septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Guillermo de Torre, heterodoxia frente a conformismo

El hombre sabe lo que ignora el árbol.
Lo que contempla el mar indiferente.
Jorge Guillén

guillermo torreEn cierto modo vivió como quiso. Sentía un horror ante la mediocridad y se negó orgullosamente a pactar con lo mezquino. Estoy hablando de Guillermo de Torre (1900-1971), por encima de todo, un gran ensayista y un escritor que aprendió a convivir con las Vanguardias, que fue un destacado ultraísta y durante toda su vida le gustó experimentar y extraer el jugo de lo que las Vanguardias podían ofrecerle.

Entre nosotros es prácticamente un desconocido. Baste quizás, decir que son muchos los que ignoran que perteneció al Círculo de ese judío extravagante y lúcido que fue Rafael Cansinos Assens, que tuvo una relación de camaradería con Jorge Luis Borges, cuando nos visitó y que ya instalado en Buenos Aires, poniendo distancia con el clima rastrero, opresor e inculto del franquismo, donde todo lo que sonara a cultura estaba mal visto y se sustituía por gestos huecos y altaneros de una plúmbea pobreza intelectual, por si fuera poco trufada de nacional catolicismo… lo cierto es que se ocupó celosamente de proteger su libertad creadora.

Aquello que amaba lo supo defender ardientemente. Nunca dejó de sentirse atraído por las Vanguardias y por lo que tiene de noble y generoso el ejercicio de la escritura y de la crítica literaria. Sin estar al margen de las leyes de la moral, vivió a su aire como una especie de custodio de las palabras y de sus asociaciones secretas que demandan ser interpretadas… casi, casi como si se atuvieran al principio de incertidumbre de Heisenberg.

La indiferencia puede ser, como en su caso, un disfraz. Supo adentrarse por un laberinto lleno de falsas pistas y seguir, hasta con los ojos vendados, un sendero coherente y fiel a sus convicciones. Siempre indagando… haciendo oídos sordos a los amenazadores y sombríos dicterios de los ídolos torpes que siempre lo acecharon.

Hélices Guillermo de TorreAllí dónde las Vanguardias imperan con fuerza hay vigor intelectual, afán experimentador, libertad creadora. Hay una irrepetible síntesis de libertades insumisas y un afán por explorar los bordes del misterio y, en un juego formal de imprevisibles consecuencias, ir más allá… de lo previsible.

En unos años conmemoraremos el Centenario de la Generación del 27. Tiempo habrá de emitir opiniones al respecto, de rescatar del olvido no pocos aspectos que se han silenciado y de poner de manifiesto cómo fue, quizás, por encima de otras características vanguardista y deudora de las Vanguardias.

Guillermo de Torre fue uno de los más destacados impulsores del ultraísmo. Como puede observarse en su libro Hélices 1923. Pronto evolucionó hacia lo que podríamos denominar el Ensayo Literario que no dejó de cultivar nunca y que ha ido desgranando textos críticos de gran valor, dedicados a profundizar y a establecer conexiones dentro del movimiento estético de las Vanguardias europeas e hispanoamericanas.

El libro que más me impactó fue Las metamorfosis de Proteo aunque, también, tienen un notable interés los dedicados a Picasso, Noticias de su vida y de su arte, de gran utilidad para vislumbrar el impulso creativo del autor del Guernica así como su brillante ensayo Apollinaire y las Teorías del Cubismo.

Me parece sugestiva la correspondencia que sostuvo con destacados intelectuales como Juan R. Jiménez, Federico G. Lorca, Ramón Gómez de la Serna o Cansinos Assens. Hoy disponemos de este material, ordenado, clasificado y comentado, gracias a la labor de Carlos García que nos permite, no sólo conocer una fecunda relación epistolar sino descubrir un mundo interior apasionante, lleno de amistad y afecto pero, también, de contradicciones y rencores.

