noviembre 2020 - IV Año

ENSAYO

El Futurismo de Marinetti condujo directamente al fascismo

Queremos glorificar la guerra, única higiene del mundo, el militarismo,
el patriotismo y el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas
que matan y el desprecio a la mujer
F.T. Marinetti

El fascismo me ha parecido siempre brutal, destructor, histriónico, fanático, patriotero y misógino entre otros horrores. Por regla general, sólo engaña a quienes están predispuestos a ser seducidos. Con distintos nombres y denominaciones, cada cierto tiempo reaparece. Por eso, me ha parecido interesante, citar el fragmento de Marinetti que figura en el frontispicio de este ensayo, para que el lector saque las conclusiones que estime oportuno sobre si en la actualidad está presente o no entre nosotros.

La cita constituye, en sí misma, el esbozo de un programa político añejo y reaccionario aunque, como el término fascista está desprestigiado, suelen ocultarlo bajo perífrasis y circunloquios. Echando una ligera ojeada a la Europa del momento y a nuestro país, será posible encontrar no pocas similitudes y concomitancias con lo que defienden, en distintos lugares, movimientos y partidos de carácter populista, xenófobo, ultranacionalista y antieuropeista.

Como mandan los cánones, empezaremos por el principio. Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), nació en Alejandría (Egipto), en el seno de una familia italiana perteneciente a una burguesía acomodada. Su padre estaba vinculado a una de las principales empresas que gestionaban el Canal de Suez.

Desde que era joven puso de manifiesto un carácter exaltado y narcisista, disponía de unos conocimientos dispersos, heterogéneos pero amplios. Dominaba el italiano y el francés y escribía en ambos idiomas. Se educó con los Jesuitas y residió durante una prolongada etapa en París donde, en ese momento, estaban en eclosión distintas vanguardias.

De hecho, el Futurismo que fundó es la primera vanguardia del siglo XX en Italia. Sentía un instintivo rechazo hacia las ideas de izquierda, odiaba el socialismo y no digamos el comunismo. Se convirtió en un nacionalista convencido. Exaltaba la guerra, la destrucción, se mostraba iconoclasta y aunque formulaba de forma abrupta y provocativa los principios estéticos que pronto puso inequívocamente al servicio de las ideas políticas de Benito Mussolini… es decir, del más puro y genuino fascismo.

Muchos lo consideran esencialmente un ideólogo fascista, por encima de otras características. Puede incluso afirmarse, sin exageración, que el movimiento futurista nutrió y dio un barniz cultural al totalitarismo mussoliniano.

marinettiNo es extraño que las ideas de Gabrielle D’Annunzio le influyeran y no sólo eso, sino que llegaron a fascinarle, aunque su relación con él puede decirse que va de la atracción al rechazo. En 1909, escribió y dio a conocer ‘El Manifiesto Futurista’ en el que algunos vieron una línea agresiva de ‘épater le bourgeois’, pero es evidentemente, algo más y más peligroso.

Critica el decadentismo y arremete con furia contra todo lo establecido. Siempre me ha parecido que quienes atacan, desprecian el pasado y tienen el delirio de un futuro gestado por la fuerza y la violencia, son capaces de, si se les presenta la ocasión, destruir todo lo que encuentren a su paso con saña, dejando tras de sí un reguero de tierra quemada.

No me parece anecdótico, ni mucho menos, que quisiera acabar con los museos, con las bibliotecas… Odiaba toda moral que no estuviera basada y sustentada en la violencia, en el poder del más fuerte y manifestaba una agresividad mal disimulada contra la mujer y otras lindezas del mismo cariz.

En esos primeros años, de un siglo de grandes contrastes, como fue el siglo XX, donde Europa se vio profundamente alterada por múltiples conflictos, donde las democracias representativas se iban debilitando y batiendo en retirada y ganaban terreno los movimientos totalitarios, especialmente tras la primera Guerra Civil Europea, existía un caldo de cultivo para que aparecieran hordas violentas que iban enarbolando un amargo resentimiento que tenía su origen en las frustraciones y las derrotas bélicas.

Vayamos paso a paso. Marinetti envió ‘El manifiesto futurista’ a las redacciones de varios periódicos italianos y franceses, si bien suele afirmarse que fue publicado por primera vez en ‘Le Figaró’, apareció antes en ‘La Gazzeta dell’Emilia’. No puede explicarse que se extendiera como la pólvora por toda Europa y que se adhirieran pintores, arquitectos, poetas, intelectuales y en general los miembros más agresivos de las vanguardias, si no hubiera existido un clima y caldo de cultivo adecuado para esa propagación radial. Para enredar un poco más, proponía también la abolición de la sintaxis y de cualquier signo de puntuación.

emiliagacetaTodo esto no logra ocultar su exaltado nacionalismo y su admiración creciente por las formas más violentas del militarismo. Desde luego, puede adscribirse entre los defensores de la anti-política y los detractores de la vieja política.

