septiembre 2020 - IV Año

LETRAS

Ángel González: palabra sobre palabra

angelgonzCon su reciedumbre moral, con su corazón repleto de emociones para compartir, sigilosamente, como no queriendo molestar, hace diez años que se fue Ángel González. Fue doloroso acostumbrarse a su ausencia, a su mala salud de hierro, a su ironía, a su compromiso cívico. Fue más que un poeta social. Su poesía honda, profunda, inclasificable, dolorida y, al mismo tiempo, sencilla nos había calado hasta los tuétanos.

La poesía de Ángel González es adictiva. Algunos dicen que es un poeta social, otros, que perteneció a la Generación del 50 o del Medio Siglo. No me gusta exagerar pero creo que constituye una generación por sí mismo. Supo como nadie, realizar un pacto imperecedero con la dignidad y con singular elegancia soportar la tristeza, la nostalgia y el dolor y convertirlos en un vuelo poético.

Su palabra es auténtica porque está desprovista de retórica hueca. Hay lastres que amenazan con doblegarnos y que son pesados de soportar. Ángel, sin embargo, vivió con esa alegría interior libre de urgencias que le conducía a reconciliarse con el mundo, a respetarse a sí mismo y a ser sensible ante la injusticia, el dolor ajeno y el sufrimiento que ocasiona la conciencia de nuestra fragilidad.

En ocasiones sus palabras proporcionan serenidad, quietud, parecen que están varadas, otras veces expresan lo más hondamente humano o una fiereza salvaje.

Nunca cae en el tópico, en el terreno manido quizás porque su palabra está sin domesticar. Puede ser alternativamente posibilista y selvático, sonriendo, eso sí, de medio lado como le gustaba. Sabe buscar la luz sin abandonar las sombras. En sus poemas a veces los techos son espejos, que los perfiles del ritmo proyectan y amplifican. Sus palabras son hipnóticas, sencillas… y están desprovistas de vanidad.

angel2Un dolor metafísico parece arrastrarlo por las madrugadas. Es brillante, es irónico pero con un fondo de amargura. Quizás por la persistencia punzante y el poder de evocación del recuerdo Ángel González ha comprendido, sabiamente, que el tiempo de los muertos no ha pasado y que farallones sombríos y oníricos nos vigilan y nos cercan… el agua del tiempo se escapa por ellos. El reloj de arena está casi vacío. Cruce de límites en que la hoguera perpetua de la vida se funde como si de un alfabeto de hierro se tratara. A veces, creo que el compromiso más firme y tenaz de Ángel González fue con la vida, una vida que se le iba escapando lentamente.

Vio la luz en Oviedo en 1925. Toda su vida fue una lucha, a brazo partido, por superar unos problemas respiratorios que acabarían venciéndole. Escribió alguno de los poemarios más vibrantes, valientes y rotundos de la segunda mitad del siglo XX, que abarcan desde Áspero mundo o Sin esperanza con convencimiento, pasando por el tierno y desasosegante Tratado de urbanismo, hasta llegar a Prosemas o menos, Deixis en fantasma o El estremecedor otoño y otras luces. Dejó inacabado y se publicó póstumamente, Nada grave, quizás uno de sus últimos rasgos de ironía cando ya la muerte lo cercaba.

Ha sido capaz de escribir con gracia pero, al mismo tiempo, con nostalgia versos como

Te llaman porvenir
Porque no vienes nunca

Aunque la melancolía y un dolor metafísico estén muy presente en otros

El agua clara significa: espera.
Restos de luz en el atardecer: olvido.

Frecuentemente es hondo e insondable. En sus composiciones suele haber una riqueza metafórica y atrevimientos vanguardistas aunque su lenguaje poético siendo sencillo. Huye premeditadamente de los tópicos y suele dar giros lingüísticos sorpresivos.

Mañana es un mar hondo que hay que cruzar a nado.

