junio 2021 - V Año

ENSAYO

Engels y Marx

Bicentenario del nacimiento de Engels (28 de noviembre de1820 – 5 de agosto de 1895)

Engels nació el 28 de noviembre de 1920. En estos días se cumple, por tanto, su segundo centenario. Esta efeméride es una buena ocasión para reflexionar sobre la singularidad de su trabajo y su aportación al caudal del movimiento obrero y al socialismo. Siempre hemos visto el par Marx-Engels con Marx de primer miembro y Engels de segundo, lo que sugiere un protagonismo central de Marx y una aportación subsidiaria de Engels. Es cierto que es así en buena medida. El propio Engels reconocía la enorme potencia intelectual de Marx y su superioridad y dedicó precisamente buena parte de sus recursos y de su vida a facilitar el trabajo de Marx y su subsistencia y la de su familia y a apoyarlo intelectual y políticamente. Sin embargo esta realidad esconde una cierta injusticia. Engels no fue un mero acólito de Marx y no se limitó a subrayar y a difundir sus planteamientos. Engels tiene un pensamiento original en muchos aspectos e hizo una aportación notable a la construcción del “marxismo” o del “materialismo dialéctico e histórico”, como se lo denominó precisamente a partir de las aportaciones del último Engels. Para subrayar esta idea titulamos este trabajo precisamente Engels y Marx, que sin desmerecer el papel nuclear de Marx, intenta subrayar las aportaciones que el propio Engels realizó.

En la vida y en la obra de Engels hay tres fases claras: 1) Engels antes de iniciar su colaboración con Marx en 1844; 2) Engels colaborando con Marx y apoyándolo a partir de 1844 y durante 40 años hasta la muerte de Marx en 1983; 3) Engels trabajando sólo, a partir de la muerte de Marx  y hasta la suya propia en 1895.

En la primera fase vemos a un Engels viviendo y haciendo estudios universitarios en Alemania. Aunque se formó en un ambiente conservador y religioso, pronto conectó con ideas y grupos progresistas como “los jóvenes alemanes”, de carácter liberal y  republicano. Poco después entra en contacto con ideas hegelianas, que le cautivaron, llegando a formar parte más adelante de la tendencia conocida como los  “jóvenes hegelianos”, que mantenían una postura crítica socialmente dentro de las ideas del maestro. En esta época escribió Cartas desde Wuppertal en las que hacía una exposición de las miserables condiciones de los trabajadores de Renania y una dura crítica de esa situación, apuntando planteamientos que desarrollaría en obras posteriores sobre las condiciones del proletariado.

A partir del 42 marchó a Inglaterra, a Manchester, uno de los núcleos entonces de la revolución industrial, donde su familia tenía una fábrica textil. Conoció las formas de fabricación y las relaciones humanas que provocaban, mostrándose disconforme con la situación de los trabajadores. Contacta con medios obreros, particularmente owenistas y cartistas, que le permiten tomar conciencia del hecho de las clases sociales. Este baño de realidad complementa su formación filosófica hegeliana y política. Fruto de todo ello es su obra del 43, Elementos de una crítica de la economía política, en la que utiliza ya el concepto de alienación heredado de Feuerbach.

En 1845 publica la obra más importe de esta época de juventud: La situación de la clase obrera en Inglaterra. Aunque ha sido una gran desconocida, Engels adelanta ya en ella muchas de las ideas que posteriormente formarán parte del marxismo maduro, tales como la división en clases de la sociedad y la naturaleza y antagonismo de éstas, los ciclos del capitalismo que provocan su inestabilidad, la necesidad de la revolución socialista. Todo ello obtenido de un detenido y minucioso análisis del capitalismo en su realidad más concreta de miseria y explotación. A partir de ello llega a comprender que esta situación está producida por la propiedad privada, concepto recogido de Rousseau y los filósofos románticos alemanes, que es la causa fundamental de la alienación de los trabajadores.

