diciembre 2022 - VI Año

ENSAYO

La concepción de España y su historia en la Ilustración española

Todas las épocas de la historia han dejado su rastro en nuestro presente, aunque no todas las épocas de esa historia han dejado la misma huella en el tiempo posterior. En concreto, la idea que tenemos actualmente sobre España y su historia, en sus lineamentos generales, fue definida por la Ilustración. Las tesis ilustradas se fundamentaron en la comparación entre las dos dinastías, Austrias y Borbones, que reinaron en España desde el siglo XVI. Una comparación en que se debatió si el momento cenital de España fue el Siglo de Oro, o si momento coincidió más bien con los Reyes Católicos, idealizados como protagonistas de una época casi perfecta de equilibrio institucional y hegemonía, malograda por los Austrias, a los que culparon de la decadencia.

Esas tesis ilustradas sobre España y su historia nacional, que se proyectaron luego en el primer liberalismo, poseían una doble componente. De una parte, tradicional y de otra más moderna, como se puede apreciar en los ilustrados en general y, en particular, en Jovellanos. Estas tesis surgieron de una honda revisión crítica realizada sobre nuestra historia, en especial en lo referido al enjuiciamiento de la dinastía austriaca que reinó en España desde comienzos del siglo XVI y hasta el final del siglo XVII. Una revisión que también buscaba dar respuesta cabal a la súbita decadencia española de la segunda mitad del siglo XVII y sus posibles soluciones.

La influencia de la tradición genuinamente hispana en las tesis ilustradas era, en parte, herencia de la visión expresada por Juan de Mariana (1536-1624) en su Historia General de España (1592). Un texto que alcanzó gran difusión en toda Europa y en América, en los siglos XVII y XVIII. En España fue el manual de estudio de nuestra historia en las Universidades, hasta bien entrado el siglo XIX. Internacionalmente, la Historia de Mariana fue muy apreciada durante siglos. Por ejemplo, el norteamericano Jefferson (1743-1826), cuando fue embajador de los Estados Unidos en París (1785-1789), adquirió varios ejemplares que regaló a algunos de sus amigos, como los también presidentes USA Madison (1751-1836) o John Adams (1735-1826).

La exposición de Juan de Mariana en su Historia seguía la secuencia de la desaparición, primero, de la Hispania romana, tras las invasiones germanas. Luego el final de la Hispania Visigoda ante los árabes. Los Visigodos, tras su conversión con el rey Recaredo (559-601), en el año 589, habían creado un proyecto nacional que ya no era romano ni godo exactamente, sino hispánico. Pero esa monarquía sería destruida por la invasión musulmana, en el año 711. Para Mariana, la Reconquista había sido el proceso “restaurador” de España, quebrada tras la caída del reino visigodo, que culminaría con el reinado de los Reyes Católicos, a juicio de los ilustrados, restauraron España y alcanzaron el momento cenital del poder de la monarquía hispana.

Juan de Mariana

Junto a esta herencia del pensamiento clásico español, los hombres de la ilustración española (leer La Ilustración en España) incorporaron otra componente de oportunidad y pretendidamente “modernizante”. Para las élites hispanas de la época tenía mucha importancia asentar en el trono a la nueva dinastía, de la que se esperaba mucho. Y no era fácil, pues los Borbón habían sido grandes enemigos de España desde su destronamiento de Navarra en 1512. Los Borbón habían sido, además, los más decididos e implacables adversarios de los Habsburgo españoles durante todo el siglo XVII y los artífices principales de las derrotas españolas en ese siglo.

Esas expectativas despertadas por el cambio de dinastía entre las élites españolas llevaron a estas a considerar el cambio dinástico como el final definitivo de la hostilidad francesa, tan perjudicial para España durante dos siglos. Una paz definitiva con la también católica Francia, que abriría para nuestro país oportunidades de recuperación, en fuerte contraste con el triste tiempo final de la dinastía austriaca, siempre enfrentada a Francia. Además, la confianza en la nueva dinastía Borbón, que sucedió a los Habsburgo en 1700, se vio satisfecha y acrecida con los buenos resultados que pareció cosechar España en los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, muy especialmente en el de este último.

