junio de 2026

Foucault y Skynet  

Viñeta de Eugenio Rivera

Le preguntarón al faraón“quién te hizo faraón”;
y él respondió:“nadie me detuvo”.
Meme anónimo

 

Al principio fue el Logos… Luego vino Michel Foucault a enredarlo todo. Existe una conexión entre la French Theory, especialmente su campeón, Foucault, y la guerra cultural que sufrimos ahora entre el neofascismo y lo que ellos mismos denominan “woke”. Y esa conexión, ese hilo, proviene de lo que en las universidades y círculos intelectuales de Estados Unidos se entiende por Filosofía Contemporánea, que es precisamente el pensamiento de Foucault banalizado y simplificado por el rodillo de la Teoría Queer, también de origen norteamericano. Así, allí están convencidos de que “wokismo” significa defender que toda identidad es construida culturalmente, también identidades de carácter científico, o que el poder se cuela capilarmente en todo el tejido social, o que el saber es la otra cara del poder, el modo en que el poder no es coercitivo, sino que produce realidad… Todo esto es, en efecto, Foucault, sólo que Foucault, en sus libros, se alejaba mucho de una postura puramente activista, que sin embargo sí ejercía, mientras que el foucaultismo actual, pasado por el cedazo Queer se convierte, o parece convertirse, en esa cancelación omnímoda y esa cursilería de lo políticamente correcto que parece molestar tanto a los señoros de la ultraderecha. Bastante insultante es ya que la izquierda se tenga desde siempre por más ética y responsable que la derecha, como para que ahora se crean también más profundos y decentes y nos quieran colocar un bozal…

Porque Foucault era muy profundo, él, tanto que apoyó a los ayatolahs en Irán. Eso desconcertaba pero también entusiasmaba a sus lectores y seguidores. Sólo Michel parecía adivinar cuándo cierta práctica estaba desafiando al poder y cuándo había sido producida por el poder. Una angustia, ciertamente, la de ser un foucaultiano, había que ser, como dice la Biblia “inocente como una paloma pero astuto como una serpiente” (además de escurridizo como una anguila…) Pero una angustia innecesaria por completo, puesto que no se ve nada claramente para qué resistir al poder, por qué el poder es tan gran anti-valor y una realidad tan sigilosa y nauseabunda. Nietzsche, el ídolo de Foucault, no pasaba angustia alguna, porque si el poder está en el sustrato de todo, afirmemos con alegría vikinga el poder. De modo que “foucaultismo” es también el nombre de esa actitud medrosilla y quejica que se encuentra oprimida por todo y que a menudo convierte los asuntos más triviales en su campo de batalla. Foucault no fue en ningún sentido un hippie, más bien un jefe de la contracultura francesa de tiempos de Mayo del 68 y el general De Gaulle (por cierto, a la CIA les parecía un antimarxista y estaban encantados con él). Sin embargo, su extraña filosofía -si Voltaire era “un caos de ideas claras”, Foucault era algo así como el orden de las ideas oscuras…- ha dado lugar al hipismo del s. XX, que mezclado con cuestiones medioambientales y neoludismo es lo que los popes de la Alt-Right y la Ilustración Oscura llaman “wokismo”. Con lo que le gustaban a Foucault las genealogías y esta viene a “incriminarle” a él…

Peter Thiel y Alex Karp, dueño y CEO respectivamente de Palantir, son licenciados en Filosofía. Yo creo que lo que había en el ambiente mientras estudiaban era justamente Foucault, que Foucault parecía capitalizar la Filosofía. Eso explicaría también por qué ambos en sus inicios fueron zurdos, como diría el cafre de Milei. Y cuando se pasaron al otro extremo, lo hicieron con toda la fuerza que supieron reunir, porque no hay nada más generador de fanatismo que la fe del converso. No queda claro, ya digo, si Foucault se sentía más allá del bien y del mal, aunque desde luego era antifascista -su manifiesto al respecto sí es bastante jipi, a mi juicio-, pero estos señores han decidido quedarse con Nietzsche: los “pensamientos perversos”, la afirmación de la voluntad de poder, la recusación de la historia lineal y la liquidación del igualitarismo. Todo eso en nombre de combatir al nieto de Foucault, al wokismo. Cuando Palantir se instale como una garrapata en los sistemas de defensa y vigilancia de Occidente, dolerá reconocer que ciertos errores o malentendidos viejos tuvieron mucho que ver en la maniobra. Es lo que más o menos venía a decir Nietzsche en su obra arriba mencionada, Más allá del bien y del mal, Alianza:

¿Cómo una cosa podría surgir de su antítesis? ¿Por ejemplo la verdad del error? ¿O la voluntad de verdad, de la voluntad de engaño? ¿O la acción desinteresada, del egoísmo? ¿O la pura y solar contemplación del sabio, de la concupiscencia? […]. La creencia básica de los metafísicos es la creencia en las antítesis de los valores. Ni siquiera a los más previsores de entre ellos se les ocurrió dudar ya aquí en el umbral, donde más necesario era hacerlo […]. Pues, en efecto, es lícito poner en duda, en primer término, que existan en absoluto antítesis, y, en segundo término, que esas populares valoraciones y antítesis de valores […] sean algo más que estimaciones superficiales, sean algo más que perspectivas provisionales […] (p. 23-24).

Como lo permitamos, ahora sí que nos van a vigilar y castigar a base de bien…

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