Segunda fase de la biografía de Engels: Trabajo conjunto con Marx

Hasta el Manifiesto Comunista. A partir de 1844 se produce el encuentro definitivo de Marx y Engels (antes habían tenido otro, un tanto fugaz y desagradable, en 1842). Fue la de ellos una amistad profunda y duradera. Engels supo ver la fuerza intelectual y política de Marx y comprendió la importancia que sus obras podían tener para el futuro del socialismo. Hasta tal punto que sacrificó parte de su propia vida para facilitar el trabajo intelectual y político de Marx, apoyándolo en sus escritos y en las tareas políticas. Engels puso a disposición de Marx y su familia sus propios medios materiales, lo que permitió a Marx, – que, privado de una carrera universitaria, no podía mantenerse con sus artículos y libros-, sobrevivir y mantener a su propia familia. La fidelidad de Engels se mantuvo tras la propia muerte de Marx, ayudando a su familia y encargándose de la terminación y publicación de sus obras inconclusas.

Son conocidas las obras comunes de Marx y Engels, pero lo son menos sus actividades políticas. En este campo, Engels se implicó mucho en el movimiento obrero en aquellos años, tanto en el plano sindical como político. Ambos participaron activamente en “La liga de los Justos”, convertida pronto, en el congreso de Londres de 1847, en “La Liga de los Comunistas”, con la que intentaron crear un conjunto de grupos por toda Europa convergentes en una organización común. El lema de la Liga fue el posteriormente conocido Trabajadores de todos los países, uníos.  En el desarrollo de la Liga tuvieron que competir con el movimiento de Weitling y con Proudhom y sus partidarios. Tanto en las tareas de expansión de la Liga como en las luchas internas ambos llevaron una labor pareja, aunque parece que Engels tuvo un protagonismo más activo y directo que el propio Marx. La Liga había encargado a Engels la redacción de un documento con los principios básicos de la misma, que en su redacción definitiva se tituló Principios del comunismo, que sirvió de base para el posterior Manifiesto Comunista, en el que ya se planteaban ideas básicas del materialismo histórico, de la revolución y del socialismo como las vemos en éste.

En el plano estrictamente intelectual, en estos primeros años de colaboración entre Marx y Engels destacan dos importantes obras: La sagrada familia y La ideología alemana.

En realidad el título original y completo de La sagrada familia era Crítica de la crítica crítica: contra Bruno Bauer y compañía. El título podría parecer confuso y, a instancias de su editor, lo simplificaron en el de “la sagrada familia”, aludiendo con él a la “familia” de hegelianos idealistas y reformistas, a los que hacían una dura crítica. Postulaban la sustitución de aquél idealismo por el materialismo.

La segunda obra colaborativa de ambos en esta época es La ideología alemana, una de los libros fundamentales para la comprensión del marxismo, que desgraciadamente no se publicó hasta ya bien entrado el siglo XX (1932). No influyó, pues, en la primera configuración del marxismo a finales del S.XIX, que se hizo como “materialismo histórico y dialéctico”. Tal vez con la ideología alemana en la mano no habría prosperado, al menos en los términos cuasi metafísicos e idealistas en que lo hizo. En principio, y como su título indica, la obra quiere ser una crítica definitiva a los “ideológos” alemanes desde Stirter a Feuerbach, que nublaban la crítica al capitalismo y las perspectivas de planteamientos y pasos al comunismo. Pero en el transcurso de la propia crítica se va construyendo el modelo marxista de crítica al capitalismo, de crítica a la ideología (las superestructuras) como manifestación de las contradicciones sociales, de la alienación y la explotación de los trabajadores, de análisis de las propias bases del capitalismo (infraestructura), todo ello sustentado sobre la propiedad privada de los medios de producción.

En el segundo congreso de La Liga de los Comunistas, con mayoría marxista, lograda precisamente con grandes trabajos de Engels, se encargó a ambos la redacción de un manifiesto que terminó llamándose Manifiesto Comunista, título abreviado del real: Manifiesto del partido comunista. Esta es una obra breve, escrita con brío, con emoción, con ilusión, aunque no carente de rigor intelectual. Por todo ello, y sin duda por el contexto social en que se vivía, ha terminado siendo la obra más leída e influyente del movimiento obrero. Junto con La conquista del pan de Kropotkin ha sido el libro con más copias de toda la historia del movimiento obrero, y uno de los más difundidos, si no el que más, considerados todos los campos literarios, tal vez con la excepción de La Biblia. El Manifiesto se publica en 1848, poco antes de la ola revolucionaria del 48, de la que parecía premonitoria: Un fantasma recorre Europa….

