mayo 2021 - V Año

TRIBUNA

No lo dejéis a la serpiente

“Ante vosotros comparezco, jueces de Israel que formáis vuestra sala, para acusar a Adolf Eichmann, pero no comparezco solo. Aquí, en este momento, a mi lado, hay seis millones de acusadores. Pero no, no pueden levantarse e indicar con el dedo de la acusación esta cabina de cristal, ni gritar un J`acuse dirigido al hombre que la ocupa… Su sangre clama justicia al cielo, pero sus voces no pueden hacerse oír. Por eso, en mi persona, recae el deber de ser su portavoz, y de pronunciar la terrible acusación en su nombre”. (Fiscal Hausner en el juicio contra Eichmann en Jerusalén. Citado por Hanna Arendt en “Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal”)

La cruz gamada, que hoy se yergue chulesca y provocadora también en España, ondeo sobre aquellos campos de exterminio. “No lo dejéis a la serpiente”, exige Harvey Cox; de “El huevo de la serpiente” narró Bergmann aquella Alemania de entre guerras. Tal perece que hoy eclosionan aquellos huevos de serpiente hasta ahora agazapados. Debemos hacer memoria de aquellas puestas de un reptil que muda de piel, pero no de cabeza.

Escribo estas líneas ante la proximidad del mes de enero, cuando se rememora la liberación del campo de concentración de Auschwitz.  La suya fue la puesta en marcha de una maquina asesina de exterminio que duró desde el 20 de mayo de 1940 hasta el 27 de enero de 1945. No fueron sólo judíos los allí asesinados. Fueron, sí, la mayoría, pero también fueron gitanos, homosexuales, republicanos españoles. Auschwitz no estuvo sólo. Otros muchos se alzaron en la Europa Oriental. Unos lo fueron de concentración y otros de exterminio mientras deportaciones y detenciones se llevaban a cabo en países occidentales dominados o afines al EJE. Esta maquinaria asesina fue ejecutada metódicamente en tres fases: primero fue la expulsión, después la concentración, finalmente la “solución final”, el exterminio en masa, una “solución” acelerada cuando ya tenían la guerra perdida. A nada puso solución y por eso podemos hacer nuestra la expresión de Hanna Arendt de “la banalidad del mal”.

El mal gratuito y desatado, fue practicado racionalmente, tanto que hemos llegado a tener que decir que “después de Auschwitz no se puede hacer filosofía”. ¿De qué sirvió la larga pléyade de filósofos y teólogos que hicieron cultura alemana? Primero arrebataban la dignidad, y al hacerlo perdían la propia. Su persistencia en la voluntad de poder nietzscheniana, trocada en voluntad de domino exterminador, vencía toda resistencia de los confinados, pero con ello sus verdugos ya habían extirpado su propia humanidad. Convertían sistemáticamente en piltrafas a los que poco a poco iban matando hasta dejarlos entregados mansamente a la ejecución, y doblaban sin resistencia sus ropas antes de tumbarse en el suelo para recibir el tiro en la nuca, o subían a los vagones de trenes que los conducían hacinados, como ganado al matadero, hacia los campos de concentración o de exterminio para ser gaseados con zyklonB.

Quien ha hecho visita al campo de Auschwitz me cuenta los detalles. Toda superficialidad turística se viene abajo ante la tragedia que se respira. Quien pretenda rendir homenaje a los que allí sufrieron y murieron, tiene que entrar en el horror como aquel Moisés en tierra santa de Hored: con los pies descalzos y el alma desolada. Lo físico siempre es mayor que lo pintado. Ir en persona, y respirar angustias e muerte, como yo he ido repetidas veces al frente del Jarama, no puede ser sustituido por visitas virtuales. Vean ustedes la web yadvasem.org/es/holocauust/about.html, y en ella la pormenorizada Enciclopedia concisa del Holocausto, y entrarán en el intestino de la bestia, pero a distancia, nuevo Cronos carnicero, “cuervo” como su nombre griego indica, que al devorar a sus hijos devora su propia descendencia. Eso le sucedió a la culta Alemania. Trágico destino de una banalidad criminal que ha precisado de ímprobos esfuerzos para levantarse de su ruina moral.

Escribo estas líneas aterrado ante la profanación del cementerio judío en Hoyo del Manzanares.

Veo en esas negras amenazas la sangre negra, putrefacta, de esa derecha extrema, temblor telúrico de la caverna donde sobrevivía oculta.

Escribo como un movimiento reflejo, defensivo, que ha escuchado rumor de odio conque muerden viento quienes dicen querer fusilar a 26 millones de españoles. La ultraderecha española se levanta como de los sepulcros donde yacía; es como un zombi populista trata de enrolar masas en su camino de muerte.

