septiembre 2020 - IV Año

LETRAS

Las novelas dialogadas de Galdós a debate

galdosDe las novelas dialogadas de Galdós, -escribió tres Realidad, El abuelo y Casandra– quizás la menos estudiada por la crítica de los últimos tiempos, haya sido la escrita hacia 1905, Casandra. Como escritor y artista que era, Galdós debía explicarse el mundo, la sociedad que le rodeaba desde una perspectiva más íntima y subjetiva, accionando así los elementos creadores para participar de ese mundo con sus aportaciones y estimulaciones emotivas. El autor aspira a cambiar, o a contribuir con elementos nuevos, todo aquello que le rodea, implicándose como ser y pensador social.

En el proceso creador, la dimensión inconsciente e intuitiva origina las ideas esenciales, y será la dimensión más racional la que aporte las formas de desarrollo y manifestación de la obra. Las circunstancias sociales en las que se desarrolló la producción literaria de Galdós a partir de 1888 (fecha de composición de Realidad novela en cinco jornadas) eran propicias para cambiar los moldes teatrales establecidos hasta el momento con el estreno de la adaptación en 1892.

Realidad, es la primera obra galdosiana que aparece en forma dialogal en el panorama literario español. Como él mismo afirma no es género inventado sino fruto de la tradición. Galdós había dejado claro a lo largo de su producción literaria, una organización casi dramática del discurso y por consiguiente un uso cada vez más creciente del diálogo, de la palabra hablada como medio para presentar a los personajes, configurándolos más reales ante el lector. Esta tentativa la expone Galdós en sus relatos, al modo de ser de los fragmentos de una obra teatral, con la consiguiente indicación explícita del nombre de cada interlocutor, y con las correspondientes acotaciones entre paréntesis. El último escalón a subir de aquellos años de tentativa teatral culmina con la publicación en 1889 de la primera de sus cinco novelas enteramente dialogadas, Realidad, novela en cinco jornadas. Este hallazgo tan novedoso, y que tantos enemigos le aportó, consistía en un subgénero que, tal y como ya el propio Galdós en el prólogo a El abuelo había esbozado, estaba extraído de nuestra mejor tradición literaria, es decir de La Celestina, y de La Dorotea.

realidadGaldós a lo largo de toda su extensa y exitosa vida literaria, antes de llegar al teatro, había convertido la técnica del diálogo en objeto permanente de su preocupación a lo largo de su dilatada experiencia creadora. En el prólogo a la novela en cinco jornadas, (como Galdós la define), el escritor canario explica el porqué de la utilización del diálogo como estructura para dar forma a la narración: ‘El sistema dialogal, adoptado ya en Realidad, nos da la forja expedita y concreta de los caracteres. Éstos se hacen, se componen, imitan más fácilmente, digámoslo así, a los seres vivos cuando manifiestan su contextura moral con su propia palabra y con ella, como en la vida, nos dan el relieve más o menos hondo y firme de sus acciones. La palabra del autor, narrando y describiendo no tiene, en términos generales, tanta eficacia, ni da tan directamente la impresión de la verdad espiritual. Siempre es una referencia, algo como la Historia, que nos cuenta los acontecimientos y nos traza retratos y escenas. Con la virtud misteriosa del diálogo parece que vemos y oímos, sin mediación extraña, el suceso y sus actores y nos olvidamos más fácilmente del artista oculto que nos ofrece una ingeniosa imitación de la Naturaleza’ . En este prefacio Galdós defenderá que a pesar de su división en jornadas y escenas su obra es una novela y no un drama teatral, señalando la carencia de significados de las definiciones parciales que en ocasiones dan los críticos ‘y en literatura la variedad de formas se sobrepondrá siempre a las nomenclaturas que hacen a su capricho los retóricas’.

Las novelas de la etapa realista-naturalista abundan en parlamentos que pretenden ser fiel reflejo del registro sociolingüístico y del estado anímico de los personajes que los enuncian. Cuando a partir de finales de los ochenta, Galdós, se decanta por lo que él mismo bautiza como ‘sistema dialogal’, justifica sus nuevos postulados creativos insistiendo en la revelación que significaría para los lectores, el poder acceder directamente a los estados de conciencia de las criaturas de la ‘ficción’ por medio de sus palabras y de sus acciones. Esta obra, el concepto diálogo, fruto de años de profesión y de un magnífico oficio de escritor, sería llevado al alma mater donde se expone este sistema dialogal: el teatro. En una carta de Galdós a Clarín fechada el 8 de junio de 1988, expresa abiertamente la pérdida de gusto por lo erudito, por la lectura hacia una investigación en todo lo que tiene que ver con la verdad en directo que nos proporcionan los seres humanos:

(…) Le diré a V. que mi aversión a las disputas literarias es tal, que como no sea lo de V. o algo muy, muy bien escogido, no leo nada. La lectura ha llegado a fatigarme tanto, que rara vez cojo un libro en la mano. Tengo una buena biblioteca. Hace [tachado: po] días, al volver de Barcelona, [tachado: empecé a] quise leer y estuve cuatro días enloquecido. ¿Creerá V. (y no se ría de mi) que todo me aburría, que agarré a Heine, a Goethe, a otros grandes maestros, y no hallaba distracción ni encanto alguno en la lectura. Esto me supuso en cuidado, y aun me preocupaba. Probé con los clásicos españoles, y lo mismo. Se me caían las manos (no vaya V. a decir esto al público). Pues bien, al fin encontré el libro que me cautivó y me sedujo por entero, fijando mi atención. ¿Qué creerá V. que era, S. de Clarín? Pues era un tratado de física bastante extenso. Lo estoy leyendo con delicia.

abuelo2Consiste esto también en estados del ánimo transitorios. Pero fuera de esto, debo confesarle que hace algún tiempo lo que me atrae y me seduce es la verdad, los fenómenos de la naturaleza, y más aún los del orden social. Los libros hace tiempo que [tachado: producen] seducen poco, salvo los nuevos, la novela española, más aún que la francesa, que se me está sentando en la boca del estómago.

