junio 2021 - V Año

LETRAS

Qué es ser agnóstico

Centenario del nacimiento de Enrique Tierno Galván (1918-1986)

'El mundo, en el sentido de todo lo que existe, empieza y acaba en sí mismo.'
Enrique Tierno Galván 

laicismo 2Mucho se ha escrito en nuestra literatura sobre asuntos de orden clerical, de orden laico o de los argumentos religiosos que configuran nuestro país, qué vamos a decir de la ‘cuestión religiosa’ que no se haya dicho ya. Pérez Galdós sin ir más lejos acuñó el asunto con soberana gallardía en muchos de sus textos, temáticas, personajes, así como en declaraciones y ensayos. Grandes mitos crecieron herederos de la superstición y de la manipulación que en educación ejercían las huestes clérigas. Es cierto, como cierto era el ímpetu de los intelectuales decimonónicos por construir una sociedad laica, casi paralela a nuestra vecina Francia. Surge de ese modo, un gran cuestionamiento sobre el qué hacer espiritual del individuo, y más que eso sobre las relaciones de Estado y de privacidad del individuo en cuanto a sus convicciones religiosas si las hubiere. Y surgen con ello los diferentes conceptos entre ateísmo, laico, laicismo, laicidad, finitud… como la religión de este siglo.’ ¿Qué era, pues, don Enrique Tierno Galván? Un agnóstico como lo definió en 1869 el inventor de este término, el biólogo Thomas Henry Huxley: un hombre que no sabe si Dios existe o no. Un hombre que no pretendió tener razón; sino que pretendió que los demás le demostraran que tenían razón.

La cuestión de la finitud y el hombre (Ricoeur) ha sido estudiada pero también cuestionada, aunque a nuestro modo de ver no igual, no de la misma forma, no posicionando ideas en una sociedad tan controvertida como la española, y en ello el profesor Tierno Galván definió en Qué es ser agnóstico, una situación a todas luces porfiada en el pensamiento español. El ser es finito. El ser es agnóstico pero no es ateo, el ateo depende del Dios trascendente, el ateísmo identifica por definición la idea de que Dios existe, lo configura en su propio axioma A-Zeus, no -Dios, hay implicación, el ateo se limita a negar.

En ese sentido el ensayo de Galván pone en la palestra los problemas y confusiones que se deslindan casi por naturaleza de esta situación: Dios existe, no creo en Dios, no creo en que Dios exista, necesito pruebas, por tanto si Dios no existe no tengo que considerar como que existe porque no forma parte de los parámetros establecidos. Este discurso era necesario para que después el resto de filósofos y pensadores se declinaran por una situación o por otra: ¿yo que soy ateo o agnóstico?. El debate estaba ya propuesto por Galván ante esa necesaria diferenciación de conceptos que de forma tan difusa ha influido en grupos y grupos. Este dilema sigue todavía en las mentes populares en término de confusión, aunque algunos otros pensadores como es el caso de Fernando Savater sí se definen (en una entrevista personal y parafraseando a Enrique Tierno) como: ‘no hombre no, ateo nunca, eso sería reconocer que hay Dios, y de eso nada…tal vez agnóstico y ni eso.’

