mayo de 2024 - VIII Año

Tuti Fernández y Raquel Vicente: «’La Fuga’ es una película que invita a nuestros mayores a cuestionar el statu quo»

Tuti Fernández y Raquel Vicente. Fotografía de Roberto Carballo

El cineasta Tuti Fernández debuta en el largometraje con la película La Fuga, una comedia dramática que se ha presentado con éxito en numerosos festivales de cine independiente. Desde el pasado viernes día 10 la podemos ver en los Cines Verdi de Madrid.

Tuti es músico de jazz y se formó en el Berklee College of Music, donde consiguió un Graduado Magna Cum Laude. Esto le llevó a trabajar como compositor para el cine —en los cortos Burbuja (2009) de Pedro Casablanc y Todavía sigo vivo (2021) de Rafael Nieto y en el largo de TV La boda (2019) de Ana Graciani— y para el teatro. Asimismo, ha escrito una decena de guiones y ha realizado ocho cortometrajes —entre ellos, los virales Lotería 2015 y Lotería 2016—. Por otra parte, ha dirigido comedias teatrales como Liad@s, Primera cita y La conquista de Marte.

Para La Fuga ha contado con un reparto ciertamente variopinto: si, por un lado, la mayoría de los actores no son profesionales —Declan Hemp, Francisco Javier Salvo, Bel Orfila, Julia Buil y Julio Arnau—, por el otro, se ha rodeado de rostros muy populares como Sergio Pazos, Josema Yuste, Pablo Carbonell y David Fernández. Entre ambos grupos, sobresale la actriz Raquel Vicente, que en su primer papel protagonista demuestra una gran capacidad interpretativa al dar vida a la joven enfermera de una residencia de ancianos donde van a suceder cosas extraordinarias cuando un buen día llegue a ella un trompetista de jazz con alzhéimer que orquesta una gira delirante con los internos, todos ellos músicos retirados.

Raquel por su parte tiene una sólida formación teatral y ha trabajado en distintos montajes, algunos de ellos en la Compañía Nacional de Teatro Clásico y también en la producción Yerma, dirigida por Ernesto Caballero. En cine ha intervenido en películas como Ojos Negros (2019) y García y García (2021). Y en TV la hemos visto en series como Presunto Culpable (2019), Secretos de Estado (2019), Valeria (2021) y Desaparecidos (2021). Por el corto Bronce (2018) recibió el Premio a la Mejor Actriz en el Rally cinematográfico Desafío Buñuel.

Entreletras ha podido conversar con Tuti Fernández y con Raquel Vicente sobre el rodaje de La Fuga. Para ello, los dos nos citan en una terraza cercana al Teatro Real de Madrid. Cuando les hacemos notar que no han podido encontrar un sitio mejor para hablar sobre una “comedia musical”, el diálogo surge espontáneamente entre risas.

Tuti, La Fuga es tu primer largometraje como realizador. Ya el título es demoledor porque dice más de lo que parece. ¿Qué se esconde tras “la fuga”?

Pues “La Fuga” es un título que tiene doble lectura. La primera es la fuga como tal, es decir, una escapada hacia un lugar físico —e incluso espiritual—, porque se trata de escapar de una residencia de ancianos, pero al mismo tiempo de escapar a una vida diferente. Y esa evasión tiene que ver con la música, evidentemente: la fuga es a su vez una forma musical que está basada en el contrapunto, una manera compleja donde hay varias voces diferentes que se van uniendo para crear una armonía. Hay una polifonía de voces, que es lo que pasa también en la película. Puede ser sorprendente, pero esto no lo había contado nunca…

Se nota que es una película hecha por un músico, más allá de que hayas compuesto también la banda sonora.

La película es una especie de composición musical, donde establezco un diálogo entre dos formas de entender la música: el jazz y la clásica, que también son dos maneras de vivir completamente diferentes. La película es un homenaje al músico norteamericano de origen puertorriqueño Jerry González Yo soy músico de jazz y nosotros vivimos muy en el aquí ahora continuo, y somos improvisadores natos. Y no solo en la música sino en la vida también. Todo el que me conoce sabe que improviso bastante. Los músicos clásicos tienen una mentalidad distinta. Es un orden de cabeza completamente diferente, que hace que organicen su vida de otro modo también diferente. ¿Qué pasa cuando estas dos maneras de vivir confluyen? ¿Puede suceder que lo que suena suene regular o lo que suena de pronto suene muy bien cuando juntas la música clásica y el jazz? En la peli sucede lo segundo. Lo que pasa es que el jazz llega a un lugar cerrado para liberar a unos músicos “clásicos” que tienen otras cosas que aportar, lo que les llevará a todos juntos hacia un punto determinado completamente distinto al que estaba previsto.

