septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Guy Debord: la lucidez anticipatoria

 Y la angustia de verse fuera de sí, viviendo,
Y la duda de ser o no ser realidad.
Xavier Villaurrutia

debordEn 1967 se publicó La sociedad del espectáculo. Tuvo cierto eco y las ideas y análisis anticipatorios que contiene este polémico libro, conectan perfectamente con el Mayo francés, del que en pocas semanas, van a cumplirse 50 años.

En nuestro país vivíamos lo que se ha dado en llamar los estertores o la larga agonía del franquismo y la obra de Guy Debord pasó prácticamente desapercibida, al igual que muchos análisis críticos y certeros de la Internacional Situacionista.

Hace tiempo que la política dejó de ser una actividad cívica, presidida por la racionalidad que pretendía o buscaba el bienestar social, para devenir en un espectáculo de masas que se une al resto de espectáculos que nos rodean por doquier.

La plaga comenzó en Estados Unidos pero pronto se extendió, como una mancha de aceite, por el viejo continente. Los políticos empezaron a preocuparse más por su imagen que por el contenido de su discurso. Comenzó una carrera desenfrenada por proyectar una buen perfil + aunque se falsificara el discurso político.

La simulación fue ganando terreno. La apariencia y la imagen sofocaron cualquier contenido crítico y pronto caímos en la banalización más absoluta. Perdimos todo sentido analítico y nos dejamos atrapar, sin apenas ofrecer resistencia por los tentáculos de un poder que nos reducía a la cosificación. Reinaba una alienación generalizada de la que salvo minorías concienciadas no éramos ni siquiera conscientes.

Llegados a este punto, una pregunta se abre paso. ¿Quién fue Guy Debord? (1931/1994) Un pensador, un escritor y un cineasta francés que tuvo la virtud de adelantarse críticamente a lo que se nos venía encima y que unió sus destellos de inteligencia a un proceso autodestructivo en el que el alcoholismo aceleró amargamente su final.

debord2Supo ver el valor revolucionario, a menudo contra-cultural que tenían las vanguardias y supo, asimismo, unificar y dar forma a diversos factores que iban apareciendo en un mundo que se agrietaba y que a un ritmo galopante dejaba atrás las características, de la postguerra (II Guerra Mundial) y la vigencia del estado de cosas surgido de la guerra fría.

En la izquierda surgían las primeras voces críticas frente al stalinismo y el control del capitalismo de Estado, que se unía al antiimperialismo y a la represión de los nuevos movimientos emergentes, en el otro bloque.

Se hacía progresivamente más difícil comulgar con ruedas de molino y seguir fielmente las orientaciones que emanaban de Moscú y de un marxismo ortodoxo. Empezaban a escucharse los tambores de un marxismo heterodoxo y se hacían oír, aunque de forma minoritaria, voces trotskistas, maoístas, libertarias, feministas y ecologistas.

Decimos esto, porque Guy Debord fue, ante todo, un marxista que cuestionó abiertamente, aspectos considerados inamovibles por ‘los mandarines’, supo leer con una frescura desconocida hasta la fecha a Karl Marx y que edificó sus teorías a partir de ideas y conceptos contenidos en El capital y otras obras del viejo de Treveris.

Tropezamos con una dificultad de envergadura. Son pocos los que han leído La sociedad del espectáculo, que consta de 221 tesis y que se estructura en nueve capítulos. Ya que no es posible referirse a todos, me ceñiré especialmente a tres: el segundo, la mercancía como espectáculo; el sexto, el tiempo espectacular y el octavo, la negación y consumo de la cultura.

Para Debord todo lo que una vez fue vivido directamente se ha ido convirtiendo en una vana representación. Desde mi punto de vista, se pueden encontrar antecedentes en filósofos frankfurtianos como Erich Fromm, Walter Benjamin y Herbert Marcuse cuando analizan que, en buena medida, ‘el ser’ ha ido declinando ‘el tener’, y ‘el tener’ en un mero vacío y hueco ‘parecer’.

Quizás lo más lúcido sea su consideración del espectáculo como una mera imagen del revés, invertida de la sociedad. Probablemente, la idea nuclear sea que las relaciones entre mercancías han vaciado de contenido, suplantado y casi eliminado a las relaciones entre personas.

