noviembre 2020 - IV Año

LETRAS

Ernest Hemingway, la novela que encierra el gran cuento

La faceta cuentística del autor de Las nieves del Kilimanjaro, condensa la mejor aproximación a su capacidad de traspasar la frontera que separa el ser y estar del ser humano en su agónico desfallecimiento por la búsqueda de la propia identidad..

SON USTEDES UNA GENERACIÓN PERDIDA. Esta afirmación de Gertrude Stein con la que según Ernest Hemingway le señaló en una conversación, abre su primera novela Fiesta, publicada en 1926. Al parecer la escritora estadounidense la usó al calificar al operario de un taller mecánico  de París, cuando comprobó la reparación efectuada a su automóvil, considerándolo uno de los muchos jóvenes de la génération perdue tras la Primera Guerra Mundial. Es el mismo término que utilizó para referirse a escritores como John Dos Passoss, Francis Scott Fitzgerald, Archibald MacLeish, Ezra Pound o el mismo Hemingway, expatriado en la capital francesa desde 1920. Una visión postrera de los que siendo excombatientes o no, a su pasión literaria adicionaban en gran parte de ellos la afición al alcohol.  Los poetas Hart Crane y E. E. Cummings completan este eslabón de peculiares escritores que regateaban, cada uno con su propio estilo, los convencionalismos. Eran autores versátiles que deconstruían las piezas comunes para delimitar su propio territorio de acción creativa. La experiencia vital se consolidaba en la literaria. Ambas trayectorias se entrecruzaban con altibajos propios de la beligerancia controvertida que reformulaban en sus respectivas obras. Tan desiguales como comunes impulsoras del enfrentamiento con el aspecto materialista que les desgarraba y que andando el tiempo les pasó dramática factura. París era centro nuclear de la vida bohemia que protagonizaron. Atrás quedaba, momentáneamente, la angustia existencial que siempre les acompañó. No les duró demasiado. El refugio europeo fue un espejismo antes de emprender una nueva huida.

UN HOMBRE HA MUERTO DE MUERTE NATURAL. En 1961 Gabriel García Márquez publicaba un artículo periodístico con este título en homenaje al autor de Adiós a las armas. Aquel que escribía en su madurez de pie, sobre un tablero, como Goethe. El 2 de julio de ese mismo año su cadáver apareció con la cabeza volada por un disparo de su escopeta Boss. El apunte del escritor colombiano reproducía un itinerario de reconocimiento pero también de cierta equidistancia con el norteamericano. Era esa despedida que se abstiene de lo emocionalmente predecible y reactiva a la escritura como fedataria de lo que acontece. La acción experimental es testimonio de ese quehacer que más tarde se convertirá en una historia. Historia vivida por cuanto se presiente en su llegada intempestiva y aborda al autor en un intento desesperado que la rescate. Son de especial apreciación los matices literarios y biográficos que de aquel ensarta para el gusto del lector. Pero también una ofrenda escritora que incide en su capacidad para decidir su propio fin como lo fue el suyo. La dicotomía entre hombre y escritor no existe. Ambas realidades se yuxtaponen en un mismo plano de rigor. Un rigor en la propia concepción de lo inevitable y cultivable como escudo: egolatría, exhibicionismo, vanidad sexual, dipsomanía. «En realidad, Hemingway sólo fue un testigo ávido, más que de la naturaleza humana de la acción individual. Su héroe surgía en cualquier lugar del mundo, en cualquier situación y en cualquier nivel de la escala social en que fuera necesario luchar encarnizadamente no tanto para sobre vivir cuanto para alcanzar la victoria. Y luego, la victoria era apenas un estado superior del cansancio físico y de la incertidumbre moral». Ha transcurrido más de medio siglo desde entonces y la suficiencia narrativa de Ernest Hemingway hace perdurar en la memoria literaria la de aquellos hombres que siendo destrozados no son derrotados.

