febrero de 2024 - VIII Año

Marginar a Largo Caballero y a Indalecio Prieto humilla a la clase trabajadora

Francisco Largo Caballero, Miguel de Unamuno e Indalecio Prieto durante la manifestación del Primero de Mayo en 1931

La incultura de la derecha en España es proverbial. Y en Madrid, clamorosa. La degradación política que sufrimos tiene mucho que ver con esa irresponsable incultura. Salvo el santanderino Marcelino Menéndez Pelayo, cabeza privilegiada y prodigiosa memoria, que arruinó absurdamente su inteligencia mediante una sumisión perruna el clero más reaccionario, a grandes rasgos no se conocen en sus rangos gentes preclaras o siquiera con criterio original propio durante los dos siglos pasados. Prácticamente toda la intelectualidad creadora fue republicana o de izquierda, desde los Nobel como Santiago Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez o Vicente Aleixandre, a los pensadores, científicos, escritores o poetas. Pero tal vez por ello, por su cultura y su compromiso, pagaron al altísimo precio del exilio externo o interior.

Bajo el franquismo, los intelectuales de derecha ofrecían la patética imagen de un José María Pemán, mal poeta y oficioso correveidile entre Estoril y El Pardo; Pedro Sáinz Rodríguez, conspirador de gabinete paralizado por la indecisión entre el espadón y el rey exiliado; Eugenio D’Ors, tan brillante erudito como políticamente inútil; Gonzalo Fernández de la Mora, diplomático franquista y ministro tecnócrata cercano al Opus Dei, que pronunció la contundente frase que le definiría para explicar su oposición frontal a la Constitución de 1978: «España no necesita una Constitución porque es ya (bajo el franquismo) un Estado perfectamente constituido»; o Manuel Fraga Iribarne, al que su amplia cultura estatal y libresca no le liberó de los ademanes fascistizantes que devastaron la fertilidad de sus presuntos saberes.

Hoy y aquí, buena parte de los autodenominados intelectuales que se alinean con las derechas, son gentes que adquirieron su cultura en las filas y bajo paradigmas científicos de la izquierda y que, por ambiciones, desdenes y avatares casi siempre personales, no estrictamente culturales o ideológicos, cruzaron ominosamente el pasillo hacia la reacción desde donde destilan su rencor y solo saben ya crispar, tensar, denigrar…

Incultura e impolítica van pues de la mano. Algunos ejemplos jugosos ilustran esa deficiencia cultural congénita de la derecha madrileña. Así, cuando se debatía el asunto de cuál bandera se atribuiría a la naciente Comunidad de Madrid, un proyecto luego ganador presentado por el artista y diseñador Cruz Novillo, con las siete estrellas plateadas y el fondo rojo, llevó a un concejal de la derecha a exclamar, indignado: “¡pero si es la bandera del vietcong!” Otra más: un alcalde regional de la derecha, preguntado por una reportera sobre una cuestión algo controvertida, le respondió: “¡A ver si luego me vas a trasvaginar (sic) mis declaraciones!”. Y una tercera: edil de derechas de un pueblo de la Sierra madrileña, en plena campaña electoral, furioso, exclama indignado a quien quisiera escucharle: “¡estos socialistas, ¡¡están politizando hasta incluso (sic) las elecciones municipales!!

Como vemos, el panorama resulta desolador en el plano regional y municipal, situado hoy en primera línea de nuestra atención por los desmanes que la incompetencia de la derecha-extrema-derecha gobernante está causando en las vidas y la salud de la población. ¿Sabe alguien qué es lo que realmente sabe Isabel Díaz Ayuso? ¿Y lo que se propone? Su incultura tiene mucho que ver con los gravísimos desmanes por ella causados. ¿Conoce algún concejal del PP y VOX quiénes fueron en verdad Francisco Largo Cabalero e Indalecio Prieto a quienes quieren retirar del callejero madrileño? ¿Les consta que accedieron a las placas que rotulan las calles durante el mandato municipal del alcalde democristiano José María Álvarez del Manzano, primero de UCD y luego del PP, en 1996?

Los actuales ediles del PP y de Vox, con la inestimable ayuda de esa -hasta el presente- caricatura de centrismo denominada Ciudadanos, intuyen, solo intuyen, que para la izquierda, Largo Caballero e Indalecio Prieto representan algo tan valioso como la dignidad política de dos personalidades surgidas del mundo trabajador. Por eso pretenden provocar a l@s trabajadores, a sus sindicatos, como lo ha hecho Isabel Díaz Ayuso cerrando los barrios obreros de la ciudad sin proveerles de  medida alguna para combatir su ahogo. Todo indica que, por su origen de clase, esta derecha clasista y anti-demócrata quiere humillar a los del mismo origen social del de ambos dirigentes socialistas y apartarlos de la memoria democrática. Y lo hacen precisamente cuando un anteproyecto de ley del Gobierno de coalición se plantea resarcir económicamente a quienes fueron expoliados de sus bienes bajo el franquismo. Qué curioso, hasta ahora no se lo habían planteado.

