noviembre 2021 - V Año

ENSAYO

Santiago Ramón y Cajal: Un genio autodidacta de gran proyección internacional

Supo combinar su gran curiosidad innata con la minuciosidad en el estudio.
Los neurocientíficos consideran actualmente a Cajal tan importante para su disciplina como lo es Einstein para la Física.

Un enclave navarro en tierra aragonesa (Petilla de Aragón) dio lugar a una combinación explosiva que forja por su tesón a un patriota individualista que dio a conocer España en el mundo de la Ciencia.

Santiago Ramón y Cajal nació en 1852 en una familia que le ayudó mucho desde el principio a complementar su formación. Su padre era un maestro barbero (cirujano) que le enseñó a su hijo su oficio y francés ya desde muy pequeño, lo cual le sería de gran utilidad en el futuro. Su curiosidad por la naturaleza y su carácter rebelde le hicieron ser desde el principio un alumno incómodo en el colegio religioso de los calasancios; por ello fue sometido a duros castigos, incluyendo ayunos prolongados, lo que forjó una fuerte resistencia en su carácter. Afortunadamente, los profesores del Instituto de Huesca donde se tenía que examinar valoraron adecuadamente su preparación, y así pudo finalizar sus estudios de bachillerato en el Instituto.

Con el tiempo, su formación polifacética le permitiría obtener en la investigación unos resultados que los más enjundiosos profesores universitarios no fueron capaces de vislumbrar. Una importante lección para aquellos que insisten en una especialización temprana en la enseñanza, o para aquellos que estiman que sólo los alumnos fuertemente disciplinados son los que pueden progresar en el conocimiento.

Recopilación de las 80 ilustraciones de la exposición que recorrió EE.UU 2017-19

El estudio de las lenguas muertas y el memorismo en el colegio le hicieron rebelarse y forjar su carácter. La búsqueda de colorantes y el dibujo le llamaron la atención desde el principio, así como la observación de la naturaleza. Su primer contacto con la fotografía fue en 1868, quedando fascinado por el revelado, y por la perfección de su resultado.

También pasó una breve época aprendiendo el oficio de zapatero, y por su patrón conoció la agitada vida política del momento. Su padre le había despertado la curiosidad por el estudio de los cadáveres, lo que le permitió ir a la Universidad con unos conocimientos infrecuentes en los alumnos de la época. Santiago Ramón y Cajal que inició sus estudios de Medicina en Zaragoza en 1868 se hizo paralelamente ayudante de barbero como su padre, actividad que le sería de gran utilidad posteriormente en la preparación de muestras para el microscopio, teniendo en cuenta que al mismo tiempo su padre trabajaba como ayudante de disección en la Universidad de Zaragoza, y siempre que podía colaboraba con él en esa actividad.

En esta época le influyó de manera decisiva Schawnn que defendía que la célula era la unidad estructu­ral básica de todos los organismos vi­vien­tes; posteriormente, esta teoría la aplicó Virchow a los trastornos patológicos. Ambas tesis eran contrarias a las de los animistas y vitalistas hasta entonces imperantes. En 1873 Cajal se graduó en Medicina, pero tuvo que ir como médico militar al conflicto de Cuba al ser el servicio militar obligatorio; tras sufrir disentería y paludismo, transcurridos unos meses, consiguió regresar a España, donde se incorporó como ayudante de anatomía y profesor auxiliar mientras proseguía sus estudios de doctorado en Zaragoza. Fue entonces cuando comenzó su pasión por el uso del microscopio y las preparaciones histológicas, obteniendo en 1879 una plaza en la facultad de medicina en Zaragoza; así pudo comprarse a plazos un microscopio Verick y aficionarse a la observación todavía con más detalle.

Ramón y Cajal por Fresno

En 1884 obtuvo la cátedra en Valencia. Al año siguiente colabora en la erradicación de la epidemia de cólera y, por agradecimiento, las autoridades aragonesas le facilitan un microscópico Zeiss. Aquí consiguió obtener un micrótomo automático que le permitió hacer los cortes adecuados para la observación microscópica con cerebros de ratones, de modo que pudo editar su Manual de histología normal y técnica micrográfica, su primera gran obra. Cajal empezó a experimentar con la téc­nica de tinción del sistema nervioso creada por el histólogo italiano Camilo Golgi en 1888, gracias a la cual resulta po­si­ble observar las más finas estructuras nerviosas, especialmente en embriones; Cajal la perfeccionó utilizando el método del cromato de plata.

