junio de 2026

Patricia Iniesto de Miguel: «La mayoría de los poemas de ‘El relato último de la nieve’ tienen algo de cuento extraño»

El relato último de la nieve es un libro mágico, poblado de atmósferas oníricas que nos hablan del lenguaje, de la memoria y de la condición del ser. Se compone de un Preámbulo, 24 poemas y un Epílogo. Está estructurado como un viaje físico y metafísico en el que la experiencia humana se abre paso a través de la naturaleza y de un sistema de símbolos (animales, huesos, relojes, trenes). La cita de Huidobro “la vida es un viaje en paracaídas” adelanta el camino por el que vamos a transitar. Los trenes y las estaciones parecen representar el paso del tiempo y la búsqueda de un destino.

Muy rico en metáforas, el poemario despliega imágenes imposibles que pueden realizarse en el universo de Patricia; descripciones etéreas y palabras con movimiento. El texto es encriptado y bello, denso y fluido al mismo tiempo, donde lo inerte cobra vida y se dota de acciones. Así, por ejemplo, podemos leer que el hielo afila las pupilas de las nubes, que los semáforos se esconden en las alas frías de los pájaros, y visualizar cómo el cielo se vacía en las gargantas mustias de los girasoles.

Al principio se intuye la inercia del viaje, la búsqueda de un final. En el núcleo del poemario nos encontramos con un camino de no retorno, con la incapacidad de detenerse, y aparecen figuras mitológicas como Ícaro y Eurídice. El Epílogo cierra el ciclo declarando el fin de la luz prohibida y dejando al lector ante una imagen fría y desolada. La nieve parece ser el silencio que cubre las huellas del pasado, como si fuese la palabra que queda cuando ya no hay nada más que contar. Y es en ese final, en esa quietud del frío, donde comienza a vislumbrarse una línea de esperanza.

¿Qué es para ti esa “nieve” del título? ¿Es el olvido, es la paz o es el silencio?

Es un elemento exótico, como el mar, por eso en mis poemas también hay mucho mar. En Madrid uno de los últimos recuerdos que tenemos de la nieve es el que nos dejó Filomena. Al principio mucha gente lo interpretó como una especie de regalo de Año Nuevo, pero enseguida llegó el caos: retrasos en el transporte, atascos, resbalones… Después de todo eso el único espacio de belleza que encuentro para la nieve es el poema.

A lo largo del libro usas términos como “lexema”, “sintaxis” o “adverbios”. ¿Sientes que el lenguaje poético es una herramienta capaz de dar orden al caos de la vida?

Creo que en su uso hay algo de deformación profesional, pero, efectivamente, existe ese intento de que sea capaz de poner orden. No sé si lo consigue, pero es uno de mis temas recurrentes. En mi anterior libro, Toda palabra es una duda, se trata de uno de los hilos conductores desde el propio título, en él ya aparecen los lexemas y los adverbios, pero también el alarido y el balbuceo.

¿Escribir para ti es un proceso intelectual y reflexivo, o es algo que nace de una urgencia física?

Tiene mucho de urgencia, de la sensación de que debo escribir inmediatamente mi idea para no perderla. El poema no exige una disciplina de ritmo u horario como en el caso de otros géneros, aunque también hay un trabajo detrás, el más tedioso para mí, que aparece cuando el poemario se va acercando a su forma final: seleccionar y eliminar, dar forma a la estructura…

En el poemario hay una gran presencia de lo animal: pájaros, lobos, insectos y peces habitan tus versos. ¿Representan estos animales nuestra parte más instintiva o son mensajeros de ese “invierno” que todos llevamos dentro?

En mi primer libro, Cosmogonía de la luz y del invierno, ya aparecen sobre todo pájaros y peces. Es curioso porque no fui consciente de la fuerza de su presencia hasta que recibí las propuestas para la portada: una representaba el cosmos, tal como yo había sugerido, pero también recibí la imagen de un pez. Nunca había pensado en su significado hasta que alguien me comentó que quizá representan la libertad. En los siguientes poemarios se fueron sumando más animales: anfibios, caballos, alacranes y, sobre todo, insectos, principalmente luciérnagas y libélulas, que simbolizan belleza, fragilidad y resistencia.

