agosto 2021 - V Año

ENSAYO

Hechos y razones contra obsesiones delirantes

En la antigua Mesopotamia, la leyenda bíblica dice que fue acometida una magna construcción que se proponía acceder desde la Tierra hasta el mismo cielo. Fue denominada La torre de Babel. Allí, en la histórica Babilonia, quienes se proponían coronar la torre hasta su celestial extremo, truncaron su propósito de elevar el mítico pináculo a consecuencia de la profusión de lenguas distintas entre sus alarifes. La supuesta ausencia de traductores hizo que unos y otros no lograran entenderse. Su incomunicación se consumó en el estruendoso derrumbamiento de la ambiciosa torre.

Hoy asistimos a una situación que cabría asimilar, metafóricamente, a aquella desdichada construcción. Corremos el riesgo de que todo lo edificado para conseguir afirmar los ideales por los que tantos y tantas lucharon tanto, desde la paz y la salud hasta el bienestar, se venga abajo. Y ello debido a que las palabras con las que nos comunicamos, dejen -han dejado ya- de significar lo mismo para personas con situaciones y mentes tan distintas como las que contamos. Cuando esa incomprensión se produce, surge una confusión que lo va anegando todo poco a poco y acaba por destruirlo.

Es entonces cuando muchas personas optan por desentenderse de la responsabilidad de explicarse ellos mismos lo que sucede, lo cual implicará abdicar de comprender a los demás. Optan, pues, por refugiarse en obsesiones y explicaciones simplistas, romas, banales, incluso delirantes que, en vez de despejar la incertidumbre con la que tratan de enfrentarse, consiguen acentuarla mucho más. Y llegan hasta extremos peligrosos, conflictivos. Detrás de todo tipo de conflicto se esconde siempre un malentendido. Y el malentendido es el fruto amargo de la incomprensión. No hay posibilidad de remontarla si no es mediante el consenso, el acuerdo que otorga el mismo significado a las mismas palabras.

Oposición no es ataque

Sesión de control al Gobierno

Una de las palabras más devaluadas es hoy y aquí, en Política, la de oposición. Si hacemos abstracción de la malevolencia, el simplismo reinante, la incultura política de una buena cuota de la denominada clase dirigente española -sobre todo una franja de ella-, asocia gratuitamente la palabra oposición a la acción de atacar, al ataque sistemático, incesante, indiscriminado. Mas la interpretación unilateral de todo concepto, sobre todo si se refiere al ámbito de la Política, desemboca siempre en desconcierto y error.

Remontémonos a la palabra competencia. Tiene dos dimensiones, una conflictiva y otra colaborativa. Se puede competir para vencer o hacerlo para cooperar, si existe un objetivo común; por ejemplo, el objetivo de la supervivencia de la sociedad en su conjunto ante un patógeno asesino como el Covid, lucha que hoy nos involucra a tod@s. La palabra oposición, que es una derivación de la de competencia, ha de entenderse, pues, doblemente: si su dimensión conflictiva la identifica con el ataque, su otra dimensión nos guía hacia la colaboración. Y en Política, nada puede avanzar unilateralmente y tan solo conflictivamente, salvo las revoluciones o retroceder, en el caso de las contrarrevoluciones. Cuando así lo hace, si no genera emancipación, corre el riesgo de cristalizar en autoritarismo, autocracia, totalitarismo, porque es el consenso, es la colaboración la esencia de la vida social, base a su vez de todo Política.

Como cabe señalar, la Política es la Ciencia del Poder, que implica la gestión de una complejidad evidente como la que la vida social presenta hoy. Hay distintas formas de enfrentarse a esa complejidad. Una manera simplista, trivial, superficial, consiste en explicarla en términos de conspiraciones y otras zarandajas. Y otra de abordar la complejidad lo hace de una manera basada en hechos, documentada, reflexiva, sensata, histórica, esto es, lo más alejada posible de cualquier banalización.

A la primera manera corresponde una de las más traídas, llevadas y empleadas frases en nuestra jerga de actualidad política: la “teoría de la conspiración”. Por ende, conspiranoico sería quien protagoniza la difusión de tal teoría. A la hora de averiguar qué es en verdad lo que significa, surge la confusión, ya que absorbe todos los significados que se le quiera atribuir. Con ella vale describirlo todo sin decir, a la postre, nada. Veamos lo que dice la Real Academia de la Lengua sobre el término conspiración. Comprobamos que le atribuye dos significados: “unirse contra un superior” y “unirse contra un particular”, ambas presuponen ánimo de delinquir. Si se le agrega la palabra teoría, la fórmula completa, referida a un hecho político relevante, adquiere el significado de una interpretación distinta de la oficialmente vigente, que acostumbra atribuir a poderes secretos, extraños u ocultos la capacidad de imponer un dictado masivamente dañino.