LOS ASESINOS. La faceta creativa de Le Grande Capitan incluía la cuentística. En este género las posibilidades de narración se tornan realmente brillantes ejecuciones de estilo sobrio e introspectivo. La presunta reducción del lenguaje que pudiera parecer parca y austera. germina en los ojos lectores con nutritiva viveza. He aquí el rasgo mayúsculo: la sobredimensión de lo no evidente. «Alguna vez, en una entrevista de prensa, hizo la mejor definición de su obra al compararla con el iceberg de la gigantesca mole de hielo que flota en la superficie: es apenas un octavo del volumen total y es inexpugnable gracias a los siete octavos que la sustentan bajo el agua». De esta manera Gabo reiteraba en la propia definición de Hemingway lo que Mario Vargas Llosa significaba como «el dato escondido», «Hemingway fue un eximio maestro en el uso de esta técnica narrativa, como se advierte en Los asesinos, ejemplo de economía narrativa, texto que es como la punta de un iceberg, una pequeña prominencia visible que deja entrever en su brillantez relampagueante toda la compleja masa anecdótica sobre la que reposa y que ha sido birlada al lector». Ambos Premios Nobel de Literatura coinciden en esta técnica narrativa que sin ser inédita, la utilización por el escritor norteamericano se ajusta a sus propósitos interesados como calcetín al pie: hacer descender al lector a pie de página y obligarle a escuchar a los personajes desde la mesa  donde observa la escena que retrata el pasado desde la evocación del presente y conteniendo el drama futuro. Dos sicarios Al y Max, gánsters a sueldo, se presentan en un restaurante de la tranquila localidad de Summit con el  fin de acabar con la vida de Ole Andreson, boxeador de origen sueco, con cuentas pendientes en Chicago. George les sirve en la barra y el negro Sam cocina. La clientela se reduce a Nick Adams y a varios personajes que circunstancialmente entran y salen incrementando el interrogante sobre el desenlace final. Con este escenario Hemingway diseña unos diálogos que despliegan una extraordinaria violencia contenida. La palabra es regidora del constante toma y daca entre la presencia hostil y la amenaza velada que recorre el cuento de principio a fin. Incluso esta tensión adquiere su mayor cota explicita en el lacónico determinismo de la víctima. A la que ni siquiera el involuntario ángel de la muerte que representa Nick Adams -reconocible personaje en otros relatos del autor y que parece contener la memoria intermitente de toda una vida que se desvanece intencionadamente antes de cohesionar los fragmentos desperdigados- previniéndole de aquella, parece desviarlo de su destino mortal. Se enfrenta a la muerte como una desoladora salvación. No quiere huir ni hacer frente. Está cansado de esa historia negra que le acompaña. Y Nick Adams, alter ego de Hemingway o al menos eco de sus pasos como espectador del espacio narrativo donde es situado, apuntala ese sentimiento trágico de la vida. La primera versión cinematográfica dirigida por Robert Siodmak y con guión de Anthony Veiller -al parecer contó con la colaboración no acreditada de John Houston- dista 20 años del cuento que escribiera el  autor durante su estancia en Madrid en 1925. Es la primera interpretación de Burt Lancaster en el cine. Junto a Ava Gardner protagonizan este sobresaliente film noir. Una intensa nevada derivó en la cancelación de una corrida de toros en la feria de San Isidro Enfrascado en el proceso de creación, Hemingway logró este magnífico cuento junto a dos más, Diez indios y Hoy es viernes. Fue publicado en Scribner´s y formó parte de la obra titulada Hombres sin mujer aparecida en 1927. En el año 1964 bajo la dirección de Don Siegel, guión de Gene L. Coon y contando con Angie Dickinson y Lee Marvin como actores principales, se estrenó esta segunda y última inspiración, hasta ahora, esta vez fallida –Código del hampa fue su título español- que olvida lo esencial del cuento y se centra en otros aspectos que se distancian de aquel. Si bien el incontestable reclamo que se explicita en los títulos de crédito como versión de un cuento de Hemingway reconoce comercialmente el tirón que supone su inclusión. Sin olvidar la adaptación casi literal que para un trabajo de estudios supervisado por Mijaíl Romm,  realizó Andrei Tarkovski en 1956, en la que también apareció con un pequeño papel secundario.. Siendo aún alumno de la Escuela de Cine de Moscú. Trabajos

LOS CUENTOS SUMERGIDOS. Los seres que habitan sus cuentos mantienen cierto grado de discordia con el mundo, consigo mismos, con la expresión de dócil asentimiento a destensar su impotencia. La acentuación de los caracteres y la implicación directa de sus afanes, perseguidores de lo inasible, alientan cierto fatalismo, recrudecido por el estilo directo y seco que el autor les infiere. Un trago de güisqui no es suficiente para arrastrar el desencanto. Las torrenciales lluvias que asolan el alma dejan la tierra húmeda. Sobre ella nuestros pasos se hunden en el barro con la pesada carga de la existencia. Las anécdotas que revisten las diferentes trama subrayan la intencionalidad de sumergirnos en otra realidad pensada y sentida que no es  más evidente, pero sí la que palpita de atormentada vida interior. La introspección psicológica añade incertidumbre en la evolución de las narraciones y ese golpe seco final de amargura que nos aturde. La corriente subterránea de nihilismo se deja sentir en la íntima soledad que experimentamos con su lectura. La frustración de los personajes obra como hipnosis. El texto condensa tal  sugestión que logra atenazarnos. Somos rehenes de  su frustración. Así su andadura tan humana y desgarradora que traspasa el umbral de lo antedicho. El autor de Cien años de soledad en el artículo referido adelantaba que «El tiempo demostrará también que Hemingway, como escritor menor, se comerá a muchos escritores grandes, por su conocimiento de los motivos de los hombres y los secretos de su oficio». La lectura de sus cuentos es siempre una oportunidad de degustar buena literatura. El tiempo lector es precioso para malgastarlo en fruslerías literarias. Asomarnos al balcón de obras como El viejo y el mar, nos señala el horizonte de títulos que se hacen realmente imprescindibles.