En el Preámbulo hablas de una “gramática secreta” y adelantas que vas a revelarnos el final de todos los cuentos que nunca se acaban. ¿Es este un juego con los géneros literarios para conectar con el título? 

Cuando publiqué el poemario, algunas personas cercanas me preguntaron si había escrito un libro de relatos. Eso significa que la función del título estaba cumpliendo parte de su función, la de jugar con los géneros. Este juego, efectivamente, continúa en ese primer poema y creo que también lo hace en el resto del libro, ya que la mayoría de los poemas tienen algo de cuento extraño, surrealista, oscuro.

En el Poema V eres casi una cronista: a las 8:02 alguien lanza la piedra que ahuyenta las cerraduras, y a las 8:07 los náufragos tocan el piano… ¿conviertes así la cotidianidad en algo onírico, los raíles son un viaje al subconsciente?

Es un intento de poetizar la rutina, lo gris que hay en todo lo que nos encadena. Desde que nos despertamos estamos conectados al reloj, somos sus esclavos, como reflejó Cortázar en sus Instrucciones. El poema es un intento de rescatar la belleza que se esconde detrás de lo ordinario y el camino onírico me pareció el más interesante porque libera al lenguaje de muchos de sus corsés.

En el poema X aparece la figura de Ícaro. Dices que su piel aúlla y que sus brazos son “caballos de plomo” perseguidos por el sol. Identificarse con Ícaro es aceptar la caída. ¿Sientes que el arrojo de alcanzar los sueños es un acto de soberbia hermosa, como el de Ícaro, sabiendo que al final el sol (la realidad o el dolor) puede desarmarnos?

Ícaro me parece una figura fascinante, de hecho, aparece ya en mi primer poemario. Me gusta porque refleja la rebeldía, la libertad, un instante de felicidad que, aunque le cuesta demasiado caro, mereció la pena. A veces merece la pena caer.

En el poema XXI planteas un problema matemático de trenes que salen de estaciones A y B. Introduces la frialdad de la aritmética en un contexto emocional. ¿Qué has querido expresar en este poema?

Cuando era estudiante en el instituto tuve muchas dificultades para resolver este tipo de problemas. Aunque lo tenía olvidado, esa frustración dejó su poso y la temática del libro y su tono onírico propiciaron la escritura del poema. Conseguí resolver con palabras lo que no pude con los números y, sin pretenderlo, surgió un poema que tiene cierto tono humorístico y que suele gustar bastante en los recitales por la anécdota que encierra.

En el poema XXIV remites al tercer día de la creación, pero lo mezclas con “cuadernos de cuadrículas sucias” y “ventanas con nubes como ropa mojada”, fusionando lo místico con lo cotidiano y el pasado con el presente. ¿Cuánto de la Patricia niña, la de los domingos escuchando caracolas, sobrevive en la mujer que hoy nos entrega este Relato último de la nieve?

Creo que queda bastante y que por eso se cuela tan a menudo en mis versos. No sé cuánto hay de pasado y de presente en ellos, aunque dicen que la memoria es engañosa y que más que recordar, reinventa.

El Epílogo sugiere que el proceso de iluminación ha terminado y solo queda el recuerdo de una “geometría azul” ¿Qué queda de la poeta cuando, tras agotar el “relato último”, se enfrenta a la quietud absoluta de la nieve? ¿Es el silencio de la nieve, en realidad, el verdadero final del poema?

Sí, es un poema que refleja silencio, pero es un silencio que llega después de mucho ruido. Todo se detiene de golpe, pero permanece el recuerdo, la huella áspera reflejada en imágenes como las limaduras de la niebla o la saliva inútil de las moscas. Se trata de una quietud que mantiene el invierno en su memoria.

 

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

Literatura y gastronomía
Literatura y gastronomía

La poesía no es para el verano; como no lo son los platos de cuchara (lentejadas, fabadas, cocidos). Versos y…

Cultura
Cultura

Además de censurar de forma contundente todos los aspectos de la cultura, el franquismo puso en marcha un proyecto de…

‘Jardín de invierno’, de María Jesús Mingot
‘Jardín de invierno’, de María Jesús Mingot

Jardín de invierno María Jesús Mingot Prólogo: Teodosio Fernández Rodríguez Editorial Reino de Cordelia, 2023 Págs. 181   La reciente…