Aunque quizás alcance su plenitud expresiva cuando da rienda suelta a sus temores íntimos y ancestrales

Hay que ser muy valiente para vivir con miedo.

angel3Ángel González fue también, un gran ensayista. Dedicó libros luminosos, ágiles y certeros a sus poetas de referencia: Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Gabriel Celaya. Se atrevió a publicar en Ruedo Ibérico, una editorial perseguida por el régimen y que era el vehículo de expresión de los exiliados.

De familia de honda raigambre republicana, que pagó un alto precio por ello, fue un antifranquista militante y recalcitrante.

Sus méritos eran muchos y con la llegada de la democracia obtuvo merecidos reconocimientos que debieron haber llegado mucho antes. Fue elegido, por ejemplo, Miembro de la Real Academia de la Lengua, pronunció un espléndido discurso que llevaba por título Las otras soledades de Antonio Machado. Le respondió en nombre de la corporación Emilio Alarcos, tan buen conocedor de la obra de Ángel González. Asimismo, obtuvo El Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el Federico García Lorca, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, o el Julián Besteiro de las Artes y las Letras. Le gustaba estar con la gente. Estuvo presente en homenajes como el que se tributó a Antonio Machado en el cementerio de Colliure en 1959, conmemorando los veinte años de su muerte y después en aquellos otros dedicados a la memoria de los luchadores republicanos.

Cantautores como Pedro Guerra y Joaquín Sabina le han dedicado canciones o musicado sus poemas y lo mismo cabría decir de otros artistas.

Era difícil conocerlo y no quererlo por su bondad, por su sentido del humor… y porque supo conservar hasta el final, esa rebeldía que llevaba dentro.

Se han ocupado de él, entre otros, Luis García Montero, que publicó en dos mil ocho, año de su muerte, Mañana no será lo que Dios quiera, que en cierto modo es una necrológica en la que recoge no pocos aspectos biográficos. Quisiera destacar, asimismo, en esta relación incompleta y apresurada el libro de Emilio Alarcos Ángel González, poeta que, desde mi punto de vista, pese a ser una de las primeras aproximaciones críticas al universo creativo del poeta ovetense, es un texto esencial para comprender las claves de su obra.

Ángel González fue un intelectual comprometido. Su trayectoria vital e intelectual es necesaria e ilustrativa para conocer el ambiente cultural de la resistencia democrática y de lo que se ha dado en llamar el exilio interior.

angel4Se movió mucho, recorrió mucho mundo este funcionario, corrector de pruebas, viajero infatigable, profesor, poeta y lector empedernido. En Barcelona conoció a Carlos Barral, Gil de Biedma y José Agustí Goytisolo, entre otros. En Madrid a miembros destacados de la Generación del 50 como García Hortelano, Caballero Bonald o Gabriel Celaya. Su amigo de la Infancia Carlos Bousoño le puso en contacto con Vicente Aleixandre, del que pronto se convirtió en un profundo conocedor.

Durante varios años residió en Estados Unidos y dio clases en universidades como Maryland, Texas o Albuquerque (Nuevo México) todavía algunos alumnos recuerdan sus clases amenas, brillantes y que transmitían amor por la literatura. Es difícilmente comprensible que no se estudie, ni se reedite a Ángel González, siguiendo la tónica de desinterés que parece presidir la vida académica y cultural.

Su poesía social, su lenguaje cercano y coloquial, así como un trasfondo ético y comprometido con la dignidad humana, le hacen sobradamente merecedor de una mayor atención.

Ya he comentado con anterioridad que le gustaba el contacto con la gente, de ahí, que escuchar sus poemas recitados por excelentes rapsodas le hubiera complacido mucho. Es, desde luego, un placer reservado a paladares exigentes descubrir nuevas voces poéticas de la hondura de Ángel González.

De las muchas perspectivas, desde la que aproximarse a su poesía me atrevo a sugerir el paso del tiempo. Pocos creadores han retenido la fugacidad y observado, con tanto detenimiento, como el tiempo pasa en silencio entre nosotros… dejando tras sí un halo de melancolía.

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LETRAS