Aunque no estuvieron directamente presentes en la Francia revolucionaria del 48, sí participaron en ella y en el desarrollo de todo el movimiento en Europa, desde Bélgica y Alemania, donde estaban refugiados, creando incluso una nueva revista, Nueva Gaceta Renana, que tuvo realmente muy poco éxito. Marx hizo unos espléndidos análisis de estos procesos en Las luchas de clases en Francia y de su evolución posterior en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, ambas un magnífico ejemplo de análisis histórico y político, aplicando los elementos básicos del materialismo histórico que habían esbozado en la ideología alemana.

Londres y Manchester. Tras el fracaso de las revoluciones del 48 y la ola represiva posterior, Marx termina retirándose a Londres, donde ya se afincó definitivamente y desarrolló el grueso de su trabajo. Engels, en cambio, tuvo varios episodios de participación activa en intentos insurreccionales y en operaciones de guerra revolucionaria, dirigiendo incluso un ejército revolucionario en el sur de Alemania. De estas experiencias insurreccionales y militares le quedó a Engels el sobrenombre de “general” con el que lo denominaban en el círculo restringido de amigos, particularmente las hijas de Marx. Con estas experiencias escribió una interpretación de los movimientos revolucionarios de los campesinos alemanes en el S.XVI, Las guerras campesinas en Alemania, y se dedicó un tiempo a escribir artículos en varias revistas, como comentarista militar en guerras como las de Crimea o la franco-prusiana de 1970.

De vuelta a Inglaterra, muy a su pesar, se incorporó al trabajo de la fábrica de Manchester como medio para obtener fondos, y aunque Marx vivía en Londres, ambos mantuvieron una estrecha colaboración entre 1850 y 1870. En estos años Max se centró en el análisis económico del capitalismo. Escribió un primer análisis Contribución a la crítica de la economía política, preparó un conjunto de materiales preparatorios de El capital, los Grundrisse, y Finalmente se centró en la elaboración y redacción de El Capital. Aunque todos estos trabajos llevan la firma de Marx, no es nimia la colaboración de Engels, que aportaba datos concretos, experiencias propias, estudios estadísticos y multitud de aportaciones singulares que Marx incorporaba al desarrollo de su obra. Todo ello sin contar, como decíamos supra, la aportación económica y moral de Engels. En 1867 se publicó el primer volumen de El capital. El segundo lo publicó Engels (1885), tras la muerte de Marx, con el material que ya había preparado el propio Marx, al que dio una última redacción. En el tercer volumen hubo una aportación mayor de Engels que tuvo que ensamblar los materiales previos de Marx, poco elaborados; se publicó en 1994.

El capital es la obra fundamental de Marx y constituyente del marxismo. Pasa a veces por una simple obra de economía, pero no lo es en el sentido estricto de ella. Marx prefería denominarla “economía política” para destacar la imbricación de ambos campos en un mismo proceso. El materialismo histórico le sirvió de vehículo conceptual y metodológico para explicar los fundamentos y el desarrollo del capitalismo, construido sobre la propiedad privada de los medios de producción y la explotación de la plusvalía; a la base de todo ello está la teoría filosófica del “fetichismo”, desarrollo de sus teorías previas sobre la “alienación”.

Del 1867 hasta la muerte Marx (1883). A partir del 67 Engels se fue liberando de su sujeción a la empresa familiar y se trasladó a Londres con Marx. Iniciaron una nueva fase de su relación, con importantes aportaciones intelectuales y políticas. Retomaron el activismo político, más intensamente por parte de Engels. Constituida la Primera Internacional, mediante la confluencia de asociaciones y organizaciones obreras muy variadas en toda Europa, Engels fue elegido uno de sus secretarios generales. Desarrolló una labor de coordinación e integración en la que se enfrentó, con Marx, a Bakunin y los anarquistas. La internacional tuvo un papel importante en las luchas sociales de finales de la década de los 60 que culminaron en La Comuna de París. La derrota de La Comuna, la reacción represiva posterior de los estados y las discrepancias y luchas internas forzaron a Marx y Engels a trasladar el secretariado de la Internacional a EE.UU., donde llevó una vida lánguida hasta su extinción. Sin embargo, de todas aquellas luchas surgió el primer partido propiamente socialista de larga y fructífera historia: El Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, fundado en 1869. Otro episodio notable de las luchas políticas de Marx y Engels en esta época, aunque protagonizada políticamente por Engels, fue el conflicto con Ferdinand Lassalle y su Asociación General de Trabajadores Alemanes, de carácter socialista reformista, que rivalizaba con las organizaciones promovidas por Marx y Engels. En 1875 se fusionaron las dos organizaciones, con la oposición de Marx y Engels, que temían una deriva reformista de la nueva organización.