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LETRAS

Letras

Emilia Pardo Bazán y su vinculación con el Ateneo de Madrid, en visperas del centenario de su muerte

Letras

La relación de Galdós con el socialismo

Letras

Antonia Pozzi: ‘El gran abismo hacía la tristeza’

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (y 6)

Letras

Ernest Hemingway, la novela que encierra el gran cuento

Letras

Nicasio Álvarez de Cienfuegos, un ilustrado coherente y poeta innovador

Letras

Longfellow y Jorge Manrique, venturas y desventuras del traductor

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (5)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (4)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (3)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (2)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (1)

Letras

Un futuro para la poesía

Letras

Edmond Hamilton, la ciencia ficción narrada con sencillez magistral

Letras

John Fante, mostró la xenofobia y la explotación de las minorías en la América profunda

Letras

Andrea Camilleri, la literatura consciente de sus rasgos sociales

Letras

Un poco de Don Juan

Letras

Unamuno y Portugal

Letras

‘Historias de aquí y de allá’ de Luis Sepúlveda

Letras

Raúl Zurita: desde el dolor

Letras

Francesco Petrarca… mucho más que un gran poeta

Letras

En torno a la novela ‘Antonia’ de Nieves Concostrina

Letras

Albrit o la creación del personaje en Galdós

Letras

Alejandra Pizarnik, cuando la sombra araña el alma

Letras

Meditaciones de gastronomía transcendente

Letras

‘Litoral’: la revista más hermosa y representativa de la generación del 27

Letras

Yorgos Seferis en el piélago

Letras

Jo Nesbø, huellas dactilares de excelente confesión literaria

Letras

Cesare Pavese: el sufrimiento como oficio

Letras

Duque de Rivas: liberal, dramaturgo y presidente del Ateneo de Madrid

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (y II)

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (I)

Letras

‘La caza del Snark’ de Lewis Carroll

Letras

Yorgos Seferis: poeta, ensayista, premio Nobel y diplomático

Letras

Somerset Maugham en Lisboa

Letras

Las novelas dialogadas de Galdós a debate

Letras

Vittorio Amedeo Alfieri, todo un carácter

Letras

Los cimientos de ‘El abuelo’ de Benito Pérez Galdós

Letras

Abril es el mes más cruel…

Letras

En torno al libro ‘En los pliegues del olvido’ de Ignacio Vázquez Moliní

Letras

Juan Eugenio Hartzenbusch, un punto de vista sigular…

Letras

La pasión por los naipes del doctor Egas Moniz

Letras

Doña Perfecta

Letras

Galdós para ‘Dummies’

Letras

Antonio Gamoneda: La poética de la oscuridad como origen de la luz

Letras

Literatura clásica, o metafísica, materialista, lógica, política

Letras

El Galdós protofeminista

Letras

Los tres grandes pasos hacia la Ilustración

Letras

La conferencia de Julián Zugazagoitia en Bilbao sobre literatura en 1924

Letras

Benito Pérez Galdós en el centenario de su muerte (1920-2020)

Letras

A la memoria de mi tío Pablo

Letras

Pérez Galdós, el Nobel arrebatado

Letras

Tolstoi y Shakespeare

Letras

Aproximación al libro ‘Que no se entere la Cibeles’ de Mar de los Ríos

Letras

En torno al libro ‘Extravagancia infinita’ de Javier Olalde

Letras

Augusto de Angelis (1888 -1944)

Letras

Fernando Pessoa. El yo conflictivo

Letras

Federico García Lorca ocho décadas después

Letras

Antonio Daganzo, poeta de aleaciones

Letras

Sufriente, prometeico, iconoclasta y quijotesco

Letras

Leopoldo María Panero, el traductor de la locura

Letras

Poesía y dignidad

Letras

Buenos libros malos

Letras

Confesiones de un crítico de libros

Letras

En torno a ‘Sombra de Luna’ de Francisco Álvarez ‘Koki’

Letras

Alda Merini, vivir al borde de la sombra

Letras

Literatura de cordel

Letras

Demian. Herman Hesse

Letras

Hilario Martínez Nebreda, el poeta silencioso

Letras

La literatura y sus soportes (I)

Letras

La literatura y sus soportes (y II)

