septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Economía sí, pero otra economía

mani1La pandemia ha trastocado todo el debate político en España.

El Gobierno y las fuerzas que le apoyan establecen tres prioridades: fortalecer el sistema sanitario, para proteger la vida y la salud; levantar un escudo social, para que nadie quede atrás; e impulsar la reconstrucción social y económica, para salir más fuertes.

Los ultras están a lo de toda la vida: el acoso y derribo del Gobierno, por las buenas o por las malas. Los independentistas también, en su marco conceptual pequeñito y con anteojeras.

¿Cuál es el planteamiento del PP? Su objetivo ha sido siempre el mismo: utilizar la crisis del COVID para desgastar al Gobierno. Para ello, su estrategia ha ido variando, de los reproches por la gestión sanitaria a los supuestos peligros para la libertad y, últimamente, al cuestionamiento de los planes del Gobierno acerca de la economía y el empleo.

Mantenemos el propósito de cimentar un sistema sanitario más sólido y solvente. Seguiremos construyendo ese gran escudo social contra la desigualdad y la pobreza. Pero no vamos a rehuir el debate sobre la política económica. Economía sí, pero otra economía, desde luego.

Los planteamientos de crítica y de propuesta de la derecha se fundamentan, paradójicamente, en los mismos paradigmas con que afrontaron a partir de 2011 la gran crisis de origen financiero. Hoy existe un amplio consenso en el análisis de que aquellas fórmulas retrasaron la recuperación económica y empobrecieron a amplios sectores de la población.

Sin embargo, el PP mantiene el discurso de las viejas recetas neoliberales fracasadas. Insisten en las políticas de austeridad a toda costa. Reivindican la reforma laboral de los ‘trabajadores pobres’ que impusieron en 2012. Reclaman bajadas indiscriminadas de impuestos. Proponen ‘colaboraciones público-privadas’, que aluden a aquel viejo axioma de socializar pérdidas y privatizar beneficios…

Como si no hubieran aprendido nada del sufrimiento de millones de españoles durante todo este tiempo…

La señora Díaz Ayuso, siempre adelantada al resto de la derecha en sus palabras y en sus acciones, ya ha completado el círculo del revival neoliberal con un proyecto de ley de barra libre, aún más, para la especulación urbanística en Madrid.

Pero los demás sí hemos aprendido de los errores de la austeridad, la liberalización a ultranza y los recortes sociales. Hasta el punto de que algunos de los apóstoles de aquella religión se han convertido a un nuevo paradigma, que reclama ahora políticas fiscales expansivas, ingresos mínimos para toda la población, y hasta la nacionalización del capital de grandes referentes empresariales como Lufthansa.

Desde Lagarde a De Guindos, desde la Alemania de Merkel y Schauble al Luxemburgo de los paraísos fiscales, se habla ahora en otros términos y casi en otro idioma. Pero el Partido Popular español sigue anclado en sus dogmas y en sus errores…

Economía sí, pero otra economía. En eso está el Gobierno español, y en eso está buena parte del resto de Europa y del mundo.

Estrategias fiscales expansivas, con planes multimillonarios de inversión pública, que aluden sin complejos al New Deal, al Plan Marshall, a la vuelta de Keynes…

La modernización del modelo productivo, sustituyendo las dinámicas especulativas por la apuesta de la transición ecológica, la transformación digital, la economía del conocimiento, el impulso a la ciencia, la formación profesional cualificada, el reto demográfico, la responsabilidad social de las empresas…

Una nueva visión de las políticas laborales, en la conciencia de que ganar productividad y competitividad mediante la precarización de los empleos y los salarios no solo es injusto, es que, además, resulta contraproducente e ineficiente. Más derechos, más estabilidad, mejores salarios. Porque así se suma productividad y competitividad, con solidez. Ese es el camino ahora, frente a las reformas laborales precarizadoras de antaño.

Una salida de la crisis sin perdedores. Con un escudo social amplio y robusto. Un ingreso mínimo vital que blinde a la sociedad respecto a la pobreza y la exclusión social. Políticas de vivienda que garanticen el derecho humano a contar con un techo digno para la familia…

Reforzar lo público, porque lo público concierne a todos, protege a todos, sirve a todos. Algunos, al parecer, acaban de descubrirlo en las UCI de los hospitales, en el servicio abnegado y eficaz de los profesionales sanitarios, las fuerzas y cuerpos de seguridad, los educadores y las educadoras, los cuidadores y las cuidadoras… Sin recortes irracionales y sin privatizaciones indecentes.

Una fiscalidad progresiva y justa, porque las inversiones y el sostenimiento de lo público requieren de recursos suficientes. Y tienen que contribuir más quienes más ganan, quienes más tienen y, sobre todo, quienes más esconden.

Y una sociedad que haga funcionar su motor al 100%, sin dejar a las mujeres a merced de olvidos, discriminaciones y violencias tan injustas como anacrónicas.
¿Hablar de economía? Cuando quieran.

 

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