Simplismo frente a complejidad

Detrás de la fórmula se esconde una falacia muy notable, a saber. Una cosa es la conspiración y otra, bien distinta, admitir la existencia de la complejidad. Una cosa es atribuir inducción secreta a los hechos y otra muy diferente, señalar la complejidad de un acontecimiento político, escenario éste, el de la Política, donde apenas hay episodio que se vea libre de una evidente complejidad. De esta manera, si bien la conspiración opta por el simplismo trivial para interpretar un hecho político relevante, simplismo que garantiza su errónea interpretación, la admisión de la complejidad a la hora de encarar el examen de un hecho o un acto suele ser el primer paso necesario para señalar su enjundia y lograr domeñar sus efectos adversos, tras sopesar las interacciones más importantes de aquellos elementos que lo determinan. Una cosa es explicar algo y otra distinta, comprenderlo. La explicación concierne a la descripción de los hechos. La comprensión establece las conexiones de sentido, de significado. Mientras el simplismo conspirativo, que ni siquiera se propone explicar nada, ya que parte de ideas predeterminadas y fantasiosas, es enemigo de la inteligencia, por banalizar y degradar los hechos y sus interpretaciones, la certeza de la complejidad garantiza inteligentemente su posible interpretación adecuada y permite la ideación de soluciones a los problemas planteados.

No obstante, la cosa se enreda más cuando, quienes detentan la interpretación oficial de las cosas, quienes poseen un poder injustamente adquirido, denuncian conspiraciones en su contra. Fue el caso, en nuestro país, de Francisco Franco Bahamonde. Durante décadas el dictador estuvo agitando la idea de la existencia de una conspiración judeo-masónica-comunista contra España –es decir, en su fuero interno, contra él mismo-, teoría en la que fue su principal difusor y escudero el almirante Luis Carrero Blanco. ¿Por qué Franco esgrimía aquella teoría? Es meridianamente claro que lo hacía para esconder sus propios crímenes, su mediocridad, su cruel amoralidad, sus errores y los de su régimen tiránico, conseguido a costa de reprimir con inusitada violencia todo atisbo de pluralidad y de eliminar a gran parte de sus adversarios, señaladamente en la clase obrera. En ello seguía fielmente las pautas marcadas tiempo atrás por Adolf Hitler quien decidió el exterminio de millones de judíos, así como el de miles de comunistas, socialistas, gitanos y enfermos, a los que culpaba de todos los males de un país como Alemania. El país de Wolfgang Goethe, la otrora intelectualmente pujante Alemania de Gottfried Leibnitz, Emmanuel Kant y Georg Wilhelm Friedrich Hegel se hallaba a la sazón sumida en el caos moral, ideológico y político provocado por el rumbo adoptado por una intelectualidad desnortada y abismada poco a poco desde el Romanticismo y el nihilismo hacia un irracionalismo pangermanista ya iniciado en una cadena de pensadores, algunos bienintencionados pero casi todos política e ideológicamente irresponsables, que abarcaba desde Friedrich Schiller y Johan Gottlieb Fichte, hasta Friedrich Nietzsche y el abyecto Alfred Rosenberg; Alemania permanecía postrada tras ser abducida por un peligroso nacionalismo tardío, enraizado en un territorio fragmentado y aherrojado por la herencia feudal del militarismo prusiano, derrotado -solo a medias- en los campos de batalla y regido por un rey megalómano, el Káiser (César). Guillermo II era rehén de una ilusoria concepción sacro-germánica-imperial que arrastró al Reich, tras perder la Primera Gran Guerra, hacia otra pavorosa contienda, así, emprendida por Adolf Hitler y su Tercer Reich contra media Europa. Toda esta complejidad fue resumida por el Führer, con Herman Goering, Henrich Himmler, Reinhard Heydridch y compañía con la atribución, de un plumazo, de todos los males descritos de Alemania a la comunidad hebrea, a una conspiración judeo-comunista, que resuena en los oídos españoles. Aquella atribución fue la antesala del genocidio.

