mayo de 2024 - VIII Año

Rosa Amor del Olmo: «Mi caverna es creación y soledad, es de donde sale la fuerza para poder contar a otros, darles la posibilidad de vivir lo mismo que yo, con mis palabras»

Foto cedida, © Lourdes Balduque

Rosa Amor del Olmo es, entre otras cosas, Doctora en Filosofía y Letras, graduada en Psicología y Máster en Neurociencia. Asimismo, dirige la Revista Isidora de Estudios galdosianos. Autora de numerosos artículos para diferentes medios, con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios, desempeña su labor como docente en varias universidades, además de participar habitualmente en cursos, debates y conferencias.

Entreletras se hace eco aquí de la conversación sobre poesía que ha mantenido Daniel Gautier con la escritora Rosa Amor del Olmo.

-¿Cuál es para usted la grandeza de la poesía?

La grandeza de la poesía no es un hecho universal, como establece la ideología burguesa, sino un valor que ha de ser reproducido de generación en generación. La poesía es el lenguaje que une a todos los pueblos y los poetas son guías para la humanidad. Cuando me preguntan qué temas o qué tipo de poesía escribo, siempre digo lo mismo: soy poeta no una temática, no compre usted mi libro, no se preocupe por leerme, no me interesa. Hay una sospecha de gratuidad de la poesía desde hace tiempo, pero ahora las redes han coronado a la población como si fueran poetas, pero que no lo son. Un vergonzoso intrusismo que a nadie le parece mal.

-¿Algunas ideas de lo que es poético?

-Desde un punto de vista marxista, los cánones de la gran literatura se generan socialmente, por lo que la grandeza de la poesía no es un hecho universal, como establece la ideología burguesa, sino un valor que ha de ser reproducido de generación en generación. El primer sentido de la poesía es, pues, el de la creación. En el primer capítulo de la Poética, que trata del verso, Aristóteles ya distingue entre la poesía, por un lado, y las ciencias naturales, por otro, e intenta definir la primera «desde fuera, desde sus límites», solo que no puede definirla, probablemente, yo tampoco quiera hacerlo.

Lo que me parece interesante es la forma en que los propios poetas han escenificado su propia exclusión del juego social, forjando, por ejemplo, la figura del «poeta maldito»

-¿No es la poesía, por el excesivo formalismo del que se le acusa, culpable en última instancia de esa dejadez del lector del que usted ha hablado en otros medios?

-Claro, ¿no adolece, más que el resto de la literatura, de una sospecha de gratuidad? Por supuesto, la ventana de internet ha contaminado y llenado de n’importe quoi, el panorama poético. En Facebook, hay un poeta para cada ciudadano. Para mí, lamentable como en todo. Publicar un libro de poesía no te hace poeta en ningún caso. No pierda de vista la magnífica manera en la que los poetas se erigieron como héroes por encima por ejemplo, de la enorme exclusión que se hizo de ellos en el XIX. Lo que me parece interesante es la forma en que los propios poetas han escenificado su propia exclusión del juego social, forjando, por ejemplo, la figura del «poeta maldito». Desde este punto de vista, el discurso de los escritores sobre sí mismos, y de los poetas en particular, ha ganado, porque es un creador de valores, y por tanto de realidades y esto no lo hace cualquiera. Hablo de los verdaderos poetas, no lo olvide.

-¿El poeta se hace o se nace?

-Hay quienes dicen que uno no se hace poeta, sino que es poeta, que nace. No lo creo. Simplemente creo que en un momento determinado de la vida, uno se da cuenta de que las palabras son mucho más reales que la realidad. Ves que puedes captar más que la realidad misma y por eso te metes en los huecos de la vida, para poder vivir y sobrevivir, porque si no el resto que te rodea es grotesco y tienes que vivir en esa inmundicia caricaturesca que es para mí muchas veces el mundo y por supuesto, nuestra sociedad. Con las palabras puedes escapar de todo eso y crear tu mundo, que es el mundo de la persona que lo crea. En ese momento uno puede haberse convertido en poeta. Esto es sólo una parte de la respuesta, por supuesto, porque la poesía es escritura y la escritura es una profesión.

-¿Poesía de hombres, poesía de mujeres?

