septiembre 2020 - IV Año

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Henri Cartier-Bresson, fotógrafo del instante

RUSSIA COVER Henri Cartier-Bresson no permitía que le hicieran fotos cuando era un septuagenario. El hombre que fue calificado como el ‘ojo del siglo XX’, de quien se dijo que era el mejor fotógrafo de Francia y cuya existencia tuvo como leitmotiv tomar fotografías, no quiso exponerse ante un objetivo en sus últimos años, cuando dedicaba más tiempo al dibujo que a su cámara Leica.

Cartier-Bresson llegó a ser un mito de la fotografía casi a su pesar, pues su vocación se dirigía a la pintura y el cine que siempre estuvieron presentes en su vida. Si el sinónimo de fotografía es instantánea, Cartier-Bresson quiso indultar para el futuro los instantes cazados por sus lentes. Esos instantes decisivos que fueron una de las claves para entender su obra y que hoy nos permiten echar un vistazo a la historia del siglo XX.

Biographie-Carte-de-Presse-Inde verso-728x555Carné de Prensa

Instantes obtenidos al azar o buscados adrede que protagonizaron personajes y objetos. Personajes como las parejas de mujeres y militares rusos que fueron portada de la revista Life en enero de 1955 u objetos en apariencia intrascendentes, como las mesas vacías de una terraza de Florencia o unas escaleras de caracol en Francia, que le dieron un motivo para disparar el obturador de su cámara.

Como sucede en los artistas cuya obra se identifica con su vida, resulta imposible separar ambas cosas. En las diversas etapas de su obra percibimos el inconformismo de este genio que utilizó el objetivo de su cámara poniendo cabeza, corazón y alma en todo aquello que fue blanco de su instintiva y aguda mirada, tan llena de humanidad.

Biographie-HCB-le-tempsAsí se convirtió en el fotógrafo que hizo emerger en sus imágenes la cara más cercana y conmovedora, pero también más dura y vehemente del ser humano, hasta terminar siendo un humanista de la instantánea. Ese humanismo que en su juventud le llevó a titular «Por el amor y contra el trabajo industrial» un pequeño collage de 1931.

En las imágenes tomadas ‘a hurtadillas’, de quien fuera uno de los fundadores de la legendaria Agencia Magnum, hay activismo social sin paliativos, compromiso político, adscripción a la vanguardia surrealista y, por encima de todo, la imperiosa necesidad de cambiar la realidad que le rodea.

Granada España 1933. Henri Cartier-BressonGranada (España), 1933Una realidad que captó con su cámara viajando por el mundo y adentrándose en las zonas calientes del planeta. La guerra civil en España, la Europa de la guerra mundial, la Alemania del muro de Berlín, la Unión Soviética (fue el primer fotoperiodista occidental en visitarla tras el fallecimiento de Stalín), la China de Mao Zedong, la India del asesinato de Gandhi, la Cuba de Castro y el Ché, etc., son los sitios a los que la actualidad y su militancia le guiaron.

Algo destacable es cómo la mirada de Cartier-Bresson nos trae otros ojos, de otros lugares y otros tiempos, que clavan su mirada en nosotros para hablarnos de épocas pasadas y resurgir en cada fotografía a la que nos acercamos. Me refiero, por ejemplo, a los ojos de unos niños jugando en el Madrid republicano, los de los espectadores con prismáticos en un hipódromo de Dublín, los de las prostitutas en una calle de México o los de un joven vaciando un palacio de símbolos coloniales en Jakarta.

Entre los contrastes grises de la luz pareciera que los personajes reflejados por el objetivo de Cartier-Bresson fueran a tomar vida, a salir de las fotos y contarnos porqué o para qué estaban en ese preciso momento donde quedaron capturados y pasaron a formar parte de la colección de instantes del fotógrafo galo. Instantes llenos de fuerza y poesía que salieron de los negativos de Cartier-Bresson para que ahora podamos hacerlos nuestros con la misma intensidad con la que los vivió el hombre que los atrapó para nosotros.

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