Hay una metáfora muy elocuente: los músicos de clásica se encuentran encerrados en la residencia como si esta fuera una partitura y el jazz con su libertad llega para liberarles…

Sí, totalmente. Hay un choque entre ambos mundos cuando el trompetista de jazz Mike Blow es recluido en la residencia y se encuentra con unas partituras que ha dejado una de las internas que acaba de fallecer y las van a tirar a la basura. Mike las salva para darles vida y con ellas al resto de los “reclusos”.

A diferencia de los actores de la película —que en la mayoría de los casos no eran actores “de verdad”— sin embargo, las localizaciones que hiciste si fueron en una residencia de verdad. ¿Te parece que le pasemos la palabra a Raquel para que nos cuente cómo influyó esto en su trabajo como actriz?

Como Tuti rodaba en residencias reales, teníamos que atravesarlas hasta que llegábamos al set por lo que era un lugar en el que tú ya veías muchas cosas… Hacía falta poca investigación actoral: estaba ahí. Nada más entrar, es como un hospital… Yo recuerdo mucho el olor, y esa alegría de los trabajadores y las trabajadoras de allí que se relacionan con todos los ancianos con mucha naturalidad y mucho cariño. Era tremendamente conmovedor…

Tuti, y la idea del tributo a Jerry González ¿cómo surgió?

Yo conocí a Jerry hace muchísimos años, cuando estaba en la noche madrileña: sobre todo, en el Café Berlín, muy cerca de aquí. Era el prototipo de músico que venía de hacer grandes conciertos, pero de pronto había encontrado en Madrid un hueco donde podía hacer lo que le gustaba: disfrutar de los garitos, de juntarse con otra gente, de contar historias… Un día llegaba y no podía casi tocar, pero al día siguiente lo pillabas a primera hora y destrozaba el escenario. El personaje de Mike está inspirado en él: lo interpreta Declan Hemp que acompañó al propio Jerry como montador en muchos conciertos.  Aunque Jerry no padeció alzhéimer, sí que me valía su perfil para tener ese músico mayor que de estar girando por todo el mundo y viviendo al día, se encuentra —de la noche a la mañana— metido en una residencia donde no hay música, donde no puede salir, y donde todo lo que le gusta no existe. Así que tiene que salir de allí en cuanto pueda.

He visto en tu película referencias a películas de jazz memorables como Buena Vista Social Club de Win Wenders y Calle 54 de Trueba. ¿Tenías estas películas en la cabeza cuando escribiste el guion de La Fuga?

Pues ahora mismo que lo dices, no. Pero en realidad tienen muchísimo que ver con la película: todos eran músicos en ellas. Por ejemplo, Bebo Valdés estaba tocando en un hotel en Suiza y los músicos de Buena Vista Social Club estaban en Cuba, olvidados de la mano de Dios… Otro ejemplo es el del documental Searching for Sugar Man sobre el músico Sixto Rodríguez: es la misma historia de gente que ha tenido una vida repleta de éxitos y que en un determinado momento ha sido olvidada por el público y por la prensa, y más tarde lo retoman. De pronto, alguien dice —en el caso de Bebo fue Javier Limón—: ¿esto qué hace aquí? Y lo vuelven a poner en su lugar.

Esta gira —que organiza Mike— lleva a sus compañeros de la residencia a embarcarse en un viaje alocado a Angola. ¿Cómo se te ocurrió rodar en África?

Aquello fue una aventura… Raquel no vino… El personaje de María se quedaba aquí… La verdad es que fue una ida de cabeza absoluta. Somos una película con un presupuesto limitadísimo, pero la suerte es que Manuel Serrano, nuestro productor, ya había rodado allí y lo conocía mucho. Yo había hecho la música de un documental suyo y también conocía la Escuela de Música de Kaposoka, que está en el barrio marginal de Samba. Es un conservatorio para niños que lo pudimos utilizar para filmar allí con los alumnos. El miedo que teníamos era ir con un elenco de seis personas mayores y terminamos todos poniéndonos malos del estómago. Sin embargo, ellos estaban como una rosa. Al final, fue una aventura fantástica.