En estos años, hasta la muerte de Marx en 1883, Engels publicó varias obras importantes en solitario. Unas de carácter más limitado como Contribución al problema de  la vivienda o El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Y otras de más trascendencia como el Anti-Düring (realmente titulada La revolución de la ciencia de E. Düring), de 1875, una obra muy polémica en la que Engels se introduce en temas científicos, intentando fundamentar el “materialismo dialéctico”, formulando definiciones de materia y de dialéctica e incluso formulando las “leyes de la dialéctica”. Su trabajo fue muy controvertido. Por una parte sirvió de base a la construcción del materialismo dialéctico que adoptaron los partidos socialistas y comunistas de finales del S. XIX y principios del S.XX, que sustentaban posiciones reformistas en política y esencialistas en filosofía. El marxismo más crítico ha rechazado estas posiciones de Engels como extrañas y contradictorias con el marxismo de Marx.

Otra obra notable de Engels de esta época es Del socialismo utópico al socialismo científico en la que se hace una dura crítica de los que llamó socialistas utópicos, que querían conseguir la sociedad socialista sin tener los suficientes fundamentos políticos; frente a ello había que construir el socialismo científico basado en un conocimiento riguroso de la economía, la política, la historia sobre el que fundamentar una propuesta socialista madura y viable.

El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884) es otra de las obras más conocidas e influyentes de Engels. Sobre la base de las teorías y análisis del antropólogo L. H. Morgan, remite el origen de la familia y el estado a la aparición de la propiedad privada de los medios de producción, fundamentalmente el campo, que genera las clases sociales, la familia como vehículo de transmisión de la desigualdad y el estado como organizador y defensor de los intereses de las clases dominantes.

Tercera etapa: Engels en solitario. Tras la muerte de Marx en 1883 y hasta la suya propia, Engels se dedicó, por una parte, a difundir y defender el legado de Marx; por otra parte, a reforzar y expandir las organizaciones socialistas, principalmente el Partido Socialdemócrata Alemán; y en tercer lugar, al desarrollo de una labor intelectual propia importante.

En el plano estrictamente político jugó un papel notable en la evolución del Partido Socialdemócrata Alemán. Por una parte, se opuso al desarrollo de una corriente izquierdista en el seno del partido, y por otra, también combatió su deriva reformista, que finalmente terminó imponiéndose. Elaboró una Crítica al programa socialdemócrata,  provocando su revisión y la elaboración de uno nuevo, el Programa de Erfurt. Sin embargo no pudo detener la evolución de partido hacia el reformismo, de la mano de Berstein, Kautsky y otros notables dirigentes y teóricos del partido, con el abandono de las aspiraciones revolucionarias y centrándose en la acción parlamentaria, que ya fue la seña de identidad del partido hasta mediados del S. XX, cuando renuncia doctrinalmente al marxismo.

En el plano teórico, hay que destacar en esta época su Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1886), que terminó convirtiéndose en una especie de manual popular de marxismo. Tiene gran importancia su obra inconclusa Dialéctica de la naturaleza (1925), que ahondaba las tesis del Anti-Düring sobre la construcción de un materialismo dialéctico como base filosófica para el materialismo histórico y que  terminaron convirtiéndose en las obras claves sobre las que se apoyaron las interpretaciones del materialismo “esencialista” de los reformistas de la socialdemocracia y de los comunistas de la Tercera Internacional, empezando por Lenin y Trotsky y culminando en Stalin. El marxismo canónico, oficial u ortodoxo se construyó precisamente sobre las obras de Engels a las que habría que sumar “El Capital”. Plekhanov, y a partir de él el grueso del marxismo “oficial”, llegó a considerar el marxismo como una doctrina constituida por la filosofía de Engels, las teorías económicas de El Capital y la práctica del socialismo. Esto fue posible por varias razones: Muchas de las obras de Marx eran más difícilmente comprensibles frente al carácter más divulgador de las de Engels; además, porque éstas cuadraban mejor con la evolución reformista de la socialdemocracia y el desarrollo “metafísico” de la dialéctica por el leninismo; y porque otras, como los Manuscritos o La Ideología Alemana, no se conocieron hasta bien entrado el S. XX.

