diciembre 2020 - IV Año

ENSAYO

España y la antiEspaña

duelo‘Duelo a garrotazos’, GoyaLa primera batalla de una guerra es la de las palabras y a ello no se le presta la atención que merece. Es fundamental en estos tiempos donde el poder de la comunicación es universal y a él accede la gente no siempre bien informada. Lo ha entendido el Sr. Trump y los falsarios del Brexit que han conseguido crear un sentimiento que les hace ignorar la verdad de la realidad.

Cuando el sentimiento abrazado la mentira, la razón se esfuma del cerebro. Negar la evidencia es una actitud irracional nacida de la nula educación en la reflexión. Por eso quieren estos tramposos que se siga financiando con recursos públicos la difusión de esta ineducación.

Un mono es un animal, y matar a un animal salvaje no es un delito; apenas una falta administrativa. Los norteamericanos llamaron ‘monos amarillos’ a los japoneses para que no se notara que mataban a personas; los etarras llamaban ‘txacurras’, perros, a las persona a las que iban a asesinar para ayudarles a ignorar que mataban a un semejante.

La antiEspaña es el cáncer de la única España, pero ha ganado la batalla dialéctica; ha logrado que se hable de ‘las dos Españas’. Fueron un fracaso los versos de Machado. ‘Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios/una de las dos España ha de helarte el corazón’. No hay dos Españas; sólo hay una, mal que le pese a muchos; la España de la cultura y la libertad, la España del progreso y de la igualdad, la España de la convivencia y la fraternidad.

Esa España heredera de la Hispania que crearon los romanos como una provincia al lograr en ella el gran salto cultural que fue la romanización. Incluía Portugal y la España tingitania, el norte de Marruecos civilizando un conglomerado de tribus y creando aquí un país próspero, culto, reflexivo, humano, progresista. Fue la España de los cinco emperadores, Galba, Trajano, Adriano, Máximo y Teodosio, entre los que destacan Trajano y Adriano; la España los dos Sénecas, padre e hijo donde la gloria del segundo ocultó la categoría del primero; la España de su sobrino Lucano, poeta precoz y de calidad junto a Prudencio y a un Marcial que hoy tendría problemas con los jueces a los que no les gusta la libertad de expresión, la España de Quintiliano, famoso abogado y orador en la línea de Cicerón, que tuvo entre sus discípulos a Plinio el joven, y que junto a Columela, padre de la agronomía en España y a la ignorada Egeria, la monja viajera, dieron sus primeros frutos para la humanidad hijos de la oportunidad de la educación recibida.

Larga sería la lista de los representantes arquetípicos de la única España que merece ese nombre como no breve la de quienes, cual ‘sombra de Cain’, que esta vez decía bien Machado, han sido causa de nuestro oprobio universal. Destaca como paradigma de la antiEspaña aquella criminal institución: la Santa Inquisición que tras lograr su ilegalización en el S. XIX se reencarnó en el S. XX bajo el golpista y genocida régimen del General Franco, cuya herencia seguimos sufriendo, con su Brigada Político Social, su Tribunal de represión de la Masonería y el Comunismo y su heredero el Tribunal de Orden Público actualmente con otro nombre, y sus famosas leyes en las que se amnistió a Alfonso XIII y a todos los asesinos indiscriminados cuyas actuaciones promovió de 1936 a 1939.

Si para aquel Santo Tribunal era delito o causa de menosprecio tener sangre de judío – ¡pobre Cristo si hubiera venido a España! – de morisco o de cristiano reformado, bajo el Tribunal para la represión de la masonería y el comunismo de su dictadura lo era tenerla republicana, a fuer de demócrata, o simplemente de pensador libre o incluso de simple pensador, con lo que era imposible tener el certificado de ‘adicto al régimen’ para poder, simplemente, vivir.

Fue España la que buscó la democracia en 1808, errando en su camino al ofrecer la Jefatura del Estado a ese hideputa de Fernando VII, paradigma de la AntiEspaña.Nadie como él y sus antiespañoles hicieron más daño a España. Arruinó el mínimo intento liberalizador de la 1812, construida por los españoles de ambos mundos. A él le debemos la pérdida de esa tarea insuperable de la humanidad que constituyó una América unida como nunca lo volverá a ser.

Fue España la de los Generales Riego, Lacy, Milans del Bosch – nombre vilipendiado por uno rafaeldelriegoLevantamiento Rafael del Riegode sus descendientes – Torrijos y tantos otros militares que dieron su vida por la España que tantas veces pudo ser, la última vez en 1931. La derrotó la anti-España del General Pavía que ni publicar la Constitución de la I Republica permitió, entrando a caballo en las Cortes, que consumó el General Martínez Campos que si no se elimina la estatua que tiene en el Retiro se lo debe a Benlliure que no al golpe de Estado con el que impuso a los españoles por penúltima vez a los borbones; la última, la actual, se la debemos a otro golpista, el genocida General Franco.