Escribo hondamente preocupado al haber visto alzarse eslóganes y cruces gamadas en la primera democracia del mundo, sabiendo además que las manos que empuñan el palo pueden empuñar armas, jaleados por un presidente irresponsable, afortunadamente desarmado a votos. Mr. Trump ya no está, pero le dieron sesenta millones de votos, y el trumpismo sigue en los EE.UU., y su viento mueve a la extrema derecha de Bolsonaro en Brasil, y a Matteo Salvini en Italia, y a Marine Le Pen en Francia, y a Viktor Orbán en Hungría, y rearma a Alternativa por Alemania en el país donde tuvo cuna, y en España… Pónganle nombre ustedes.

Imagen: BBC

No sé si fueron los propios vencedores de la Primera Gran Guerra los que amamantaron la serpiente, cuando pusieron el pie en el cuello a la vitalidad alemana, una vitalidad que vio incrementada su precariedad por la crisis de 1929. Sí sabemos que Hitler fundó el partido nazi, y ganó las elecciones, en 1933, y en su estado absolutista se encendieron los hornos crematorios y se cauterizó la conciencia alemana. También sabemos que las profundas crisis económicas producen crisis sociales que son caldo de cultivo para que surjan populismos demagógicos e irresponsables, capaces de llegar al asesinato del diferente y a la consunción de su propio pueblo, como es el caso de Hitler.

Viene a mi memoria aquella vieja historia de aquel grupo de periodistas occidentales, invitados por el III Reich al Campo de concentración de Terezin, a 61 kilómetros de Praga. Lo habían teatralizado para acallar las críticas cuando aún no había estallado la guerra, pero sí el exterminio. Dividido en dos mitades, a un lado estaba el guetto, al otro el campo de concentración, y un angosto túnel de un kilómetro los unía. En superficie, todo eran calles ajardinadas y casas por cuyas ventanas se asomaban seres felices… hasta que un periodista se dio cuenta de que el reloj de la plaza no se movía… ¡Todo era de cartón piedra, hasta las sonrisas impuestas! No, no estaba a la vista el túnel, ni tampoco los dibujos de los niños en la escuela interpretando el holocausto. Los descubrieron luego. Aquí dejo dos de esos dibujos como muestra. Pueden hallarlos, junto con otros, en kurioso.es (Los niños que vieron y pintaron el holocausto).

10 años: “Todo el mundo tiene hambre”

Ese holocausto no era de cartón piedra. Era piedra la que latía en los verdugos, seres de cartón piedra pertenecientes a una sociedad cultivada anegada en sangre.

El punto de mira del racismo supremacista ario estaba puesto en el judaísmo consciente de etnicidad. Había sobrevivido gracias a ella en diferentes naciones y culturas. Un pueblo sin tierra, disperso por el mundo, formó piña a lo largo de la historia para sobrevivir en la diáspora, anfictionía para el mutuo apoyo basada en que usaba de sus vínculos y de la dispersión para crear un comercio global y una prosperidad económica.

16 años: “El transporte”

Ser judío no conllevaba ya, como ahora tampoco, ser forzosamente religioso. Habían forjado su fe en la experiencia de la presencia de un Dios itinerante, no sujeto a territorio alguno, un Dios que intervenía en la historia creando liberación para ellos, y no tanto conocido en formulaciones lógicas. Por eso se habían creado la conciencia de ser “el pueblo elegido”. Ahora ese Dios, en ese exterminio implacable, no aparecía por ningún lado. Borrada su diversidad tribal, religiosamente venido a menos, sólo les quedaba el vínculo étnico.

No pocos se habían dejado la fe por el camino, pero su vínculo se mantenía en su conciencia de raza esparcida y perseguida en el mundo. ¿Basta recordar aquí que aquellos poemas del “siervo sufriente de Isaías”, que el cristianismo interpreta como anuncio profético de la venida de Jesús, ellos lo hacían de sí mismos?

Magníficamente descriptivas encontramos las palabras de Ezequiel 16:6 que Hanna Arendt menciona en su “Eichmann en Jerusalén”: “¡Vive en tu propia sangre!”. La sangre es la vida para todo pensamiento bíblico del Antiguo Trestamento, vida derramada a torrentes en aquel holocausto, palabra del pueblo ahogado en su manantío de sufrimiento y de sangre peregrina de donde brotó la vida y la identidad. O como traducen la “Biblia de las Américas” y la “Nueva Biblia Latinoamericana”: “Mientras estabas en tu sangre; ¡Vive!”, atribuyéndole a Dios el mandato.

