febrero de 2024 - VIII Año

‘Manual de modelado de corazones para hombres de hojalata’ de Pablo Llanos Urraca

Manual de modelado de corazones
para hombres de hojalata

Pablo Llanos Urraca
Cuadranta editorial, 2022

Hablar o escribir del amor nunca es sencillo. Más si, además, lo haces mediante la poesía. El propio autor lo comenta en su contra portada “De tanto en tanto se satura”. No es una expresión que deba tomarse a la ligera; hay que tomarla al pie de la letra.

La cuestión en poesía es preguntarse, sobre todo el lector, más que concluir con afirmaciones. Entonces, ¿por qué se satura? El autor proclama que es por ser forzada para probar sus límites. ¿A qué límites se refiere? Es necesario leer el poemario para saber la respuesta singular que ha encontrado frente a estas preguntas.

Durante todo el poemario podemos ver una de las condiciones principales del amor: la relación con el otro. Aunque la nombre la primera, no es la que se da en primer lugar en el ser humano, pero luego retomaremos este tema mediante unos versos del autor.

La relación que se establece con los otros, sobre todo sustentado en la afectividad, acarrea una apuesta: saber desprenderse de los ideales. El autor lo refleja a la perfección en un poema escueto titulado Perfectos:

En efecto,
podíamos haber sido felices.
Elegimos ser perfectos. 

La perfección es pareja a la idealización. Caer o acercarse al ideal de la otra persona conlleva, en el peor de los casos y como comenta el autor, a dejar de lado la felicidad. No es, por lo tanto, una cuestión menor.

Así pues, podemos hablar de la primera condición del amor: el narcisismo. Todos conocemos, en el argot popular, esta palabra. Pero si la contextualizamos en el poemario de Pablo Llanos nos muestra una sutiliza que hay que tener en cuenta. En el poema Ojos para mí rescato lo siguiente: Solo tenías ojos para mí. Podemos analizarla atribuyendo la acción al otro, pero quien habla es el narrador, el que enuncia la oración. Aquí está el matiz, la interpretación del narrador requiere los ojos del otro para sí. Es sutil, pero es una genialidad.

Por otro lado, no hay que olvidar que el amor está intrínsecamente relacionado con el cuerpo y la sexualidad. Y el autor lo tiene claro con su poema Juegos preliminares, donde evidencia la dificultad que tenemos todos, aunque se hable en primera persona, con el juego y lo previo al juego. En este sentido intentamos hacer como que todo marcha bien, que no hay problema con ello, pero esperamos alcanzar las expectativas del otro en este punto y pocas veces las alcanzamos. En ese imaginario en el que suponemos lo que el otro espera de nosotros.

Pero más allá de esta clarificación que evidencia el autor en el poema nos muestra otra cuestión entre el amor y la sexualidad: el primero se hace con ellas y el segundo hay ausencia de ellas. Cito Siempre fui más hábil/ con los juegos de palabras (es decir, en la construcción del amor) que con los juegos preliminares (donde el lenguaje no alcanza).

Para no extenderme retomaré las primeras preguntas con las que abrí la reseña. ¿Qué se satura cuando hablamos del amor? y ¿forzada hacia qué límites?

Tras leer el poemario algo alcancé a extraer de estas cuestiones. La saturación respecto al amor está de la mano del exceso de sentido común que existe, es decir, cuando no se hace propio y se intenta alcanzar una forma de amar que no es la propia. En este punto la palabra se satura con actos que llevan a alguien a no saber qué hacer con el amor, porque no tiene respuesta para su forma de amar.

Es aquí cuando entra el forzamiento de los límites. Los límites están en el ideal, en la perfección, en ese querer alcanzar lo que los otros dicen lo que es el amor. Pero el autor le da otra vuelta de tuerca a esta cuestión y da su propia respuesta: la suya personal.

Y para averiguarlo tendréis que leer su poemario.

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