Creo que ya estamos en condiciones de reflexionar sobre la relación teórica entre Marx y Engels.  Es universalmente reconocido que el marxismo originario hay que centrarlo en el propio Marx. Marx recibe un apoyo y un complemento por parte de Engels. La cuestión que se ha suscitado desde entonces es el carácter y profundidad de esa aportación. Hay dos líneas fundamentales en el marxismo al respecto. Una que entiende que Engels tiene una aportación sustancial a la construcción del marxismo, completando al propio Marx en campos en los que este no entró y sí lo hizo Engels, como son fundamentalmente la filosofía de la naturaleza y la teoría del conocimiento. Es la interpretación de la Socialdemocracia y del leninismo, convergentes en este campo. Así se constituyó la formulación dominante en la historia del marxismo, a la que los marxistas más críticos han denominado marxismo “oficial” u “ortodoxo”.  Esa interpretación, con el tiempo, terminó siendo realmente la filosofía especulativa de Engels (materialismo dialéctico), completada con el Marx de El Capital en el plano social e histórico (materialismo histórico).

Para otra corriente del marxismo, que se ha venido en llamar marxismo “heterodoxo” o “crítico”, las aportaciones de Engels al marxismo, particularmente en sus últimas obras sobre filosofía de la naturaleza, son en buena medida contradictorias con tesis centrales de Marx, por lo que habría que prescindir de ellas y desarrollar el propio Marx original sin añadidos. Engels desarrolla una visión de la materia y de la dialéctica, con fuertes influencias hegelianas, que terminan suponiendo una visión “metafísica” e idealista de la realidad.

El método dialéctico según Engels. Es interesante, para apoyar lo dicho, recordar algunos de los planteamientos de Engels al respecto en el Anti-Düring  y en la Dialéctica de la naturaleza.

Engels defiende la tesis de que todo lo real, incluidas la conciencia y las ideas, es «material»; no existe diversidad de órdenes de la realidad, sino uno sólo con grados dentro de él (materia, vida, razón). Materia es todo lo que existe. Sin embargo, hay que  explicar cómo es posible que fenómenos de un grado superior surjan de un grado inferior: cómo la razón surge de la vida y ésta de la materia elemental. Para ello se vale de un «método»: la dialéctica. Ésta es tan fundamental en el marxismo engelsiano como la «materia»; por ello el sistema se denominó materialismo dialéctico.

La dialéctica es la ciencia de las leyes de la naturaleza. Intenta explicar la dinámica de la realidad: cómo se genera el cambio y lo nuevo a partir de lo viejo. Es un método recogido de Hegel. Aunque se han dado muchas versiones e interpretaciones de él, la más conocida de Engels es la que resume la dialéctica en el proceso tesis – antítesis – síntesis. Según nuestro autor, siguiendo a Hegel, todo lo que existe, lo que se afirma (tesis) genera en torno a sí la oposición de todo lo demás, su negación (antítesis). Así, lo existente (tesis) provoca una contradicción con lo que se opone a él, con lo que lo niega (antítesis). Pero esta oposición o lucha de contrarios (tesis <–> antítesis) no concluye con la destrucción de ambos polos, sino en su integración (síntesis) en una nueva realidad, de un orden superior (más complejo), que conserva lo esencial de los opuestos anteriores.

A su vez esta síntesis, como nueva realidad, provoca una nueva oposición, surgiendo así una nueva tesis y una nueva antítesis, que se integrarán en una nueva síntesis. Esta, a su vez, se convierte otra vez en una nueva tesis que…Y así permanentemente. De esta forma se explica el movimiento, el cambio, y la emergencia de lo nuevo y de lo superior (más complejo), a partir de lo antiguo y de lo inferior (menos complejo). Permite explicar la aparición de lo «superior» (espíritu) a partir de lo «inferior» (materia), sin recurrir a principios o seres diferentes de la propia materia. Con ello las tesis idealistas quedan invalidadas. También permite desmontar el materialismo mecanicista, al entender los seres como algo mucho más complejo que meras máquinas regidas por leyes fijas. El materialismo dialéctico recibió un fuerte respaldo con la formulación de la teoría de la evolución. El evolucionismo le daba fundamento científico-experiencial.