Otra idea que me parece de calado es su afirmación de que el espectáculo no es un mero conjunto de imágenes sino una relación social de las personas mediatizadas y condicionadas por las imágenes.

debord2Naturalmente, la interpretación de las ideas de Marx sobre la aplicación del ‘fetiche de la mercancía’ sobre el poder y la influencia de los medios de comunicación es palpable y se extiende a los diversos modelos sociales.

Posteriormente, Los comentarios sobre la sociedad del espectáculo, complementaron y ahondaron las ideas expuestas anteriormente. Quizás merezca la pena destacar que los diagnósticos y previsiones de Guy Debord, no sólo fueron certeros, sino que se quedaron cortos.

¿En quién se inspiro Guy Debord? El autor de La sociedad del espectáculo, no es desde luego un adanista. Tiene muy en cuenta los planteamientos marxistas heterodoxos como los de Georg Lukács y Karl Korsch y, sobre todo, realiza una lectura innovadora, y valiente de Karl Marx.

La tesis marxiana de ‘El carácter fetiche de la mercancía y su secreto’ es, en mi modesta opinión, la piedra angular de su pensamiento. Desde luego el concepto de alienación es vehicular. La mercancía mediatizada por la publicidad es la que da lugar al espectáculo.

Una gigantesca representación lo abarca todo. La alienación-espectáculo todo lo domina y todo lo condiciona. Interpreta Mayo del 68 como una respuesta a ese dominio del espectáculo que comienza a extender sus redes. Y, por otra parte, las agitaciones y revueltas del 68 están íntimamente relacionadas con las demandas de la Internacional Situacionista.

Advierte, que hay que reaccionar contra lo que denomina ‘alienación generalizada y teórica’ y contra la suma de condicionamientos que de forma, cada vez más totalitaria, cercan y asfixian al hombre. La incultura general se apodera de cada vez más espacios donde antes afloraba el pensamiento crítico, el debate de ideas…

Además todo esto está, en cierto modo, planificado. La mentira y la corrupción generalizada encuentran en ese estado de cosas, un caldo de cultivo privilegiado. Me parece necesario releer y repensar a Guy Debord y algunos de sus conceptos cruciales. Citaré sólo a título de ejemplo, el monopolio de los especialistas del poder y la desposesión del proletariado (hoy diríamos de los explotados). Asimismo, conviene volver sobre su concepto de asalariado entendido como persona que ha perdido todo poder sobre el empleo de su vida.

Ahora bien, quizás lo más impactante sea su afirmación de que el espectáculo es la nueva cara del capital. La sociedad cada vez está más enferma y vamos camino de otro de los conceptos de mayor enjundia Guy Debord, el de planeta enfermo. Por cierto, lo que el anunció hoy es una realidad lacerante que incluso pone en riesgo la supervivencia de la especie humana.

debor4El panorama tiende a ser desolador. Hoy, en día aunque retóricamente se afirme lo contrario, nadie o casi nadie cree en el equilibrio de poderes, ni en la libertad de pensamiento y de crítica. Cada día por el contrario aparecen nuevas formas sofisticadas de censura y la concentración de poder –incluido el mediático- asfixia o estrangula todo intento de libertad de expresión.

La imagen que ofrecen las democracias es, progresivamente, más simplista y más controladora que lo ha sido nunca. Mientras tanto, la política se reduce a la pugna entre diversas maquinarias electorales presidida por un control mediático e ideológico cada vez más férreo.

Guy Debord se supo adelantar a la evolución de los acontecimientos pagando un alto precio por ello. Hoy nos encontramos ante la tesitura de reaccionar ante la progresiva pérdida de márgenes de autonomía o acabar engullidos por esa maquinaria liberticida y alienante.

La posverdad y la manipulación informativa son sólo síntomas de los peligros que acechan. Podríamos decir que constituyen tan solo la parte visible del iceberg que está a punto de triturarnos y engullirnos.

Guy Debord, durante un breve espacio de tiempo, estuvo vinculado al grupo o colectivo ‘Socialismo o Barbarie’. Pero esos pocos meses dejaron una huella indeleble en su espíritu analítico. Sería un rasgo de rebeldía e inteligencia que reaccionáramos ante lo que se nos viene encima, porque tal vez un socialismo humanista, ecologista y feminista de nuevo cuño una de las pocas opciones o la única que nos evite caer en la barbarie.

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