Raquel, ¿cómo se trabaja con un elenco de actores mayores y que en la mayoría son actores no profesionales para alguien como tú, joven y con formación teatral? Y siendo este tu primer papel importante para la gran pantalla.

Aunque había hecho cine este es mi primer papel como coprotagonista. Estudié en la ESA de Valencia y después aquí en la RESAD, y actualmente, trabajo en una escuela de teatro que se llama Réplica Teatro, que para mí es el jazz de la escena madrileña. Al teatro le debo el haber adquirido herramientas interpretativas para acercarme a proyectos tan intensos como este de La Fuga, que ha sido fascinante porque lo que estamos haciendo en la película es un canto a la vida hasta el último momento. La gente mayor, cómo y según en qué sociedades, es apartada o venerada. Y no hay que olvidar que la sabiduría está en ellos. Para mí era muy conmovedor —y alimentó mucho mi trabajo como actriz— ver cómo el elenco de la película, que para la gran mayoría era su primer proyecto, estaba ahí al pie del cañón a pesar de que es muy duro un rodaje y más un rodaje de bajo presupuesto. Era metacine porque lo que estábamos contando en la película —de “no me voy a rendir”— era lo mismo que estaban haciendo nuestros actores con una media de ochenta años. Fue maravilloso poder vivir aquello.

La apuesta quijotesca de la película tiene un contrapeso en tu papel que acaba contagiándose del espíritu de libertad que trae Mike y tú no solo no te opones a él sino que le apoyas en su sueño con tu complicidad.

Sí, María organiza de alguna manera en la sombra ese apoyo a la causa de Mike y sus compañeros. Tuti lo primero que me dijo —cuando empezamos a hablar del personaje— fue que María era una persona que tenía una manera de estar en el mundo muy viva: tiene un gran sentido del humor acerca de la muerte. Yo personalmente he vivido situaciones parecidas: tengo amigas y amigos que se dedican a esto y tienen algo muy especial, están hechas y hechos de otra pasta. Son capaces de ver la luz en la sombra. Me parecía, pues, muy coherente cómo estaba escrito el personaje.

Hablando de jazz, ¿en la película hay improvisación o está todo muy medido para que nadie haga nada que no deba? ¿Qué libertad os ha dejado Tuti a los actores?

Como había actores y actrices profesionales y otros que no lo son, los métodos de abordar el personaje eran totalmente diferentes. Pero había bastante respeto al texto. En mi caso, yo soy una actriz muy metódica que luego intento naturalizar todo mucho, pero en otros casos había otra parte del elenco que era improvisación total. Creo que Tuti hizo muy bien en articular todos esos lenguajes porque éramos personas que veníamos de ámbitos diferentes y entendemos la profesión y el oficio desde puntos distintos. Al final, todos teníamos que estar al servicio de la peli.

Raquel Vicente y Tuti Fernández con Eugenio Rivera, durante la entrevista. Fotografía de Roberto Carballo

Tuti, hay unos cortos tuyos sobre la lotería, y me gustaría saber si hay alguna continuidad de esos proyectos previos en la película, porque a fin de cuentas a los ancianos de la residencia también les toca el “gordo” cuando llega Mike.

Sí, hice tres cortos, pero el potente fue el de 2015. La idea surgió de una comida con mis hermanos. Fue curiosísimo porque habíamos visto el anuncio de la lotería del año 2014, que lo protagonizaba mi querido amigo Julián Valcárcel. Y se nos ocurrió pensar qué habrían hecho los ganadores con el dinero. Empezamos a desbarrar: “pues, imagínate que se cogieron toda la pasta y se fueron a Ibiza, dejaron a la mujer tirada, se lo gastaron todo en vicios y en drogas…” Así que, como conocía a los actores que hicieron el anuncio los llamé para hacer el corto y los subimos a Internet. Ese año, Loterías del Estado se había gastado cerca de cuatro millones de euros en hacer un maravilloso anuncio de animación, que era precioso, la verdad. Pero nuestro cortometraje estaba teniendo más visibilidad que el propio anuncio. Me empiezan a llamar de El País, de El Mundo, de las noticias de la tele… Salimos en todos lados, y claro, tuve que hacer más: uno con María Barranco, y luego otro con Pablo Carbonell y con Sergio Pazos. Esos trabajos me dieron un poquito más de visibilidad para empezar a hacer dirección de teatro, y de hecho la película salió del productor, que vio varios de mis trabajos. Pero, sin embargo, en cuanto a lo que te refieres no he llevado nada de esos cortos a la película.

