Torga é um poeta em quem um país se diz
(Sophia de Mello Breyner Andersen)
Hay hombres que nada más mirarlos, son el retrato de una época. El retrato de un tiempo, su físico, su vestir, su serie. Son un icono.
Al verlos, no hay que preguntarse nada más. Te dicen todo sin hablar. Este es el caso de Miguel Torga, es el caso de Miguel Isaac, es el caso de Miguel Delibes. Curiosa coincidencia de nombres, Miguel, y curiosa coincidencia de semblanzas. Son hombres troquelados con la tierra y el tiempo. Morenos de verde luna, lorquianos, altos, delgados y serios. Así era mi padre.
Me conmueve Miguel Torga, como me conmueve hoy mi padre. Médico, cazador, escritor. Todas estas imágenes pasan por mi corazón, en este día de imágenes en blanco y negro, tierno, musgoso, de lluvia, que vivo en mi viaje a Portugal.
Vuelvo a Portugal, al menos una vez al año.
Deseo volver a Portugal a encontrarme con algo tan interesante como una gran diferencia, distancia y, al tiempo, una gran afinidad.

Vengo y escucho el ruido tan inolvidable de los coches cruzando sobre el pavimento, esos pequeños adoquines trenzados. Y todo un mundo antiguo se agolpa en mi alma. Florece con un cariño loco a lo que conocí y se fue.
Sí, estaban antes en las calles de París, en las calles de España, y se escuchaba ese ruido de las llantas de los antiguos automóviles, que han desaparecido. Bajo el asfalto no está la playa están los adoquines, solo aquí en Portugal permanecen impertérritos.
Es la hora de la siesta, las persianas están bajadas. Oigo ese ruido antiguo, es un eco del pasado.
Y un sentimiento para el que no encuentro el nombre, me aboca a escribir un poema.
Sí, también este comienzo de verano, me he encontrado, una vez más, con Miguel Torga. Y toda la esperanza de junio, el mes más verde del año, se mete en mi corazón.
¡Ah, la alegría del encuentro con este escritor donde se cumple el dictum de André Gide: escribir es rescatar algo de la muerte!
Sí, este es el papel que la literatura cumple. Lo hace Miguel Torga con sus diarios.
A ellos me doy de lleno. Y ahí está el alma de él, llorosa, alegre, meditativa, humana, compasiva.
Todo le cae bien a Torga. Todo lo humano encuentra albergue en él.
Como él, yo ahora solo leo cosas que me hablan de personas, que me hablan desde su yo.
Hace tiempo que salí y abandoné el espacio de la ficción. Ya leí todas las novelas del mundo. Ahora solo me interesa el yo que me habla, el yo que se hace amigo.
Te leo y me haces temblar. Me conmueve leer lo que dice un yo,
que tal vez lo que me dice es: Soy tu.
Addenda:
Solo una pequeña muestra de nuestra profunda afinidad: “Siempre consideré los géneros literarios camisas de fuerza complacientes, que cada uno que las posee, alarga a su medida, nunca me sentí pertenecer a ninguno de ellos”.
A mi hermano del alma, le dedico este poema, que es esencia de lo escrito arriba.
TODO ES UN ANACRONISMO
(A Miguel Torga)
Aquellas fotos en blanco y negro.
Hay hombres que nada más mirarlos,
son el retrato de una época.
Sí, el retrato de un tiempo,
su físico, su vestir, su seriedad.
Al verlos, no hay que preguntarse nada más.
Hombres troquelados con la tierra y el tiempo.
Son imágenes en blanco y negro,
de una vieja película.
Son el recuerdo que tengo
de aquellos cazadores cultos,
apegados al terreno,
Miguel Torga, Miguel Delibes.
Así era mi padre.
Eran hombres que sentían, como André Gide,
que escribir es rescatar algo a la muerte.