Nacidos de su sangre, la vida se impuso sobre la muerte, y la conciencia étnica de los hebreos se fortaleció, en tanto que el supremacismo nazi perdió el suyo en su apuesta de exterminio. Luego, la dinámica de la diversidad producida por las sociedades diferenciadas del mundo, los ha dejado en la cuneta de la historia. Ya no existen razas en el mundo que puedan razonablemente ser hegemónicas. Si pueden existir las que vean en ello su propia identidad, como los negros e hispanos en los EE.UU., o los judíos en Palestina, aunque todos ellos deben aprender coexistencia y complementariedad con el otro. Eso ya lo aprendimos de los judíos Martin Buber y en Emmanuel Levinas.

Todo el asalto de la ultraderecha neonazi es un asalto a la historia que en contra suyo generará anticuerpos. Leo a Abel Herzberg en su artículo “Martirio y holocausto”, única publicación que encuentro en castellano de toda su obra de veinte volúmenes. Abogado judío, de padres rusos, fue internado con su esposa en el campo de Bergen-Belsen. Habla por la herida cuanto dice que “a ningún judío le ha sido indiferente el holocausto”, todos han quedado marcados. De entre sus obras se destaca para mí “Amor fati”, que quizás podemos traducir como amor al propio destino, amor inevitable, amor fatídico, palabra que según Dña. María Moliner significa aciago, desgraciado, funesto.

El simple hecho del nacimiento determinaba un destino fatal a manos de un odio ilimitado. “El sufrimiento es la característica por excelencia de los judíos”, dice Herzberg, extendiendo a la generalidad de un pueblo y su historia su experiencia en el campo de Bergen-Belsen. Un sufrimiento producido por aquellos nazis que al pretender el dominio del mundo como raza privilegiada les atribuían competencia, y ejercieron sobre los indefensos su voluntad de poder, un sufrimiento inevitable porque no podían dejar de ser lo que eran: judíos.

En tanto que Auschwitz era un campo de exterminio planificado, Bergen-Belsen “era una especie de almacén donde había judíos destinados a ser oportunamente canjeados por alemanes del Reich residentes en el extranjero”, dice nuestro autor. Sin embargo, fue en este último donde, por ejemplo, perdió la vida Anne Frank en 1945 y del que pudo sobrevivir Simone Veil. Aquella posibilidad de canje alimentaba esperanzas, aunque “los canjes se producían en proporciones muy modestas”. En contra de Auschwitz, donde había que dejar en la puerta toda esperanza, aquí era la esperanza la que les mantenía en pie, aunque “no se perseguía a nadie por lo que era, sino por lo que no era y negaba ser. Éramos simplemente un desecho. Estábamos condenados a ser la escoria de la humanidad, y tal era nuestra realidad cotidiana”. Se introyectaba en ellos una conciencia de no ser nada, un amansamiento precursor de un fin practicado con toda lógica. Sin embargo, en su caso la escoria se mantenía en esperanza, mil veces burlada hasta la extenuación, hasta el punto de hacer deseable el fin. Para algunos, Dios no estaba ausente ni muerto: “Vi morir a ancianos con el deseo de ver de nuevo a sus hijos; sin embargo, cuando comprendían que era una vana ilusión, lo aceptaban con resignación y dejaban este mundo confesando con sus labios resecos la fe judía en un solo Dios”.

Bergen-Belsen: Fosa común descubierta después de la liberación. Fuente: United States. Holocaust Memorial Museum

Otros, llegados al punto de la consunción, caían en el colaboracionismo; en algunos ardía la rebelión y la revuelta contra sus verdugos como en el campo de Treblinka. Según nos cuenta Chil Rajchman en su obra “El último judío”, en Treblinka”700.000 judíos fueron exterminados entre junio de1942 y octubre de 1943 sólo por el hecho de ser judíos. Rajchman cuenta cómo se fugó del campo gracias a esa rebelión, y narra lo vivido en el campo: mientras su hermana es ejecutada en el salvaje “turn over”, donde llevaban seres a la consunción antes de reemplazarlos, él fue obligado a colaborar en la larga cadena productora de muerte rapando a las mujeres que iban a ser ejecutadas o buscando dientes de oro entre los cadáveres.

Caen como hojas de otoño los testimonios de los sobrevivientes de los campos de exterminio o de concentración. Forman légamo de sufrimientos que nutren raíces de humanidad que debe alzarse para que nunca vuelva a pasar. Se suman a los ya mencionados: Primo Levi, Jorge Semprún, Elie Wiesel, Imre Kertessz, y un sin número de los que nada escribieron con tinta y papel, pero llevaron escrito un número en su antebrazo.

Véase wmagazin.com/relatos/el-holocausto-contado-por-sus-sobrevivientes para disponer de una introducción a una larga bibliografía como larga fue la maldad, largo el dolor, y largos los caminos que los testigos, mártires sin quererlo, nos dejaron.

