Se está volviendo a cumplir el viejo lema polaco de 1956: “Cuando los planes se cumplen ni los tranvías pueden funcionar”.
Lo que además es imprevisible es lo que pueden traer… supongo que la continuación quizá violenta de las luchas por el poder, tal vez un paso más a la incipiente marcha hacia una nueva Yalta, el acelerón del cambio en Irán a saber si en una tónica similar a la que se promete para Venezuela, el derrumbe del régimen cubano, el del sanchismo…
Lo evidente es que estamos viendo cada vez más claro el despertar del caudillismo expansionista notablemente en muchos sitios. Y los choques entre ellos y las traiciones intestinas.
No olvidemos por otra parte que los protectorados siempre se apoyaron en los oligarcas y caudillos locales ya establecidos. Es una costumbre antigua desempolvar los viejos baúles pragmáticos.
Esa oligarquía sería más “colaboradora” que lo que el pueblo al que se dice defender ha elegido. Pueblo que los “colaboradores” ya reempezaron a reprimir… Me pregunto si sería la “colaboración” deseada “en el fondo” o en todo caso si eso daría lo mismo al “libertador”… que ni siquiera exige la libertad de los presos.
Tiempo al tiempo… y a la explotación, la sumisión y hasta la sangre.
A los helicópteros y muestras explosivas de que se hace algo y para distraer de lo pactado, ahora amenazan nubarrones.
Y no es que las tormentas me parezcan posibles de amainar ni que me sienta próximo a quienes no dejan de pedir al cielo que no sean provocadas ocultando sus deseos de que el poder “amigo” siga en sus poltronas; todo lo contrario. La tormenta debió desatarse mucho antes, y si consideramos lo que lleva en la Casa Blanca la Administración actual, hace más de cien días, es decir desde que el reciente “capturado” dio su último golpe y reprimió y persiguió más y más… lo que la sucesora continúa.
En todo caso lo siento por los despojados de casi todo y en particular de la seguridad y el coraje que manifestaron con ilusión en contra de aquel golpe espurio y cruel, que volverán a verse contra las cuerdas para ser despojados de sus atributos humanos, convertidos en dóciles por medio de la desilusión y la desesperanza.
Ese parece el Plan, que en teoría solo podría funcionar mediante la traición encubierta de pacifismo “ecuménico”. Y con los más disidentes añadiéndose a los prisioneros preexistentes.
El pueblo de Venezuela en su mayoría venía pidiendo ser ayudado a quitarse de encima la opresión de la mafia militar que lo sometía, perseguía, torturaba y asesinaba sin obtenerla. Así fue en otros casos, por poner un caso que la izquierda olvidó como tantas cosas a su conveniencia: la invasión de Vietnam a la Camboya Jemer, claro que en atención a su propio expansionismo y no por sensibilidad a la crueldad extrema de los jemeres rojos. En el fondo aquellos hechos se parecen al reciente y el pueblo encarnecido no tiene otra opción mejor que ser rescatado aunque sea para poder salir de lo peor… lo que se esperaba y de entrada es traicionado.
En cualquier caso, la “soberanía nacional” solo fue y es una excusa igual que “la paz” a favor de que todo siga igual de mal. El nacionalismo que sustituyó a la religión ya no es más que un disfraz útil, táctico.
Lo que me duele y lamento es el sistemático aplastamiento de lo que queda de la humanidad. Y pienso que es mejor dar otra batalla que dejarse atar las manos a la espalda. Desde mi comodidad y mi riesgo, estoy con los que se levantan y vuelven a la batalla respondiendo a su necesidad y sus sueños de libertad por idílicos que sean.
Rechazo los argumentos que esgrimen las izquierdas y estados tiránicos que defienden, los populistas, los de quienes gobiernan (siempre para sí; incluidos los clérigos de todas las iglesias), y todos los dogmas y las ideologías que sirven a la justificación de sus ansias de poder y de su usufructo. Solo denuncio y describo lo que veo y creo ver tras lo que se mueve. No me sumo a los aplausos ingenuos ni a las “condenas” mezquinas y siniestras. Lo declaro para quienes no lo hayan entendido. Y volcaré mi dolor por las víctimas inocentes y desesperadas en todos mis textos con los que me sumo a todos los artistas que lo hicieron a lo largo de los tiempos —pluma, pincel, cincel en mano— provocando la conmoción de muchos entre ellos la mía y, qué pena, siendo por muchos más recordados solo por sus nombres… y en demasiados casos ni siquiera por ellos.












