abril de 2024 - VIII Año

‘Ayer, Mañana’, de Benito Rabal

Ayer, Mañana
Benito Rabal

Algaida, 2023

La honda mirada de Benito Rabal en Ayer, mañana

Benito Rabal ha debutado en la novela, después de su trayectoria en el mundo del cine como director y guionista con Ayer, Mañana, publicada por Algaida. El autor de esta novela disecciona una época, nos cuenta los hechos que acaecieron en un período histórico marcado por el final de la Dictadura de Franco. Hay mucha luz en esta novela, un paisaje que teje con hilo fino Benito Rabal, como si filmara una película, dando a los personajes toda su hondura emocional.

Desde el comienzo de la novela ya sentimos que nos hallamos ante un gran narrador cuando nos dice:

“Cuando supo que su hijo había muerto, la madre del Jebo no lloró. El Jebo había nacido un 24 de diciembre y ella, convencida de que era la reencarnación de Jesucristo, pensó que, como este, acabaría resucitando. No era tanto una despedida, sino un hasta pronto”.

Esa creencia de la madre en el amigo, en el que puso un petardo a Fraga Iribarne y a su colega francés Poniatowski, ya nos lleva de la mano de una historia que va creando personajes, pero también paisajes. El narrador logra tejer la luz de una ciudad, donde la emigración del campo a la ciudad empezó a extenderse. Benito Rabal tiene alma de cine, por ello, en sus descripciones late el hombre que ha puesto la cámara en grandes películas de nuestra historia y lo hace con fino estilete, dejando paisajes como este, cuando habla del Madrid de la época:

“En su origen se construyó como una ciudad modelo, con una calle central plagada de árboles alrededor de la cual se alineaban pequeños hotelitos para disfrute de las familias burguesas en la época estival…”

Luego hablará del proceso de la inmigración que había convertido todo ese territorio en chabolas y materiales de deshecho. Esta forma de ubicarnos en un escenario, nos hace ver la capacidad del narrador para plasmar una época y un momento histórico.

Y la influencia del Jebo en el grupo de amigos, con “sus perennes botas militares”, nos deja una huella especial, estamos en un momento de cambio, de huelgas, de enfrentamientos con la policía, de deseos de libertad. Y la idea de la pertenencia al grupo cuando nos dice: “La propiedad es el robo”.

Y las imágenes que nos asaltan, los grises que rodean el Ateneo, los amigos que reparten panfletos, cuando van llegando los grandes exiliados como Sender o Buñuel. La forma de enfocar un tiempo y de dinamizar con las escenas que narra hace que Benito Rabal nos vaya llevando por un tiempo agitado, pero con la naturalidad y la espontaneidad de los que al escribir van enlazando secuencias, van afinando planos, van elaborando imágenes.

La manera de librarse de la obligatoria mili, las trabas burocráticas, todo está reflejado en una novela muy autobiográfica, porque Benito Rabal fue un joven de ese tiempo, que nos ilumina con sus personajes, nos va conduciendo por la senda del recuerdo a un tiempo donde no había libertad y hubo que luchar para conseguirla. Lo que ahora parece ganado, fue sufrido por muchos y esta novela es un gran ejemplo de ello.

Y la época en que fusilaron a los últimos presos políticos, la manera en que nos narra ese momento es emocionante:

“Los pelotones de fusilamiento, formados por voluntarios, cumplieron con el macabro encargo a la madrugada siguiente”.

Y te acuerdas de “Al Alba” del gran Aute, de El verdugo de Berlanga y de tantos otros momentos que han evocado el dolor de la justicia sangrienta del Régimen.

Y la droga, ese otro mal de la época, para una generación que sufrió sus consecuencias, porque, buscando huir de la realidad, se enterraron en ella:

“Nos dimos cuenta tarde. No vimos el peligro. Estábamos cansados de mantenernos siempre alerta y bajamos la guardia. Le dimos armas al enemigo en forma de tiempo y supieron aprovecharlas».

Novela que es una cartografía de las emociones de unos jóvenes que vivieron en los albores de una democracia que aún costaba conseguir, paisaje tejido con calidad de amanuense por Benito Rabal, gran escrito, que filma con palabras, que crea escenas con el lenguaje. Hay una película en el fondo, aunque sea una novela, porque el arte se entremezcla en esta historia de esperanza y desolación. Como dice el título Ayer, mañana, somos los herederos de esa época y debemos saberlo y valorar lo que tenemos. Una novela necesaria y emocionante, llena de verdades.

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