La tesis neuronal defendida por Cajal consistía en afirmar la autonomía de las células nerviosas y el contacto de ellas mediante el impulso nervioso, frente al reticularismo de Golgi. La defendió en Berlín ante la sociedad anatómica alemana, consiguiendo convencer al prestigioso Kölliker y posteriormente a un gran número de especialistas. Más tarde, lo complementó con la teoría de la polarización dinámica indicando que en la célula nerviosa el soma y las dendritas representan el aparato de recepción y el axón, el órgano de emisión y repartición del impulso.

Cajal es un símbolo del modelo autárquico en el inicio del estudio científico: primero funda una revista trimestral de histología normal y patológica, de escasa difusión; pero pronto descubre la necesidad del contacto internacional para dar a conocer sus resultados y contrastar el nivel de conocimiento hasta entonces existente; para ello resulta esencial el uso de otros idiomas. Durante esa época la ciencia en su campo de investigación estaba más desarrollada en Alemania, pero Cajal sólo conocía el francés, idioma que había aprendido en la infancia. Para solucionarlo, pronto se suscribe a una revista en inglés Quaterly Journal of Microscopical Science, y termina por aprender a leer el alemán, cuando observa que el conocimiento de esos idiomas resulta esencial.

Células gliales de medula espinal de ratón 1899

En 1891 realiza una recopilación de sus investigaciones durante diez años en el libro El sistema nervioso del hombre y los vertebrados y al año siguiente en Madrid ocupa una plaza de la cátedra de histología y anatomía patológica. A partir de 1896 empieza a utilizar el método Eirlich de tinción, lo que le permite obtener imágenes mucho más nítidas de las neuronas. La Textura del sistema nervioso del hom­bre y de los vertebrados y su Manual de histología normal y técnica micrográfica resumen sus conocimientos; y empieza a publicar con frecuencia en francés y a recorrer Italia, EE.UU e Inglaterra para defender sus tesis. Recibió por ello distinciones de la máxima categoría en Inglaterra, Rusia y Alemania. Por último, fue galardonado con el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1906.  Tras haber alcanzado este gran prestigio internacional, empieza a ser, por fin, reconocido en España: es nombrado consejero de instrucción pública, senador vitalicio y recibe las máximas distinciones, sobre todo tras su jubilación de la Universidad en 1922.

En la última etapa, Cajal utiliza la técnica del nitrato de plata reducido, lo que le permite discernir las neurofibrillas, además de las técnicas del nitrato de uranio y del oro-sublimado que le permitirán reconocer la glioarquitectura y que posteriormente desarrollarán Nicolás Achúcarro y Pío del Río Ortega. En sus dos últimas décadas publicó medio centenar de artículos, La Degeneración y regene­ra­ción del sistema nervioso, la tercera edición ampliada de su recopilación Textura del sistema nervioso y un libro, El mundo vis­to a los ochenta años, donde indicó las sensaciones resultantes de su arteriosclerosis cerebral. Falleció el 17 de octubre de 1934, con el más amplio reconocimiento social, del que da fe el conjunto escultórico realizado por Victorio Macho en 1926 sito en el parque del Retiro de la capital.

Resulta admirable la gran cantidad de resultados que obtuvo con técnicas clásicas, los cuales fueron confirmados al ser examinados con los métodos y conocimientos actuales. Es asombroso comprobar el elevado número de sus hallazgos que permanecen, así como su concep­ción del sistema nervioso, que permitió el co­nocimiento más detallado que hoy tene­mos del mismo. La conclusión más importante que le debemos es que la capacidad intelectual no depende del número y de las dimensiones de las neuronas cerebrales, si­no de la riqueza de sus terminaciones y de la complejidad de las áreas de aso­ciación, hecho que constituye actualmente uno de los principios fundamentales en la neurociencia.

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