ateismo 5El profesor Galván analiza con gran sinceridad el estado de la cuestión del hombre en conflicto consigo mismo y con la finitud de este tiempo que nos ha tocado vivir. No hay más. No hay que las sociedades vivan creyendo en algo que no existe y no hay el hecho de que el Estado se apropie de ese ideal para tener a su pueblo manipulado como nadie. Al final es esa manipulación -también económica- la que da al traste con la mentalidad moderna y de convivencia de los individuos de una sociedad. Pareciera y con él estamos de acuerdo que el ateo y el religioso tienen una categoría superior con respecto al agnóstico, ellos plantean unas diferencias atributivas de mayor complejidad psicológica y mental, como si el agnóstico, no pensase nunca nada o algo así, como si no fuera el librepensador que es. Desde que nacemos -afirma Tierno- empezamos a tomar conciencia de la necesidad de sobrevivir físicamente, de modo que nuestro cuerpo es el primer ámbito de responsabilidad ante lo finito y la fuente de la vivencia inmediata de la finitud. Pero y esta es una de las reflexiones a todas luces fundamentales de esta exposición, no debemos dejar de lado otra fundamental cuestión; el hecho de que el agnóstico viva tranquilo en la finitud no quiere esto decir que no le alcancen los problemas que tienen sentido y significado en lo finito. Cómo afecta todo ello a nuestra vida por así decirlo ‘civil’, enfrentados constantemente a reliquias de fe, a decisiones de oratoria, revestidas de patricio pontificado. Es el agnóstico quien no se niega a lo inefable, no niega, caso del ateo, sino que no concibe al Dios trascendente, (lo trascendente es inmaterial) aunque sí puede concebir lo finito, expresándose como divino, sustituyendo la palabra de Dios por la de finitud para evitar connotaciones que arrastran a una valoración no finita. Y es en el terreno de la fe donde el agnóstico se desvincula completamente al no entender, al no definir esa vivencia de lo inefable por la fe. Claro: ‘el agnóstico no tiene fe, ni pretende tenerla, no está perturbado en sus relaciones con la finitud. Al contrario se instala perfectamente en ella’ (1).

Don Enrique -recuerdo a Miret en su artículo de El País-(2) no mantenía esas posturas, sino la más inteligente de otro gran agnóstico que no venía del mundo de las letras como él, sino del de las ciencias: el francés Jean Rostand. En su confesión de agnóstico, llena de autenticidad, afirma este gran biólogo lo que era también el pensamiento de Tierno Galván: ‘No pretendo saber más que otros, y concedo de buen grado que lo que me parece inconcebible a la luz de lo poco que creo saber pudiera cesar de parecérmelo a la luz de todo lo que ignoro’.

ateismo 6Toda vez que procuramos explicar la relación del hombre y su espiritualidad, surge la misma pregunta: ¿está Dios en el espíritu del hombre? ¿Qué decimos de la relación entre Dios y la filosofía, existe una filosofía de religión? Para mi, no existe, o es filosofía o es religión y los filósofos para hablar de cuestiones de Dios siempre recurren a la religión. En torno a estas cuestiones elaboramos la respuesta que se relaciona con el hombre ‘ateo’ o con el hombre agnóstico. Así es. Pero cuando hablamos de religión la pregunta origen sería: ¿de qué religión estamos hablando? Este es mi debate pero lo desarrollaremos en otra ocasión.

‘El agnóstico -escribe Galván- no entiende la necesidad de una realidad trascendente; por lo tanto, cualquier divinidad de la que se predique la noción de tercera sustancia o trascendencia le es ajena, en el sentido de que su enunciación no le vincula con ningún compromiso o de ningún modo’(3). Claro, porque el agnóstico no echa de menos a Dios, no cuenta con ello como lo puedan hacer las filas de esa religión que es el ateísmo. Ellos, se empeñan en demostrar que Dios no existe al tiempo que lo están definiendo. Y el problema reside básicamente en la cuestión de la inmortalidad, no tanto en qué medios tenemos para vivir ahora sino, qué va a pasar después, siendo el problema de la muerte la obsesión de propios y extraños. Y cuando llega la cuestión de lo imperecedero surge el agnosticismo con su bofetada de realismo para decir que no, que no es así, que el agnóstico está perfectamente asentado en la finitud, es decir, ‘en cuanto no concibe que haya nada fuera de ella y no la echa de menos porque tampoco admite esta clase de paradoja’(4). El agnóstico en estos términos siempre exige pruebas y no niega ni critica el hecho de creer, se dice que la existencia del objeto de la creencia, por tanto, ni cree ni deja de creer, pero el ateo ‘es un creyente al revés’, afirma Tierno (5). Pero surge entonces la cuestión ya vislumbrada con lucidez en el texto de Tierno: Una religión sin Dios también es muy posible. Entran a colación los ateos protagonistas de esa nueva religión fraguada en el cuestionamiento y desarrollo de una posible deidad.

