noviembre 2021 - V Año

LETRAS

Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez. Encuentros capitalinos (I)

Este es el año en que se ha decidido rememorar a Dña. Emilia Pardo Bazán, a su figura y su creación literaria. Es conocida por los datos aportados por sus biógrafos, su afición a visitar Francia, no solo Paris, sino también como era costumbre en la época, sus balnearios, siendo su lugar favorito el de Vichy. Son viajes en los que la autora enriquece sus ratos de recreo con otras experiencias.

Es sabido que su estilo literario naturalista primero y realista después concuerda con el gusto francés de la época, aportando con ello no pocas novedades en la literatura española. Es en esos viajes cuando se ilustra y cuando se nutre de buena parte de la inspiración para sus narraciones.

En el caso de D. Vicente los motivos para sus viajes son algo diferentes, y descansan sobre todo en sus peripecias personales, entre las cuales hay que citar incluso la cárcel y el exilio, vicisitudes que llegaron a ocupar buena parte de sus años de juventud.

En este y otros asuntos, hay entre ambos autores varios elementos comunes. Su pasión por la literatura, ciertos rasgos estilísticos, su afición por los viajes, la degustación de la buena mesa y el verse envueltos en enredos amorosos constituyen una buena aproximación entre ambos

Ambos comparten por tanto estilos literarios en principio y motivaciones diversas para visitar Francia que en el caso de D. Vicente acabaron por cristalizar en un cambio de residencia al país vecino, afincándose finalmente en Mentón (Costa Azul) donde,  andando el tiempo, encontró su último refugio acompañado por Dña. Elena Ortúzar.

Dña. Emilia siempre vivió su matrimonio con libertad, extremo del cual hacía gala. Recientemente se han divulgado algunas de las cartas que se cruzaron  Dña. Emilia Pardo Bazán con el escritor canario D. Benito Pérez Galdós, donde han quedado recogidas las circunstancias que les unieron y los momentos que compartieron , instantáneas que indican que su relación amistosa fue más allá de una mutua admiración.

En este otro caso, hay que anotar algunos detalles de la relación entre la condesa gallega y el republicano D. Vicente Blasco Ibáñez, todos ellos en términos muy parecidos a los relatados para el escritor canario.

Dña. Emilia viajaba frecuentemente a Madrid desde su Galicia natal para ensanchar sus puntos de vista y sus horizontes para darse a conocer en la Villa y Corte como escritora, visitando, entre otros, el Ateneo madrileño del que era socia destacada, dictar alguna conferencia, asistir a alguna tertulia y degustar los ambientes culturales y literarios de la capital. Fracasó lamentable e injustamente en acceder a alguna de las instituciones capitalinas como la Real Academia de la Lengua.

En esos viajes y en esos medios debió conocer entre otros insignes escritores, al ya reconocido D. Vicente Blasco Ibáñez, posiblemente en el entorno del Ateneo madrileño, o en la casa de Sorolla, a finales de siglo, en el torno de 1898. No se conoce el dato con precisión, pero su relación duró con intermitencias varios años.

Disponía el pintor valenciano de una casa en la calle Martínez Campos, hoy Museo Sorolla. Eran frecuentes los encuentros entre amigos y personajes insignes en la casa del pintor y en sus jardines. Entre los visitantes se encontraba frecuentemente Blasco en sus visitas capitalinas al igual que Benlliure. A los tres les unía una estrecha y profunda amistad, arraigada desde su juventud en Valencia.

Se tiene constancia que esa casa era el lugar de encuentro favorito de numerosas personalidades y amigos, como cuando años después se gestó la presentación de la chilena Elena Ortuzar, a la sazón esposa del cónsul de Chile en Paris en dicho entorno. Esta destacada dama vendría a ocupar andando el tiempo el corazón del escritor valenciano durante años en una relación que duró hasta el final de su vida. Eran vísperas de la boda de Alfonso XIII con Dña. Victoria Eugenia de Battenberg y del atentado de anarquista Mateo Morral en la Calle Mayor, en las proximidades de lo que hoy sería la Capitanía General de la capital. Atentado que fracasó pero que supuso un punto álgido y significativo de la contestación a la Monarquía de D. Alfonso XIII.

