abril de 2026

Ignacio Martín Sequeros: “Yo soy la memoria viva de los Pekenikes, pero no soy un nostálgico, me gusta seguir evolucionando”

Autor de la fotografía: Eugenio Rivera

Ignacio Martín Sequeros (Madrid, 1943) es mucho más que el bajista y cofundador de los Pekenikes, grupo musical que a finales de 1958 formó con los hermanos Sáinz (Alfonso y Lucas) en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid, donde entonces estudiaban los tres.

Martín Sequeros es el arquitecto de un sonido que definió el pop instrumental en España y el guardián de una historia que abarca más de seis décadas. Polifacético donde los haya —capaz de saltar del bajo a la armónica, el piano o incluso la gaita gallega— el músico personifica la transición de la España ye yé del franquismo a la era de la inteligencia artificial.

Con más de cuatrocientos artículos técnicos a sus espaldas es también autor de ciencia ficción y su disciplina como archivista personal le ha permitido publicar la biografía definitiva de los Pekenikes en dos tomos (2015 y 2024). Mientras otros se acomodan en la nostalgia de los años 60, él sigue investigando las armonías de músicos jóvenes. Productor de muchos artistas, lleva más de quince años colaborando en los programas de televisión de Alfonso Arteseros.

Nos recibe en su ático madrileño —lleno de instrumentos— desde donde se tiene una magnífica panorámica de la Plaza de Toros de las Ventas, lugar en el que su grupo tocó en 1965 como teloneros de los Beatles.

Esta es la charla con un hombre que entiende la música como matemática y la vida como una constante reinvención, charla que empieza con el músico a la armónica en una generosa y vibrante interpretación de ‘El concierto de Aranjuez’, interpelando a la música grabada que él mismo y su compañero Tony Obrador tienen subida en YouTube en abierto, para su escucha pública. El resultado final es espectacular.

Magnífico, Ignacio. ¡Muchas gracias por este regalazo! Nunca he empezado así una entrevista.

Esto lo grabamos Tony y yo, cada uno desde nuestra casa, y luego lo mezclamos. Él vive en una casa preciosa que tiene en Palma de Mallorca. Seguimos trabajando mucho juntos. Especialmente desde la pandemia. He trabajado con mucha gente. Por ejemplo, con Kurt Savoy que se hizo muy célebre hace años con su silbido e hizo muchas versiones de bandas sonoras de spaghetti westerns. Ahora vive en Francia y cuando viene a España nos vemos.

En los inicios de los Pekenikes tuvisteis problemas con la censura a cuenta de la versión de la canción Los cuatro muleros porque era un tema de García Lorca. Corría el año 1964…

Efectivamente. Pero Los cuatro muleros no era original de Lorca; era un canto popular de Castilla de muchísimos años antes de que él naciera. Lorca le puso una letra que no gustó al franquismo y por eso el tema estuvo vetado. Nosotros quisimos grabarlo porque Fernando García de la Vega lo quería como sintonía para su programa Escala en Hi Fi de TVE. Él vino a un ensayo, nos pidió algo instrumental, tocamos ‘Los cuatro muleros’ y sentenció: “Eso es lo que quiero para que sea la sintonía de mi programa…”.

Pero el camino hacia el disco no fue sencillo…

En Hispavox no nos dejaban grabarlo por miedo a represalias. Así que nos fuimos a los estudios RCA a grabarlo. Fue tal el exitazo en televisión que la gente colapsaba la centralita de Hispavox preguntando por el disco. Al final, Rafael Trabucchelli nos llamó corriendo: “Tenéis que grabarlo igual que con Fernando”. Fue Disco de Oro. Ahí empezó nuestra gran etapa instrumental, música que es mucho más difícil de defender que la música con voz, porque no tienes una letra que la gente pueda canturrear. Nosotros no teníamos entonces cantante. Antes habían estado en el grupo Junior y Juan Pardo como vocalistas, pero lo dejaron para formar los Brincos. También tuvimos a Eddie Guzmán, que era filipino y tuvo que dejarnos para volver a Filipinas. Así que nos quedamos sin cantante y no nos quedó más remedio que especializamos en música instrumental.

Ignacio Martín Sequeros y Eugenio Rivera durante la entrevista. Fotografía de Eugenio Rivera

Los Pekenikes compartisteis cartel con los Beatles en su mítica visita a las Ventas. ¿Qué recuerdas de aquel encuentro físico?

