abril de 2024 - VIII Año

La visión socialista de “La Oceana”

La República de Oceana, es decir, The Commonwealth of Oceana puede ser considerada una obra utópica, publicada en 1656, una vez producida la primera Revolución Inglesa y ejecutado Carlos I, obra del político y teórico James Harrington (1611-1677). El autor defendía una idea republicana representativa, que hasta podría tener alguna inspiración veneciana, planteando la creación de un senado y una asamblea popular. Pero lo que nos parece más sugerente es que presentaba algunas ideas de una especie de protomarxismo, al afirmar que el gobierno vendría a ser una superestructura basada en la estructura de los intereses sociales y económicos, estableciendo que había una relación entre las dos.

Pues bien, queremos acercarnos en esta pieza a la visión que de este libro tuvo Benito Luna Anoría (1880-1937), un abogado socialista muy vinculado al socialismo malagueño y sevillano, que colaboró mucho en la prensa socialista española y que fue diputado en la República, para ser fusilado en Málaga. Luna publicó una reseña sobre este libro y su autor en la revista Vida Socialista.

Para nuestro abogado el libro de La Oceana contenía las propuestas más interesantes del momento que vivió Inglaterra en la época de Cromwell. Algunos consideraban que era una obra socialista, pero Luna opinaba que, realmente, diseñaba un sistema político burgués. En primer lugar, así tenía que ser, en su opinión, porque la Revolución inglesa, en cuyo seno había sido publicada la obra, representaba el triunfo de la clase burguesa en contra de los privilegios nobiliarios. La obra de Harrington se dedicaba a consolidar las conquistas de la burguesía a través de una constitución nueva bajo la forma de gobierno republicano dirigido por una suerte de “arconte” para establecer un equilibro social y político para evitar sublevaciones de individuos aislados o de clases.

Luna consideraba que, aunque se defendía en la obra una república burguesa, en modo alguno su autor quería abolir la aristocracia. Harrington no había profundizado en el concepto de lucha de clases como lo podría entender un socialista, y que era la exclusión de los individuos de las clases privilegiadas, como representantes de las mismas, del poder político en los momentos revolucionarios y posrevolucionarios, mediante la desaparición de las mismas clases. Para Luna la razón de esto estaba muy clara. Los publicistas burgueses veían en la aristocracia un rival que dejaba de serlo una vez superada la fase de la contrarrevolución porque consideraban que el enemigo era el proletariado, contra el que la burguesía y la nobleza tenían que aliarse. La segunda perdía sus privilegios, pero conservaba la propiedad, y esta sería la clave.

La obra de Harrington demostraría el carácter esencialmente burgués del modelo de república que planteaba. Para adquirir derechos políticos se necesitaría riqueza suficiente para dar independencia. El poder no podría conferirse más que a la propiedad estable regulada por leyes agrarias. Los electores serían burgueses y aristócratas. Por eso, se preguntaba Luna dónde se encontraba el supuesto carácter socialista de la obra, aunque hubiera bibliografía que lo defendiera.

Luna recordaba que Harrington establecía un edificio social sobre tres cuerpos: el Senado, el pueblo y los magistrados. El primero proponía, decidía el segundo y los terceros ejecutaban. Además, creaba una especie de aristocracia de las clases medias, como complemento del sistema, y había sostenido que la Revolución no había estallado por la tiranía del rey ni por los caprichos del pueblo, sino porque se habían subvertido las relaciones del poder entre el rey, la nobleza y el tercer Estado, por lo que los efectos no podían desaparecer mientras no desapareciesen las causas.

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