Escribe Julio Quesada (6): ‘A partir de la conciencia de que Dios ha muerto el ateísmo difícil comienza a cuestionar el proyecto utópico (o no tan utópico) que conlleva en su esencia el Estado socialista como futuro en donde ya no habrá violencia, ni oposición, ni resistencias reales al hombre; un mundo mágico y un animal hombre desindividualizado gracias a la sólida uniformización que llevará a cabo el igualitarismo’. En tan solo un nimio planteamiento avanzamos a la idea de que en efecto Dios ha muerto, ¿pero qué o quienes cubrirán su Verbo?

ateismo 4Los problemas que atañen al ser humano cuando éste enfrenta la muerte, siguen sin resolverse y los llevamos una y otra vez a la palestra. Entonces se contrapone frente a la serenidad/la resignación, excediendo lo finito y con ello apunta Tierno: ‘la tragedia personal de quien pretende exceder lo finito suele ser fuente constante de anomalías psíquicas, rencores y frustraciones respecto al mundo y sus exigencias’. No sin razón, al mundo hay que acogerle como es y como puede ser. La sustitución de una realidad como la finitud por ideas religiosas supone una invención por sustitución para ofrecer una solución al que busca, eso es todo. Un planteamiento baladí asumido casi como un pensamiento poético, pero nada más. No se puede hacer de esa idea una política de Estado. Una finitud de pensamiento que restituye al hombre a su realidad y con ella su aceptación. Habla el profesor de la restitución que ‘consiste en devolver a la especie el sentido que ahora, y sólo ahora, comprendemos que debía de haber tenido; es decir, el sentido unitario y único de la finitud’ (7).

Si hablar de religión sin Dios puede parecer sorprendente, existen por ello construcciones de tipos religiosos sin intervención de Dios. El ejemplo del marxismo es, a este respecto, significativo. Esta doctrina postula, de hecho, el sentido de la historia y el advenimiento de un mundo igualitario en un horizonte lejano. Aunque esta igualdad futura debe cumplirse en la Tierra y no en el cielo, encontramos la idea de una orientación de la historia y una fuerza mística que haría que esta orientación suceda. En este sentido, la dialéctica hegeliana que nutre al marxismo participa plenamente en esta religión sin Dios, que es el marxismo. El profesor Tierno lo refrenda cuando escribe:

Nadie ha visto y expresado mejor que Marx (la sustitución) hasta el punto de que el marxismo es una explicación de cómo no tenemos, y tendríamos que tener, el conocimiento del mundo exclusivamente desde el mundo; es decir, desde la especie y sin pretender salirnos de ella. Se debe esto a que Marx era antes que nada un agnóstico. La interpretación del marxismo como una filosofía atea, en algunos casos se llega a sostener que es una filosofía del ateísmo, no tiene ni pies ni cabeza. Marx no negó nunca las creencias ni que hubiera gentes con creencias. Por consiguiente, no negó la religión entre las ideologías no se concluye nada respecto de Dios. De la inclusión de la religión entre las ideologías no se concluye nada respecto de Dios. Dios queda indemne para analizarlo filosóficamente y de este análisis se concluirá que su existencia no es demostrable y que tampoco lo es la hipótesis que se refiere a la posibilidad de que tenga un contenido ajeno al lógico lingüístico la proposición ‘existe una sustancia trascendente al mundo’ (8). En este sentido, el secularismo es también una construcción de tipo religioso. A menudo defendido por ateos, a menudo es una fe en la incredulidad en lugar de una mera incredulidad. El principal peligro de esta nueva religión es su voluntad hegemónica. Los secularistas, de hecho, nos harían creer que el secularismo es laicismo. Aquí podemos ver claramente la analogía con el proselitismo de las religiones católica o islámica. Tengamos cuidado con el secularismo confuso, que aboga por la exclusión de la religión de todas las instituciones públicas y el secularismo, que es el principio de la separación del estado y la religión y, por lo tanto, la imparcialidad o neutralidad de la religión.