Los ilustrados españoles concluyeron que el momento histórico en el que encontraban su mejor plasmación ambas componentes, tradicional y actual, coincidía con el reinado de los Reyes Católicos. Era ése uno de los grandes momentos de esplendor nacional, que terminó considerándose el modelo ideal de “Restauración” de España, idea tomada de Juan de Mariana, para los ilustrados. Y, sobre todo, era un juicio que se apoyaba, tanto en el pensamiento de Juan de Mariana, cuya Historia concluía precisamente con ese reinado, como en las expectativas despertadas por los primeros reyes Borbón, a efectos de poder recuperar, en el siglo XVIII, la grandeza hispana perdida el siglo precedente.

Frente a esas erróneas concepciones ilustradas sobre nuestra historia, tanto la historiografía tradicional, como la más reciente, han coincidido en que el momento de apogeo español fue el reinado de Felipe II, aunque haya autores que hayan planteado el reinado de Carlos I como momento cenital. Es decir, que la concepción ilustrada planteaba una evidente discordancia con los hechos históricos. Porque el máximo esplendor hispano correspondía al siglo XVI y primera mitad del XVII, y la decadencia se inició a mediados de dicho siglo XVII. Además, el reinado de los Reyes Católicos, con ser brillante, no era ese momento, que había sido más el del reinado de Felipe II.

Jovellanos (leer Jovellanos: Elogio de Carlos III), enjuiciaba el reinado de los Reyes Católicos como un momento cumbre que pudo iniciar el desarrollo económico de España. Pero, a su juicio, la política y la legislación de los Reyes Austrias malograron ese momento. Las guerras en Flandes y Europa, desviaron a España de sus objetivos nacionales, desangrándola. Y, poco a poco, el equilibrio y esplendor de los Reyes Católicos se difuminaron en la trayectoria de los Habsburgo, con los que se inició la decadencia, arruinando la grandeza apuntada a comienzos de siglo XVI. Los Habsburgo usaron a España como pieza de sus estrategias y guerras dinásticas, y lanzaron a España a una política exterior ruinosa y de escaso interés para la nación, que agotó su población y sus riquezas.

Carlos III de España

Aunque el reinado de los Reyes Católicos sí significó una culminación: exactamente el apogeo y culminación de la España medieval, pero también su final. Los Reyes Católicos hicieron realidad casi todos los sueños y ambiciones políticas de la vieja Castilla, lo que fue su mayor gloria, pero eso mismo les confiere también un indudable aire de fin de época. Una de las obras literarias mundialmente más célebres del reinado de los Reyes Católicos fueron las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique (1440-1479). Una obra que glosa magníficamente ese final del medievo proyectado en la figura del Maestre Don Rodrigo Manrique, cuya muerte es metáfora de un final, el fin de la Castilla medieval, aunque fuese un final apoteósico.

El reinado de los Reyes Católicos significó la plena realización de los proyectos de expansión de los reinos hispanos medievales. Proyectos orientados a conseguir la hegemonía, sí, pero que no buscaba tanto la explotación de riquezas o la pura dominación, sino integrar al modo romano. El proyecto de expansión de castellanos y aragoneses, culminada la reconquista peninsular en 1492, se trasladó con esos mismos planteamientos al Nuevo Mundo americano que España acababa de descubrir, en 1492. En suma, los Reyes Católicos representaban el apogeo, el triunfo y el éxito general de aquella sociedad medieval, justo en el momento en que esa misma sociedad estaba a punto de desaparecer ante la modernidad.

