noviembre 2022 - VI Año

ENSAYO

La huella de Cajal en el exilio mexicano

Tomás Gutiérrez Perrín

México acogió con verdadero interés a los científicos exiliados como consecuencia del conflicto civil en España. En este artículo vamos a relatar algunos de los antecedentes basados sobre todo en el extraordinario prestigio de Ramón y Cajal en el extranjero, sobre todo después de la concesión del Premio Nobel de Medicina en 1906.

LA IMAGEN DE LA CIENCIA ESPAÑOLA EN MÉXICO Y EL LEGADO DE CAJAL

Desde los años veinte los científicos en México observaban con interés el avance de la ciencia española. Viajaron a España, entre otros, Manuel Martínez Báez, Clemente Villaseñor, José Joaquín Izquierdo e Isaac Ochoterena, especialmente interesados por los métodos de investigación y la organización de los laboratorios de la escuela de Cajal. En México había sido su principal difusor Tomás Gutiérrez Perrín (1881-1965), médico vallisoletano que trabajó como ayudante de 1905 a 1907 con Cajal, que se trasladó posteriormente a México en 1908 para el estudio de la transmisión de la sífilis y la presencia del bacilo de la tuberculosis en la leche, y que ocuparía la cátedra de Histología en las Facultades de Odontología y, en 1913, la de Medicina en la Universidad Nacional de México (UNAM).

Tomás Gutiérrez Perrín fue el principal organizador del homenaje a Cajal en México en 1922 con motivo de su jubilación. En 1925 participó en la fundación y fue secretario del Instituto Hispano-Mexicano de Intercambio Universitario, a través del cual se invitó a dos figuras de la escuela cajaliana: Francisco Tello, discípulo de Simarro, y Pío del Río Hortega, discípulo de Achúcarro. Tello, en 1929, desarrolló un curso sobre las técnicas de Cajal en neurobiología y Pío del Río, en 1930, acerca de su especialidad en el reconocimiento anatómico del cerebro, la microglía y la oligodendroglía. Ambos con gran reconocimiento por los científicos mexicanos.

Esta presencia de destacados científicos españoles sirvió de estímulo para que algunos centraran sus estudios en la histopatología, destacando: Ignacio González Guzmán, Manuel Martínez Báez (en 1929 y 1933), Luis Benítez Soto, Clemente Villaseñor e Isaac Ochoterena (en 1930); y asumieran la dirección de la dirección de importantes centros de investigación. Tras la Guerra Civil española serían clave para la acogida e integración de los científicos españoles en las instituciones académicas mexicanas.

Pío del Río Hortega

Cajal tuvo una fuerte presencia simbólica para unir a los médicos españoles y tuvo un reflejo importante para la integración de los científicos españoles en México que formaron un Ateneo con el nombre de Ramón y Cajal y editaron una revista, Anales de Medicina, que sirvió de vínculo a todos ellos, y permitió su contacto internacional; fue bien acogida incluso por la influyente corriente conservadora de la colonia española formada por empresarios.

En Anales aparecieron varios artículos con firmas muy variadas dedicados a Cajal por Julio Bejarano (“Cajal, ciudadano”), Blas Cabrera (“La influencia de D. Santiago Ramón y Cajal sobre la juventud española”), Isaac Costero (“La labor de Cajal en histopatología”), Tomás Gutiérrez Perrín (“La voz de Cajal”), Manuel Márquez (“Cajal, investigador y maestro”), Manuel Martínez Báez (“Cajal, biólogo”), José Puche Álvarez (“Una teoría que no envejece. La doctrina de la neurona de Cajal”) y Antonio Zozaya (“Las manos de Cajal”).

Sixto Obrador Alcalde

El Laboratorio de Estudios Médicos y Biológicos se creó en 1940 a instancias del Colegio de México. Posteriormente se vincularía a la UNAM a semejanza del creado en Madrid por Cajal y fue dirigido por Isaac Costero Tudanca, que en opinión de Giral en 2004, ha sido el científico de más repercusión en México. Otro científico de especial relevancia en este centro (llegó a publicar 29 artículos) sería el neuropsiquiatra Sixto Obrador Alcalde, que regresó en 1946 a España para centrarse en la neurocirugía. Fundó el Instituto de Neurocirugía donde creó escuela. Su prestigio hizo que se asumiera su propuesta del nombre de Hospital Ramón y Cajal, que fue inaugurado en 1977, del que fue jefe del departamento de Neurocirugía, y desempeñó simultáneamente la cátedra de Patología neuroquirúrgica en la facultad de medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. Falleció al año siguiente.

Enrique Beltrán, principal responsable de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, también había mantenido ya en 1922 comunicación con Cajal, y en 1926 contactó con Odón de Buen, director del Instituto Español de Oceanografía, así como con su hijo Fernando, lo que favoreció el intercambio de material científico.