El rico léxico español

Supuestos planos para insertar un chip en las vacunas

Separemos pues la fantasmagórica conspiración de la evidente complejidad, porque sus desarrollos llevan a términos muy distintos. El léxico político en español admite una pluralidad terminológica sustanciosa: desde la clandestinidad a la conjura -la juramentación conjunta de individuos contra un determinado poder-, amén del complot, el golpe de mano, el pronunciamiento, la asonada, el alzamiento en armas, o el golpe de Estado, entre otros muchos conceptos. Pero son tipos de supuestos que requieren un examen minucioso antes de formularlos tales y no cabe recurrir a ellos como atajos ante la impotencia a la hora de explicar fenómenos políticos complejos de distinta naturaleza. Es preciso determinar qué poder, si justo o injusto, legítimo o ilegítimo, legal o ilegal, trata de enfrentar el supuesto conspirador, el conjurado o el golpista; qué alterativas propone, qué se plantea conseguir. La lucha clandestina contra el franquismo por parte de la izquierda comunista, socialista y anarquista en España ¿puede ser asimilada a una conspiración protagonizada o apoyada por conspiranoicos?  Evidentemente, no. Su condición obligadamente secreta venía determinada por la feroz represión del aparato policial y militar del franquismo contra toda forma de oposición, lo cual exigía el recurso a la lucha clandestina.

La clase obrera, los sectores sociales progresistas, en situaciones históricas determinadas, ha de permanecer ojo avizor a la hora de detectar cuándo un grupo de individuos, armados o con acceso a armas, pertenecientes a una o varias clases sociales antagónicas, se propone, por ejemplo, acabar con un sistema democrático de libertades. Y lo hará, como suele ser el caso, de manera oculta. ¿Cabría tildar de conspiradores o conspiranoicos a los militantes progresistas o a los agentes de Inteligencia, concretamente del CESID, que observaron, detectaron y denunciaron –sin que desde el mando civil y militar les hiciera caso- extraños movimientos de determinados jerarcas militares en la víspera del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, que estuvo a punto de hacer fracasar la democratización en España? No cabría; sería muy injusto tildarles de conspiranoicos. Estaban en la verdad. ¿Cabe calificar de delirantes y paranoides s quienes dicen que la vacuna contra el Covid 19 inyecta un chip de control absoluto sobre los vacunados que resultarían así teledirigidos por Bill Gates o Georges Soros? Si, desde luego que cabe calificarles de conspiranoicos.

La realidad de todo hecho sometido a examen precisa de pruebas contundentes- y cuantas más mejor- para acreditar su realidad. Las reuniones subrepticias, los movimientos de tropas, los documentos y las arengas, más las comunicaciones, probaban la intencionalidad del golpe de Estado en ciernes aquel mes de febrero. Por el contrario, el delirio sobre las vacunas teledirigidas carece del menor indicio de prueba basada en hechos demostrables.

El laberinto intencional

Estatua de Sócrates

El problema es que los actos políticos en germen, vinculados a la sedición, por ejemplo, para su correcto examen implican adentrarse en el mundo de las intenciones que los guían, preludio de los hechos políticos que más acostumbran inquietar. Quienes conocen bien estos temas dicen por ello que la mejor manera de abortar un golpe de Estado, de cuya ejecución se tienen presunciones consistentes o bien el de un proceso sedicioso, armado pues, en marcha consiste en adentrarse en su interior, descubrir su intencionalidad, romperle el ritmo a tal proceso y quebrar las pautas que se proponía seguir. Si volvemos la vista hacia la Historia, los únicos golpes de Estado así abortados lo han sido mediante procedimientos muy semejantes al expuesto.

Si descendemos al plano del lenguaje, los equivalentes léxicos a los golpes de Estado suelen ser precedidos y protagonizados por la conducta de aquellos que conocen los efectos de romper los puentes que establecen consensos de significados, para que las palabras y su capacidad para generar acuerdos y sintonías, sinergias y colaboraciones, abandonen su dimensión colaborativa y pasen a adquirir su dimensión conflictiva: emerge pues la dicotomía insalvable amigo/enemigo, blanco/negro, azul/rojo. Tales conductas les vemos muy cerca cada día.