Finalmente, si los secularistas lograron reemplazar la laicidad por el secularismo, esto también significaría excluir de sus instituciones públicas su doctrina, cuya estructura es ciertamente religiosa. ‘El ateo es el resultado de una secularización imperfecta, el agnóstico es el testimonio de la madurez de la secularización’ (9), afirma el profesor. ¿Qué es ser agnóstico? Es un libro de cabecera a recordar una y otra vez entre humanistas e intelectuales y ahora sus ideas se renuevan en la originalidad y sinceridad que de estos planteamientos desarrolló el profesor Enrique Tierno Galván. Gracias compañero y Salud!!!

 
Notas:

1.- Enrique Tierno Galván, (1975) Qué es ser agnóstico, Madrid, Tenos, pág. 30. Todas las citas de esta edición.
2.- Enrique Miret escribió con respecto al profesor en el artículo publicado en 1986, ‘Un agnóstico como Dios manda’, en El País.
etéctera.
3.- Ibidem Pág, 16-17.
4.- Ibidem, pág, 17.
5.- Ibidem, pág, 113.
6.- Julio Quesada (1994) Ateísmo difícil, Barcelona, Anagrama, Pág. 133,
7.- Ibidem, pág. 45.
8.- Ibidem, Pág. 54.
9.- Ibidem, Pág. 66

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LETRAS

Letras

Dario Fo: un humor inteligente, corrosivo, sano, catártico, crítico y provocador

Letras

Rafael Alberti, el poeta deshabitado

Letras

La literatura de ficción de Santiago Ramón y Cajal

Letras

Emilia Pardo Bazán: Coraje, preparación, lucha contra los añejos prejuicios y feminismo

Letras

De Juan Ruiz a André Breton: El buen amor vs. L´amour fou

Letras

Wéstern, inédito confín

Letras

Los círculos de Justo Jorge Padrón

Letras

El día que murió Joan Margarit

Letras

‘Tea Rooms. Mujeres obreras’ de Luisa Carnés

Letras

Sencillamente contar historias

Letras

Ernesto  Herrera  Lascazes: dramaturgo uruguayo, transgresor… y un tanto bohemio

Letras

La enfermedad y la medicina en las novelas de Emilia Pardo Bazán

Letras

Gonzalo Rojas: voz fundamental de América

Letras

‘Con la ley en los tacones. Bautizo de fuego’ de Carlos Grau

Letras

José María Castillo-Navarro o el realismo social

Letras

Emilia Pardo Bazán: 170 aniversario de su nacimiento

Letras

Poesía de la sinceridad

Letras

Publicaciones sobre Galdós en su centenario

Letras

Vigencia del paisaje de Castilla

Letras

La vuelta a casa

Letras

El encuentro de Beethoven y Goethe

Letras

Vicente Aleixandre o el lugar donde el mar deja ver el horizonte de piedra  

Letras

La lluvia fina de Luis Landero

Letras

‘Siddhartha’, la búsqueda interior de Hermann Hesse

Letras

Una peregrinación hacia Shakespeare: Galdós en Stratford-upon-Avon

Letras

Galdós: Imagen y repercusión social

Letras

Galdós vs. Delibes: Vidas paralelas

Letras

‘El médico de Ifni’ de Javier Reverte

Letras

Emilia Pardo Bazán y su vinculación con el Ateneo de Madrid, en visperas del centenario de su muerte

Letras

La relación de Galdós con el socialismo

Letras

Antonia Pozzi: ‘El gran abismo hacía la tristeza’

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (y 6)

Letras

Ernest Hemingway, la novela que encierra el gran cuento

Letras

Nicasio Álvarez de Cienfuegos, un ilustrado coherente y poeta innovador

Letras

Longfellow y Jorge Manrique, venturas y desventuras del traductor

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (5)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (4)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (3)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (2)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (1)

Letras

Un futuro para la poesía

Letras

Edmond Hamilton, la ciencia ficción narrada con sencillez magistral

Letras

John Fante, mostró la xenofobia y la explotación de las minorías en la América profunda