¿Marx+Engels? ¿Marx sin Engels? El debate continua.

Referencias bibliográficas:
ENGELS, F. (1968): La subversión de la ciencia por el señor Eugen Düring (Anti-Düring), Madrid, Ciencia Nueva. (Hay ediciones más recientes).

KAUTSKY, KARL (1975): La doctrina socialista. Berstein y la socialdemocracia alemana, Versión de Pablo Iglesias y J.A. Mella, Barcelona, Fontamara.
KOLAKOWSKI, L. (1980-83): Las principales corrientes del marxismo, 3 vol., Madrid, Alianza.
SCHMIDT, A. (1983): El concepto de naturaleza en Marx, México, Siglo XXI.

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ENSAYO

Ensayo

Demóstenes y el fin de la libertad griega

Ensayo

Emilia Pardo Bazán, punto culminante en el estreno de la primera obra de Galdós

Ensayo

La apoteosis de la insignificancia

Ensayo

Santo Tomás Apóstol, evangelizador de las Américas

Ensayo

La Ciencia en el Exilio: una imagen extraordinaria de vitalidad

Ensayo

Desmovilización, descontento y desafección: Una estrategia de la derecha para la toma del poder

Ensayo

Sarah  Kofman, la espantosa sombra del holocausto es alargada

Ensayo

Protágoras de Abdera (480 – 411 a.C.)

Ensayo

América y las Diez Tribus Perdidas de Israel

Ensayo

Violencia verbal en la política española

Ensayo

Un almirante ateneísta: D. Miguel Lobo

Ensayo

Alfonso X ‘El sabio’ en su 800 aniversario: su mayor empresa científica

Ensayo

De Amore

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos (II)

Ensayo

El 8 de marzo de 2021, un día muy adecuado para hablar de la filósofa feminista Silvia Federici

Ensayo

Salud democrática y liberalismo político

Ensayo

Pioneras en la actividad sindical en enseñanza

Ensayo

Los españoles y los hispanos en Estados Unidos (I)

Ensayo

El legado constitucional de Jiménez de Asúa

Ensayo

Teofrasto: filósofo, pedagogo y botánico

Ensayo

Emerson y el Trascendentalismo norteamericano

Ensayo

Julio Hernández Ibáñez, un profesor republicano transterrado

Ensayo

Diógenes de Sinope: un filósofo desarraigado, provocador y subversivo

Ensayo

Hechos y razones contra obsesiones delirantes

Ensayo

Análisis de los resultados de las elecciones en EE.UU

Ensayo

En torno a la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel

Ensayo

¿Qué clase de mundo nos dejará el Covid 19?

Ensayo

José Ballester Gozalvo, una biografía entre la pedagogía y la política

Ensayo

Naturalismo y religión en el debate entre Habermas y Ratzinger

Ensayo

Acerca del amor

Ensayo

La política de Balmes

Ensayo

Thomas Jefferson reivindicado

Ensayo

España, en la atención y en los escritos de Engels

Ensayo

Engels y Marx

Ensayo

Friedrich Engels: su actualidad y virtualidad

Ensayo

Recordando a Friedrich Engels, un ágil y demoledor polemista

Ensayo

Donoso Cortés y el romanticismo político

Ensayo

Un ensayo de María de Maeztu sobre Emilia Pardo Bazán, aparecido en el diario bonaerense ‘La prensa’ en 1939

Ensayo

Evocación política y social sobre el primer Unamuno

Ensayo

Reflexiones sobre la actualidad del pensamiento de Hegel según Paul Ricoeur

Ensayo

Jeremy Bentham, reconsiderado

Ensayo

La Constitución de 1812 (y II)

Ensayo

La Constitución de 1812 (I)

Ensayo

La Ilustración en España

Ensayo

Kafka: una meditación

Ensayo

Hegel: un contradictorio pensador imprescindible

Ensayo

Baltasar Gracián, el Barroco y el final de la Escuela Española

Ensayo

‘Ser es pensar’. El idealismo filosófico es esencialmente, Hegel

Ensayo

Hegel cumple 250 años

Ensayo

Sagasta, el gran prestidigitador

Ensayo

Andrés Saborit líder socialista

Ensayo

La archiduquesa austriaca… ‘roja’

Ensayo

¡Votes for women!: siete luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en los EE.UU

Ensayo

Ideología y política: de Marx a Piketty

Ensayo

El Futurismo de Marinetti condujo directamente al fascismo

Ensayo

Francisco Suárez: Doctor Eximio, filósofo y jurísta

Ensayo

Síntomas psicopatológicos en tres de los principales líderes mundiales,…

Ensayo

Sócrates ¿soldado?