Mas los ilustrados españoles y los primeros liberales, herederos directos de la ilustración, concluyeron que el modelo de “Recuperación de España” que anhelaban tomaba como su referencia principal el año 1492, año en que culminó la reconquista y se produjo el descubrimiento de América. Pero, desde los mismos comienzos del siglo XVI (en 1516), España se habría ido alejando de sus objetivos nacionales, forzada a ello por el despotismo de los Habsburgo que se centraron en los asuntos europeos, con lo que se perdió el verdadero ser nacional. Una pérdida que nuestros ilustrados consideraron la causa de la decadencia. Casi se puede decir que el “debate sobre la decadencia”, aunque se puede rastrear en Quevedo (1580-1645), en su obra España defendida (1609), es un debate propio de la Ilustración hispana.

Para los ilustrados españoles, la decadencia se habría iniciado, pues, justo en los momentos iniciales del siglo XVI, tras el reinado de los Reyes Católicos. Una caída continuada durante los siglos XVI y XVII, bajo el gobierno de los Habsburgo. Una decadencia que parecía haber concluido, o al menos se había detenido, con la llegada al trono de la nueva dinastía Borbón, en 1700. Con sus tres primeros monarcas, la nueva dinastía Borbón había iniciado la “recuperación” de España, “decadente” a juicio de los ilustrados desde el siglo XVI, y que se estaba empezando a restaurar en el siglo XVIII, superando las derrotas y quiebras padecida en el siglo XVII.

Gaspar Melchor de Jovellanos

En principio, conceptuar al reinado de los Reyes Católicos como el momento cenital del poderío hispano, no era un error histórico muy grave. Pero no fue solo un error y determinó toda una toma de posición general negativa sobre la España de los siglos XVI y XVII. Un error que permitía considerar negativos los momentos de máximo esplendor, de verdad, de la Historia de España, a la vez que realzaba a la nueva dinastía Borbón como “Restauradora de España”, lo que también “resolvía”, a juicio de los ilustrados, la polémica sobre la decadencia y la regeneración de España, que así podían considerarse “superadas” con la nueva dinastía.

La comparación entre las dos dinastías, Austrias y Borbones, fue un tema recurrente en la Ilustración hispana. También Jovellanos se centró más en destacar esa tópica visión negativa respecto a los Austrias, lo que generaría una visión negativa de la época quizá más brillante de España. Una visión analizada y estudiada recientemente por Elvira Roca Barea en su obra Fracasología (España y sus élites: de los afrancesados a nuestros días), aparecida en 2018. La opinión de Jovellanos expresaría tempranamente el juicio del incipiente liberalismo ilustrado español del siglo XVIII y se proyectaría al futuro al ser compartida por los primeros liberales del siglo XIX.

Esta visión ilustrada se iría diluyendo paulatinamente durante el siglo XIX, aunque dejó su poso. En efecto, el liberalismo, una vez alcanzada la vía constitucional en 1834, mantuvo esas tesis, pero poco más que como retórica. Además, el progreso de los estudios históricos en el siglo XIX, mejoró el conocimiento de la historia nacional, lo que dejaba sin fundamento y fuera de lugar esa visión ilustrada del primer liberalismo. La aparición de la Historia General de España, de Modesto Lafuente, cuya edición definitiva data de 1876, dejaba las cosas claras en cuanto a los momentos de apogeo y de decadencia de nuestra historia. Y así, pareció que esas viejas tesis ilustradas se apagaban y, si no se extinguían totalmente, solo se mantenían en círculos radicales reducidos, en variantes que fueron se haciendo progresivamente más negativas y ácidas.

Mas, tras el Desastre de 1898, resurgirían con fuerza, pero no exactamente ya esas tesis, o, en todo caso, ya no en la formulación mencionada, sino en versiones más radicales que, a menudo, caían en la más radical impugnación de España y de su historia. El resurgimiento de esas tesis obtendría éxito, pues consiguió mantenerse largamente en la mentalidad de los españoles, llegando hasta la caída de la monarquía y el advenimiento de la II República, en 1931. Incluso puede decirse que esas visiones, en sus sucesivas y diferentes versiones, progresivamente deformadas, han mantenido su vigencia hasta la actualidad.

Pedro López Arriba

Licenciado en Derecho y Filosofía (UAM) y funcionario de la Administración del Estado

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