Los tuve a un metro y medio de distancia en la escalera del escenario. Fue el único momento de mi vida en que los vi así de cerca. Paul McCartney se volvió hacia los demás, me señaló y, por cómo se rieron, entendí perfectamente que dijo: “Mira, un niño con barba”. Yo era muy joven entonces. Me hizo una ilusión tremenda. Lamentablemente, no hay ninguna foto de aquel encuentro: es una lástima.

Existe también una leyenda sobre John Lennon comprando discos de los Pekenikes en el sur de España.

No es leyenda, ocurrió en el 67 mientras rodaba una película en Almería. En la casa donde vivía tenían nuestro LP Hilo de seda y, al parecer, le fascinó el sonido. Mandó comprar todos los discos de los Pekenikes que hubiera en las tiendas para llevárselos a Inglaterra y estudiarlos. Incluso con ‘Lady Madonna’… Paul estuvo en España en un viaje secreto, escuchó en la radio nuestra ‘Lady Pepa’, que era número 1, y poco después salió su tema. No digo que nos copiaran, pero la cercanía fonética y el estilo están ahí.

Trabucchelli, vuestro productor entonces, también tenía vínculos con los estudios londinenses de Abbey Road, donde grababan los Beatles…

Sí, desde luego. Pero también nos pasó con Herb Alpert, que escuchó nuestro Hilo de seda y quizás le inspiró ese sonido sencillo de trompeta que luego él hizo famoso.

Hay un éxito de los Pekenikes, ‘Palomitas de maíz’, cuyo autor fue Gershon Kingsley, músico estadounidense de origen judío-alemán, que usaba el sintetizador modular Moog. Los Beatles también usaron este instrumento en su álbum Abbey Road. ¿Vosotros habéis trabajado con la música electrónica?

Claro. Le alquilábamos el sintetizador Moog a Teddy Bautista, de los Canarios. Era una maleta llena de botones complicadísima. Encontrabas un sonido y decías: “¡Ese es, apúntalo!”. Pero en cuanto tocabas otra clavija, ya no salía igual. Siempre me ha gustado experimentar; he tocado el vibráfono y hasta toqué la gaita gallega durante la instrucción en la mili que hice en Valladolid con Alfonso Sáinz: tengo las fotos que salieron en el diario de allí. La gaita tiene su técnica de tapar agujeros y no es nada fácil: es un instrumento muy simpático.

Curiosamente, McCartney en su etapa de Wings tuvo un gran éxito con el tema ‘Mull of Kintyre’, una canción donde sonaba una gaita escocesa.

Es un tipo muy inquieto. Para mí es el músico más completo de los Beatles. Toca el bajo al revés, y es capaz de tocar todo lo que coge.

Tú también eras el bajista de los Pekenikes. Parece que hay una identificación con McCartney…

(Risas). Bueno… Ya te digo que para mí es el mejor. Hay quien piensa diferente y considera a John Lennon el talento del grupo. Me parece respetable, pero yo lo tengo claro…

Tu curiosidad te ha llevado incluso a la ciencia ficción con una novela que titulaste Un alma viajando por la cuarta dimensión.

Sí, la publiqué en 2016 y se sitúa en el 2045. Hablaba de coches de hidrógeno y sistemas de reparto autónomos que hoy ya son una realidad en sitios como Dallas. Lleva un prólogo del periodista Claudio de Miguel, que me confesó que no pudo dejar de leerla de un tirón. Está publicada —como mis dos libros sobre los Pekenikes— por Ediciones Atlantis, que tiene su sede en Aranjuez. En el libro cuento cómo Alex, el protagonista, viaja al futuro y conoce a Minerva. Cuando se suben a un coche volador alucinan. Ahora ya hay coches sin conductor circulando por la calle normal con todo el mundo y sin problemas.

¿Cómo ha cambiado el “negocio” de la música desde los años 60 hasta hoy?

Antes había un señor detrás de la cortina que te pagaba el caché en mano. Ahora es un laberinto de IVA, Seguridad Social y retenciones. El año pasado estuvimos en Bilbao y Santander; éramos diez músicos en el escenario y otros diez técnicos detrás. El papeleo es tan salvaje que hoy necesitas un representante solo para la burocracia. Lo que sí ha mejorado es el confort: ahora tenemos hoteles fantásticos y catering, nada que ver con aquellas carreteras de nieve en la Galicia en los 80.

