enero de 2026

Alien: Covenant

Cartel Alien Covenant-1

A una película le puedo perdonar casi cualquier cosa. Por ejemplo… Resultar predecible; unos protagonistas carentes de carisma y actor incapaz de reconducirlo; simpleza o enrrevesamiento hasta caer en farragosa por alternar ambas perspectivas sin lograrlo; ritmo irregular; o no convencerme, aunque respete, decisiones argumentales que afectan a toda una imaginería tan potente e icónica como la metatrama de una saga que comenzó en 1979.

Disculpo tanto su visita tópica al universal de la cifi más pura —¿De dónde venimos?— como su enfermiza obsesión por rendir culto a clásicos del género sin creerse que la original es uno de ellos y no una simple ‘serie B de terror con bichos extraterrestres’. Cuando cae en la cuenta de que sólo necesita su propio referente es ya demasiado tarde porque debe resolverlo a matacaballo.

Se lo perdono casi todo, más si me lo compensa con otros elementos como la interpretación de Fassbender y momentos tan terroríficos como endiabladamente perversos, en todo sentido, pero centrándome en lo visceral psicológico, que te remueve por dentro alcanzando lo morboso, lo pervertido y, creedme, lo logra con brillantez.

Pero no le perdono que, durante la mayoría de metraje, me aburra durante una hora con escenas largas de regodeo técnico en las que la se gusta demasiado a sí misma pero solucionando los asuntos de peso mediante plumazos narrativos incongruentes. En especial, si ese periodo se presenta tras los primeros dos minutos; comparable a subirte a una montaña rusa tras una fila kilométrica en la que muchos se te cuelan o jugar un partido después de un recorrido turístico por cada brizna de césped de la cancha bajo un sol de justicia.

Al recibir y escribir una historia defiendo la concreción, la agilidad, el decir todo con la expresividad máxima. ‘Alien: Covenant’ podría condensar su primera hora y media en sólo quince minutos, incluso con tiempo de recrearse en detalles preciosistas, y sería una película fenomenal, según los gustos.

Pero no, es alguien que te lee poemas cursis cuando estás a punto de pegar un polvo salvaje. Justo cuando se dispone al tema, aunque lo haga de maravilla, sólo quieres dormirte de una vez.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

El camino a la convivencia no pasa por Colón
El camino a la convivencia no pasa por Colón

El conflicto catalán ha ocasionado demasiados destrozos ya en nuestra convivencia. Se han malgastado ya demasiadas energías en defensa del…

‘Miss polígono industrial mordiendo’ de Álex R. Bruce
‘Miss polígono industrial mordiendo’ de Álex R. Bruce

Miss polígono industrial mordiendo Álex R. Bruce La pajarita roja editores Castellón de la plana, 2022 Hoy, voy a hablarles…

El mítico Mayo del 68 en 3 libros
El mítico Mayo del 68 en 3 libros

3 libros esenciales para entender Mayo del 68 publicados, cuando se cumplen 50 años de aquel hito histórico, por autores…

1605