Ensayo

La desamortización general de Mendizábal

Ensayo

Ruido de sables en Washington

Ensayo

Referendum constitucional

Ensayo

La influencia del sufragio femenino en la cultura política

Ensayo

A propósito de Rawls

Ensayo

Duelo sin realidad

Ensayo

Responsabilidad social del periodista ante las crisis

Ensayo

Post-pandemia, una ocasión única para reinventar nuestro mundo

Ensayo

Robert Nozick, un anarquista de derechas

Ensayo

España y la antiEspaña

Ensayo

Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina

Ensayo

La gran esperanza frustrada

Ensayo

Aporías, paradojas y dialéctica

Ensayo

El triunfo del Librepensamiento

Ensayo

Conflicto y negociación ¿A quién le puede interesar?

Ensayo

El nacimiento del liberalismo: Spinoza y Locke

Ensayo

John Locke: forjador del liberalismo político

Ensayo

Pensar en grande

Ensayo

La convivencia entre culturas y civilizaciones

Ensayo

Breves notas sobre Benito Pérez Galdós y el socialismo, en las elecciones de 1910

Ensayo

Inteligencia y liderazgo

Ensayo

Alcance militar y geopolitico del Brexit

Ensayo

Aprender a vivir con lo que nos ha tocado

Ensayo

Como seguir siendo cristiano en un tiempo postsecular. Una respuesta a Bonhoeffer.

Ensayo

Progreso y sentido

Ensayo

Rita Levi-Montalcini

Ensayo

Redes infames

Ensayo

Juegos de poder del nacionalismo

Ensayo

Héroe mutilado

Ensayo

Juegos de poder de la información

Ensayo

Sexto Empírico: Una aproximación al escepticismo grecolatino

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (y II)

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (I)

Ensayo

Repensar la protección de las personas vulnerables en la investigación científica

Ensayo

Decir y representación

Ensayo

La verdad, relativistas, los liberará

Ensayo

¿Cómo feminizar la vida social?

Ensayo

Nietzsche y la breve verdad

Ensayo

Juan López de Hoyos: el nexo entre Erasmo de Rotterdam y Cervantes

Ensayo

Hay mucho de lo que enorgullecerse

Ensayo

Europa un hermoso y original edificio… a medio construir

Ensayo

La estética en Eugenio Trías

Ensayo

Diez años releyendo a Dahrendorf

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (y II)

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (I)

Ensayo

Solón puso los cimientos de la democracia ateniense

Ensayo

Lógica, comprensión, traducción. Crítica de la traducción pura

Ensayo

Europa: Sísifo y la piedra

Ensayo

Ángel Fernández de los Ríos, un lugar destacado en la historia de Madrid

Ensayo

Hacia la unidad europea

Ensayo

Magdala o la historia de la trampa

Ensayo

Guillermo de Ockham… es mucho más que su célebre navaja

Ensayo

Política, comienzo incausado del arte de historiar

Ensayo

En el espejo se reflejan… los forajidos

Ensayo

Contra la misoginia, inteligencia y combatividad

Ensayo

El compromiso democrático de John Dewey

Ensayo

Unos meses decisivos para Europa

Ensayo

Infieran, no vaticinen, aborrecedores del lopezobradorismo

Ensayo

Las socialistas belgas hasta finales de los años veinte

Ensayo

Maquiavelo, más allá de los lugares comunes

Ensayo

Sobre la Constitución y su Preámbulo

Ensayo

De tal palo tal astilla

Ensayo

La pérdida del impulso liberal (y II)

Ensayo

La pérdida del Impulso Liberal (I)

Ensayo

Séneca: invitación al diálogo sereno y a la reflexión

Ensayo

Ferdinand Buisson en el laicismo francés

Ensayo

Trasímaco vuelve… o quizás, no se haya ido nunca

Ensayo

Filosofía, enemiga de la economía digital

Ensayo

La reseña crítica de Manuel Cordero de la Restauración de Romanones

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (I)