De la TorreCreo que sus aportaciones como excelente conocedor del periodo de entre-guerras y de las Vanguardias europeas son sus magníficos ensayos: Valoración literaria del existencialismo (1948) o ¿Qué es el superrealismo? (19559. Demuestra, asimismo, un profundo conocimiento de la literatura latinoamericana como ha dejado plasmado en Claves de la literatura hispanoamericana (1959) o Historia de las Literaturas de Vanguardia (1965).

Es interesante destacar que durante los años en que llevó a cabo esta ingente tarea, en nuestro país se vivía una etapa gris y opaca que para entenderla en toda su dimensión hay que recurrir al pensamiento y a la literatura del exilio, tanto exterior como interior.

Sería oportuno destacar que comenzó su andadura publicando en la Revista de Occidente, Sur y el diario El Sol y que junto a Pedro Salinas fundó la revista Índice Literario, magnífico ejemplo de cómo se pueden teorizar y analizar los movimientos de vanguardia. Es quizás conveniente hacer referencia a sus magníficas traducciones de Paul Verlaine.

Progresivamente, su dedicación a la docencia y a la sistematización e interpretación de los movimientos de Vanguardia, le encaminaron definitivamente a la crítica literaria y lo convirtieron en un maestro indiscutible del ensayo sobre estos temas, con varias obras de referencia.

Otra faceta sino desconocida, si escasamente comentada, es que se instaló definitivamente en Buenos Aires y al igual que otras figuras españolas, llevó a efecto una intensa y dilatada labor intelectual, docente, crítica y pedagógica.

literaturaeuropeaJunto a Gonzalo Losada, Amado Alonso, Pedro Henríquez Ureña y otros fundó la Editorial Losada en 1938, que realizó una ingente labor cultural en Iberoamérica y que fue un instrumento de gran utilidad en España, ya que allí publicaban sus obras poetas, novelistas y ensayistas que no podían hacerlo en España y cuyos textos adquiríamos con la complicidad de algunos libreros ‘clandestinamente’. ¡Contribuyeron tanto a la educación sentimental de nuestra generación!

Su relación con Jorge Luis Borges no se vio interrumpida con el paso del tiempo. Es más, contrajo matrimonio con su hermana Norah, una pintora de no poco talento.

Dejó, sin lugar a dudas, un grato recuerdo de su estancia en Buenos Aires. Su figura, todavía hoy, sigue recibiendo pruebas de reconocimiento y no son escasas las visitas al Cementerio de la Recoleta para dejar unas flores sobre su tumba.

El pensamiento español y la creación literaria, resultan notoriamente incompletos, si no se tienen en cuenta la labor, las aportaciones de los exiliados y de quienes eligieron instalarse fuera de nuestras fronteras para poder continuar realizando un trabajo serio y riguroso, sin las interferencias de una censura omnipresente y de los caprichos de la dictadura con sus cambiantes y alambicadas ‘filias y fobias’. En esos años, la condena y la auto-condena al silencio tuvieron, en nuestro país, mucha más importancia de la que algunos han querido darle.

Si hubiera que sintetizar en pocas líneas la importancia de Guillermo de Torre, recordaría en primer lugar su trayectoria creativa, crítica y de divulgación cultural que aparece, magníficamente expresada en la ya clásica instantánea de la Fundación de la Editorial Losada, con todo lo que ha significado para las letras y el pensamiento latinoamericano.

Ignoro por qué en España ha existido y, todavía sigue existiendo, aunque más matizadamente, un desprecio y hasta una inquina hacia las Vanguardias. Me parece un rasgo provinciano y de muy escaso horizonte con el que habremos de enfrentarnos en los debates, que sin duda, se suscitarán en la conmemoración del Centenario de la Generación del 27.

Hace ya años cayó en mis manos Historia de las literaturas de Vanguardia (1965). No lo leí, lo devoré. Me entusiasmó porque venía a llenar un hueco, que en cierta medida, sigue presentando no pocos vacios y zonas inexploradas.

Anímense y ojeen o mejor, lean alguno de sus ensayos. No lo lamentarán y además estarán contribuyendo a reparar otra injusticia histórica.

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