Olvidan sus mentores las sabias palabras de Sócrates recogidas en los Diálogos de Platón, cuando, al ser preguntado por aquello que, sin ser grande no es pequeño, ideó una dimensión conceptual nueva, cargada de un grandioso mensaje civilizatorio y emancipador: la otreidad, lo otro, lo diverso. Lo que no es grande sin ser pequeño es pues lo otro, lo diverso. Ponía así fin al mundo dicotómico de las contradicciones insolubles, del Yo contra el Tú, del conflicto frontal, de la guerra perpetua contra quien no es Yo mismo; y abría una ventana a la diversidad y a la comprensión de la riqueza del mundo, de la Naturaleza y de la pluralidad existente entre tod@s nosotr@s.

Distingamos pues conspiraciones, de complejidades; delirios, de certezas probadas; fantasías, de realidades; y percatémonos de que la Política, ese Arte sublime capaz de cohonestar intereses contrapuestos, avanzando siempre al integrar sus contradicciones, exige dejar a un lado el simplismo, afrontar la complejidad y orillar las fantasmagorías que el desbocado sueño de la sinrazón genera en quienes se niegan a ejercitar la inteligencia y a aplicar a sus actos y a los de l@s demás, de l@s otr@s, la racionalidad, la comprensión y la benevolencia. La Torre de la comunicación interpersonal, del entendimiento mutuo, no puede derrumbarse. Y mucho menos ahora que afrontamos retos colectivos sin precedentes.

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ENSAYO

Ensayo

Marjorie Grice-Hutchinson y Juan Luis Vives

Ensayo

Santiago Ramón y Cajal: Un genio autodidacta de gran proyección internacional

Ensayo

Demóstenes y el fin de la libertad griega

Ensayo

Emilia Pardo Bazán, punto culminante en el estreno de la primera obra de Galdós

Ensayo

La apoteosis de la insignificancia

Ensayo

Santo Tomás Apóstol, evangelizador de las Américas

Ensayo

La Ciencia en el Exilio: una imagen extraordinaria de vitalidad

Ensayo

Desmovilización, descontento y desafección: Una estrategia de la derecha para la toma del poder

Ensayo

Sarah  Kofman, la espantosa sombra del holocausto es alargada

Ensayo

Protágoras de Abdera (480 – 411 a.C.)

Ensayo

América y las Diez Tribus Perdidas de Israel

Ensayo

Violencia verbal en la política española

Ensayo

Un almirante ateneísta: D. Miguel Lobo

Ensayo

Alfonso X ‘El sabio’ en su 800 aniversario: su mayor empresa científica

Ensayo

De Amore

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos (II)

Ensayo

El 8 de marzo de 2021, un día muy adecuado para hablar de la filósofa feminista Silvia Federici

Ensayo

Salud democrática y liberalismo político

Ensayo

Pioneras en la actividad sindical en enseñanza

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos (I)

Ensayo

El legado constitucional de Jiménez de Asúa

Ensayo

Teofrasto: filósofo, pedagogo y botánico

Ensayo

Emerson y el Trascendentalismo norteamericano

Ensayo

Julio Hernández Ibáñez, un profesor republicano transterrado

Ensayo

Diógenes de Sinope: un filósofo desarraigado, provocador y subversivo

Ensayo

Hechos y razones contra obsesiones delirantes

Ensayo

Análisis de los resultados de las elecciones en EE.UU

Ensayo

En torno a la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel

Ensayo

¿Qué clase de mundo nos dejará el Covid 19?

Ensayo

José Ballester Gozalvo, una biografía entre la pedagogía y la política

Ensayo

Naturalismo y religión en el debate entre Habermas y Ratzinger

Ensayo

Acerca del amor

Ensayo

La política de Balmes

Ensayo

Thomas Jefferson reivindicado

Ensayo

España, en la atención y en los escritos de Engels

Ensayo

Engels y Marx

Ensayo

Friedrich Engels: su actualidad y virtualidad

Ensayo

Recordando a Friedrich Engels, un ágil y demoledor polemista

Ensayo

Donoso Cortés y el romanticismo político

Ensayo

Un ensayo de María de Maeztu sobre Emilia Pardo Bazán, aparecido en el diario bonaerense ‘La prensa’ en 1939

Ensayo

Evocación política y social sobre el primer Unamuno

Ensayo

Reflexiones sobre la actualidad del pensamiento de Hegel según Paul Ricoeur

Ensayo

Jeremy Bentham, reconsiderado

Ensayo

La Constitución de 1812 (y II)

Ensayo

La Constitución de 1812 (I)