Fue España la que luchó por ilegalizar la esclavitud, ya ilegal en las repúblicas libres del yugo dictatorial de Fernando VII. Sólo a finales del S. XIX se ilegalizó en los restos de la España americana que eran Cuba y Puerto Rico al derrotar a la antiEspaña que hasta rechazó la ‘ley de los vientres’ por el que las esclavas seguían siéndolo pero sus hijos ya nacían ya libres.

Fue España la que quiso que los españoles de América (Cuba y Puerto Rico) y Filipinas, tuvieran la misma representación en Cortes que tenían las provincias europeas a la que la antiEspaña se opuso culminando la tarea de Fernando VII. Con ellos en España se puso el sol.

Fue España la que reivindicaba el derecho de la mujer a la Instrucción, desde Feijóo, Costa, Concepción Arenal y tantos otros, frente a la antiEspaña que se niegan a considerarla una persona; que la ven, aún hoy en los tribunales, como un remedio a su rijosa concupiscencia. Lo que escandaliza es que entre ellos, negándoles el derecho a ser dueñas de su propio cuerpo, estén sus víctimas, no pocas mujeres, apoyando ese ‘pin parental’ que niega a los jóvenes el derecho a saber, del que nace la libertad de elegir, para que sigan alienados en la falsedad.

Fue España esa hornada de maestros ilusionados que creo la II República para llevar la cultura a un país que en pleno siglo XX tenía provincias donde el analfabetismo mantenido por la antiEspaña superaba el 65 %. Y fue esa antiEspaña la que, tras ganar las elecciones canceló ese proyecto y que al perderlas organizó un golpe de Estado; y fracasado este ganó la guerra sólo con la ayuda de los nazis alemanes y los fascistas italianos. A los maestros a los que no asesinó los encarceló; a los más afortunados ‘solo’ les privó de su título, un ‘eficaz’ método indirecto para mantener al pueblo en la ignorancia, como siervos, como en siglos anteriores.

Fue España la que creó la Junta de Ampliación de Estudios llevando a la Europa de las luces a los mejores de los mejores para recuperar lo perdido. La antiEspaña golpista les obligó a exiliarse para salvar su vida. Sus frutos fueron felizmente aprovechados en esa américa que a fuer de buena España los acogió con generosidad y ese fue su premio. Entre toda esas repúblicas democráticas destacó la de México y, de modo singular, su Presidente Lázaro Cárdenas con el que todos los españoles de la única España tenemos una impagable deuda de gratitud.

Fue España la del Padre Mariana que legitimó el tiranicidio del rey o del caudillo que no respeta los derechos humanos de sus súbditos, que por aquellas fechas todavía estaba sin recuperar la noción de ciudadano romano como sinónimo de hombre libre. Y es antiEspaña la que honra al último dictador militar y a sus herederos que niegan los derechos humanos que, poco a poco, están volviendo a ser legales.

Es España la que reconoció, de nuevo, el derecho al divorcio; el derecho al dominio del propio cuerpo y su paradigma: el derecho a terminar con una existencia que se le impuso sin contar con su aceptación; el derecho a vivir conforme a su naturaleza sexual e ideológica, dando fin a los ‘libros prohibidos’ que con la disculpa de la tutela promovía la alienación; la que va a derogar esas inmundas leyes: la ley mordaza, la de la reforma laboral que legaliza los salarios insuficiente para la vida digna, algo inconstitucional y no es el más escandaloso de sus fraudes.

El último fraude terminológico de la antiEspaña es el término ‘constitucionalismo’ que recupera el ‘certificado de adhesión al régimen’ de sus padres para desautorizar a la única y eterna España: a la España del progreso que nace de la libertad, de la que nace la igualdad y ambas engendran la fraternidad. La Santísima Trinidad de la democracia que ojala llegue pronto cuando esta Transición a la Democracia alcance su fin y recuperemos la democracia perdida.

La antiEspaña es esa eternamente reaccionaria, la del golpe de Estado del 36, la de la ley mordaza, la que priva de seguridad a miles de interinos, lustro tras lustro, la que aumentó la lista de espera decenio tras decenio para beneficio de los antiespañoles que se lucran de la mala sanidad que prestan; la que ha ganado las elecciones con fraudulenta financiación y convertido en un lodazal de corrupción todo lo que ha tocado. Es esa enfermedad para la que el único antibiótico que la destruya es la educación pública desde las instituciones públicas donde, sólo en ellas, se respeta la libertad de cátedra, la que promueve la Educación para la Ciudadanía.

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