De forma consciente e intencional, siembra odios y alienta los peores resentimientos. Por si esto fuera poco, no se considera ni de ‘izquierdas ni de derechas’ y se ve a sí mismo como ‘el heraldo de un nuevo orden’.

Es significativo que, quienes exaltan la violencia y la destrucción, sienten una fascinación por todo lo que suene a nuevo y quieran destruir todo el pasado, empezando por la herencia del clasicismo y todo lo que Grecia y Roma nos legaron.

Sienten una auténtica predilección y, lo repiten hasta la saciedad, por ‘¡pasar a la acción!’. Se muestran intolerantes con todas las debilidades y proclaman la necesidad de acciones represivas para someter a todos aquellos que no acepten sus designios. En ocasiones, glorifican y justifican incluso la crueldad.

Despreciaban abiertamente los valores y principios sobre los que se sustenta la Civilización Occidental: libertad, justicia, democracia… pero también, el concepto de belleza greco-latino.

Por eso, cuando la palabra libertad está tan desgastada por el uso y abuso que hacemos de ella, a base de emplearla para los fines más bastardos, incluidos los comerciales o publicitarios apunto, aunque no puedo desarrollar esta idea por falta de espacio, la urgente necesidad de redescubrirla y dotarla del contenido semántico que ha ido perdiendo, a fin de que recupere sus primigenias cualidades liberadoras.

La libertad nos legitima. Nos hace conscientes, críticos, nos dota de posibilidades vitales de elección y, lo que es más importante, nos ayuda a reconstruir la memoria colectiva.

Los fascistas con su simplismo, hace tiempo que resolvieron el dilema, o elecciones o violencia, se inclinan siempre por la violencia aunque cuando les interesa utilizan los resortes, procedimientos y libertades de un régimen democrático… pero con el objetivo de ‘romper las urnas’.

Filippo Tommaso Marinetti recurre con frecuencia a los manifiestos. Es un género en el que se siente cómodo. Le permite exaltar los sentimientos, atacar hasta la saciedad a la razón y desplegar todo su arsenal retórico para llegar al corazón y utilizar los sentimientos para ganarse la voluntad y la complicidad… de quienes se dejan atrapar por la parafernalia de aspavientos y retórica grandilocuente.

mafarkaEn 1919 publicó ‘El manifiesto fascista’. Si a alguien le quedaban dudas de lo que venía defendiendo, ingresó en el partido de Benito Mussolini. Glorificaban no sólo la fuerza sino todo lo que sonara a velocidad como los automóviles para parecer modernos. No puede, por tanto, extrañar lo más mínimo, que se convirtiera en el referente intelectual y, en cierto modo, en el poeta del régimen. Mussolini lo distinguió nombrándole miembro de la Academia de Italia, que ellos mismos crearon y utilizaban en beneficio propio.

Defendía, aunque de forma difusa, una civilización gobernada por las máquinas. En esta línea, también, pueden inscribirse sus obras ‘Futurismo e fascismo’ y su novela ‘Mafarka el futurista’ que le ocasionó acusaciones de atentar contra la moral burguesa, de las que por cierto, fue absuelto.

En lo que podríamos denominar la ideología política marinettiana, está presente una inequívoca simpatía y proximidad con los movimientos contra-revolucionarios; constantemente, transita de lo político a lo cultural y viceversa, siempre, eso sí, exaltando un irracionalismo de carácter agresivo y violento.

Tendía a comportarse como un belicista, militarista y profundamente pseudo-anarquista o anarquista de derechas, es decir, defensor de la destrucción por la destrucción. De una manera recurrente están presentes en sus escritos un rupturismo cultural que retroalimenta una línea política irracionalista. No quiero cargar las tintas pero he de señalar, también, que se muestra decidido partidario de la desigualdad. Su ‘nueva estética’ glorifica hasta la médula la velocidad. Podríamos preguntarnos maliciosamente ¿Velocidad, para qué?… pero esto nos apartaría de los objetivos de este breve ensayo.