Ensayo

La Ilustración en España

Ensayo

Kafka: una meditación

Ensayo

Hegel: un contradictorio pensador imprescindible

Ensayo

Baltasar Gracián, el Barroco y el final de la Escuela Española

Ensayo

‘Ser es pensar’. El idealismo filosófico es esencialmente, Hegel

Ensayo

Hegel cumple 250 años

Ensayo

Sagasta, el gran prestidigitador

Ensayo

Andrés Saborit líder socialista

Ensayo

La archiduquesa austriaca… ‘roja’

Ensayo

¡Votes for women!: siete luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en los EE.UU

Ensayo

Ideología y política: de Marx a Piketty

Ensayo

El Futurismo de Marinetti condujo directamente al fascismo

Ensayo

Francisco Suárez: Doctor Eximio, filósofo y jurísta

Ensayo

Síntomas psicopatológicos en tres de los principales líderes mundiales,…

Ensayo

Sócrates ¿soldado?

Ensayo

La desamortización general de Mendizábal

Ensayo

Ruido de sables en Washington

Ensayo

Referendum constitucional

Ensayo

La influencia del sufragio femenino en la cultura política

Ensayo

A propósito de Rawls

Ensayo

Duelo sin realidad

Ensayo

Responsabilidad social del periodista ante las crisis

Ensayo

Post-pandemia, una ocasión única para reinventar nuestro mundo

Ensayo

Robert Nozick, un anarquista de derechas

Ensayo

España y la antiEspaña

Ensayo

Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina

Ensayo

La gran esperanza frustrada

Ensayo

Aporías, paradojas y dialéctica

Ensayo

El triunfo del Librepensamiento

Ensayo

Conflicto y negociación ¿A quién le puede interesar?

Ensayo

El nacimiento del liberalismo: Spinoza y Locke

Ensayo

John Locke: forjador del liberalismo político

Ensayo

Pensar en grande

Ensayo

La convivencia entre culturas y civilizaciones

Ensayo

Breves notas sobre Benito Pérez Galdós y el socialismo, en las elecciones de 1910

Ensayo

Inteligencia y liderazgo

Ensayo

Alcance militar y geopolitico del Brexit

Ensayo

Aprender a vivir con lo que nos ha tocado

Ensayo

Como seguir siendo cristiano en un tiempo postsecular. Una respuesta a Bonhoeffer.

Ensayo

Progreso y sentido

Ensayo

Rita Levi-Montalcini

Ensayo

Redes infames

Ensayo

Juegos de poder del nacionalismo

Ensayo

Héroe mutilado

Ensayo

Juegos de poder de la información

Ensayo

Sexto Empírico: Una aproximación al escepticismo grecolatino

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (y II)

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (I)

Ensayo

Repensar la protección de las personas vulnerables en la investigación científica

Ensayo

Decir y representación

Ensayo

La verdad, relativistas, los liberará

Ensayo

¿Cómo feminizar la vida social?

Ensayo

Nietzsche y la breve verdad

Ensayo

Juan López de Hoyos: el nexo entre Erasmo de Rotterdam y Cervantes

Ensayo

Hay mucho de lo que enorgullecerse

Ensayo

Europa un hermoso y original edificio… a medio construir

Ensayo

La estética en Eugenio Trías

Ensayo

Diez años releyendo a Dahrendorf

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (y II)

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (I)

Ensayo

Solón puso los cimientos de la democracia ateniense

Ensayo

Lógica, comprensión, traducción. Crítica de la traducción pura

Ensayo

Europa: Sísifo y la piedra

Ensayo

Ángel Fernández de los Ríos, un lugar destacado en la historia de Madrid

Ensayo

Hacia la unidad europea

Ensayo

Magdala o la historia de la trampa

Ensayo

Guillermo de Ockham… es mucho más que su célebre navaja

Ensayo

Política, comienzo incausado del arte de historiar

Ensayo

En el espejo se reflejan… los forajidos

Ensayo

Contra la misoginia, inteligencia y combatividad

Ensayo

El compromiso democrático de John Dewey

Ensayo

Unos meses decisivos para Europa

Ensayo

Infieran, no vaticinen, aborrecedores del lopezobradorismo

Ensayo

Las socialistas belgas hasta finales de los años veinte

Ensayo

Maquiavelo, más allá de los lugares comunes

Ensayo

Sobre la Constitución y su Preámbulo

Ensayo

De tal palo tal astilla

Ensayo

La pérdida del impulso liberal (y II)

Ensayo

La pérdida del Impulso Liberal (I)

