septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Los miedos de Baruch Spinoza

Vivir libremente es vivir con pleno consentimiento
bajo la entera guía de la razón.
Baruch Spinoza

Spinoza 2Baruch Spinoza (1632/1677) es un pensador un tanto enigmático. Su vida transcurrió en una especie de penumbra y, en cierto modo de incomunicación. En la época en que le tocó vivir, Holanda pasaba por ser un oasis de tolerancia en medio de una Europa convulsa… pero esto era más aparente que real. Descendiente de judíos españoles llevaba indeleblemente marcado el miedo y el disimulo. Fue un solitario que vio como su protector era asesinado y como se le excluía, sin contemplaciones, de la comunidad judía por sus ideas heterodoxas, quizás por eso, a lo largo de su existencia publicó una pequeña parte de lo que había escrito y la mayoría de sus obras aparecieron tras su muerte. Otro miedo que lo atenazó en sus últimos años fue el temor a desaparecer y al sufrimiento que le ocasionaba una tuberculosis que contrajo y que acabaría por llevarlo a la tumba, a la temprana edad de cuarenta y cuatro años.

Con la práctica desaparición, no sólo de la Filosofía sino de las Humanidades, de los Planes de Estudio, se está condenando a generaciones de jóvenes a un adanismo patético y brutal. Tal vez, uno de los peores efectos sea el que no saben leer con sentido crítico, que no contextualizan y que ignoran, probablemente sin culpa por su parte, la importancia y los hallazgos históricos de todo pensamiento que pertenece a un sistema organizado.

Aprender a leer y a situar un texto en la historia del pensamiento, es una tarea sencillamente ineludible aunque no caminemos en esa dirección y las inquietudes, si se les puede llamar así, van por otros derroteros. La banalidad es lo que predomina… y también el vacio.

En mi época de estudiante, cuando me enfrenté a la ética spinoziana, me deslumbró. Más tarde, tuve ocasión de acceder a otros textos como el Tratado político, que dejó inconcluso, por su temprana muerte y que contiene algunas ideas y planteamientos claves de su pensamiento.

¿Qué hay tras la puerta cerrada? ¿Qué preocupaciones anidan en el corazón del hombre? Oscuridad y silencio. El lento fluir del tiempo y una rebeldía que sólo se advierte en la mirada triste de quien ha comprendido lo esencial y de quien practica una elegancia innata para desprenderse de toda servidumbre.

Baruch Spinoza tiene para mí, entre otros méritos, el que es un ‘anticipador’. Tanto en su ética como en su política mira más al futuro que al pasado y algunas ideas de pensadores ilustrados, como por ejemplo, JJ Rousseau, están esbozadas aunque sin desarrollar en las páginas más lúcidas y atrevidas de sus libros.

Spinoza3Me llamó mucho la atención su preocupación por la distribución y el ejercicio del poder político. Asimismo, me interesó sobremanera, si mi lectura es correcta, su concepción de la democracia, fundamentalmente como igualdad, tanto igualdad de oportunidades como igualdad real y efectiva ante la ley. Lo que da a sus hallazgos una validez y una vigencia enorme. Otro aspecto en el que puede vislumbrarse la herencia del pensamiento de los clásicos, pero no por eso debe dejar de repetirse, es que la democracia supone una serie de derechos inalienables pero también unas obligaciones y deberes. No quisiera alargar en exceso estas reflexiones pero también me atrajo vivamente su vinculación de la democracia al ‘derecho al disenso’.

Es sencillamente apasionante que alguien como Spinoza reivindique el derecho a la información, a una información veraz en concreto, como otra de las características que constituyen los cimientos en que se levanta una sociedad democrática.

Estos comentarios livianos, destinados a descubrir a Baruch Spinoza y a valorar la importancia de sus hallazgos han de incluir, sin duda, su apuesta por la separación del poder civil y religioso. Cuando hoy en día se siguen debatiendo los pasos a dar para lograr un estado laico en nuestro país, es oportuno valorar el que en el siglo XVII ya se formulara con rotundidad la necesidad de separar al Estado de las confesiones religiosas. Y quien dice esto es además un judío heterodoxo que ve más allá de las convicciones que le han inculcado desde niño.

Continuemos nuestra andadura repleta de anticipaciones, hallazgos y descubrimientos. Baruch Spinoza se muestra preocupado ante la manipulación de la verdad y, dice más, esta tergiversación se produce en nombre de la denominada seguridad nacional. En este punto es moderno hasta la médula.