Para poner fin a este artículo, permítanme que repose en Hanna Arendt:

El juicio a Eichmann en Jerusalén no es un juicio a sus captores y jueces, ni es sólo un juicio de las víctimas al nazismo, ni aquel otro de los vencedores en Nuremberg. Es un juicio en el que toda mente no infeccionada debe preguntarse como formula Hanna: “Cómo pudo ocurrir? ¿Por qué ocurrió? ¿Por qué las víctimas escogidas fueron precisamente los judíos? ¿Por qué los victimarios fueron precisamente los alemanes? ¿Qué papel tuvieron las restantes naciones en esta tragedia? ¿Hasta qué punto fueron responsables los aliados? ¿Cómo es posible que los judíos cooperaran, a través de sus dirigentes, a su propia destrucción? ¿Por qué los judíos fueron al matadero como obedientes corderos?”. Como la propia Hanna toma de David Rousset, recluido en el campo de Buchenwald: En su obra “Les jours de notre mort”, al describir la vida en los campos de concentración, no en los de exterminio, dice: “El triunfo de las SS exigía que las víctimas torturadas se dejaran conducir a la horca sin protestar, que renunciaran a todo hasta el punto de dejar de afirmar su propia identidad. Y esa exigencia no era gratuita. No se debía a capricho o a simple sadismo. Los hombres de las SS sabían que el sistema que logra destruir a su víctima antes de que suba al patíbulo es el mejor, desde todos los puntos de vista, para mantener a un pueblo en la esclavitud, en la muerte”. Subyugados hasta ese punto, “[…] llegaban puntualmente a los puntos de embarque, por su propio pie, iban a los lugares en que debían ser ejecutados, cavaban sus propias tumbas, se desnudaban y dejaban ordenadamente apiladas sus ropas, y se tendían en el suelo uno al lado del otro para ser fusilados […] ¿Por qué no protestó? ¿Por qué subió a aquel tren? ¿Allí había quince mil hombres, y sólo unos centenares de guardianes, ¿por qué no les arrollaron?”. Eso que parece abyecta obediencia encuentra explicación en que ya estaban muertos. Los habían matado en vida. La voluntad de poder del nazismo les había convertido es despojos humanos que veían en la muerte la salida, “Amor fati”.

Sin embargo, ese despojamiento de las víctimas, lo fue también de los verdugos en el sentido moral. ¿Cómo es posible que una sociedad culta y respetable cayera en el loco magnetismo de Hitler, por mucho que siguiera soportando las consecuencias de la Guerra del 14 y el impacto de la crisis económica de 1929? ¿Cómo puede haberse dado el caso de que una parte de su iglesia, olvidando el mandato de “no matarás”, apoyara el régimen hitleriano y tuviera que ser la otra parte, la de “la iglesia confesante”, la que se opusiera, hasta el punto de colaborar en el atentado de Canaris contra Hitler? ¿Cómo pudo aquella sociedad consentir en la burocratización de esa maquinaria asesina?

Recuerdo aquello de “un hombre es lo que ama”, y es la propia Hanna Arendt quien me lo recuerda en otra obra suya menos citada: “La vida del espíritu” cuando expone el caso de Sócrates que creía que “la virtud se enseñaba, y que hablar y pensar sobre la piedad, justicia, valor, y demás”, era una manera de “hacer a los hombres piadosos, justos, valerosos”. Quien ama la piedad, la justicia, la igualdad, el valor, la solidaridad, los valores positivos, en suma, trabaja por aquello que ama. De lo contrario, el amor enferma, ama lo que destruye y se destruye en ello, el pensamiento y la acción tienen efectos destructivos. Nos recuerda Arendt que “si los hombres aman la sabiduría, comienzan a filosofar; si aman la belleza, hacen cosas bellas”, la captan en lo que existe y la expresan como arte; si sienten la bondad la reproducen; no pueden desprenderse de lo positivo cuando sufren el golpe de la negatividad; no pueden pensar que destruyen el mal cuando miran hacia otro lado cuando lo tienen ante sus ojos, sino que lo miran de frente cuando reciben su golpe sin poder evitarlo.

No todo el mundo quiere hacer el bien, es cierto, y el Holocausto es buena prueba de cómo una cultura y un pueblo pueden enfermar practicando el mal o ignorando el mal que practican. Existen las “naturalezas nobles” de Platón, otras practican el mal voluntariamente, inteligentemente.

Aporta Hanna Arendt dos sentencias de Sócrates que conviene resaltar en estos finales: “cometer injusticia es peor que sufrirla” y “es preferible que mi lira desafine y no suene acorde con mi voz […] a que yo -un hombre sólo- discrepe de mí mismo y me contradiga”. El hombre que alza la esvástica quiebra los brazos de la cruz griega, el vínculo entre el cielo y la tierra, el abrazo horizontal infinito. ¡No lo dejéis a la serpiente!

