del sistema de pensiones a medio plazo y las medidas correctoras han de ponerse en marcha cuanto antes. A estos efectos se hace más necesario que nunca un “pacto intergeneracional”.

Sin poder más que esbozar, en unas pocas líneas lo que requeriría un comentario más extenso y detallado, se hace necesario defender, aquí y ahora, el multilateralismo tan atacado desde diversos frentes. No debemos olvidar que -con sus fallos y errores- ha posibilitado, nada menos, que no se haya producido desde el final de la II Guerra Civil Europea un conflicto bélico a escala global. Es absolutamente necesario señalar las virtudes del multilateralismo ahora que proliferan actitudes agresivas, por parte de mandatarios de países poderosos que entienden el diálogo y la cooperación como un síntoma de debilidad. No podemos olvidar que la Unión Europea tiene “enemigos” tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Creo que es útil y necesario poner en valor la iniciativa del Parlamento Europeo de plantearse el futuro de Europa y las conclusiones de este ciclo llevarlas a cabo mediante políticas “ad hoc”. Por si no estuviera lo suficientemente claro, en esta empresa común han de participar todas las denominadas “familias” europeas y europeístas sin más excepción que las destructivas que preconizan un nacionalismo excluyente, un debilitamiento de Europa y un totalitarismo mal encubierto.

Asimismo, deben darse pasos firmes en fortalecer las políticas de integración fiscal de las que, en cierto modo, depende el que puedan destinarse más fondos a la Europa Social que repercutan en los derechos y bienestar de los ciudadanos. Me inspira confianza que Josep Borrell Fontelles, encabece la candidatura del PSOE a las Elecciones Europeas. Es un europeísta convencido y en su trayectoria ha dedicado a los proyectos comunitarios una parte importante de su tiempo y de sus esfuerzos con notable éxito.

El momento requiere decisión, valentía, capacidad para los pactos y afrontar mancomunadamente los retos, largo tiempo pendientes. El papel de España en Europa ha ascendido varios peldaños. Quizás lo más característico de esta etapa sea impulsar políticas que devuelvan la confianza a los ciudadanos en las instituciones europeas, en sus políticas y en los valores que figuran en los textos fundacionales.

Juan Gelman es el autor de una cita que no me resisto a comentar “Ser uno es no tener nada”. Ha llegado, por tanto, el momento del diálogo, de los pactos y de la puesta en marcha de medidas mancomunadas y colectivas que doten de mayores competencias al Parlamento Europeo y que propicien una mayor participación de los ciudadanos en la toma de decisiones. No hacerlo sería, a mi juicio, un grave error que traería como consecuencia el debilitamiento y la irrelevancia.

Podría y debería hablarse de otras muchas cosas. El espacio no lo permite. No obstante, quisiera poner de manifiesto que están apareciendo brotes verdes esperanzadores que son bienvenidos entre tanto pesimismo. Greta Thunberg es un buen exponente de cómo los jóvenes empiezan a tomar cartas en el asunto. La iniciativa “los viernes por el futuro” no hace sino crecer y extenderse.

Termino señalando que es importante acudir a votar el próximo 26-M pero en el DÍA DE EUROPA sería bueno que adquiriéramos el compromiso de informarnos más y mejor sobre los retos y desafíos pendientes de la Unión Europea y que nuestro voto sea cada vez más consciente de todo lo que está en juego y de lo que nos estamos jugando.

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