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (y II)

Ensayo

John Rawls: un nuevo paradigma contractualista basado en la justicia redistributiva

Ensayo

Ferdinand Tönnies

Ensayo

Aquí, en la izquierda, no sobra nadie

Ensayo

La ‘Mélange’ ideológica y el ‘soufflé’ estratégico catalán

Ensayo

Guillermo de Torre, heterodoxia frente a conformismo

Ensayo

Un prefacio de Tierno Galván al Contrato Social de Rousseau

Ensayo

El movimiento del espíritu social. De la religión al arte

Ensayo

Fancesco Guicciardini, un diplomático toscano por tierras extremeñas

Ensayo

Norberto Bobbio, más marxiano que marxista

Ensayo

Freud nuestro contemporáneo

Ensayo

La experiencia de Suecia para Andrés Saborit en 1930

Ensayo

La naturaleza en Marx

Ensayo

Las contradicciones de Gertrude Stein

Ensayo

Jean Jaurès, un pacifista y un europeista convencido

Ensayo

Encomienda de moderación

Ensayo

Aproximación a las bases teóricas del Mayo 68

Ensayo

Polibio de megalópolis y los valores republicanos

Ensayo

Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico

Ensayo

Gioberti o el nacionalismo conservador

Ensayo

Al hilo de unas reflexiones políticas

Ensayo

Karl Korsch: ha vuelto para quedarse

Ensayo

David Harvey: La acumulación por desposesión

Ensayo

Guy Debord: la lucidez anticipatoria

Ensayo

Lo más humano, la idea, es la materia de la historia

Ensayo

Laicidad, sociedad abierta y emancipación ciudadana

Ensayo

Cesare Beccaria, un ilustrado frente a la barbarie

Ensayo

Política y pensamiento científico

Ensayo

El infinito viajar

Ensayo

El político y el científico

Ensayo

Enrique Tierno Galván

Ensayo

Nos sigue haciendo falta Tierno Galván

Ensayo

Albert Camus, un extranjero rebelde entre seres alienados

Ensayo

Los miedos de Baruch Spinoza

Ensayo

Lenin, la Revolución como Ciencia

Ensayo

Virtualidad y cultura (La realidad fingida)

Ensayo

Cataluña y la ‘navaja de Occam’

Ensayo

Epicuro: el filósofo de los placeres moderados

Ensayo

Isaiah Berlin, un excelente y polémico ensayista

Ensayo

Rafael Méndez (1906 – 1991)

Ensayo

La serena inteligencia de Kolakowski

Ensayo

La posibilidad de la utopía

Ensayo

1 de octubre, 2018: días antes de un día después

Ensayo

Año 2018: ¿tiempo de la gran revisión constitucional?

Ensayo

Introducción estival al concepto de ‘liderazgo político’

Ensayo

Todo cambia…algo permanece

Ensayo

El sentimiento trágico de la vida

Ensayo

Adorno: Reflexiones desde la vida dañada

Ensayo

¿Por qué nadie recuerda a Daniel Bensaïd?

Ensayo

Cataluña, ‛casus belli’

Ensayo

Ferrater Mora, un catalán universal

Ensayo

Gramsci y Maquiavelo

Ensayo

La educación y la filosofía como utopía

Ensayo

El laicismo en Habermas y su origen griego

Ensayo

Walter Benjamin, fracturas de la modernidad

Ensayo

Demos la palabra a Herbert Marcuse

Ensayo

Los misterios de Homero

Ensayo

La función de las ideologías según Max Horkheimer

Ensayo

Les presento a Margarita Nelken

Ensayo

Impunidad, no gracias

Ensayo

La vigencia de Erich Fromm

Ensayo

María Zambrano está viva

Ensayo

Buscando a Fernando Pessoa

Ensayo

El encuentro borgiano de Shakespeare y Cervantes

Ensayo

Dones de Amor, ay, cuitas de Amor

Ensayo

Intransigencia y control social: Flaubert y Baudelaire en el banquillo

Ensayo

El día que conocí a Ernesto Cardenal

Ensayo

Li Po y la melancolía

Ensayo

Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico

Ensayo

Gianni Vattimo y el “pensiero debole”