mayo de 2024 - VIII Año

‘La zona de interés’, de Jonathan Glazer

Sutil hasta la náusea

La obra de Jonathan Glazer, ganadora del Óscar a la mejor película extranjera de 2024, es una impactante cinta que mutila de cuajo cualquier pronóstico o valoración preconcebidos sobre la Shoá en la Alemania del nazismo. Sigue en cartel en el mes de mayo con pases diarios en algunas salas dedicadas al minoritario cine en versión original. No cabe duda de que es una gran película; pero tampoco es discutible que es una obra que escapa de la pantalla y desborda la capacidad de sus propios límites para ser en sí misma una entidad artística de primer orden.

Jonathan Glazer es autor del guion adaptado sobre la novela del mismo título de Martin Amis. Es éste un escritor que dista mucho de ser convencional, lineal o neutro. A lo largo de su obra, de manera quizás no diseñada, fue entrando en contacto con el concepto del mal intrínseco en el ser humano. Glazer toma muy bien el relevo al novelista y construye su poema personal con un lenguaje audiovisual brutalmente expresivo gracias a la sobresaliente ayuda de la fotografía de Lukasz Zal. que logra una amalgama perfecta con la banda sonora de Mica Levi, extraordinaria y fundamental. La factura técnica, el color, la fotografía, o el tratamiento del tiempo en la acción y cadencia de los personajes, definen un mensaje aparentemente calmo con una tensión casi suicida. Glazer experimenta con su poema visual y logra efectos impactantes, como cuando utiliza la cámara termográfica militar de alta resolución para las escenas nocturnas en las que un personaje real, Aleksandra Kołodziejczyk, en la nocturnidad, riega de manzanas los lugares donde. por la mañana. pasarán los prisioneros. Un efecto que nos da el negativo de la realidad en la que se sumerge la acción. Aleksandra, además, aportó su bicicleta y su vestido para el atrezo de la película: dos alfileres prendidos a la escena que marcan hitos históricos en la visualización.

La zona de interés o interessengebiet eran 40 m² de tierra alrededor del campo de Auschwitz-Birkenau. Dentro de la zona de interés estaba la casa de su director Rudolf Höss, interpretado por Christian Fridel, donde vivía con su familia bajo los preceptos de la ideología nazi. Realmente, a Höss, uno de los mayores criminales nazis, se le retrata con un carácter uniforme, plano, pero sólo en el hogar. Su vida fuera de él es inquietante porque se percibe en él una cierta alienación con respecto a la realidad, rayano en la enfermedad mental severa. Quien realmente lleva el peso argumental es su esposa, Hedwig (Sandra Hüller), la matriarca volcada en sostener un hogar basado en los principios del régimen, en el amor a la tierra y en su cuidado. Un hogar que no es más que una balsa a la deriva sobre un mar de atroces realidades al que ignora de forma deliberada. Desea construir la perfección sobre un cimiento absolutamente podrido. Hedwig se gana desde el principio la atención y el rechazo del espectador. Por su indiferencia ética, por su ridículo sentimiento de clase de los desclasados, por su prepotencia sofisticada y calculada y por usar una barra de labios con uno de los gestos más miserables jamás filmados. El espectador es un testigo invisible de lo que ocurre en la casa, un fantasma del futuro que examina la naturalidad de los que conviven con horror normalizado. La asunción de la nueva ética social pasa por encima de la marca indudable en la infancia de los hijos o de los incordios cotidianos como limpiar bien las fresas porque están impregnadas con cenizas humanas. Hannah Arendt, filósofa e historiadora alemana de origen judío, escribió páginas fundamentales en Eichmann en Jerusalén, para entender el proceso del que habla esta cinta, el cauce por donde se desarrolló la Shoá. La banalidad del mal estriba, muy a grandes rasgos, precisamente, en el hecho de que la mayor parte de la humanidad sigue líneas éticas de forma acrítica e intensamente influenciadas por el entorno social mayoritario. Por eso, cualquier persona que, a priori, puede parecer una buena persona, es capaz de cometer atrocidades como las que se cometieron en el campo Auschwitz II. Por eso, la figura de Hedwig es tan importante. Porque era sustento y cómplice silenciosa (la reina de Auschwitz). Pero a ella no se le recuerda como criminal de guerra. Ni a ella ni a tantos miles de anónimos más.

Ese es el mundo que Glazer nos empotra en el corazón. No se ve a nadie morir, no se ve a nadie sufrir, excepto el sufrimiento baladí del matrimonio Höss o los presentimientos en las actitudes de los niños. No vemos nada; pero sabemos que el horror existe, sabemos que los personajes saben que existe. La conclusión es que lo fundamental de esta obra está en el espectador, no en los personajes. Como un sistema de vasos comunicantes, el argumento emocional que Jonathan Glazer elabora con minuciosa factura, acaba depositándose en la visceralidad sensible del espectador. Es éste el que construye el drama, un drama tan discreto, tan callado que se desliza ladinamente sobre los 106 minutos que dura la película. Al final, ya no hay remedio. La nefasta sensación ya es una realidad mucho más profunda y extensa de lo que nunca hubiéramos imaginado porque el mensaje es sutil hasta la náusea.

La zona de interés no nos habla sólo del nazismo y su Blut und Boden: nos está contando nuestra propia historia. La pantalla, de pronto, se puede convertir en un espejo en el que vemos nuestras vidas afanadas hasta la neurosis por conseguir la felicidad, mientras al otro lado de la valla, o de los televisores, ahí, al lado de casa, el mundo se deshace en la injusta tragedia de la guerra, de la hambruna y del genocidio. Con un interruptor podemos dejar de ver y de oír, podemos normalizar que lo único que importa es nuestra vida a este lado, en nuestro perfecto jardín. Quizás eso es lo que hace terriblemente impactante esta película. Quizás por eso, la banalidad, el desbordamiento, la náusea.

Ficha técnica:

Título: La zona de interés
Título original: The Zone of Interest
Dirección: Jonathan Glazer
Guion: Jonathan Glazer
Basada en el libro The Zone of Interest de Martin Amis
Fotografía: Lukasz Zal
Música: Mica Levi
País: Reino Unido
Año: 2023
Duración: 106 min.
Género: Drama

Para ver el tráiler oficial de la película pincha aquí

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