A este efecto sostendrá literalmente que ‘un automovile ruggente… che sombra correre sulla mítraglia, è più bello della Vittoria de Samottracia’. Estas ideas llegan al paroxismo con su grito de que la guerra y la muerte son la única higiene del mundo.

Las imágenes bélicas y destructoras están presentes, una y otra vez, en sus páginas. En ese sentido fue coherente entre cómo pensaba y cómo actuaba. Llegará a alistarse en los ‘fascios de combate’ y participará como voluntario en la guerra de Etiopía. Como puede apreciarse el fascismo siempre está próximo a las conquistas imperiales y a las guerras supuestamente destinadas a engrandecer la patria… y mejor aún, si de paso, se eliminan unos cuantos miles de seres inferiores.

Algunos rasgos presentes en sus obras, como ‘el anticlericalismo’ o ‘el corporativismo funcionalista’, lo separan de otros totalitarismos como el franquista, que pronto alcanza una alianza con el catolicismo, aunque su concepto de ‘corporativismo funcionalista’ no anda muy lejos de lo que se dio en llamar ‘democracia orgánica’.

Al fascismo italiano le vino muy bien, como justificación y como adorno, el Futurismo pues le proporcionaba un halo de vanguardia cultural.

marrinetti2Vuelvo a insistir –en el caso italiano- su fuerte rechazo del pasado y de la tradición, con un cariz profundamente iconoclasta que pretendía levantar un supuesto ‘orden nuevo’ sobre las cenizas de todo lo anterior. ¡Adanismo y pereza mental! ante todo.

Un hecho que ha de analizarse con cierto detenimiento es, su alegato a favor de la deshumanización. No todo arte deshumanizado es futurista… ahora bien, hay que reconocer que cuando Ortega y Gasset escribe ‘La deshumanización del arte’ no anda intelectualmente lejos de estas ideas pretendidamente rompedoras y, sobre todo, vanguardistas y de rabiosa actualidad.

El ‘Vivere pericolosamente’ de Mussolini, tiene evidentes concomitancias con las proclamas de Marinetti, si bien podemos rastrearlo hasta el iconoclasta Nietzsche. Futurismo y fascismo… Marinetti y Mussolini se retroalimentan mutuamente.

Machaconamente se repiten expresiones que acaban fosilizándose del tipo: combatientes heroicos, artistas inspirados u oradores impetuosos.

El futurismo y el fascismo tienden a ocultarse bajo distintas máscaras. Es obligación nuestra contribuir a arrancarlas… y a poner de manifiesto, su profunda indigencia teórica y moral.

Retóricamente canta ‘al trabajo’ pero muestra su faz, no sólo siniestra sino prosaica y carente de imaginación cuando propugna abiertamente ‘asesinar al claro de luna’. Mitifica la acción por la acción, ¡nada de espectadores! será otro de sus gritos.

Analizando el futurismo con la perspectiva que nos da el encontrarnos a más de un siglo de la publicación del ‘Manifiesto futurista’ y a poco más de cien años de distancia de su adhesión al partido fascista mussoliniano se pueden apreciar, nítidamente, su inanidad teórica, su retórica hueca y vacía y su irracionalismo que lo arrojó en brazos del fascismo mussoliniano.

Tampoco pueden servir de coartada sus elogios a la fuerza, a la rapidez o al deporte. Inmediatamente se ven con claridad los auténticos ejes ideológicos de este movimiento, aunque procuren mantenerlos ocultos.

Hubo, también, no debemos olvidarlo, ‘interesadas aproximaciones’ a pensadores que irresponsablemente se dejaron querer o a ‘modas filosóficas’ diletantes. Lo que nos debe servir de advertencia sobre como una intelectualidad caprichosa y banal, se deja seducir con facilidad por los más venenosos cantos de sirena.

Para ir finalizando me gustaría decir que hubo, también, intentos de crear una cocina futurista. Entre sus platos se encontraba ‘cordero asado en salsa de león’ cuyo nombre creo que define, muy bien, el matonismo, la chulería… por no decir, la cobardía de ciertos movimientos y partidos fascistas que a la hora de la verdad sólo tienen de fieros la salsa con la que acompañan el cordero asado.

Desde luego, quienes se dejan influenciar por lo nuevo, por lo que se presenta como nuevo, o por lo que de nuevo sólo tiene el nombre, demuestran un papanatismo sólo comparable a su infantilismo y credulidad.

Quienes desprecian la razón y encumbran los sentimientos para justificar acciones violentas y poco reflexivas… pueden recibir distintos apelativos. Invito a los lectores a que los califiquen de la forma que consideren más precisa.

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