Nota: Ángel Martínez Samperio es Presidente de la Agrupación para el Estudio de las Religiones y vicepresidente de la Sección de Filosofía del Ateneo de Madrid, escritor y periodista

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN TRIBUNA

Tribuna

Madrid se va

Tribuna

El Ateneo en la encrucijada

Tribuna

Entreletras y el Ateneo de Madrid

Tribuna

Pasaba por allí (casi un cuento infantil)

Tribuna

Sí, VOX es fascismo

Tribuna

En el día del libro: Hacia la construcción de una motivación literaria desde la escuela

Tribuna

Si no votas, no te quejes

Tribuna

Manifiesto unitario del Mundo del Trabajo de la Comunidad de Madrid por el voto a la izquierda

Tribuna

Reivindicamos el Ateneo de las Luces

Tribuna

90 años perdidos

Tribuna

Lo llaman libertad, pero es injusticia

Tribuna

Ateneo de Madrid: el placer de rendir cuentas

Tribuna

Volver a encender la luz del Ateneo

Tribuna

Jorge Lozano, paladín de la Semiótica en España

Tribuna

Transfuguismo es corrupción

Tribuna

Gabilondeando

Tribuna

Alta política

Tribuna

La diferencia entre Mónica y Pablo

Tribuna

Tribuna por un Ateneo Libre

Tribuna

11-M, relato de un testigo diecisiete años después

Tribuna

Ante la infección de la barbarie: la vacuna de la cultura

Tribuna

Ayuso un peligro para Madrid

Tribuna

El 8M no es solo cosa de mujeres

Tribuna

Celia Amorós, maestra del pensamiento feminista

Tribuna

La independencia, la cuestión social y un rapero

Tribuna

Jóvenes ¿antifascistas?

Tribuna

La normalidad es ocuparse de los problemas reales

Tribuna

Una nueva legislatura, para un cambio sosegado

Tribuna

Cataluña, progreso o decadencia

Tribuna

Illa, nuestra esperanza

Tribuna

¿Elecciones para qué?

Tribuna

¡Vuelve Cataluña!

Tribuna

Bárcenas, el PP y el gobernar para robar

Tribuna

Solamente somos emigrantes en busca de un futuro mejor

Tribuna

La derecha contra España

Tribuna

Concepción Arenal y “ese mural”

Tribuna

Los problemas de los inmigrantes

Tribuna

De caraduras, sinvergüenzas y segundas dosis

Tribuna

Madrid a solas

Tribuna

Atmósfera política en Cataluña

Tribuna

La derecha judicial contra el Parlamento democrático

Tribuna

De la restitución del honor y una figurada y respetuosa propuesta a S.M. Juan Carlos I

Tribuna

No lo dejéis a la serpiente

Tribuna

Migrantes de paso, flexworker

Tribuna

Asalto al Capitolio de los EE.UU., la sombra del cainismo eclipsa la democracia en Washington

Tribuna

Carta a los Reyes Magos para un mundo post-covid19

Tribuna

Sueños de migrantes

Tribuna

¿Por qué no son fiables los datos de contagios de Covid-19 de la Comunidad de Madrid?

Tribuna

Política y antipolítica

Tribuna

‘Un español en Alemania’. Día Internacional del Migrante 18 de diciembre

Tribuna

El PSOE de los mayores, de ahora y de siempre

Tribuna

Los lectores invisibles  

Tribuna

188 votos responsables y 26 millones de infamias

Tribuna

Maradona y la pandemia

Tribuna

¿Por qué no hablan de los presupuestos?

Tribuna

¿Para qué seguir con la filosofía?

Tribuna

El tercer centenario del Ateneo de Madrid y los 80 años de Azaña

Tribuna

Verdades y mentiras sobre una gran ley de educación

Tribuna

¿Elegir? El PSOE ya ha elegido

Tribuna

¿Para qué ha servido izquierda socialista?

Tribuna

Periodismo, pandemia de falsedades o la distancia del puercoespín

Tribuna

Vacunas

Tribuna

Aburridos de la democracia

Tribuna

¿Qué es la democracia? (no respondan rápidamente…)

Tribuna

Hachazo a la injusticia social

Tribuna

Negacionistas

Tribuna

Poesía a Sul

Tribuna

¿Cón qué Casado quedarse?

Tribuna

Razones para la reforma judicial

Tribuna

Suspender el examen

Tribuna

Identidad política y autocensura

Tribuna

El psicoanálisis en el Ateneo de Madrid

Tribuna

La Cataluña posTorra

Tribuna

Hacerse un Azorín

Tribuna

La mentira como arma política

Tribuna

Don Sindulfo de la Barca

Tribuna

Madrid, un respeto

Tribuna

¿Por qué no acuerda el PP?