Ensayo

Séneca: invitación al diálogo sereno y a la reflexión

Ensayo

Ferdinand Buisson en el laicismo francés

Ensayo

Trasímaco vuelve… o quizás, no se haya ido nunca

Ensayo

Filosofía, enemiga de la economía digital

Ensayo

La reseña crítica de Manuel Cordero de la Restauración de Romanones

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (I)

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (y II)

Ensayo

John Rawls: un nuevo paradigma contractualista basado en la justicia redistributiva

Ensayo

Ferdinand Tönnies

Ensayo

Aquí, en la izquierda, no sobra nadie

Ensayo

La ‘Mélange’ ideológica y el ‘soufflé’ estratégico catalán

Ensayo

Guillermo de Torre, heterodoxia frente a conformismo

Ensayo

Un prefacio de Tierno Galván al Contrato Social de Rousseau

Ensayo

El movimiento del espíritu social. De la religión al arte

Ensayo

Fancesco Guicciardini, un diplomático toscano por tierras extremeñas

Ensayo

Norberto Bobbio, más marxiano que marxista

Ensayo

Freud nuestro contemporáneo

Ensayo

La experiencia de Suecia para Andrés Saborit en 1930

Ensayo

La naturaleza en Marx

Ensayo

Las contradicciones de Gertrude Stein

Ensayo

Jean Jaurès, un pacifista y un europeista convencido

Ensayo

Encomienda de moderación

Ensayo

Aproximación a las bases teóricas del Mayo 68

Ensayo

Polibio de megalópolis y los valores republicanos

Ensayo

Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico

Ensayo

Gioberti o el nacionalismo conservador

Ensayo

Al hilo de unas reflexiones políticas

Ensayo

Karl Korsch: ha vuelto para quedarse

Ensayo

David Harvey: La acumulación por desposesión

Ensayo

Guy Debord: la lucidez anticipatoria

Ensayo

Lo más humano, la idea, es la materia de la historia

Ensayo

Laicidad, sociedad abierta y emancipación ciudadana

Ensayo

Cesare Beccaria, un ilustrado frente a la barbarie

Ensayo

Política y pensamiento científico

Ensayo

El infinito viajar

Ensayo

El político y el científico

Ensayo

Enrique Tierno Galván

Ensayo

Nos sigue haciendo falta Tierno Galván

Ensayo

Albert Camus, un extranjero rebelde entre seres alienados

Ensayo

Los miedos de Baruch Spinoza

Ensayo

Lenin, la Revolución como Ciencia

Ensayo

Virtualidad y cultura (La realidad fingida)

Ensayo

Cataluña y la ‘navaja de Occam’

Ensayo

Epicuro: el filósofo de los placeres moderados

Ensayo

Isaiah Berlin, un excelente y polémico ensayista

Ensayo

Rafael Méndez (1906 – 1991)

Ensayo

La serena inteligencia de Kolakowski

Ensayo

La posibilidad de la utopía

Ensayo

1 de octubre, 2018: días antes de un día después

Ensayo

Año 2018: ¿tiempo de la gran revisión constitucional?

Ensayo

Introducción estival al concepto de ‘liderazgo político’

Ensayo

Todo cambia…algo permanece

Ensayo

El sentimiento trágico de la vida

Ensayo

Adorno: Reflexiones desde la vida dañada

Ensayo

¿Por qué nadie recuerda a Daniel Bensaïd?

Ensayo

Cataluña, ‛casus belli’

Ensayo

Ferrater Mora, un catalán universal

Ensayo

Gramsci y Maquiavelo

Ensayo

La educación y la filosofía como utopía

Ensayo

El laicismo en Habermas y su origen griego

Ensayo

Walter Benjamin, fracturas de la modernidad

Ensayo

Demos la palabra a Herbert Marcuse

Ensayo

Los misterios de Homero

Ensayo

La función de las ideologías según Max Horkheimer

Ensayo

Les presento a Margarita Nelken

Ensayo

Impunidad, no gracias

Ensayo

La vigencia de Erich Fromm

Ensayo

María Zambrano está viva

Ensayo

Buscando a Fernando Pessoa

Ensayo

El encuentro borgiano de Shakespeare y Cervantes

Ensayo

Dones de Amor, ay, cuitas de Amor

Ensayo

Intransigencia y control social: Flaubert y Baudelaire en el banquillo

Ensayo

El día que conocí a Ernesto Cardenal

Ensayo

Li Po y la melancolía

Ensayo

Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico

Ensayo

Gianni Vattimo y el “pensiero debole”