agosto de 2026

‘El viaje de don Quijote’ de Julio Llamazares

9788420420943

El viaje de don Quijote
Julio Llamazares

Alfaguara, Madrid 2016

 Dice Canavaggio, el reputado cervantista en su prólogo breve y preciso: «En una acertada variación de tonos y registros en la que alternan simpatía, emoción, lucidez y humorismo(estas crónicas de Llamazares) nos descubren una ‘geopoética’ del Quijote que suscita y renueva constantemente el interés y el placer del lector» Y a fé que así es, pues, a no muy avanzado el libro, leemos: «A la cueva de Montesinos llego al anochecer (…) Aún así, alcanzo a ver claramente la boca ‘espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren’, que don Quijote y Sancho Panza avistaron tras varias horas de camino y a la que el hidalgo no dudó en bajar atado con una soga a pesar de las advertencias de su escudero». Ahora bien, como nuestro reportero no es, ni acaso pretenda, hidalgo caballero de pro, actúa según se entender, que es el siguiente, animado por las circunstancias que concurren: «Yo ni siquiera tengo esa duda. La cueva está cerrada con una reja que impide acceder a ella, lo que, dadas las horas y mi claustrofobia, agradezco, aunque no tenga a quién hacerlo».

Lo transcrito nos da, en alguna medida, la dialogante forma de viajar (¿en pos de las ‘interioridades significativas’ de nuestro señor don Quijote y su escudero?) del narrador, que, en estas alusiones a ese gran libro de viajes (tanto físicos como morales que es el propio ‘Quijote’) él retoma, en parte como viaje actualizado. El texto que ahora se nos presenta ha nacido de una serie de crónicas elaboradas siguiendo la senda del hidalgo por las anchas tierras de La Mancha (y algo más) y que fueron apareciendo regularmente en la prensa escrita.

Y he aquí que el cronista se implica siempre, a su modo, en el texto a que alude, convirtiendo la lectura en una simpática y emotiva invitación a leer, a viajar, a ‘reconsiderar lo anterior, tal vez lo perdido’ Él mismo, en su día -no muy lejano-, perdió los límites geográficos de su espacio de niño cuando las aguas de una presa, mal conduciendo emocionalmente las aguas del río, inundaron el espacio urbano de sus juegos.

Ello le habría de aproximar, acaso, con el tiempo, en su calidad de autor, a la condición de un viajero nostálgico (para el verso, para la narración) y en ello resulta oportuno ahora como cronista de ese otro libro al que se refiere. Todo sea en pro de la aventura como bien inexcusable, siempre necesario, que es el leer, y el caminar.

Un caminar tal vez (tal vez), sencillamente (inevitablemente) hacia uno mismo.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

Una peregrinación hacia Shakespeare: Galdós en Stratford-upon-Avon
Una peregrinación hacia Shakespeare: Galdós en Stratford-upon-Avon

2020 Año Galdós En pocas semanas finalizará el Año Galdós. Ha tenido bastantes más sombras que luces, aunque al final…

La tradición de los manuscritos iluminados del románico
La tradición de los manuscritos iluminados del románico

La tradición de manuscritos iluminados en España fue ampliamente impulsada por los monasterios del Reino de León en el siglo…

Arte contra el genocidio colonial en el Retiro. Dierk Schmidt expone ‘Culpa y deuda’
Arte contra el genocidio colonial en el Retiro. Dierk Schmidt expone ‘Culpa y deuda’

En el Palacio de Velázquez. Parque del Retiro. Todos los días de 10.00 a 18.00 horas. Hasta el 10 de…