Tribuna

Guerra cultural, democracia y libertad

Tribuna

Francisco Rodríguez Adrados: in memoriam

Tribuna

¿Monarquía?¿Independencia?¿Y si debatimos sobre lo importante?

Tribuna

Es más que un no a Calviño

Tribuna

El camarote de los hermanos Marx (catalanistas)

Tribuna

Reconstruyendo, sin el PP

Tribuna

Saldremos más fuertes, más unidos y más iguales

Tribuna

En Europa, todos detrás de Pedro Sánchez

Tribuna

El acuerdo sólo perjudica a los ultras

Tribuna

Andanadas inútiles: Estado y Gobierno, un mismo horizonte

Tribuna

El ingreso de la dignidad

Tribuna

No es crispación, es desestabilización

Tribuna

La salida del laberinto

Tribuna

Economía sí, pero otra economía

Tribuna

Alarma, salud y partidismo

Tribuna

Comisión de reconstrucción

Tribuna

¿Más Estado?

Tribuna

Insultar no es hacer oposición

Tribuna

Más y mejor Europa

Tribuna

Rearme

Tribuna

Casado ¿pactas o te desentiendes?

Tribuna

Ultras en pandemia

Tribuna

Dependencia histórica

Tribuna

El dinero público no es de nadie

Tribuna

El mundo en que vivimos

Tribuna

Primera lección: defender lo público

Tribuna

Ética y enfermedad

Tribuna

Fake news, el otro ‘virus’

Tribuna

COVID-19 o somos Europa o todo era mentira

Tribuna

¿Honestidad? Breve apunte realista

Tribuna

El zorro fenec, y el principio de legitimidad democrática

Tribuna

Es la hora de la responsabilidad

Tribuna

Crisis Coronavirus: Comunicado Equipo Entreletras

Tribuna

El coronavirus: un miedo histérico colectivo inducido

Tribuna

Manifiesto de la manifestación feminista del 8 de marzo de 2020

Tribuna

8 de marzo

Tribuna

Ni delante ni detrás

Tribuna

¿Pacto educativo?

Tribuna

¿Despolitizar la política?

Tribuna

Memoria sin orgullo

Tribuna

Fernando Morán, “in memoriam”

Tribuna

El legado de Fernando Morán

Tribuna

Lo del juego en mi barrio: o con el empleo no se juega

Tribuna

¿Paranoia o tolerancia?

Tribuna

Agendas reales y ficticias

Tribuna

Adecentar la casa

Tribuna

Odio

Tribuna

El discurso preliminar de Agustín Argüelles

Tribuna

Coalición, estabilidad y eficacia

Tribuna

Galdós y la docencia

Tribuna

Galdós como ejemplo

Tribuna

Honrando a Galdós en Marianela

Tribuna

La democracia se abre paso

Tribuna

En memoria de Don Benito Pérez Galdós

Tribuna

Homenaje a Galdós Ateneista

Tribuna

Homenaje a Benito Pérez Galdós

Tribuna

La persona y el amor

Tribuna

Lecciones del Reino Unido

Tribuna

Juegos de poder en política

Tribuna

Sólo pactan los fuertes

Tribuna

Ecología y Política

Tribuna

Tiempos de pre-política

Tribuna

Juegos de poder en pareja

Tribuna

El art. 27 CE78, la ministra y los ‘empresarios docentes’

Tribuna

La década infame

Tribuna

Respetemos la decisión de las urnas

Tribuna

Homenaje a Ernest Lluch: ejemplo de tolerancia y humanidad

Tribuna

La Agrupación para el Estudio de las Religiones inicia su andadura en el Ateneo de Madrid

Tribuna

El peligro ultra

Tribuna

El Ateneo de Madrid acoge la semana de la ciencia 2019

Tribuna

Una jornada gozosa y memorable

Tribuna

El tigre nacionalista

Tribuna

Oneto, el guardián de las confidencias.

Tribuna

Frente a la Cataluña de la subversión y el caos, acatamiento de la sentencia, tolerancia y diálogo

Tribuna

Homenaje a Indalecio Prieto

Tribuna

Homenaje a Indalecio Prieto en el Ateneo de Madrid

Tribuna

10-N: ¿Qué hacemos con las pensiones ante el riesgo de crisis?

Tribuna

Juegos de poder verbales

Tribuna

Hay que respetar el resultado de las elecciones

Tribuna

La procesión de la humanidad

Tribuna

¿Gobierno a cambio de qué?

Tribuna

Gobierno ya

Tribuna

La cuestión de la identidad y de los migrantes

Tribuna

Muere en accidente Santiago Bastos, el militar de Inteligencia que truncó la involución en las FF.AA.

