septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Rita Levi-Montalcini

Científica, neuróloga, feminista, premio nobel de medicina y fisiología, antifascista… y muchas cosas más

El cuerpo se me arruga, es inevitable pero no el cerebro. 
Rita Levi-Montalcini

Levi1Quiero dedicar este ensayo a la memoria de Rita Levi-Montalcini. Fue, sin lugar a dudas una mujer excepcional, una intelectual de calado y una científica de enorme categoría. A lo largo de su dilatada vida lucho y batalló, sin descanso, por aquello que consideraba justo. Demostró una vitalidad y una capacidad de resistencia ante las adversidades, encomiable y abrió caminos que, hasta ese momento, estaban vetados o eran de muy difícil acceso a la mujer.

Enormemente decidida y valiente se enfrento, primero a las oprobiosas leyes raciales del fascismo mussoliniano y, después a las convenciones que impedían a la mujer el acceso a la Ciencia, y a la Investigación. Por si todo esto fuera poco, mostró una sincera preocupación por aspectos como, al servicio de quien está la ciencia, la degradación del medioambiente, el auge del fanatismo, de la desigualdad y de las conductas irracionales y temerarias que están conduciendo al Planeta a su destrucción.

Quizás sea necesario para entender a esta luchadora, en pro de la dignidad humana, señalar que su constancia y su afán de superación, fueron una característica constante a la largo de sus ciento tres años de vida. ‘No temas a las dificultades: lo mejor surge de ellas’ acostumbraba a repetir, siempre que la ocasión lo requería.

Glosar sus múltiples facetas excedería en no poca medida los límites de este ensayo pero, ni puedo ni debo, pasar por alto que desde el año 2001, cuando contaba más de noventa años fue elegida Senadora Vitalicia. Lejos de mantener una actitud protocolaria y vivir este nombramiento con carácter puramente honorifico, se mostró colaboradora con los sectores progresistas y de centro izquierda, apoyando por ejemplo, a Romano Prodi y criticando, sin pelos en la lengua, a Silvio Berlusconi a quien despreciaba.

No perdió nunca su capacidad de indignación y prodigó sus inteligentes y ácidas críticas y sus comentarios incisivos y afilados a quienes se hacían merecedores de ellos.

Demostró que seguía intacta su capacidad para rebelarse contra toda conjura tenebrosa y contra ese color sepia, con que aparece tantas veces revestido lo rancio y reaccionario. Y es que quien ha tenido que enfrentarse a la violencia irracional del totalitarismo sigue luchando por lo que importa durante toda la vida.

Supo inventar sus propios códigos. La existencia, para quienes se lo proponen es un camino abierto, con muchos signos de interrogación que son una invitación a resolver, al menos alguno de ellos. El paso del tiempo hace cambiar el valor de muchas cosas. Un pensamiento libre, un afán experimentador y una disposición a enfrentarse a los prejuicios son siempre los mejores instrumentos para no abandonar el camino emprendido.

Levi2Aprendió, desde niña, a respetar y seguir los principios de una sólida filosofía moral y cuando el frío se apodera de las madrugadas, saber plantar cara a las dificultades por poderosas que sean. Rita, también, supo ser transgresora sin muchas alharacas y, demostrar con creces, que se puede vivir e investigar al margen de los manuales de instrucciones que pretenden imponernos.

Admiró a Primo Levi del que aprendió, al leer sus desgarradoras páginas, las trágicas consecuencias que pueden acarrearnos la pusilanimidad, una obediencia ciega y una aceptación acrítica y cobarde de los ‘ukases’ emitidos por fanáticos y paranoicos.

Tanto Rita como Primo eran judíos y no olvidaron nunca la importancia de regirse por principios morales, incluso ante las circunstancias más adversas.

Fue una mujer con una sólida formación. Tenía una concepción laica y spinoziana de la vida. Puede decirse que en cuantas ocasiones fue preciso demostrarlo se comportó como una librepensadora, consciente y crítica.