Puede afirmarse, con toda firmeza, que Spinoza fue un racionalista. Utilizó el método cartesiano y siguió muchos de sus planteamientos. Hoy su figura nos parece más moderna, atrevida y valiente pese a la prudencia y cautela que le imponían sus miedos. De ahí, que esboce, que se aproxime pero que no llegue a las últimas consecuencias que pueden extraerse de sus premisas.

Para mí el mejor Spinoza es el que señala que la ausencia de argumentación racional y de crítica es una de las principales lacras del tiempo en que le ha tocado vivir y que, en aspectos como ese, tampoco está tan alejado del nuestro.

Spinoza 1Baruch no fue un hombre afable sino huraño, que vivió encerrado en sí mismo y sin formar parte de ninguna camarilla ni grupo organizado. Era, lo que se suele definir, un solitario… que tuvo, además, que soportar diversas acusaciones de heterodoxia por salirse del orden establecido.

Al igual que le ocurre a los hombres de su estirpe, a quienes se atreven a ir por libre, atravesó un largo periodo de olvido. Hasta principios del siglo XIX en que pensadores del relieve de Johann Wolfgang von Goethe, Georg Wilhelm Friedrich Hegel o Friedrich Wilhelm Joseph Schelling lo reivindicaron nada menos que como precursor del pensamiento moderno.

Me parecen de singular relieve las lecturas y el proceso de formación que ha tenido un determinado filósofo. A este respecto, es importante destacar, que leyó y anoto minuciosamente a Thomas Hobbes, al poeta epicúreo y materialista Lucrecio y, también, al panteísta Giordano Bruno, entre otros. Estas influencias lo fueron alejando de la ortodoxia judaica.

Vivió de forma austera, con estrecheces y en una situación cercana a la pobreza. Me parece curioso y digno de destacarse un inventario de sus posesiones, realizado tras su muerte: una cama, una mesita de roble, otra de esquina de tres patas y dos mesas pequeñas. No podía faltar su equipo de pulir lentes, pues así se ganaba la vida, alrededor de ciento cincuenta libros y un tablero de ajedrez al que era muy aficionado.

Sus amigos editaron sus obras con el título de ‘Opera Posthuma’, tanto en latín como en Neerlandés. En una época de cerrazón y de miedo a la propagación de las ideas, el Vaticano la incluyó en 1690 en el infamante Index Librorum Prohibitorum Una prueba más de intolerancia y de persecución a toda forma de disidencia.

Vamos avanzando en la línea de conocer un poco mejor a Baruch Spinoza y a lo que significó. Su pensamiento también le debe mucho a Galileo Galilei. Del filósofo y científico toscano adopta la idea de que el mundo está sujeto a una serie de leyes determinadas e inflexibles. Lo que además hace es intentar trasladar esto a la organización social para descubrir y analizar las pautas por las que se rige. No es, desde mi punto de vista, casual que adopte como modelo a Galileo, otro proscrito, que también analiza el cosmos desde un paradigma matemático.

spinoza4Regresemos, tras este excurso, al Baruch Spinoza en ‘clave política’. Es de destacar que apuesta firmemente por un concepto de democracia lo más amplio posible. Ha recibido críticas porque no contempla a la mujer como sujeto político. Esta es una deficiencia objetiva de su pensamiento, si bien el que tuviera hallazgos y anticipaciones relevantes no significa que en otros aspectos no permaneciera anclado en los prejuicios de su tiempo. Lo que es, desde luego, admirable es su afirmación de que la finalidad del Estado es conseguir que todos los hombres sean libres.

Las páginas que dedica en varias de sus obras, pero especialmente, en el Tratado Político a la libertad, son dignas de ser leídas con atención y de suscitar más de una meditación y comentario. No deja de ser perturbadora y hasta cierto punto paradójica, la pregunta de Spinoza ¿Por qué los hombres combaten por su esclavitud como si se tratara de su libertad? Interrogante este que todavía hoy sigue suscitando controversia. Lo que, desde luego, resulta diáfana es la originalidad e independencia de su pensamiento.

Este ejercicio de interpretación va llegando a su fin. Una fórmula, un tanto voluntarista pero, desde luego, atractiva y de una gran fuerza es la de que el hombre siempre actúa de acuerdo con sus luces.

Leer y releer a Spinoza puede ser una experiencia formidable. Es cuestión de atreverse y de abrir las páginas de algunos de sus textos emblemáticos. En otra ocasión hablaremos de su metafísica, pero hoy me ha parecido oportuno exponer algunas claves de su pensamiento político y poner de manifiesto las razones por las que se le ha considerado un precursor de la modernidad.

Fue un pensador honrado y consecuente que tuvo que convivir con sus temores y miedos… a la muerte, al olvido, a ser objeto de persecución por parte de los intolerantes.

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