Humillando Largo Caballero y a Prieto, se humilla a los trabajadores y a la clase obrera en su conjunto, puesto que defendieron valientemente la República y los intereses mayoritarios de la población obrera y campesina de España, políticamente desde el Consejo de Estado de Primo de Rivera, en 1924, sindicalmente en la huelga general obrera de Asturias diez años después y durante la Guerra Civil desde posiciones de alta responsabilidad gubernamental. Y lo hicieron en condiciones gravísimas, con una crisis económica mundial como la de 1929 y luego en 1936 frente a un golpe de Estado –truncado inicialmente por la autodefensa armada de l@s trabajador@s en Usera, Vallecas, Carabanchel… -pero que, por designio de Hitler y de Mussolini, arrastró a todo el país hacia la Guerra Civil y a su consecutiva dictadura, también sangrienta, los 39 años de régimen franquista.

Desde cargos relevantes, como la jefatura del Gobierno y el Ministerio de Defensa, respectivamente, Largo Caballero y Prieto pugnaron paladinamente por impedir que España sucumbiera al fascismo que se enseñoreaba ya por los campos y ciudades de Europa. Largo Caballero, detenido por la Gestapo, pasaría por el campo de concentración hitleriano de Sachsenhausen poco antes de morir en el exilio francés, en marzo de 1946. Pese a ello, los actuales ediles derechistas, tan indocumentados como irresponsables, quieren suprimir la presencia de ambos políticos socialistas en el recuerdo de l@s madrileñ@s. Seguro que esos ediles de derecha extrema desconocen la anécdota protagonizada por Indalecio Prieto, que medió para que los efectos personales de José Antonio Primo de Rivera, fusilado tras un juicio en el penal de Alicante, le fueran entregados a su familia. Y seguro que ignoran que el traslado de los restos de Largo Caballero a España, por su asistencia, solo fue semejante, en la historia de la ciudad, al entierro en 1925 de Pablo Iglesias, emblema socialista y fundador de UGT y al del Viejo Profesor Enrique Tierno Galván, en enero de 1986.

Madrid bajo las bombas

Por contra, si bien Madrid fue bombardeado de manera inmisericorde durante casi tres años, entre 1936 y 1939 por un general monarco-fascista, Luis Enrique Varela, la derecha municipal en Madrid, la franquista y la postfranquista, pese a la crueldad del laureado militar, le dedicó y le mantuvo una calle que ha permanecido 80 años en el callejero de la ciudad por él martirizada. Un ministro monárquico y ultraderechista, como José Calvo Sotelo, fogoso instigador del golpe fascista que sobrevendría en julio de 1936, cuenta, aún hoy, con un espléndido monumento en la plaza de Castilla y con un colegio con su nombre en el barrio de Pacífico, al que los vecinos quieren cambiar de nombre a lo que se opone el Consistorio de derechas. Claro que, la premeditada incultura educativa inducida por la derecha en Madrid ha hecho olvidar a casi todos los alumnos que pasaron por las aulas la responsabilidad histórica de aquel hombre en la sangría consecutiva al alzamiento militar por él tan reiteradamente convocado. Un coronel, luego general, de apellido Moscardó, que resistió en el Alcázar de Toledo un potente cerco -reteniendo contra su voluntad a centenares de soldaditos a los que no les dio opción de abandonar el recinto cercado so pena de ser fusilados, como ha narrado el historiador Isabelo Herreros- contó con calle, colonia e, incluso, unos conocidos recintos deportivos que aún llevan, con la bendición municipal, su nombre. Así podríamos seguir ininterrumpidamente.

Recapaciten, señor@s de la derecha. Repiensen la decisión que quieren tomar sobre dos hombres honrados y eminentes, socialistas, que sí forman parte, limpiamente de la historia de España y de la de Madrid. Temo que algunos, si no muchos, de Ustedes estén dolidos porque, en una jornada gloriosa y memorable, el dictador saliera del Valle de los Caídos donde nunca debió estar enterrado. Y porque no se atreven a proclamarse abiertamente franquistas, buscan con rencor destilar su malestar vengándose y humillando a dos emblemas de las clases trabajadoras. Pero deben saber que no todos los gatos son pardos. No es igual un ministro que actúa contra el fascismo bajo condiciones de guerra, que un dictador que, ganada militarmente la guerra por su bando con ayuda insustituible de Hitler y Mussolini, se dedica a aislar el país y reprimir todo vestigio de libertad durante casi cuatro décadas.

Dejen en paz a Francisco Largo Caballero y a Indalecio Prieto. Fueron dos patriotas de izquierda, que amaron y fueron leales a su pueblo y a su país y lo defendieron como supieron hasta el último suspiro. Háganlo. Aún tienen tiempo.

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