Tanto tú como Raquel habéis hecho teatro además de cine. ¿Qué medio os gusta más?

No tiene nada que ver dirigir teatro con la dirección de cine, porque son dos elementos absolutamente diferentes. En el primero está la verdad absoluta, el aquí y el ahora, y el contacto directo con el público. En el cine tienes que hacer que una localización en Madrid, o en Navarra, parezca la embajada de Angola, y debes intentar contar una verdad. Pero no nos engañemos: todo lo que hay detrás del cine son mentiras.  Pero es tan bonito hacer de una mentira una verdad absoluta…

¿Y para ti, Raquel?

Estoy de acuerdo con Tuti. Me fascinan los dos medios un montón. Creo que hay historias que es más oportuno contarlas en teatro y hay otras que funcionan mejor en cine. Los procesos son diferentes. Para mí personalmente el teatro tiene algo que es increíble: ese duende que decía Lorca, que aparece y es magia. El cine también me encanta: una de las cosas que más me gusta es formar parte de un equipo donde hay mucha locura. Tanta gente trabajando a la vez… Eres más parte de algo donde parece que nadie tiene el control, pero luego cuando ves cómo queda todo en postproducción es alucinante.

Tuti, el duende del teatro ¿es el mismo del jazz?

Para mí el jazz tiene una cosa que no tiene ningún arte. Tiene una pureza que no la tienen los demás. Tú vas a ver una obra de teatro y te están contando una historia. En el teatro te conmueven otras cosas, te conmueve el texto, te conmueve la historia, pero es un arte figurativo como el de un cuadro que no sea abstracto, naturalmente. El cuadro es estático y el teatro se mueve en el tiempo como la música, pero esta no te cuenta nada. Y conste que me encanta el teatro. Trabajo en él desde que tenía veinte años, haciendo música. Y también me gusta hacer cortos. Me parecen maneras de contar cosas y de hacer que la gente sienta cosas, pero el jazz tiene algo más que para mí lo hace único. Los músicos lo único que hacemos es mover el aire a tiempo real, para llegar al alma, para mover los sentimientos. Y para mí eso es la magia…

Ya para finalizar, ¿qué le diríais al lector de Entreletras para que vaya a ver la película sí o sí?

Como director he pretendido contar una historia que a todo el mundo le toque el corazón de una manera o de otra. No es ficción. Hay gente que vive la vida así, hasta el último momento. La película está basada en Jerry, pero está dedicada a Quincy Jones. Y Quincy Jones es un tipo que lleva viviendo la vida así desde que tenía uso de razón y tiene noventa y dos años. Me parece que es todo un planteamiento de vida.

¿Y tú qué le dirías al posible espectador, Raquel?

La Fuga pone mucho de manifiesto cómo nos creemos los sistemas establecidos y cómo la voluntad de que nuestra situación se rompa es propia. Es simplemente una decisión personal. No me creo el papel de que a los ochenta años yo tenga que estar en una residencia de cuidados. Es factible sacar los pies del plato. Lo vemos en la película, pero también lo hemos visto en el propio rodaje de la película, con estas personas de avanzada edad, con qué determinación se han enfrentado a todas las dificultades… Todo depende de lo que tú te digas, de lo que tú te creas y de lo que tú te permitas como ser humano. Hay gente con treinta años que está muerta en vida.

Entonces, ¿qué titular le ponemos a esta entrevista?

Prepárense, porque va a haber un montón de fugas de residencias de ancianos y de ancianas. Si no quieren que su abuelo se escape del centro de día, no le dejen que vea esta película. ¡Atén corto a sus mayores! (Risas). Mejor, pon este no vaya a ser que nos echen los perros: “La Fuga es una película que invita a nuestros mayores a cuestionar el statu quo”.

¡Que así sea!

Pa ver el tráiler oficial de la película pincha aquí

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Archivo Entreletras

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