mayo de 2026

‘Ángel Majano, torero de plata, alma de oro’, de Mariano García

Ángel Majano, torero de plata, alma de oro
Mariano García
Editorial: Isla de Delos, 2026
Nº Pág.: 105

En el complejo ecosistema de la tauromaquia, donde las luces suelen centrarse exclusivamente en el matador, surge la obra de Mariano García para hacer un acto de justicia histórica. Ángel Majano: Torero de plata, alma de oro no es solo una biografía; es una inmersión profunda en la ética, la técnica y el corazón de uno de los subalternos más respetados de la segunda mitad del siglo XX, ilustre vecino de la localidad madrileña de Getafe al que se le honra como tal.

La tesis del libro es clara desde su título: Majano vestía de plata por jerarquía profesional, pero su calidad humana y técnica era de oro de ley. Mariano García nos presenta a un hombre que entendía el oficio desde la ortodoxia y la generosidad. Como banderillero, Majano no buscaba el aspaviento; su magisterio residía en el cuarteo perfecto, la reunión en lo alto y una salida de la suerte cargada de torería.

Sin embargo, donde el libro alcanza su mayor vuelo es al analizar su faceta como peón de brega y banderillero. García lo describe como un “director de orquesta en la sombra”, capaz de leer las intenciones del toro antes incluso de que este se fijara en el capote, ordenando la lidia para facilitar el triunfo de su matador.

La relación de Ángel Majano con Manuel Benítez “El Cordobés” y Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” es uno de los ejes vertebrales del libro de Mariano García, ya que representan dos conceptos del toreo muy distintos en los que Majano fue pieza clave: si frente al primero se mantuvo como el ancla de la seriedad —el rigor necesario— en medio de la revolución mediática en una época de masas y heterodoxia, con el segundo mantuvo una relación de pura comunión técnica a través de Manuel Escudero, apoderado y maestro del salmantino, que le marcó su estilo ortodoxo y fue el que realmente le hizo torero. Al lado de este, Majano desplegó su sabiduría en los terrenos del poder, convirtiéndose en el consejero áulico de un torero que dominó la técnica como pocos. Con ambos —Benítez y Escudero— Majano mantuvo una presencia impecable. El libro subraya que, fuera quien fuera el matador, Majano nunca permitía que el tercio de banderillas o la brega perdieran su importancia artística. El autor resalta que Majano no solo era un empleado, sino un confesor y un apoyo emocional para los maestros en los momentos de miedo o duda antes de la corrida. Que Majano fuera el hombre de confianza de dos figuras tan titánicas y opuestas confirma que no era un banderillero común, sino un torero universal que entendía el alma de cada matador al que servía.

El libro de García no olvida la dimensión internacional de Majano. Su paso por México lo consagró como un torero de “pausa y temple”, adaptando su lidia a la embestida rítmica del toro azteca: precisamente, tomó la alternativa el 11 de marzo de 1979, en la Monumental de México. En Venezuela, su presencia en ferias como las de San Cristóbal o Mérida lo convirtió en una garantía para las empresas y en un maestro para los novilleros locales que buscaban su consejo en el patio de cuadrillas.

Mariano García sugiere que los viajes a estos países forjaron el carácter universal de Majano. La experiencia americana le aportó: amplitud de registros (el misticismo mexicano vs. la alegría venezolana), solidez económica y afectos duraderos. El libro recoge testimonios de cómo Majano era consultado por jóvenes novilleros americanos en los patios de cuadrillas de Caracas o Ciudad de México, buscando ese consejo técnico que solo un “alma de oro” con su experiencia podía dar.

Lo que eleva este trabajo por encima de una biografía convencional es su riquísima documentación gráfica. El autor ha realizado una labor de arqueología visual excepcional, integrando: fotografías inéditas, crónicas y testimonios con una estética cuidada. El soporte visual no solo ilustra, sino que narra por sí mismo la evolución de un hombre que hizo de la discreción su mayor virtud.

En suma, Mariano García ha logrado rescatar la memoria de un hombre esencial para entender la tauromaquia como un arte colectivo. Ángel Majano: Torero de plata, alma de oro es una lectura obligatoria para quien desee comprender que la grandeza de un torero no se mide por el color de sus bordados, sino por la integridad de su oficio y la lealtad a un rito milenario.

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Archivo Entreletras

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