Isaac Costero Tudanca

Algunos científicos mexicanos eran conocidos en España como Manuel Martínez Báez, Ignacio Chávez, José Joaquín Izquierdo, entre otros… Curiosamente, a iniciativa de Tomás Gutiérrez Perrín, se creó de manera informal en el Paseo de la Reforma de Ciudad de México una tertulia similar a la que en Madrid frecuentaban los discípulos de Cajal en el café Colón, a la que asistían los españoles que estaban de paso, lo que facilitó tras la Guerra Civil la integración de los intelectuales exiliados.

Tres médicos provenientes de la escuela de Cajal y discípulos de Pío del Rio Hortega habían tenido años antes estancias formativas becados por la Junta de Ampliación de Estudios en Alemania y Francia. Ante la grave situación europea se integraron en México formando junto con otros científicos en 1940 el Laboratorio de Estudios Médicos y Biológicos, gracias a unas becas de la Fundación Rockefeller, que sirvieron para financiar la compra de material y los edificios; mientras los salarios serían aportados temporalmente por la Casa de España, institución creada por Lázaro Cárdenas para el acogimiento de los españoles, hasta que pudo financiarse por la UNAM. Los tres discípulos de la escuela de Cajal a los que nos referimos fueron:

Gonzalo Rodríguez Lafora

El histopatólogo Isaac Costero Tudanca (1903-1979), catedrático de Valladolid de esta especialidad ya en 1934, reconocido internacionalmente por el cultivo in vitro de la microglía en 1930, y por la incorporación de prácticas y el estudio en el laboratorio de los tejidos nerviosos en la Universidad. Marchó al exilio al inicio de la Guerra Civil y en 1941 ocuparía la cátedra de Anatomía Patológica en la Facultad de Medicina de la UNAM y en 1944 la del Instituto Politécnico Nacional, incorporándose a la aplicación clínica en el Instituto Nacional de Cardiología, del que fue durante 30 años jefe del Departamento de Anatomía Patológica. Publicó manuales de su especialidad, alcanzó a ser presidente en 1968 de la Academia Nacional de Medicina de México y obtuvo, además, diversas distinciones mexicanas.

El neuropsiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (1886-1971), que estaría en México hasta 1947, regresó más tarde a España, donde sufrió depuración a lo largo de tres años, y solo pudo incorporarse al Hospital Provincial de Madrid, durante cinco años, hasta su jubilación ya con 70 años. Sus principales descubrimientos ya en 1910 en EEUU fueron la descripción anatómica de algunos tipos de epilepsia. Luego, en España, redactó más de un centenar de publicaciones en su especialidad, sobre todo en la psiquiatría infantil, de la que fue uno de sus principales impulsores. Al llegar la república presidió el Consejo Superior Psiquiátrico dependiente de la Dirección General de Sanidad que permitió organizar las instituciones de asistencia social relacionadas.

Dionisio Nieto Gómez

El neurohistólogo Dionisio Nieto Gómez (1908-1985), que había sido en la II República el responsable del manicomio de Ciempozuelos, la mayor institución psiquiátrica de Madrid, y que llegó a México en 1940. Anteriormente, en su estancia en Alemania, centrado en la investigación, descubrió un método químico para la detección en el cerebro de pacientes de neurosífilis. De los tres es el que más tiempo permaneció en el Laboratorio de Estudios Médicos y Biológicos, formando un amplio número de discípulos. Sus descubrimientos más destacados fueron pruebas para diagnosticar enfermedades como la cisticercosis, enfermedad producida por la ingestión de carne en mal estado, y la detección de las modificaciones anatómicas producidas por trastornos cerebrales como la esquizofrenia y la epilepsia, así como la utilización de psicofármacos para el tratamiento en algunas patologías psiquiátricas.

Otros dos especialistas en la fisiología del sistema nervioso de la escuela de Cajal que se incorporan a México son Ramón Álvarez-Buylla (1919-1999) en la Universidad de Colima y José Puche Álvarez (1895-1979) que se incorporó a la Facultad de Medicina de la UNAM. Puche fue rector de la Universidad de Valencia de 1936 a 1938 y director general de Sanidad durante la guerra civil, además desempeñó un importante papel en representación de Negrín para la organización del exilio mexicano. Ramón Álvarez-Buylla estuvo inicialmente exiliado en Rusia hasta que se incorpora a México en 1947 siendo su principal descubrimiento el potencial receptor como principio electrofisiológico que explica cómo viajan en el cuerpo humano los estímulos nerviosos, de los centros receptores a los órganos vitales.

En artículos posteriores profundizaremos en la integración de otros científicos españoles en México y en otros países americanos durante el exilio.

Alfredo Liébana Collado

Químico, Máster en Biotecnología y Profesor en Secundaria, FP y Universidad. Especializado en la formación del profesorado y en el diseño de los estudios en FP

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