Has tocado todo tipo de instrumentos…

Para tocar bien un instrumento hay que dedicarle mucho tiempo. Se puede tocar de una manera aceptable si cumples la “Ley 50”. Es decir: tienes que cometer cincuenta errores antes de empezar a hacer algo decente. El problema de hoy es que muchos cometen diez errores y abandonan. Hay que ser como los niños, que son esponjas. En EE. UU. la música es asignatura obligatoria en el bachillerato: tienen que aprender a leer una partitura; aquí sigue siendo una “María”, y es una pena… La música, al final, es matemática pura y reglas escritas: son habas contadas, como se suele decir. Yo cuando era muy chiquitín, la armónica era algo que se tocaba. Por eso quizá ha influido en el hecho de que yo siga tocándola ahora como no ya no lo hace casi nadie en este país.

¿Luego te pasaste al bajo?

Luego toqué un poco la guitarra y después ya vino el bajo y además incluso he grabado con xilófono y con vibráfono que es como un xilófono eléctrico. Bueno, es que siempre me ha gustado experimentarlo todo…

También te has convertido en el “Guardián de la Memoria” de los Pekenikes

(Risas) Me dicen mucho: “¡Qué memoria tienes…!”. Y no se trata de eso: lo que pasa, es que yo siempre he sido una persona muy ordenada. Tengo anotada cada gala, cada fecha y cada hora de toda la historia del grupo. Mis libros son el resultado de esos datos reales, no de lo que se cuenta por internet. El primer tomo se titula Pekenikes. Su auténtica historia llega hasta el 70 y el segundo, que presenté este 2024, cubre hasta hoy mismo.

Yo creo que los Pekenikes fuisteis pioneros en muchas cosas que se suelen olvidar. Antes hablábamos de los Beatles y en vuestra posible influencia en ellos. O también en la que tenéis en el futuro rock andaluz con ‘Los cuatro muleros’, el ‘Romance anónimo’ o ‘Embustero y bailarín’.

Bueno, ya te decía que ‘Los cuatro muleros’ en realidad es una canción castellana. Aunque sí es verdad que los arreglos de guitarra pueden recordar al flamenco, pero es que la música española tiene muchos elementos comunes. Por ejemplo, la jota aragonesa también tiene rasgos similares con algunos temas del folclore andaluz.

Autor de la fotografía: Eugenio Rivera

Insisto en que sois muy humildes. Porque aún hay más: grabasteis ‘Cerca de las estrellas’ en 1968, un himno interestelar, poco antes de la llegada del hombre a la luna y tres años antes de que David Bowie grabara ‘Space Oddity’. Por no hablar de vuestra versión de Albéniz antes de que los Doors grabaran ‘Spanish Caravan’.

Llevas razón: los Doors adaptaron el riff inicial de su canción de ‘Asturias (Leyenda)’ de Albéniz y nosotros habíamos hecho una versión de ‘Asturias’ para nuestro primer LP que se tituló precisamente Sombras y rejas, lo grabamos en 1966 en Hispavox junto a Hilo de Seda. Fue gran éxito y llegó al nº. 1 en varios países europeos.

Lo produjo Rafael Trabuchelli y fue uno de los grandes trabajos de su conocido “Sonido Torrelaguna”.

Sí, lo llamaron así porque los estudios en los que grabábamos estaban en la calle Torrelaguna de Madrid, no muy lejos de donde nos encontramos ahora.

¿Qué escucha Ignacio Martín Sequeros cuando quiere sorprenderse hoy en día?

Me meto mucho en internet. Sigo a chavales de Corea o Japón que son figuras fantásticas. Y por supuesto a Jacob Collier, que es un monstruo armónico. Yo no me conformo con el repertorio de dos horas que seguimos tocando con los ocho músicos de los Pekenikes; yo necesito seguir investigando. Mientras tenga memoria y cosas que decir, seguiré dando guerra.

¿Cómo músico qué opinas de la Inteligencia Artificial?

Bueno, es un tema que da mucho miedo, pero yo lo considero una herramienta más. Como te decía, me gusta experimentar con todo y también lo hago con la IA. Fíjate hasta dónde llega la cosa. Antes la SGAE tenía más reparos a la hora de registrar un tema hecho por Inteligencia Artificial. Ahora, sin embargo, la sofisticación es tal que ya no limitan los registros de los derechos de autor porque es sumamente difícil distinguir si la canción la han hecho músicos de verdad o se ha hecho con la aplicación. Pero lo cierto es que para conseguir un buen tema como este (nos pone una canción “sorprendente” creada por IA) hay que saber música, hay que ser un creador y saber cómo tienes que utilizarla. Desde luego abre muchas posibilidades. ¡Ya veremos!

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Archivo Entreletras

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