Tribuna

El ‘Águila’ ha alunizado. 50 años de la llegada del ser humano a la Luna

Tribuna

Soluciones al alcance de la mano

Tribuna

La Legislatura del derecho a la vivienda

Tribuna

Gobierno progresista y estable, cuanto antes

Tribuna

La leyenda de Ali y Cántara, Alicante

Tribuna

Investidura: hablemos del para qué

Tribuna

Homenaje a Jaime Vera en el Ateneo

Tribuna

Reflexiones sobre el homenaje a Jaime Vera en el Ateneo

Tribuna

La gran coalición pasa factura al SPD

Tribuna

Jaime Vera vuelve al Ateneo

Tribuna

Una Europa que avanza con una España que empuja

Tribuna

Literatura y gastronomía

Tribuna

Elecciones Municipales en Cataluña: La cuestión social y el miedo

Tribuna

Cien mil españoles más votarán por Europa

Tribuna

El mito Rubalcaba

Tribuna

Ahora también … 26 de mayo!!

Tribuna

Las dos derrotas de Aznar

Tribuna

Las Mentiras Románticas, Cataluña, elecciones Generales y Municipales

Tribuna

La ciudadanía decide

Tribuna

Tres autores, tres ideas para la socialdemocracia

Tribuna

Con el PSOE, la economía crece más y mejor

Tribuna

Manipulación, tergiversación y mentira… vienen de bastante atrás

Tribuna

Lecciones del Brexit

Tribuna

Homenaje al profesor Peces Barba en el Ateneo de Madrid

Tribuna

Un municipalismo para promover Europa

Tribuna

Límites éticos a la investigación en edición genómica

Tribuna

El feminismo socialista para Amparo Martí

Tribuna

28 de Abril: una visión desde Catalunya

Tribuna

No con mi voto

Tribuna

Por la dignidad de las personas, contra el menosprecio y la invisibilidad

Tribuna

El derecho a ser escuchado de Pedro Sánchez

Tribuna

Humanización, deshumanización, transhumanización

Tribuna

Progreso, Bienestar y Concordia

Tribuna

Luchar por Europa

Tribuna

La vigencia del socialismo democrático

Tribuna

Impuestos: suficientes y justos

Tribuna

Sol de domingo en los cien años de la Cuesta de Moyano

Tribuna

¿Decretos leyes? Depende para qué

Tribuna

Homenaje a Jiménez de Asúa en el Ateneo de Madrid

Tribuna

Conquistas, identidad y unas pelis de romanos

Tribuna

Sin igualdad y derechos Europa no existe

Tribuna

¿Sobre qué debatiremos en 2019? ¿Sobre territorios o sobre personas?

Tribuna

Traición a la democracia española

Tribuna

Muere la abogada María Luisa Suárez Roldán, pionera del primer bufete laboralista

Tribuna

La Extremadura incomunicada del siglo XXI

Tribuna

¿Dónde conduce la política de la crispación?

Tribuna

El año que la izquierda vivirá peligrosamente

Tribuna

PP y Ciudadanos pactan con el franquismo

Tribuna

¡A por ellos!

Tribuna

Constitución, celebración y reforma

Tribuna

El contagio de la ultraderecha europea no debería darse en España

Tribuna

Alfabetizar a las cúpulas de la derecha

Tribuna

La Mezquita-Catedral de Córdoba: razón y religión

Tribuna

A vueltas con los símbolos patrios

Tribuna

Jueces independientes

Tribuna

A vueltas con la monarquía

Tribuna

Eutanasia o el derecho a vivir dignamente

Tribuna

Liderazgos políticos y redes sociales

Tribuna

La Filosofía se recupera

Tribuna

Dejen gobernar

Tribuna

Cataluña en la encrucijada

Tribuna

Yo voté a Carmena, ¡perdonadme!

Tribuna

El huevo de la serpiente

Tribuna

Se dignifican las pensiones, pese a las cloacas

Tribuna

Falsedad del máster de Casado

Tribuna

Vuelve el aznarismo

Tribuna

Cataluña y la jaula del hámster

Tribuna

Los enemigos de las humanidades

Tribuna

El auge fascista y la anti-europa

Tribuna

Casado recorta desde la oposición

Tribuna

En memoria de Manuel Salcedo Vaya

Tribuna

Demasiados ‘hombres fuertes’