D. Vicente Blasco Ibáñez visitaba la capital con motivo de las actividades propias de los periodos parlamentarios que le tocó vivir como diputado, puesto que fue electo en Cortes en varias legislaturas del periodo de la Restauración, en nombre de su partido, denominado “Fusión Republicana” del que fue exponente destacado. Blasco encabeza y destaca como activista y conspicuo representante del republicanismo de finales del XIX y principios del XX. Algunos de esos momentos de activismo antimonárquico acabaron por dar con sus huesos en la cárcel y, en otras ocasiones, empujándole al exilio. Uno de esos tensos momentos fue el caso de la tumultuosa manifestación perpetrada en las calles de Valencia contra la llegada del Marqués de Cerralbo, destacado carlista de la época. Blasco concitó en este y, en otros casos, las iras del Gobierno. Significativamente agrios y hostiles fueron sus filípicas y sus escritos sobre la guerra de Cuba.

El republicanismo en Valencia ha sido una constante desde la I República española con Pi y Margall y otros líderes del XIX, y se prologó durante el período de la restauración monárquica de Alfonso XII, y del reinado de Alfonso XIII, llegando a ser un movimiento político de cierto alcance que tuvo su momento culminante en  la proclamación de la Segunda República Española.

Durante finales del XIX Blasco fue su animador principal, tanto en sus inicios, como en periodos posteriores hasta su muerte en 1928. Es un movimiento pujante que llegó a desarrollarse bajo diferentes siglas que se prolongaron incluso después de su muerte.

En ese esfuerzo apasionado volcó Blasco gran parte de su vida desarrollado sus actividades bajo diversas facetas. Primero como periodista, escritor y director del diario valenciano “Pueblo”, órgano del republicanismo valenciano durante varios años, hasta que en el momento de dejar la política, Blasco decidió también pasarle el testigo periodístico a D. Félix Azzati, acreditado periodista, y digno heredero de ese movimiento político.

La vida de Blasco en 1898, cuando se produce la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, es ya algo más que el fermento de escritor consagrado y el de un hábil y comprometido periodista, es también un acreditado activista político y un vibrante tribuno. Ya ha alcanzado cierta notoriedad, la cual se prolongará posteriormente en el campo de la literatura e incluso del cine a través de sus viajes a Hollywood.

Es el aspecto íntimo, en cambio, un momento de declive en sus relaciones con su esposa Dña. María Blasco del Cacho. Su matrimonio está ya en un momento muy complicado. La relación está muy deteriorada por las asiduas ausencias del escritor durante muchos momentos de los últimos años.

La crianza de los hijos del núcleo familiar ha recaído en manos de su madre porque D. Vicente  después se su enlace no se siente demasiado vinculado a ella, a pesar de pretender pasar por un marido y un padre entregado.

Su  vida ha quedado repartida en sus diversas facetas, unas dedicadas al periodismo y la literatura, y otras a la política, haciendo cada vez  más difícil que la relación se enderece.

Su cargo como diputado le absorbe mucho tiempo, y la literatura le supone una entrega continua, sin solución de continuidad, que le resta espacio constantemente. Nada le queda para su familia.

Dña. María ya ha observado sus coqueteos y su distanciamiento. En ese contexto, la entrada de alguna experiencia amorosa en el entorno del escritor valenciano no es vista ya solo como un incidente fortuito, sino como un continuo movimiento, un traqueteo que discurre al socaire de sus tareas cotidianas.

Hay que tener en cuenta que a partir de ese periodo entre 1898 y 1902 es cuando Blasco por diversos motivos se va alejando de Valencia, en algunas ocasiones acompañado por su pareja y por sus hijos, en otros, en solitario. El reparto de tiempo  se achica. Esto le impulsa a sentir en su fuero interno la necesidad de un cambio en su vida.

En medio de esos episodios su esposa decide retornar a Valencia, en la Malvarrosa, dejando a su marido en la capital ocupado en diversos temas, todos ellos debidos a la entrega de sus diversos compromisos.

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