septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Ecología y Política

Greta Thunberg se ve cercada por las firmas e industrias que causaron los problemas medioambientales que ella denuncia

gretaMillones de personas se han mostrado conmovidas al ver a una preadolescente con trenzas, Greta Thunberg, agitar las conciencias sobre la degradación incesante de las condiciones medioambientales en las que se desenvuelve la vida en el Planeta. Misión admirable, desde luego, sobre la que no cabría objeción alguna. Su actitud de denuncia está presidida por una intencionalidad que llama al compromiso. ¿De quién? De todas y todos. ¿Para qué? Para mitigar el deterioro inducido por los seres humanos contra la Naturaleza, que se manifiesta en la degradación medioambiental y en una mutación climática descontrolada.

Las dudas surgen al formular la pregunta ¿para quién? Lo normal sería que la respuesta fuera “para todas y todos”. Pero el interrogante comparece con toda su fuerza disuasoria: ¿estamos seguros de que todas y todos buscan lo mismo en esa llamada agitada por Greta? ¿Son iguales los grados de inducción y de responsabilidad de todos y todas sobre tan crucial asunto? Evidentemente, no lo son. La llamada de la preadolescente sueca, al no discernirlo con claridad, involuntariamente identifica a quienes crearon el problema con quienes lo sufren y eso, además de ser injusto, es un error cuyo desenlace puede aumentar más aún los riesgos medioambientales reales que penden sobre el género humano.

¿A quién se debe la contaminación atmosférica del Planeta a base de emisiones a gran escala de gases tóxicos letales que tan gravemente alteran los delicados equilibrios ecológicos y climáticos? No es difícil averiguarlo. Se debe a quienes preconizaron y preconizan un modelo de supuesto desarrollo industrial y económico ilimitado, consistente en el tratamiento de los recursos naturales –norma obligada para la pervivencia vital de los seres humanos- según pautas asociales devastadoras, irracionales, inhumanas pues, versadas hacia el beneficio privado e inmediato de unos pocos a costa del sufrimiento de todos los demás.

Esos unos pocos son, precisamente, los que, sin ella saberlo, se sitúan ahora detrás de Greta Thunberg para escudarse en sus justas reivindicaciones y decorarlas a toda prisa con sus marcas publicitarias e industriales. Solo les mueve el propósito de capitalizar, en clave ultracapitalista, la solución del descomunal problema ecológico que ellos mismos crearon. ¿Qué se proponen? Privatizar, de nuevo, nuevas formas de industrialización de los recursos naturales mediante métodos de explotación más sofisticados, eso sí, alienando previamente a todas las gentes de bien, culpabilizándolas –individualizadamente- del bíblico problema por ellos generado, con el irracional e inhumano sentido de rapiña que les caracteriza.

Greta 2

La búsqueda de las tasas de ganancia deterioradas por las crisis cíclicas y recurrentes, autoinducidas por el capitalismo financiero, llevan a los mentores de éste sistema -abocado al canibalismo- a canibalizar a su vez el tratamiento industrial y los recursos del Planeta por todos los medios a su alcance, la guerra incluida. Y se propone hacerlo mediante métodos y artificios cada vez más refinados. En el ámbito de las conciencias, uno de tales ardides es, precisamente, el de esparcir la culpa del agotamiento de los recursos naturales y de la degradación medioambiental al conjunto de la Humanidad, como si fuera la misma responsabilidad la existente entre quienes apenas tienen acceso a consumir un cuarto de litro de agua al día y quienes despilfarran caprichosamente 800 litros diarios en sus campos de golf o en sus piscinas. O como si fuera posible identificar los efectos de sus actos a quien arroja un papel al suelo y la gran factorías que envasa cada día 250.000 botellas de plástico para embotellar un refresco, sin invertir un solo euro en investigar nuevos tipos de envasado no contaminante.

Por otra parte, ya que la distribución geológica de las fuentes de energía fósil, los hidrocarburos, se halla esparcida por países y regiones del mundo no siempre al alcance de los depredadores, para el ultra-capitalismo, que ya tiene la zarpa puesta sobre muchos de esos enclaves, se trata ahora de asegurarse, además, otras fuentes alternativas de energía; eso sí, sin alterar un ápice el sistema de distribución de la riqueza generada por tales recursos.

La Ecología nos dice que los recursos naturales, energéticos incluidos, son limitados. Desde luego que lo son. Pero nadie puede asegurar que la forma de distribuir la riqueza que generan sea inmutable, como predica el discurso capitalista dominante. Y lo que la Política nos dice es, más bien, que resulta muy necesario para el futuro de la Humanidad que el reparto de la riqueza derivada de la transformación de los recursos naturales del Planeta pueda y deba ser compartida por las mayorías sociales. Y ello sin que quede aislada, como lo está hoy, en unas pocas compañías transnacionales, que nadie ha elegido y que solo se representan a sí mismas, cuyas manos no hacen ascos, si se tercia, a verse manchadas de sangre por la rapiña de apropiárselas privadamente a toda costa. Así lo prueban las crueles guerras por el petróleo, el coltán o el agua dulce, desencadenadas incesantemente para expropiar a los países donde se encuentran estos recursos en el Medio Oriente, África, América del Sur y tantos otros escenarios del mundo.

Los preadolescentes como Greta han de percatarse de que muchos de quienes hoy se arropan detrás de ella lo hacen con el propósito –intencionado- de torcer aviesamente las justas reivindicaciones que predica. Y debería tenerse en cuenta que no hay soluciones individualistas a los problemas colectivos de la envergadura ecológica de los aquí tratados. No cabe olvidar que perdura una rica experiencia histórica de luchas sociales, de teorías y prácticas colectivas, organizativas, que pueden ser aprovechadas por los jóvenes de hoy para garantizarse mañana la vida en un Planeta habitable, libre de contaminación y de explotación de unos seres humanos sobre otros, explotación en cuya erradicación se centra el origen de todas las soluciones posibles a los desafíos ecológicos y climáticos. En aquellas gestas se consumieron algunos de los mejores y más generosos esfuerzos de la Humanidad. De ellas se derivan conocimientos útiles, al alcance de la mano, como la planificación social, entendida como el ajuste racional entre ingresos y gastos, producción y consumo, recursos y distribución, todo ello en una clave humana. Varias generaciones, aún vivientes, pueden ayudarles en su lucha, que es común a tod@s. Y sin olvidar que los nexos de clase, los derivados de la posición y de los roles que se ocupan y despliegan socialmente, son mucho más fuertes, fiables y duraderos que los que genera la mera afinidad de la edad.

Ahora, tras la denuncia de Greta, ha de surgir la organización y con la organización -no basta la de las bienintencionadas ONG’s-, el cambio sociopolítico desde el cual, únicamente, será posible satisfacer tan necesarios y encomiables anhelos.

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