Letras

La Escuela Nueva y el centenario de Ruskin

Letras

Don Quijote y el mar

Letras

Elizabeth Barrett Browning, una poeta victoriana

Letras

Por qué escribo

Letras

Ángel González: la ácida ironía de un poeta

Letras

Carmen Posadas y su feria de las vanidades

Letras

El caso Miguel Hernández

Letras

Quevedo en sociedad y III.- Obra y vinculación cívica

Letras

Quevedo en sociedad II.- La crítica como ‘función’ social

Letras

Quevedo en sociedad I.- El hombre, la sociedad

Letras

VII Certamen de Novela Histórica de Úbeda

Letras

Antología poética. Alfonsina Storni

Letras

Ángel González: palabra sobre palabra

Letras

Galdós y el melodrama

Letras

IV encuentro de Poesia a Sul

Letras

Feminismos: la mujer sobre la letra

Letras

El Hidalgo: literatura y pobreza

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (y II)

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (I)

Letras

Ana Caro Mallén: una esclava en los corrales de comedias del siglo XVII

Letras

José Rodrigues Miguéis, casi olvidado

Letras

Tristeza que es amor. Alusión a Don Quijote

Letras

George Sand: ‘Un invierno en Mallorca’

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (y II)

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (I)

Letras

Imagen de José Ángel Valente

Letras

Valente, sin aditivos

Letras

Valente: Qué la palabra sea solo verdad

Letras

José Ángel Valente, en ‘el borde de la luz’

Letras

John Berger: ‘Un hombre afortunado’

Letras

Los desafíos de Lou Andreas-Salomé

Letras

La primavera y su sombra

Letras

El Conde de Montecristo, historia de una venganza

Letras

Luis Martín-Santos y James Joyce

Letras

Los cimientos culturales del abolicionismo: Harriet Beecher Stowe

Letras

Pinceladas sobre Agatha Christie

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (y II)

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (I)

Letras

Thomas Mann: Una Europa que se derrumba

Letras

El eterno romanticismo

Letras

Qué es ser agnóstico

Letras

Pedro Garfias: La poesía desgarrada del exilio

Letras

El descenso a los infiernos de Dorothy Parker

Letras

El Conde de Oxenstiern, a quien llamaron el Montaigne del Septentrión

Letras

La sonrisa del Quijote (Una concesión a la melancolía)

Letras

Antonio Machado que estás en los libros

Letras

‘Agua’: Virginia Woolf y Alfonsina Storni

Letras

Críticos literarios, dueños del espíritu humano

Letras

El papel del lector en la posmodernidad

Letras

Poesías. Catulo.

Letras

Los vínculos entre Américo Castro y Jovellanos

Letras

Michel de Ghelderode y las Vanguardias del siglo XX

Letras

El trabajo entre las raíces, mirada sobre la creación literaria

Letras

La frase del escritor

Letras

Un cuarteto literario en clave de sol

Letras

Oía hablar a los árboles

Letras

El ‘slow’ de Pessoa (o las vicisitudes de la melancolía)

Letras

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre

Letras

Sobre las Brontë

Letras

Borges en Ginebra

Letras

Philippe Jacottet: ‘Pensamientos bajo las nubes’

Letras

Juan Goytisolo: ‘sobre asuntos sociales y personales’

Letras

Miguel Hernández en Portugal

Letras

Mi Gloria Fuertes

Letras

Robert Walser, el paseante espiritual

Letras

‘Al menos, memoria’: Juan Ruiz de Torres

Letras

Cela, celador, celando, celar

Letras

Miguel Hernández: ‘Cancionero y romancero de ausencias’

Letras

Rafael Montesinos, renovador

Letras

Bartolomé Soler, lo amargo de la diosa

Letras

Rubén Darío, poeta de las dos orillas

Letras

Jovellanos, poeta

Letras

Un paseo por los ‘jardines’ de Eloy Tizón

Letras

Azorín, sobrevivido

Letras

Rosalía de Castro, la mejor de los mejores

Letras

Eugenio Gerardo Lobo, el ‘capitán coplero’

Letras

Galdós: una conciencia histórica lúcida

Letras

Desde el silencio, a Nicolás del Hierro

Letras

Salustiano Masó, la fuerza del tiempo

Letras

Los ‘Rubaiyat’ de Omar Khayan

Letras

Carmen Laforet, esa chica explosiva del Ateneo

Letras

Gabriel Celaya, el sueño de trabajar la poesía

Letras

Ramón Hernández, un diamante literario en las calles de Madrid

Letras

María Teresa León, el papel de la melancolía

Letras

Luis Felipe Vivanco, un poeta de los que siempre regresan

Letras

Rafael Pérez Estrada, el poder de la imaginación