¡La erudición! A esta la detesto, le tengo un verdadero odio corso. Averiguar si allá en el año de la enanita [¿] los hombres pensaron o piensan tal o cual cosa…Vamos, para esto sí que no tengo paciencia. (….)

Galdós mediante este ‘nuevo género’ de novela dialogada aunque de tradición genéticamente hispánica, se propone ‘hacer dialogar’ a todos los personajes de las diferentes clases sociales que va a inventar, con sus diferentes maneras de tratamiento y relación. Por esa misma razón, cuando escribe en Observaciones sobre la novela contemporánea en España de 1870 tiene muy claro ‘aquellos vicios que hay que corregir’ y menciona ‘el gusto por lo francés’ que en esta obra va acorde al personaje que lo utiliza, resultando así cómico o natural y reflejándolo claramente en el sistema de conversación. ‘También aquí se ha intentado crear la novela de salón –escribe en su artículo- pero es una planta ésta difícil de aclimatar. Verdad es que por lo general, valen poco las producciones de esta clase, que no son sino imitaciones muy pálidas y muy mal hechas de la literatura francesa de boudoir. A esto contribuye en gran parte el afrancesamiento de nuestra alta sociedad, que ha perdido todos los rasgos característicos’ . Los galicismos incrustados en los diálogos la mayoría de las veces tienen una intención sarcástica, humorística si se quiere (comilfot, le première fourchète de l’Èspagne…) que puestos en la voz de un personaje sobre las tablas desarrollan todavía más su poder de denuncia y por qué no decirlo de burla. Algunos críticos como Roberto G. Sánchez han podido comprobar que el hábil manejo de esta técnica narrativa, no surgió en 1889 con el drama Realidad, sino que se viene anunciando con tentativas inseguras desde 1881 con La desheredada que refleja igualmente con los diálogos el ‘malgusto’ por lo francés. Esta novela, con la cual Galdós inicia una nueva «manera», ofrece los primeros ejemplos del sistema dialogal. Son los capítulos 24 y 30: «Escena vigésima quinta» y «Escenas», de la segunda parte. A partir de entonces resurgirá con más o menos acierto en momentos aislados de obras posteriores: El doctor Centeno, Tormento y La de Bringas. Unas veces la forma dialogada ocupa todo un capítulo, otras son breves recesos de la acción narrativa. Unas veces se localiza al comienzo del relato, otras le sirve de cierre. En ocasiones son los personajes principales los que departen en estas secuencias, otras veces se trata de personajes secundarios. Como sea, el uso de esta técnica tan galdosiana representa una búsqueda constante.

casandraEl amigo Manso otorga su protagonismo a un biográfico personaje autor de dramas que como la vocación de un Galdós joven sufre con la creación dramática hasta el cuestionamiento de su identidad. En La desheredada su incorporación tiene que ver con las tendencias experimentales del credo naturalista, que busca la reproducción de un trozo de vida. En El doctor Centeno, la escena final entre Felipe e Ido del Sagrario recupera la función del coro que sintetiza y revive el sentido trágico de la novela. En Tormento, el sistema dialogal también tiene una función coral, abre la obra examinando la interrelación entre realidad y literatura. En La de Bringas, se deja de lado el diálogo y se abunda en la técnica de las acotaciones, para matizar en ocasiones los parlamentos de Rosalía y la marquesa de Tellería. La acotación escénica hallará su pleno desarrollo en Miau, obra esencialmente dramática que progresa mediante sucesivas confrontaciones.

Manuel Alvar recordando las etapas iniciales del joven canario como dramaturgo de piezas pseudorrománticas no publicadas, concluye que Galdós ha salido del mundo teatral para crear una nueva novela, la novela dialogada, y desde ella, plantear un nuevo teatro. Buscando una eficacia expresiva que lo pusiera en comunicación íntima con su público, Galdós traslada a sus novelas la técnica teatral. Sus obras se desenvuelven según el esquema dramático de planteamiento, nudo y desenlace. Novelas como Doña Perfecta no son otra cosa que diálogo incrustado en una narración, de ahí su fácil adaptación tanto al teatro como al cine.

Luis Beltrán Almería y Juan Varias García pretenden trazar las líneas generales de la evolución del discurso del personaje en las novelas galdosianas. Partiendo de la relación dialógica existente entre el discurso narrativo y el discurso personal, concluyen que, em una etapa inicial, que abarcaría hasta 1879, el diálogo se constituye en la técnica narrativa fundamental. Junto a ella se documentan diversas voces duales escasamente desarrolladas. En esta fase el monólogo, casi sin explorar, queda reducido al soliloquio de tradición teatral. Sin embargo, el monólogo será la técnica de expresión del discurso personal que logre un mayor desarrollo en la novelística galdosiana a partir de La desheredada. En la segunda fase, que se desenvolvería entre esta novela y Miau, el diálogo compartirá protagonismo con las técnicas monologales y duales. Para la tercera fase, que transcurriría entre La incógnita y El caballero encantado, el diálogo vuelve a ser el recurso dominante y donde se consolida el «sistema dialogal» porque su utilización que Galdós introdujo como ingrediente novedoso en la novela, era la más adecuada tanto para la expresión dramática como para llegar más y mejor a la sociedad siendo al mismo tiempo el mejor vehículo para el enunciado de los caracteres.

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