-Disculpe, respondo con acritud ante una pregunta así porque usted mismo obtendrá sus conclusiones. Mejor poeta que poetisa porque me suena a pitonisa. Si hay un certamen de poetisas, no pueden venir mis colegas masculinos. Si hay un certamen de poetas, un poeta lo es todo y no tiene género que valga. Punto. No hay poesía de hombres ni de mujeres. La poesía y el/la poeta se definen por su propia naturaleza. No entro en discusiones casi kafkianas, porque no me interesa nada en absoluto. Las discusiones dialécticas las dejo para otros temas. La poesía es mucho más seria, no la llevo a la arena de la confrontación. También le digo que cuando he colado poemas míos firmados como hombre han tenido más respeto. También le digo que hay tal ñoñez generalizada en mujeres cursis y en hombres ridículos que amaneran el verso y con ello la poesía. No estoy aquí para hablar de lo que hacen otros. Reflexione usted a ese respecto.

-¿Es fácil ser poeta, cómo se ve usted? ¿Por qué la poesía?

-Creo que he sufrido desde la infancia mucho dolor físico –a día de hoy continúo igual- por razones que no vienen al caso y esa forma de vivir con el dolor, me llevó a reconfortarme desde siempre con lecturas y con una manera especial de manejar las emociones. La poesía experiencial recoge la experiencia que en mi caso es mucha, por desgracia. Las cuestiones de salud mental las he observado y vivido en mi propia cronología vital. He tenido siempre mi caverna, a la que nadie ha entrado porque no he querido. Esa caverna también es creación y soledad, que es de donde sale la fuerza necesaria para poder contar a otros, darles la posibilidad de vivir lo mismo que yo, con mis palabras. Pongo forma a verdades universales, te acercas al lector y le haces cómplice.

La poesía tiene muchas formas. La forma más común es el verso. Pero también permite la prosa

-Entonces…

-Casi con probabilidad, los verdaderos poetas no ejercen como tales, pero sienten como si lo fueran, por eso ven en el poeta la forma real de lo que sienten que en ocasiones puede estar muy cerca de la locura. El poeta es un verdadero gestor de emociones y su propósito es compartir con el lector su consideración y especial manera de ver la vida o su entorno, en mi caso. A veces he escuchado eso de que el poeta “es un notario de su tiempo”, no, nada en absoluto. Es el notario de su propio tiempo. No estoy aquí para notificar, estoy para crear, inventar, concebir y poner voz a una parte de la humanidad concreta.

Foto cedida, © Lourdes Balduque

-¿De dónde vienen los libros de poesía?

-Los libros de poesía provienen todos de la humanidad. La poesía es el lenguaje que une a todos los pueblos y los poetas son guías para la humanidad. Por definición, es un género literario muy antiguo. Tradicionalmente, la gente piensa que todo lo que se escribe en verso se llama poesía. En realidad, la poesía tiene muchas formas. La forma más común es el verso. Pero también permite la prosa. Ya sea en verso o en prosa, la poesía es esencialmente palabras. Se basa en la elección de las palabras, confiando en su expresividad a través del significado y el sonido, y en su disposición en la obra. El arreglo se refiere a los ritmos, las figuras retóricas y la métrica.

-¿Así que, en cierto modo, tiene su propio lenguaje?

-Claro. Cada escritor tiene que tener su propio lenguaje. No se puede decir que Proust escribe en francés, Proust escribe en Proust, y no hay ningún otro escritor que escriba en esa lengua. Salinas escribe en Salinas, Amor escribe en Amor. Reconozco que de vez en cuando me gusta que el lector coja el diccionario para recordar o entender alguna palabra. Es un juego como otro cualquiera.

-¿Qué consejo le daría a un joven poeta de hoy?

-Tal vez sólo una cosa. Debe saber desde el principio que las palabras y las cosas no son lo mismo. Que cuando dice «mesa» no está diciendo una mesa, está diciendo la palabra «mesa». La palabra «mesa» es la imagen de la mesa, es una metáfora. Así que le diré que en la palabra «mesa» no puedo comer o escribir. Lo que significa simplemente que la palabra «mesa» y la mesa no son la misma cosa. Si no separas las palabras de sus objetos no haces poesía. No podemos estar atados a las palabras, como un niño con un globo en la mano. Hay que cortar el cordón de las palabras con las cosas. Entonces las palabras son libres y pueden decir unidades de verdad.

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Archivo Entreletras

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