Como científica, sus investigaciones más destacadas y transcendentales estuvieron vinculadas al Factor del Crecimiento Nervioso (NGF), es decir, ‘Nerve Growth Factor’ que, con el paso de los años la harían merecedora del Premio Nobel de Medicina y Fisiología que obtuvo en 1986, compartido con Stanley Cohen. Me parece de justicia destacar que era una gran admiradora de la labor de Santiago Ramón y Cajal y que lo considera el punto de partida de tantas investigaciones en el campo de la Histología que tuvieron lugar posteriormente.

Para conocer el pensamiento y el alcance de los planteamientos tendentes a combatir los abusos y los errores que han conducido al ser humano a degradar el planeta hasta poner en peligro la supervivencia de la especie, hay que leer algunas de sus obras más destacadas. Sugiero empezar por Elogio de la imperfección de inequívocas reminiscencias erasmianas, desde el título. Viene a ser una especie de autobiografía en la que narra, con una enorme sinceridad y sin tapujos, el auge del fascismo, las leyes raciales y las persecuciones que sufrieron los judíos en toda Europa, y uno de los aspectos más destacados de su formación científica, su aprendizaje como ayudante del eminente histólogo Giuseppe Levi, así como sus opiniones y alegatos sobre la emancipación de la mujer y el injusto ostracismo que ha venido padeciendo secularmente, lo que constituía un fuerte impedimento para acceder a ámbitos como el científico, el investigador, el político… y, en general para cualquier superación de la desigualdad propia de las sociedades patriarcales.

Asimismo, es muy útil conocer Tiempo de cambios y El as en la manga: los dones reservados a la vejez, si bien no carecen, en absoluto de interés, el resto de sus obras. Le gustaba comunicar sus experiencias y en varios periodos de su vida dio a la imprenta un libro al año.

En el primero de los dos libros citados advierte con acierto, los riesgos de aniquilación que amenazan al Planeta, como consecuencia de los errores, irresponsabilidad y estupidez del ser humano que no ha tenido en cuenta las gravísimas consecuencias de sus actos, que han puesto en peligro tanto la biodiversidad como su propia supervivencia.

Levi3En cuanto al segundo, tras analizar las ‘complejas neocorticales’ que regulan los procesos mentales, nos habla con una enorme sensatez y pasión de prepararnos para la llegada de la senilidad de forma racional. Es más, con energía y lucidez expone que el cerebro humano está preparado para seguir plenamente activo incluso a una edad avanzada. De ahí que sostenga que ‘el cerebro nunca debe jubilarse, sino trabajar noche y día’.

Tras haber hecho una ‘ligera cala’ sobre la trayectoria vital, los descubrimientos científicos y las principales obras que escribió, creo que corresponde ahora señalar su importancia como libre pensadora humanista, sus planteamientos como feminista e incluso su posicionamiento sobre genética que es polémico, pero que supone toda una declaración moral sobre un fenómeno tan actual como la manipulación genética.

Por lo que respecta a su feminismo, en Tiempo de cambios sostiene, por ejemplo, que ‘la conciencia de las injusticias sufridas por innumerables generaciones de mujeres del pasado, y todavía vigentes en los países en desarrollo, es un incentivo muy generoso y eficaz para que las mujeres se decidan a pedir lo que siempre se les ha negado’. Para añadir poco más tarde ‘la desigual aportación masculina y femenina al progreso de nuestra civilización debe atribuirse a las dificultades insuperables impuestas por la sociedad patriarcal’. No obstante creo que, donde se manifiesta como una feminista consciente de lo que está en juego en los tiempos que corren, es cuando opina ‘al ámbito femenino del género humano le ha llegado el momento de asumir un papel protagonista en la gestión del Planeta Tierra, algo que se le ha negado durante milenios’.

Por lo que respecta a sus posicionamientos sobre Genética, repletos de cordura y de fuerte compromiso moral, es tremendamente útil, que tengamos en cuenta ideas como la que vamos a reproducir, que son un aviso para navegantes contra decisiones que se oponen abiertamente a la dignidad humana y que sin embargo son sostenidas por ciertos transhumanistas partidarios de separar los experimentos científicos de todo planteamiento ético.