Tribuna

La herencia de Franco

Tribuna

Sanidad universal y justicia social

Tribuna

Ustedes se equivocan

Tribuna

Los jóvenes reclaman soluciones

Tribuna

Esperanza con interrogantes

Tribuna

Políticas de identidad y políticas de solidaridad

Tribuna

Jugando a escribir

Tribuna

Afrontar las causas de la inmigración

Tribuna

España vuelve a contar en Europa cuando más falta hacía

Tribuna

Acuarius o la lección española

Tribuna

De talantes y gestos estos días

Tribuna

Don Tancredo y el bolso de Soraya

Tribuna

Lecciones de la moción de censura

Tribuna

Un gobierno legítimo

Tribuna

Pedro Sánchez: el cambio imprescindible

Tribuna

De la táctica a la praxis. Carta abierta a los ciudadanos/as de la izquierda progresista

Tribuna

Cumplir lo prometido

Tribuna

Recuperar la ilusión en que lo que creíamos muerto vuelve a vivir

Tribuna

Sumar fuerzas, fundir horizontes

Tribuna

La moción imprescindible

Tribuna

La respuesta al supremacismo de Torra

Tribuna

A Pablo Iglesias e Irene Montero los definió León Felipe

Tribuna

Disculpen las molestias (De la braguetocracia y otras lindezas)

Tribuna

Serial de poder en Madrid

Tribuna

Le llamábamos don Enrique

Tribuna

Por dignidad

Tribuna

Cánones de belleza

Tribuna

El populismo de Ciudadanos

Tribuna

Con los ojos abiertos (A las activistas de Altea)

Tribuna

Jardín cerrado

Tribuna

Pensiones dignas y poderes fácticos

Tribuna

Vía dolorosa de Semana Santa

Tribuna

La reforma de la financiación local

Tribuna

Machismo: los síntomas y la enfermedad

Tribuna

8 de marzo, huelga de mujeres

Tribuna

Elecciones en Italia: europeísmo contra populismo

Tribuna

¿Reforma electoral? ¿para qué y para quién?

Tribuna

Forges: Un sentido común democrático

Tribuna

Tecnología y precariado

Tribuna

Enrique Tierno Galván: El triunfo de la intuición

Tribuna

La gran coalición no es una buena idea

Tribuna

‘¿Qué pensaría su padre si…?’

Tribuna

Argentina y el ‘NeoGatopardismo’

Tribuna

Juan Carlos Quer, centro de admiración

Tribuna

El auge supremacista

Tribuna

El laberinto catalán

Tribuna

Invierno, invierno

Tribuna

Esa izquierda portuguesa que apoya el secesionismo catalán

Tribuna

Volver a empezar

Tribuna

¿Soberanía?

Tribuna

De la caverna a la ‘mediocracia’, en Argentina

Tribuna

No sigan estirando la cuerda de la desigualdad

Tribuna

Arrinconando al machismo

Tribuna

Terrorismo fiscal

Tribuna

Elogio de Puigdemont

Tribuna

A Cataluña le conviene el PSC

Tribuna

El regreso a la pax catalana

Tribuna

Cataluña también forma parte de mi identidad

Tribuna

Crónica de la muerte de un poeta

Tribuna

La locura de Seward y Cataluña. Pensamiento estratégico

Tribuna

Políticos para resolver problemas y políticos para crearlos

Tribuna

Podemos salir bien de esta

Tribuna

En defensa del Régimen del 78

Tribuna

Decadencia

Tribuna

Cataluña, los funámbulos sobre la cuerda floja

Tribuna

Víctimas y verdugos en Cataluña

Tribuna

Más cultura de defensa para un mayor esfuerzo presupuestario

Tribuna

Tatuajes

Tribuna

Pacto de rentas, también para los catalanes

Tribuna

Para un niño desconocido

Tribuna

Hay que subir los salarios

Tribuna

Ablación

Tribuna

El observador

Tribuna

Los secesionistas no tienen derecho

Tribuna

La alargada memoria de Miguel Ángel Blanco

Tribuna

El régimen del 78 y los candados

Tribuna

Prometeo

Tribuna

Lo del famoso Referéndum

Tribuna

Emeth

Tribuna

Babel

Tribuna

El poncho de los pobres

Tribuna

La necesidad de la política

Tribuna

La ‘gravitas’

Tribuna

‘The Jesoua Tree’ y el tesoro de las primeras veces

Tribuna

40 aniversario de la legalización del PCE

Tribuna

Noticia y realidad

Tribuna

Sobre la codicia o los jornaleros del voto

Tribuna

El precario equilibrio del funámbulo

Tribuna

Fantasma mío

Tribuna

Maradona

Tribuna

Carnaval, carnavalada, carnavalismo

Tribuna

“Unha flor é un milagre…”

Tribuna

Los hijos, nivel de vida, nivel moral

Tribuna

Un país de cocineros que se atraganta

Tribuna

Bruce Springsteen, cuando todos los genios deberían escribir su biografía

Tribuna

Me he pasado la navidad leyendo a Elgarresta

Tribuna

Las cintas de casette