Letras

Andrea Camilleri, la literatura consciente de sus rasgos sociales

Letras

Un poco de Don Juan

Letras

Unamuno y Portugal

Letras

‘Historias de aquí y de allá’ de Luis Sepúlveda

Letras

Raúl Zurita: desde el dolor

Letras

Francesco Petrarca… mucho más que un gran poeta

Letras

En torno a la novela ‘Antonia’ de Nieves Concostrina

Letras

Albrit o la creación del personaje en Galdós

Letras

Alejandra Pizarnik, cuando la sombra araña el alma

Letras

Meditaciones de gastronomía transcendente

Letras

‘Litoral’: la revista más hermosa y representativa de la generación del 27

Letras

Yorgos Seferis en el piélago

Letras

Jo Nesbø, huellas dactilares de excelente confesión literaria

Letras

Cesare Pavese: el sufrimiento como oficio

Letras

Duque de Rivas: liberal, dramaturgo y presidente del Ateneo de Madrid

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (y II)

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (I)

Letras

‘La caza del Snark’ de Lewis Carroll

Letras

Yorgos Seferis: poeta, ensayista, premio Nobel y diplomático

Letras

Somerset Maugham en Lisboa

Letras

Las novelas dialogadas de Galdós a debate

Letras

Vittorio Amedeo Alfieri, todo un carácter

Letras

Los cimientos de ‘El abuelo’ de Benito Pérez Galdós

Letras

Abril es el mes más cruel…

Letras

En torno al libro ‘En los pliegues del olvido’ de Ignacio Vázquez Moliní

Letras

Juan Eugenio Hartzenbusch, un punto de vista sigular…

Letras

La pasión por los naipes del doctor Egas Moniz

Letras

Doña Perfecta

Letras

Galdós para ‘Dummies’

Letras

Antonio Gamoneda: La poética de la oscuridad como origen de la luz

Letras

Literatura clásica, o metafísica, materialista, lógica, política

Letras

El Galdós protofeminista

Letras

Los tres grandes pasos hacia la Ilustración

Letras

La conferencia de Julián Zugazagoitia en Bilbao sobre literatura en 1924

Letras

Benito Pérez Galdós en el centenario de su muerte (1920-2020)

Letras

A la memoria de mi tío Pablo

Letras

Pérez Galdós, el Nobel arrebatado

Letras

Tolstoi y Shakespeare

Letras

Aproximación al libro ‘Que no se entere la Cibeles’ de Mar de los Ríos

Letras

En torno al libro ‘Extravagancia infinita’ de Javier Olalde

Letras

Augusto de Angelis (1888 -1944)

Letras

Fernando Pessoa. El yo conflictivo

Letras

Federico García Lorca ocho décadas después

Letras

Antonio Daganzo, poeta de aleaciones

Letras

Sufriente, prometeico, iconoclasta y quijotesco

Letras

Leopoldo María Panero, el traductor de la locura

Letras

Poesía y dignidad

Letras

Buenos libros malos

Letras

Confesiones de un crítico de libros

Letras

En torno a ‘Sombra de Luna’ de Francisco Álvarez ‘Koki’

Letras

Alda Merini, vivir al borde de la sombra

Letras

Literatura de cordel

Letras

Demian. Herman Hesse

Letras

Hilario Martínez Nebreda, el poeta silencioso

Letras

La literatura y sus soportes (I)

Letras

La literatura y sus soportes (y II)

Letras

La Escuela Nueva y el centenario de Ruskin

Letras

Don Quijote y el mar

Letras

Elizabeth Barrett Browning, una poeta victoriana

Letras

Por qué escribo

Letras

Ángel González: la ácida ironía de un poeta

Letras

Carmen Posadas y su feria de las vanidades

Letras

El caso Miguel Hernández

Letras

Quevedo en sociedad y III.- Obra y vinculación cívica

Letras

Quevedo en sociedad II.- La crítica como ‘función’ social

Letras

Quevedo en sociedad I.- El hombre, la sociedad

Letras

VII Certamen de Novela Histórica de Úbeda

Letras

Antología poética. Alfonsina Storni

Letras

Ángel González: palabra sobre palabra

Letras

Galdós y el melodrama

Letras

IV encuentro de Poesia a Sul

Letras

Feminismos: la mujer sobre la letra

Letras

El Hidalgo: literatura y pobreza

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (y II)