Por eso es valiosa y de gran entereza moral que formule advertencias como esta que con el paso del tiempo no ha hecho sino aumentar. ‘No tenemos derecho a hacer bebes a la carta. No es aceptable fabricar niñ@s con los cabellos rubios o los ojos verdes, como quería Hitler. Eso va más allá de los límites de la Moral’
Rita Levi-Montalcini supo seguir la estela de figuras señeras como Madame Curie, sería más correcto decir Maria Salomea Skłodowska, y lo que es más importante, abrir una brecha en el muro para que tras ella hubiera otras mujeres brillando con luz propia en diversas áreas científicas, que hasta ese momento estaban prácticamente vetadas a las mujeres.

Rita Levi-Montalcini fue pionera y supo ganarse a pulso un lugar en el campo de la ciencia. Suyo es el mérito de haber, primero intuido y luego comprobado experimentalmente, la forma en que las neuronas encuentran el camino más adecuado para conectarse. De la transcendencia de sus investigaciones cabe señalar que sentaron las bases para las terapias, todavía incipientes, de enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)…

He tratado de exponer una semblanza del carácter, la importancia y la trayectoria vital de esta neurobióloga piamontesa. Me falta por añadir que nada de lo dicho anteriormente lo hubiera podido conseguir sin su insobornable independencia, su fuerte personalidad y su capacidad para enfrentarse a las dificultades, riesgos y trampas que la vida le fue poniendo al paso como si de una carrera de obstáculos se tratara.

Levi4Permítaseme decir que era muy italiana y muy judía, es decir, estaba dotada de una retranca y de un sentido del humor muy peculiar, como lo demuestra en comentarios como este, que prodiga a lo largo de su obra y de las entrevistas que, generosamente concedía, pues le encantaba dar a conocer lo que pensaba y posicionarse ante hechos de cierta relevancia, científicos, políticos o culturales. ‘Debería agradecer a Mussolini haberme declarado raza inferior, ya que esta situación de extrema dificultad y sufrimiento, me empujó a esforzarme todavía más’.

Hubiera sido interesante comentar, aunque fuera brevemente, su prolongada estancia en la Universidad de Washington en San Luis, donde coincidió con Stanley Cohen y donde realizaron importantes descubrimientos por los que recibieron el Premio Nobel.

Hay que poner en valor su sentido de la solidaridad que le impulsó a crear una fundación de ayuda a las jóvenes africanas, así como el EBRI (Instituto Europeo de Investigación del Cerebro)

Cuando se jubiló regresó a Turín. Una mujer como Rita en modo alguno detuvo su actividad. Tenía tiempo para aceptar merecidos honores y distinciones y seguir trabajando en aquellos aspectos a los que dedicó tanto esfuerzo y pasión. En más de una ocasión, recordó con mucho agrado que en el 2008 fue investida Doctora Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid y es que la ‘professoressa’ Levi-Montalcini sentía una viva simpatía por España.

Su compromiso con los excluidos y los marginados de la historia se pone de manifiesto, en opiniones como la que sigue, de esta generosa científica, librepensadora, feminista y laica. ‘Mi sueño era ayudar a los sufren, de joven tuve como estímulo el ejemplo del Doctor Albert Schweitzer, que estaba en África mitigando los efectos de la lepra’.

Finalizan aquí estas páginas dedicadas a recordar la entrañable figura de Rita Levi-Montalcini y a poner en valor su tenacidad, su compromiso, su pacifismo y su capacidad de hacer frente a las dificultades.

No me resisto a concluir con una última cita en la que reafirma como pilares básicos, la razón y los valores éticos. ‘La razón es hija de la imperfección. En los invertebrados todo está programado: son perfectos. ¡Nosotros, no! Y, al ser imperfectos, hemos recurrido a la razón, a los valores éticos: ¡discernir entre bien y mal es el más alto grado de la evolución darwiniana’.

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