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (I)

Letras

El nazismo para Antonio Ramos Oliveira en 1930

Letras

Ana Caro Mallén: una esclava en los corrales de comedias del siglo XVII

Letras

José Rodrigues Miguéis, casi olvidado

Letras

Tristeza que es amor. Alusión a Don Quijote

Letras

George Sand: ‘Un invierno en Mallorca’

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (y II)

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (I)

Letras

Imagen de José Ángel Valente

Letras

Valente, sin aditivos

Letras

Valente: Qué la palabra sea solo verdad

Letras

José Ángel Valente, en ‘el borde de la luz’

Letras

John Berger: ‘Un hombre afortunado’

Letras

Los desafíos de Lou Andreas-Salomé

Letras

La primavera y su sombra

Letras

El Conde de Montecristo, historia de una venganza

Letras

Luis Martín-Santos y James Joyce

Letras

Los cimientos culturales del abolicionismo: Harriet Beecher Stowe

Letras

Pinceladas sobre Agatha Christie

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (y II)

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (I)

Letras

Thomas Mann: Una Europa que se derrumba

Letras

El eterno romanticismo

Letras

Qué es ser agnóstico

Letras

Pedro Garfias: La poesía desgarrada del exilio

Letras

El descenso a los infiernos de Dorothy Parker

Letras

El Conde de Oxenstiern, a quien llamaron el Montaigne del Septentrión

Letras

La sonrisa del Quijote (Una concesión a la melancolía)

Letras

Antonio Machado que estás en los libros

Letras

‘Agua’: Virginia Woolf y Alfonsina Storni

Letras

Críticos literarios, dueños del espíritu humano

Letras

El papel del lector en la posmodernidad

Letras

Poesías. Catulo.

Letras

Los vínculos entre Américo Castro y Jovellanos

Letras

Michel de Ghelderode y las Vanguardias del siglo XX

Letras

El trabajo entre las raíces, mirada sobre la creación literaria

Letras

La frase del escritor

Letras

Un cuarteto literario en clave de sol

Letras

Oía hablar a los árboles

Letras

El ‘slow’ de Pessoa (o las vicisitudes de la melancolía)

Letras

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre

Letras

Sobre las Brontë

Letras

Borges en Ginebra

Letras

Philippe Jacottet: ‘Pensamientos bajo las nubes’

Letras

Juan Goytisolo: ‘sobre asuntos sociales y personales’

Letras

Miguel Hernández en Portugal

Letras

Mi Gloria Fuertes

Letras

Robert Walser, el paseante espiritual

Letras

‘Al menos, memoria’: Juan Ruiz de Torres

Letras

Cela, celador, celando, celar

Letras

Miguel Hernández: ‘Cancionero y romancero de ausencias’

Letras

Rafael Montesinos, renovador

Letras

Bartolomé Soler, lo amargo de la diosa

Letras

Rubén Darío, poeta de las dos orillas

Letras

Jovellanos, poeta

Letras

Un paseo por los ‘jardines’ de Eloy Tizón

Letras

Azorín, sobrevivido

Letras

Rosalía de Castro, la mejor de los mejores

Letras

Eugenio Gerardo Lobo, el ‘capitán coplero’

Letras

Galdós: una conciencia histórica lúcida

Letras

Desde el silencio, a Nicolás del Hierro

Letras

Salustiano Masó, la fuerza del tiempo

Letras

Los ‘Rubaiyat’ de Omar Khayan

Letras

Carmen Laforet, esa chica explosiva del Ateneo

Letras

Gabriel Celaya, el sueño de trabajar la poesía

Letras

Ramón Hernández, un diamante literario en las calles de Madrid

Letras

María Teresa León, el papel de la melancolía

Letras

Luis Felipe Vivanco, un poeta de los que siempre regresan

Letras

Rafael Pérez Estrada, el poder de la imaginación